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Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
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EDAD MEDIA
 
EDAD MEDIA: LA DOBLE RUPTURA
 
WASQA. UNA CIUDAD ISLÁMICA
 
 
Hacia el año 718. Conquista de Osca por los musulmanes. El asedio, según el relato del geógrafo andalusí del siglo XI al Udrí, duró siete años y terminó con la rendición pactada de los oscenses. Comenzaban cuatro siglos de dominio islámico.
 
Siglos VIII al XI. Osca se convierte en Wasqa. Intensos procesos de islamización y arabización: el islam acaba siendo la religión mayoritaria (el obispado oscense desaparece) y el árabe llega a ser la lengua común, tanto hablada como escrita (buena prueba de ello son los nombres de dos ríos próximos a Huesca, de claro origen árabe: el Guatizalema y el Alcanadre –“los puentes”-).
 
Siglos VIII al XI. La islamización se produce sobre todo, más que por el establecimiento de linajes árabes, por la conversión progresiva al islam de la población oscense, antes cristiana. Solo una minoría mozárabe se mantendrá fiel al cristianismo hasta la conquista aragonesa (en la iglesia de San Pedro, y según parece, durante mucho tiempo también en la de San Ciprián). Es posible que existiera una comunidad judía, pero no hay noticias de la misma.
 
Siglos VIII al XI. Como en el resto de al Andalus, el período de dominio islámico es en Wasqa una etapa de revitalización urbana y crecimiento demográfico. En el siglo IX se construyen las murallas de piedra. En la parte alta de la ciudad había una ciudadela (la Zuda, que era la sede del gobierno) y la mezquita mayor. Más allá de las murallas se desarrollaron diversos arrabales.
 
Siglos IX al XI. Una vez estabilizadas las fronteras entre cristianos y musulmanes, Wasqa fue durante varios siglos la ciudad más al norte de todo al Andalus.
 
797, 801, 811 y 812. Ataques infructuosos de los carolingios contra Wasqa, durante el reinado de Carlomagno.
 
851. Las jóvenes cristianas Nunilo y Alodia, naturales del cercano pueblo de Adahuesca, son ajusticiadas en Wasqa por negarse a renunciar a su fe. Sus reliquias se veneraron en el monasterio navarro de Leire.
 
875. El emir Muhammad I de Córdoba ordena a Amrus ibn Umar, el gobernador de Wasqa, que amuralle la ciudad. Nace así el principal testimonio que Huesca conserva de su pasado musulmán: un recinto amurallado de casi dos kilómetros de longitud, que llegó a tener unas noventa torres y cuatro puertas principales orientadas a los puntos cardinales: Sircata al norte, Remián al oeste, Alquibla al sur y Porteta o Montearagón al este.
 
1044-1045. Durante el periodo taifa, una vez desaparecido el califato de Córdoba, Lubb ben Hud, que gobernaba entonces Wasqa, acuña monedas de oro de baja ley, con inscripciones árabes y el nombre de la ciudad. Es la única moneda de oro que se acuñó en Huesca a lo largo de su historia. Lubb fue expulsado de Huesca por su hermano Ahmad, llamado más adelante al-Muqtadir, el constructor de la Aljafería de Zaragoza.
 
1085-1086. Sancho Ramírez, el segundo rey de Aragón, construye Montearagón, un gran castillo a pocos kilómetros de Wasqa, con objeto de preparar su conquista. En su interior se levantó una iglesia que se convertirá en uno de los monasterios más poderosos de Aragón. La construcción de la fortaleza está llena de simbolismo: erigido en tierra aún musulmana, recibe el nombre de “Monte Aragón”, y su iglesia tiene como titular a Jesús Nazareno.
 
1093. Vender la piel del oso antes de cazarlo. Sancho Ramírez dona las dos mezquitas más importantes de Wasqa, la mayor y la de la zuda, al castillo-abadía de Montearagón y al monasterio francés de San Ponce de Tomeras. El rey, sin embargo, no vivirá para hacer efectiva dicha donación.
 
1094. Sancho Ramírez muere ante Wasqa, al intentar conquistarla.
 
1095. Los aragoneses instalan un segundo puesto fortificado ante la ciudad: el Pueyo Santo o de Sancho, en el actual cerro de San Jorge.
 
