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Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
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BIBLIOTECA

 

Aunque, a diferencia de lo que ocurre con la fachada del palacio o los jardines, no contamos por desgracia con dibujos de la la biblioteca, sabemos bien como era gracias a tres descripciones escritas, en gran parte coincidentes entre sí:

Descripción del palacio y los jardines de Vincencio Juan de Lastanosa, por Juan Francisco Andrés de Uztarroz (en prosa) -hacia 1650-. Hispanic Society of America, manuscrito. B-2424, f. 39v.-45r.

Narracion de lo que le pasó a don Vincencio Lastanosa a 15 de octubre del año 1662 con un religioso docto y grave. Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 68r.-74r.

Descripción de las Antigüedades i Jardines de don Vincencio Iuan de Lastanosa, hijo i ciudadano de Huesca, ciudad en el Reino de Aragon
, por Juan Francisco Andrés de Uztarroz (en verso), Zaragoza, Diego Dormer, 1647. Biblioteca del Palacio Real de Madrid, IX/5024(2), pág. 11-12.

 

En cambio, con gran probabilidad se debe descartar como espúrea una cuarta descripción, a la que se concedió gran crédito en el último siglo:

Las tres cosas más singulares que tiene la Casa de Lastanosa en este año de 1639. Biblioteca Nacional de España, manuscrito 18.727-45.

Este texto presenta una Biblioteca que está en completa contradicción con la que describen los tres restantes. Mientras en éstos, por ejemplo, la Biblioteca lastanosina es una única sala, en Las tres cosas más singulares está formada por cinco “piezas” o salas grandes. Y mientras aquí, sin especificar más, se habla de 6.698 volúmenes impresos, además de numerosos manuscritos, de los Catálogos que conservamos de la Biblioteca del mecenas oscense cabe deducir que la misma albergaba, al parecer, en torno a 1.500 obras.

 

De acuerdo con las descripciones que consideramos fiables, la Biblioteca lastanosina era una amplia sala rectangular, de unos 13 por 8 metros, situada en la planta más alta del palacio. Se accedía a ella por una puerta en la pared este de la Biblioteca, decorada con retratos de Homero y Séneca. En las paredes sur y oeste había cuatro balcones, desde los que se tenían hermosas vistas de los jardines, con su estanque navegable y su laberinto vegetal. En la pared norte, por último, una puerta daba acceso a la Armería

En la Biblioteca cabe distinguir tres elementos:

1. Estanterías para los libros. En los lados norte y este se habían dispuesto estanterías adosadas a los muros, pintadas en negro y oro, donde estaban colocados los libros. Separaban dichas estanterías representaciones de Apolo y las Musas.

2. Escritorios. El segundo elemento lo constituían una serie de escritorios de bella factura (cinco según la Descripción en prosa de Andrés de Uztarroz, fechada hacia 1650, y nueve en la Narración de 1662) situados entre los balcones, en las paredes oeste y sur. Dichos escritorios albergaban una parte importante de las colecciones lastanosinas: monedas antiguas y medallas, camafeos, piedras preciosas, esculturas de pequeño tamaño, instrumentos científicos, libros de alquimia y de retratos...

3. Otros elementos decorativos. Completaban este extraordinario conjunto, entre otros, un mapamundi de grandes dimensiones y otros mapas y vistas de ciudades, que colgaban de las paredes; diversas esculturas, entre las que había una copia de la famosa estatua ecuestre del Emperador Marco Aurelio, una escultura de bronce del dios Neptuno procedente de Florencia, que había comprado en Francia el Conde de Guimerá, o un busto con el retrato de Nadal Baronio, el sacerdote y alquimista italiano que vivió tres años en el palacio lastanosino; dos esferas, una celeste y otra terrestre; dos leones de alabastro con el escudo de los Lastanosa entre las garras; o un espejo convexo, en el que se veía reflejada toda la Biblioteca.

 

Descripciones de la Biblioteca

Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Descripción del palacio y los jardines de Vincencio Juan de Lastanosa (Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 39v.-45r.):

“Por esta se entra a otra capacísima, sobre cuya puerta está el retrato de Homero. Tiene de largo [en blanco] palmos y de ancho [en blanco]. Su entrada es hacia el Oriente, a mano izquierda mira a Mediodía, tiene una ventana y balcón, en la testera dos ventanas balcones que miran al Poniente. Al lado que mira al Septentrión tiene una ventana pequeña para la correspondencia del aire, y a pocos pasos una puerta grande que da entrada a otra pieza. De cada una de estas ventanas se ve la mitad de todo el horizonte, por cogerle de la una parte desembarazado, y por la otra ser el edificio tan alto que señorea los más eminentes que le están cerca.

