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Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
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VÍAS DE ENTRADA Y SALIDA

  

Vías por las que llegaron y salieron de Huesca los libros de la Biblioteca lastanosina.


a) llegada

¿Cómo pudieron llegar hasta una pequeña ciudad aragonesa como Huesca tales libros? La vía más obvia es, naturalmente, la de los libreros profesionales, a quienes Lastanosa todavía acude en Madrid en 1676, cuando estaba próximo a cumplir los 70 años.

Otro posible camino, aún más interesante, lo constituyen los contactos europeos de Vincencio Juan de Lastanosa. Según Diego Vincencio Vidania, el clérigo de Toulouse Francisco Filhol, que había reunido en los claustros de su catedral un museo similar al lastanosino, dejó heredero al mecenas oscense. Quizá la sección de libros franceses, entre los que abundan los publicados en Toulouse, que figura en la parte final del catálogo de Estocolmo tenga su origen en dicha herencia.

Lastanosa recibió también desde Francia catálogos de flores remitidos por eruditos y herbolarios como Jean Baptiste Dru y Pierre Morin. Sus más raros libros de alquimia se los había enviado el noble veneciano Andrés Camilo Locarni. Y en cuanto a las cartas remitidas por Lastanosa al jesuita alemán Athanasius Kircher, tenían como objeto la adquisición de las obras publicadas por este singularísimo personaje.

Hay una figura, no obstante, que jugó un papel destacado en la adquisición por Lastanosa de buena parte de sus libros, y también de otros objetos de sus colecciones. Se trata de Juan de Garriz, del que sería importante saber más cosas. A fines del siglo XVIII, Félix Latassa vio todavía muchas cartas suyas a Lastanosa, que por desgracia se han perdido, dedicadas en gran parte a la compra de libros, mapas, estampas y pinturas. En la Biblioteca Nacional se conservan otras tres cartas de Juan de Garriz a Lastanosa, fechadas en 1628, 1630 y 1654 (las dos primeras escritas desde Zaragoza y la tercera en Pamplona), en las que uno de los temas sigue siendo la adquisición de libros.

De Garriz, por otra parte, hay menciones en los principales catálogos de la biblioteca lastanosina. En el conservado en Estocolmo, el f. 116v. lleva por título: Libros que imbió Juan de Garriz en abril de 1647. Y en la Narración de 1662 figura la siguiente entrada: “varios manuscritos recogidos por D. Juan de Garriz, pagador y veedor general de la gente de guerra en el Reino de Aragón y Navarra, hombre juicioso y de relevante gusto, pues de los autores impresos, recogiendo lo más notable de historias y políticas juntó diez cuerpos de libros, y entre ellos algunos del gobierno de España y de consultas hechas en el Consejo de Estado de las más graves materias que en nuestro tiempo han pasado” (f. 64v.-65r. del ms. B-2424 de la Hispanic Society of America).

Las cartas y menciones de Garriz, así pues, atestiguan una relación de al menos un cuarto de siglo con el mecenas y coleccionista oscense, y parecen apuntar a este personaje, todavía poco conocido, como una de las vías por las que llegaron hasta Huesca los libros de la Biblioteca lastanosina.


b) salida

Tras el fallecimiento de Lastanosa comenzó la dispersión de sus colecciones. La donación que el propio mecenas hizo el año de su muerte -1681- al Archivo del Reino (situado en Zaragoza) de sus documentos, manuscritos e impresos relacionados con Aragón marca, de hecho, su comienzo. En los años siguientes, de la mano de Sparvenfeldt marcharon a Suecia, como hemos visto, el catálogo más detallado de la Biblioteca lastanosina y una crónica medieval que lleva el ex-libris impreso de Lastanosa, con una nota en latín que nos informa de que fue vendida en Zaragoza en 1690, solo nueve años después de la muerte de su propietario. Por otra parte, tal y como ha estudiado Devoto, varios de los libros con ex-libris impreso de Lastanosa que se guardan en la Biblioteca Nacional de Francia ingresaron en dicha Biblioteca, entonces Real, en los años inmediatamante posteriores a la muerte de Vincencio Juan de Lastanosa.

Precisamente, la presencia, todavía hoy, de su ex libris en los libros y manuscritos que Lastanosa poseyó en la Huesca del siglo XVII está permitiendo localizar un número creciente de los mismos en bibliotecas y colecciones españolas y extranjeras, tanto públicas como privadas.

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