Primavera de 1096. Pedro I, hijo de Sancho Ramírez y tercer rey de Aragón, pone cerco a Wasqa.
 
Noviembre de 1096. Batalla de Alcoraz, que decide la suerte de la ciudad. Se enfrentan en sus alrededores el ejército de Pedro I, formado por aragoneses y navarros (Sancho Ramírez, Pedro I y Alfonso I el Batallador fueron durante 60 años reyes de Aragón y Pamplona), y las tropas de al Mustaín, el rey taifa de Zaragoza, reforzadas por dos condes castellanos. Pedro I obtiene una gran victoria y una semana después entra en Wasqa. 
 
Noviembre de 1096. Las leyendas. El extraordinario éxito que la batalla de Alcoraz supuso para el joven reino aragonés –la conquista de la primera gran ciudad islámica- hizo que en los siglos siguientes surgieran tradiciones y leyendas sobre la misma. Las más antiguas (crónicas castellanas del siglo XIII) se refieren a San Victorián: los aragoneses llevaron sus reliquias a la batalla y el santo se habría aparecido al rey Pedro I. Las leyendas más tardías (crónicas aragonesas del siglo XIV), mucho más conocidas sin embargo, hablan de la aparición de San Jorge en la batalla, trayendo consigo desde Antioquía, durante la Primera Cruzada, a un cruzado alemán que se había quedado sin caballo.
 
 
UNA NUEVA CIUDAD. LA HUESCA ARAGONESA Y CRISTIANA
 
 
Noviembre de 1096. Enfrentamiento y convivencia. Pedro I, el rey de Aragón que conquistó la Wasqa musulmana, firmaba sus documentos en árabe.
 
Noviembre-diciembre de 1096. Duras negociaciones en la ciudad conquistada. Tras tomar Wasqa Pedro I cumplió las donaciones de su padre Sancho Ramírez: Montearagón entró en posesión de la mezquita mayor y el monasterio francés de San Ponce de Tomeras de la mezquita de la Zuda. El obispo de Jaca reclamó, sin embargo, la mezquita mayor como lugar donde restaurar el antiguo obispado oscense. El acuerdo al que se llegó es decisivo en la historia de la ciudad: el obispo obtuvo la mezquita mayor como catedral; para compensar a Montearagón se le dio la mezquita de la Zuda, que había correspondido inicialmente a San Ponce de Tomeras; y para compensar a su vez al monasterio francés se le entregó la iglesia de los mozárabes, San Pedro el Viejo, que acabó convertida en monasterio benedictino. Los mozárabes oscenses, después de cuatro siglos de fidelidad a su fe, fueron así los perdedores de esta historia.
 
1096. Ruptura de carácter poblacional y demográfico. Una parte importante de la población musulmana abandona la ciudad para siempre. Los musulmanes y judíos que deciden permanecer en la Huesca aragonesa tienen que hacerlo en barrios situados fuera de las murallas: la judería al oeste y la morería al sur. Empiezan a llegar los nuevos habitantes de la ciudad: colonos venidos de las montañas aragonesas, y más lejos aún, de tierras francesas. Los mozárabes desaparecerán pronto como comunidad diferenciada, diluidos en el conjunto de los pobladores cristianos.
 
1096. La conquista aragonesa reintroduce en la ciudad, desde el Pirineo, el cristianismo y el latín. El obispado es restaurado (nace la diócesis de Huesca-Jaca, con sedes en la mezquita mayor de Wasqa y la catedral románica jaquesa). Junto al latín llega también el aragonés, la lengua romance surgida en el ámbito navarro-aragonés. El aragonés será la lengua de las tierras oscenses hasta la llegada y el predominio del castellano, a partir del siglo XV.
 
1096. La ciudad vuelve a llamarse Osca (en los siglos siguientes, sin embargo, se generaliza el nombre “Huesca”, que tiene su origen, seguramente, más en la forma “Wasqa” que en “Osca”).
 
1096. Una de las mezquitas de Wasqa, la de Ibn Atalib, es entregada a la catedral de San Vicente de Roda de Isábena. La mezquita se convierte en la iglesia de San Vicente, dependiente de Roda. Es la primera iglesia dedicada en Huesca al mártir, que llegará a ser segundo patrón de la ciudad.
 