Los adornos de esta pieza /[f. 40r.] son: sobre la puerta, un retrato de Séneca. A la mano izquierda, un mapa grande universal moderno, con orla de trajes y ciudades de famoso colorido, y gran numero de mapas pequeños, y por las márgenes las naciones y sus trajes. Hay asimismo retratos de ciudades en prolongado, de a 16 palmos de largo, de estampa y excelente iluminación.

Las dos aceras están interrumpidas con los balcones, están adornadas de cinco escritorios fingidos de ébano y marfil. En el primero entrando a mano siniestra está la Historia, distribuidos en cartelas los trabajos de Hércules; está lleno este de libros de estampas, en que hay retratos de muchos Príncipes y hombres insignes y maestros de este siglo y los pasados.

El escritorio que se sigue está adornado varios cuerpos de Geometría, donde se depositan pantómetras, compases de proporción, cuadrantes, anillos, astrolabios, niveles, escuadras, cartabones, vespertelio, perpendiculos, celindrios de la captotria y matemáticas, brújulas, esteliones, piedra imán, calibros y muchos otros instrumentos para el uso de la Geometría, Matemá /[f. 40v.] tica, Astrología, Captotria, Fortificación, Perspectiva. Hay un libro en que están dibujados la mayor parte de estos instrumentos y sus maravillosas operaciones.

En otro escritorio de noventa gavetas, que todas se abren con su llave, distribuidas en [en blanco] loculos hay medallas Romanas, Griegas, Púnicas, Hebreas y Españolas. La primera división es de Emperadores Romanos, y en esta hay medallas con virtudes, triunfos, consulados, provincias, ciudades, puertos, ríos, edificios y dioses. La segunda división es de Emperatrices. La tercera de Españolas antiguas. La cuarta de Colonias y Municipios. La quinta de Griegas, y en esta división a lo precioso del metal y primoroso de la escultura se añade lo más venerable de la Antigüedad, pues en estas medallas se conservan los retratos de aquellos famosos Héroes, y testimonios de la grandeza de su ánimo.

En una de plata de peso [en blanco] se ve la cabeza del Magno Alejandro, en lugar de celada la piel de león. Por reverso la clava de Hércules, el trisulco de Júpiter, la águila, y lituo o vírgula divina, preciándose sin duda de sacer /[f. 41r.] dote de Júpiter, de quien imaginaba que traía su origen.

En el reverso de la medalla de Príamo, su rostro grave y barba larga parece que infunde respeto, se ve la ciudad de Troya, el muro aportillado y aquel monstruo de madera abortando griegos, el piadoso Eneas con Anquises su padre en los hombros, el Paladión y Ascanio su hijo en las manos y su esposa Creusa que se queda al salir de la puerta, representándose en la brevedad de una medalla con toda distinción mucho más de lo referido.

En el rostro de la medalla de Homero [siguen tres líneas y medio en blanco].

Una medalla de plata de Atenas, que se ve en la haz la cabeza de Minerva, y en el reverso una lechuza sobre una vasija de aceite.

En medalla de plata de Sicilia se ve la cabeza de la diosa Ceres, y por reverso una cabeza de caballo, tres piernas unidas por los muslos, denotando los tres promontorios que la hacen celebre a Trinacria.
No es menor la doctrina y erudición que se puede referir /[f. 41v.] de las medallas romanas. Dejase por no ser el intento sino contar por mayor lo que hay en este escritorio, sobre el cual hay otro que en treinta cajones hay [en blanco] loculos ocupados de medallas de plata, oro y aletro. Es la primera división de Cónsules, en que hay casi todas las familias que llegaron en Roma a esa dignidad. La división segunda es de Emperadores y Emperatrices. La tercera de Españolas antiguas. Las medallas de oro se dividen en griegas, romanas, godas y algunas modernas.