1106. Bautismo en la catedral, por el obispo de Huesca, del judío Moisés, con el rey Alfonso I el Batallador como padrino. Moisés adopta para su vida como cristiano el nombre de Pedro Alfonso. La ceremonia es un símbolo perfecto de la nueva situación tras la conquista aragonesa: un judío que se hace cristiano en la antigua mezquita mayor, ahora catedral. Las obras de Pedro Alfonso, escritas en latín, tuvieron una gran influencia en la Europa medieval. Destacan sobre todo la Disciplina clericalis, un conjunto de proverbios, fábulas y cuentecillos procedentes de la cuentística árabe y oriental, y los Diálogos contra los judíos, uno de los tratados antijudíos más conocidos de la Edad Media.
 
Siglo XII. Huesca, ciudad regia. Las estrechas relaciones que la Casa Real aragonesa y la ciudad mantienen en este siglo no se repetirán. En Huesca se entierran reyes (Alfonso I el Batallador en el castillo-abadía de Montearagón –sus restos fueron trasladados a la ciudad en el siglo XIX-, y Ramiro II el Monje, dentro de un sarcófago romano reaprovechado, en el monasterio de San Pedro el Viejo). Nacen reyes (la reina Petronila; su hijo Alfonso II, primer monarca de la Corona de Aragón; y el hijo de este, Pedro II, muerto en 1213 en lucha con los cruzados enviados por el Papa contra los cataros). Ramiro II es el protagonista de la más conocida leyenda oscense, la Campana de Huesca. Alfonso II, por último, construye en la ciudad un gran palacio real (actual Museo de Huesca).
 
Siglo XII. La iglesia de San Pedro, entregada al monasterio francés de San Ponce de Tomeras, se llama ya el Viejo (“antiquam” o “vetus”). Recibía ese nombre por haber sido la iglesia de los cristianos mozárabes durante los cuatro siglos de dominio musulmán. Debía ser, pues, una edificación de época paleocristiana o visigoda. En el siglo XII los monjes franceses la derribaron y construyeron en su lugar la iglesia y el claustro románicos actuales –monumento nacional desde 1885-.
 
Siglo XII. Huesca es llamada “la de las noventa torres” en el Codex Calixtinus o Liber Sancti Iacobi, el famoso manuscrito relacionado con el Camino de Santiago (“Osca, in qua nonaginta turres numero esse solent”).
 
1155. El rey Luis VII de Francia llega a Huesca. Vino a la Península para peregrinar a Santiago de Compostela y visitar al rey Alfonso VII de Castilla y León, con cuya hija se había casado tras su célebre separación de Leonor de Aquitania.
 
Hacia 1160-1224. Durán de Huesca. Se vio atraído por las doctrinas valdenses, finalmente declaradas heréticas, y su énfasis en la pobreza evangélica. Durán se reconcilió con la Iglesia en 1207-1208 y creó la orden de los Pobres Católicos, de la que fundó varios conventos en el sur de Francia, la zona donde más se había extendido la herejía cátara. A diferencia de franciscanos y dominicos, nacidos también en estos años, los Pobres Católicos terminaron por desaparecer. Durán de Huesca es autor de dos obras en las que combate las herejías de su época: Liber antihaeresis (1195) y Liber contra manicheos (1224).
 
Mayo de 1191. Tratado de Huesca, por el que Aragón, León y Portugal se aliaron contra Castilla. Navarra se unirá al mismo en el mes de julio.
 
Siglos XII y XIII. En estos dos siglos fundamentales, que coinciden con la formidable expansión de la Europa medieval, Huesca adquiere los rasgos que la caracterizarán hasta época contemporánea. Nacen el Concejo, dirigido hasta 1708 por dos cargos anuales, el Justicia de Huesca y el Prior de Jurados; el primer escudo de la ciudad; un urbanismo tripartito (el recinto amurallado, exclusivamente cristiano, la judería al oeste y la morería al sur –en este último espacio se instalarán no obstante cada vez más cristianos-); las cuatro parroquias; y los principales patronazgos ciudadanos (San Lorenzo y San Vicente).
 