En el lado que mira al Poniente, entre dos balcones, hay otro escritorio, que abierto ofrece a la vista un anfiteatro, sustentadas las divisiones de diferentes termas de primorosa escultura, muy limpiamente vaciadas. En el primer nicho hay una estatua de un gladiador con sago y paludamento y yelmo, los brazos descubiertos, las mamilas algo largas, que muestran haberse hecho para despedir agua por ellas. En el nicho opuesto hay una estatua de bronce de Mercurio, desnudo, con el galero y talares, una bolsa en la mano derecha. En el tercer nicho hay una estatua de azabache de una diosa sobre pedestal de jaspe, y en el opuesto a este una estatua de Hércules de bronce dorado, /[f. 42r.] peleando con Gerión; tiene pedestal de mármol dorado. Síguese una cabeza de cera de un niño.

En el lugar que hace medio a las divisiones de las termas hay un ídolo de plasma de esmeralda, que fue uno de los más célebres oráculos que adoraron y temieron los indios en uno de sus templos de su vana idolatría. Habló por su boca muchas veces el demonio. De las últimas burlas que les dio fue mandarles sacrificar tres mil muchachos, ofreciéndoles librar con tan copioso derramamiento de sangre de la opresión que les amenazaba la llegada de los españoles a su provincia. De todo esto hizo relación por escrito el padre fray Juan Beltrán, de la Orden de Santo Domingo, que para presentar al Conde Duque trajo de las Indias con otros ídolos raros y cantidad de piedras preciosas, las cuales tiene hoy en su poder don Vincencio Juan de Lastanosa por la liberalidad del muy reverendo y docto padre maestro fray [en blanco] Salvador, religioso de la misma Orden, natural de Mallorca y Catedrático de [en blanco] en la Universidad de Huesca.

Y el testimonio del padre fray Juan Beltrán decía de esta suerte:

/[f. 42v.]

"El ídolo que yo, fray Juan Beltrán, derribé con mis propias manos de su altar y nicho y conmigo traigo, lo llamaban los indios Gholiabhximi, que quiere decir Dios Gigante. Tiene figura de mochuelo asentado en cuclillas y es de piedra entre los indios estimada y de propiedades. La noche antes que entrásemos en el lugar le sacrificaron más de tres mil muchachos sus propios padres, y cuando quedaron vencidos los indios, quejándose los sacerdotes del dicho falso dios, les respondió el ídolo que porque le habían sacrificado con poca devoción no les había socorrido. Y yo le oí hablar por mis propios oídos. Valía su nicho, que era de oro, perlas y piedras preciosas y telas de gran valor, muchos centenares de millares de ducados. Aconteció esto a 3 de septiembre año 1632."

Los demás cuerpos y divisiones de este escritorio se adornan con los ídolos, estatuas y medallas siguientes: un toro de bronce con pedestal de lo mismo, simulacro a quien adoraron los egipcios con nombre del dios Apis; anduvo tan valiente la escultura que se puede decir se adelantó a lo natural. Una cabeza de un ciervo /[f. 43r.] de bronce, con pedestal de alabastro. Estatua de Julio César desde los pechos arriba, con pedestal de mármol. Una testa de Emperatriz en urna de piedra blanca. Un ídolo de piedra arenosa dado de verde con caracteres japones, es a la semejanza del dios Término que adoraron los romanos. Imagen de la Fama de bronce dorado, tocando una trompeta. Efigie de Palas de harta pequeñez, de madera exquisita, con sago, paludamento, celada y lanza. Una figura ecuestre. Un ratón de bronce muy natural, pues se han engañado sus enemigos acometiéndole para hacer presa en él, y su dureza los ha burlado. Un elefante de marfil con un castillo y hombres en él. Hay muchos mascarones, perspectivas, grutescos, imágenes de santos y niños y otras piezas curiosas de plomo, arambre, cobre y otros metales.

Los lados de Oriente y Septentrión se ocupan de dos estantes seguidos de [en blanco] palmos de longitud y de altitud [en blanco], pintados de negro y oro. Sustentan su cornisa Apolo y las nueve Musas, que dispuestas en forma de termas, empezando los pies en troncos brutos o en otras monstruosidades, poco a poco van cobrando /[f. 43v.] figura humana. Llegando a los pechos y caras rematan con hermosura perfecta, coronadas las frentes con flores y frutas, denotando en esta pintura lo que pasa en el ejercicio de las letras, que por ásperos que sean sus principios, al medio, cuando se llega a tener algún conocimiento de ellas, halagan y recrean, y al fin coronan con las flores y frutos, que son las noticias que por su medio han comunicado a sus profesores. Y estas mismas figuras sirven de divisiones para los libros, los cuales ni su disposición se refiere, porque el índice informará a la curiosidad.