Siglo XIII. La ermita de Santa Maria de Salas, situada al sur de la ciudad a orillas del río Isuela, se convierte en uno de los santuarios marianos más conocidos y visitados de la Península. La Virgen de Salas es a la que más cantigas se dedica (17) en las famosas Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio. A causa de la devoción que Pedro IV el Ceremonioso, el rey que fundó la Universidad de Huesca, sentía por Salas, esta Virgen formó parte del escudo de la Universidad (y en la actualidad figura en el escudo de su heredero, el Instituto Ramón y Cajal). Desde fines de la Edad Media la fama de Salas decae, en una evolución contraria a la del Pilar de Zaragoza: la Virgen del Pilar no aparece en las Cantigas de Alfonso X el Sabio pero en los siglos siguientes llegará a ser un santuario mariano de importancia excepcional.
 
1247. Cortes de Huesca, celebradas por el rey Jaime I el Conquistador. Estas Cortes constituyen un hito trascendental en la historia del derecho aragonés, pues de ellas salió la primera compilación oficial de fueros de Aragón, base de todo el derecho foral posterior. Dicha compilación, escrita en latín, fue obra del obispo de Huesca Vidal de Canellas, que era un experto jurista. De ella se hizo una versión en aragonés, iluminada con espléndidas miniaturas (en la primera de ellas están representadas estas Cortes de Huesca). Dicha versión es conocida como Vidal Mayor por el nombre del obispo Vidal de Canellas.
 
1247. Primera aparición del escudo de Huesca, en un pequeño sello de cera que colgaba de un documento en pergamino. En dicho escudo, vigente hasta finales del sigo XVI, estaban representadas las murallas, generalmente en forma de cuatro torres y una puerta central, y la muesca, una pequeña figura geométrica con dos puntas agudas que representaba a la vez el nombre de la ciudad (la “osca” de Osca, la “muesca” de Huesca) y su paisaje más característico (las dos peñas del Salto de Roldán).
 
Siglo XIII. Se constituyen las cuatro parroquias de la ciudad: dos al interior de las murallas (la Catedral y San Pedro el Viejo –que en tiempos medievales fue a la vez monasterio benedictino y parroquia-) y dos extramuros (San Lorenzo y San Martín).
 
Siglo XIII. Primera mención de que San Lorenzo y San Vicente nacieron en Huesca. Aparece en el Martirio de San Lorenzo de Gonzalo de Berceo, una obra escrita en tierras riojanas. En este siglo hay noticias también de dos iglesias dedicadas a San Lorenzo, cada una con su cofradía, en el vecino pueblo de Loreto (despoblado en la crisis bajomedieval) y en Huesca. Desde finales del siglo XIII existe asimismo en el Coso, junto a una de las puertas de la muralla, la segunda iglesia de San Vicente en la ciudad (la primera fue la mezquita de Ibn Atalib, donada a la catedral de Roda tras la conquista aragonesa).
 
Desde 1273. Construcción de la catedral gótica, en el mismo lugar de la antigua mezquita mayor. En 1096 la mezquita fue cristianizada por los religiosos de Montearagón, que le pusieron el nombre de su iglesia: Jesús Nazareno. Unas semanas después fue entregada al obispo de Jaca para convertirla en catedral, pero siguió teniendo la misma advocación (todavía hoy, aunque muchos oscenses lo desconocen, la catedral de Huesca es la iglesia de Jesús Nazareno). La mezquita mayor, que sirvió como catedral durante casi dos siglos, comenzó ahora a ser derribada para erigir el actual templo gótico.
 
1284. Huesca alcanza, con unos 8.000 habitantes, su máximo demográfico medieval, que no recuperará hasta finales del siglo XVIII, 500 años después. Lo conocemos gracias a un excepcional padrón de carácter fiscal, conocido como “monedaje de 1284”. No es casual que la construcción de la catedral gótica se inicie en este momento de apogeo poblacional.
 
Primeros años del siglo XIV. Un escultor anónimo labra la magnífica portada de la Catedral. Junto a once apóstoles (falta Judas) y a San Juan Bautista esculpe las imágenes de San Lorenzo y San Vicente, convertidos ya en patrones de la ciudad.
 
Siglo XIV. Crónica de San Juan de la Peña. En ella figuran las dos leyendas oscenses más conocidas: la Campana de Huesca (inspirada en autores griegos y romanos como Heródoto, Aristóteles y Tito Livio) y la aparición de San Jorge en la batalla de Alcoraz.
 
Siglos XIV-XV. Nacen las tradiciones sobre la familia de San Lorenzo. Dichas tradiciones hicieron hermanos gemelos a dos santos que vivieron con dos siglos de diferencia: San Lorenzo, mártir del siglo III, y San Orencio, obispo de la ciudad francesa de Auch en el V. Según esas mismas tradiciones los padres de ambos hermanos fueron San Orencio y Santa Paciencia, cuyas reliquias se veneraban en la iglesia de San Lorenzo de Loreto.
 
Siglos XIV-XV. Crisis bajomedieval. La población de la ciudad se reduce de forma muy notable, como en el resto de la Europa Occidental, a causa de catástrofes demográficas como la terrible peste negra de 1348. Huesca pierde casi la mitad de sus habitantes (de los 8.000 que tenía a fines del siglo XIII pasa a poco más de 4.000 a fines del XV –y aún faltaba la expulsión de la importante comunidad judía-). Muchos pueblos, algunos en las cercanías de Huesca como Loreto, quedan despoblados. Un buen índice de la crisis es la terminación imperfecta de la Catedral gótica, cubierta con una techumbre de madera durante casi dos siglos.
 
1354. El rey Pedro IV el Ceremonioso funda la Universidad de Huesca, la más antigua de Aragón. Se trata sin embargo del peor momento posible, pocos años después de la peste negra. El rey no asigna rentas económicas a la Universidad, que debe ser sufragada por la ciudad, y tampoco se obtiene el necesario refrendo papal. La Universidad oscense, en consecuencia, acaba cerrando sus puertas y no será refundada hasta la segunda mitad del siglo XV.
 
1377-1378. Varios judíos oscenses son torturados y muertos acusados de querer profanar unas hostias consagradas robadas en la iglesia de Tardienta. En estos hechos tuvo mucho que ver el infante Juan –futuro rey Juan I de Aragón-. La profanación de hostias consagradas era uno de los crímenes rituales de que se acusaba, sin fundamento, a los judíos en la Europa medieval (otro era el secuestro de niños cristianos, para reproducir en ellos la pasión de Cristo; un caso célebre en Zaragoza es el de Santo Dominguito del Val).
 
1463-1465. Refundación de la Universidad de Huesca. La ciudad cuenta con el apoyo del rey Juan II y la oposición de Lérida, cuya Universidad tenía reconocido el privilegio de ser la única de la Corona de Aragón. La posición de Lérida era sin embargo débil, pues Cataluña se había rebelado contra el rey. La Universidad de Huesca, a diferencia de lo ocurrido en el siglo anterior, obtendrá esta vez la aprobación pontificia (bula del papa Pablo II) y financiación económica, aportada por la diócesis oscense.
 
Siglo XV. Techumbre del Tanto Monta. Este magnífico artesonado recibe dicho nombre porque en él figura, repetido varias veces, el famoso lema del rey Fernando el Católico (Tanto Monta). Fue realizado durante el obispado de Antonio de Espés (1466-1484). En la techumbre se encuentran también el escudo y el lema (Tu es mea spes) del obispo.
 
1489. Auto de fe celebrado por la naciente Inquisición en el Campo del Toro, durante el que mueren en la hoguera varios judíos.
 
1492. Expulsión de los judíos oscenses. Se calcula en unos 500 el número de los expulsados, de todas las edades. El barrio que ocupaban pasó a llamarse, hasta la actualidad, Barrionuevo.
 
1497. Una talla de madera de Cristo crucificado suda milagrosamente mientras es llevada en procesión por la Catedral y con ello cesa una peste que afectaba a la ciudad. Ese mismo año se reinician, después de casi siglo y medio, las obras de la Catedral. La imagen, conocida desde entonces como Santo Cristo de los Milagros, sigue siendo muy venerada hoy. La capilla actual del Santo Cristo, en la cabecera de la Catedral, fue sufragada por el obispo Juan Moriz de Salazar y se terminó en 1625.
 
1499. Las tradiciones oscenses sitúan en este año la llegada a la iglesia de San Pedro el Viejo, donde están todavía, de las reliquias de los niños mártires Justo y Pastor. Los santos cuerpos procedían de la ermita de Nocito, en las sierras. En 1568 parte de las reliquias fueron entregadas a Alcalá de Henares.
 
 
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