Los adornos que coronan a los escritorios y estantes son nueve urnas de casi una vara de alto, de barro purpúreo con perfiles y mascarones de oro. Dos vasos grandes en forma de cornucopias y otras vasijas de diferentes tamaños y labores primorosas. Una estatua de bronce de Neptuno sobre pedestal de ébano, que se compró en la ciudad de Nimes en Francia de un caballero que la tenía en su casa desde el saco que dieron los franceses a Florencia año [en blanco], y debe España el gozar esta preciosa antigüedad a la grandeza del ilustrísimo señor don Gaspar Galcerán de Gurrea y Aragón Castro y Pinós, Conde /[f. 44r.] de Guimerá y Vizconde de Evol y Alquer Foradat, ornamento ilustre de los anticuarios, el cual envió un gentilhombre de su casa a Francia solo para las ferias de esta estatua.

Otra de Júpiter y Danae. De Cupido. Otra de un dios semicapro de bronce, de maravillosa escultura, sobre una urna en triangulo, fingido en el pleno de ella un mar, en el un ángulo un caracol marino; tiene el sátiro en las manos la copia de Amaltea, que la ofrece al Cielo. Un simulacro de una diosa de bronce, cara y cuerpo hermoso, piernas de cabra, por adorno entre los rizos, cuernos; está asentada sobre un león de alabastro. Muchas testas de mujeres y Emperatrices, algunas mayores que el natural y ninguna menor. Una efigie de una mujer vieja desnuda. Un Cupido de alabastro con basa. Un Neptuno y Flora, con urna de la misma piedra. Estatua de Marco Aurelio a caballo, de bronce con pedestal de alabastro, de la misma traza y /[f. 44v.] forma que la estatua que está en Roma en el Capitolio.

Dos leones de alabastro con las armas de Lastanosa en las manos. Leones pequeños de alabastro. Un risco de más de una vara de alto, fabricado de cristales. Un montecillo con una casa de campo, con estanques, surtidores y jardines. Dos globos grandes, uno celeste y otro terrestre, de más de tres palmos de diámetro, hermosamente iluminados, modernos, con meridianos de bronce. Otros dos más pequeños, y otros dos menores. Dos piezas de artillería de bronce, con sus encabalgamientos, cuya pequeñez los hace más vistosos.

Debajo de los escritorios hay urnas de barro muy grandes, de las que ponían sus cenizas los romanos. Más una medalla en que está la cabeza de un coloso, fingida de bronce. Debajo de ella hay un espejo de superficie convexa, de los que en Francia llaman de ojo de buey, y en el se representa todo lo que hay en la librería. Aumenta estas curiosidades un pedestal que sirve de apoyo a un bernegal grande en forma de trípode, sustentado con tres garras; su cabida es más de un cántaro, su barniz blanquísimo, con los blasones del cardenal [en blanco]. En el medio /[f. 45r.] hay una urna de la misma materia y perfección”. 

 

Narración de lo que le pasó a don Vincencio Lastanosa a 15 de octubre del año 1662 con un religioso docto y grave (Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 68r.-69v. y 72r.-74r.):

"Dichos libros se colocan en estantes hechos de negro y oro. Las divisiones las hacen termas que representan a Apolo y las Musas, sustentando una cornija adornada de estatuas, globos, esferas, cuerpos geométricos y urnas. El edificio excede de sesquiáltero y no llega su proporción a dupla. Corre desde oriente a poniente, su largo cincuenta pies, su anchura treinta y uno. El lado de oriente y septentrión lo ocupan los referidos estantes, el de poniente y mediodía cuatro balcones rasgados, que cayendo parte de ellos sobre los jardines de la misma casa, es muy dilatado /[f. 68v.] y desembarazado el horizonte, tanto que los últimos montes que le forman más parecen cielo o mar que tierra. El espacio que queda entre los estantes hasta lo alto está adornado con doce perfiles de ciudades muy bien coloridas, que todas tienen a doce o catorce palmos de largo. Interpuestos, otros mapas y papeles curiosos. El resto de las paredes está adornado de varios espejos, medallas y pinturas.

El intervalo que hay entre balcón y balcón está adornado con ocho escritorios. El primero de poniente está por adentro en forma de anfiteatro, cuyos altos son divisiones o estantes para libros pequeños uniformemente encuadernados. La 1ª orden, que carga en el pavimento, poetas, filósofos y oradores. La 2ª, repúblicas. La 3ª y 4ª, varia erudición, donde apenas se puede apetecer asunto que no se halle. En medio de este escritorio hay otros dos pequeños, que /[f. 69r.] representan la mitad que solía haber en los circos. El 1º, de marfil historiado de más de medio relieve, una dilatadísima historia con grandísima perfección. El segundo es de ébano y plata, dividido en loculos con retratos de dioses, emperadores y emperatrices de relieve de perfectísima escultura en piedras preciosas.

Los dos escritorios que se siguen a la parte del mediodía, el 1º de medallas dividido en noventa gavetas, y cada una en 18 loculos distintos. En ellos, distribuidas medallas de emperadores y emperatrices y otras de griegos, hebreos, púnicas y españolas antiguas, empezando las romanas en Julio César y prosiguiendo toda la sucesión del Imperio.

El tercer escritorio, que está sobre este, tiene treinta gavetas, y cada una 32 loculos. Las medallas de este escritorio son todas de oro y de plata. La 1ª división empieza con los cónsules y familias, /[f. 69v.] desde la Aburia hasta la Volteia. La segunda orden es de emperadores y emperatrices. La tercera de españolas antiguas, en caracteres e idioma español usado antes que introdujeran los romanos su lengua, de donde emanó la que hoy hablamos y llamarse romance, de las cuales he ofrecido a la posteridad el Museo de las medallas desconocidas.

/[f. 72r.]

Cuarto escritorio. Es de libros químicos, debense los más raros a la liberalidad del ilustre señor don Camilo Locarni, noble veneciano.

Debajo de este escritorio hay otro con libros de estampas.

Quinto escritorio. Por la parte de adentro está en forma de anfiteatro, colocado en él varios ídolos de los egipcios, romanos e indios y amazonas en varias materias, en piedras preciosas, bronce, piedras comunes y barro cocido. A vueltas de esto hay muchas curiosidades de escultura de bajos relieves y de relieve entero de las mismas materias.

Sobre este escritorio hay otro de medallas de pontífices, príncipes modernos y hombres insignes.

Séptimo escritorio. Contiene instrumentos para las matemáticas, como son esferas, anillos astronómicos, /[f. 72v.] cilindrios, báculos mensorios, compases de proporción, pantómetras y otro gran número, y a todos los acompañan libros impresos o manuscritos que explican y enseñan su uso. Hay un buen número de cosas mecánicas de todos los artes y materias, espejos, anteojos, cóncavos, convexos, hiperbólicos y otra mucha variedad, que por haberse hablado de ellos arriba no se dice aquí con más expresión.

Octavo escritorio. Sirve de custodia a la porción más preciosa de la antigüedad, que son retratos de emperadores y emperatrices en piedras preciosas, como son nicles, esmeraldas, ónice, cornerinas y ágatas, y casi cuantas piedras se conocen en la naturaleza y tienen nombre, donde se equivoca lo precioso con lo raro del arte por la sutileza con que están esculpidas. A estas se sigue otro grande número en que se ve retratada la categoría toda de los dioses fabulosos.

Acompañan a estas otras en que se ven esculpidas /[f. 73r.] varias cosas, como animales, frutas e instrumentos. Estas sirvieron algunas para los sellos anulares, y otras son de escritura talismánica, de que hacen mención Torrellas, De imaginibus astrologicis, Valencia, 1496, y Gafarriel. Otras sirvieron no más de para explicar algún concepto del ánimo, como el que esculpió a Cupido sacándose una espina de rosal. Las otras son relevadas en alto las figuras, en las piedras llamadas camafeos, donde hay cosas tan singulares que exceden a los mayores primores que refiere Plinio. A estos prodigios del arte se les ha llegado los de la naturaleza, habiendo en ágatas y otras piedras preciosas retratados los astros como el sol, estrellas, constelaciones, etc.

Aquí se admira la piedra que por una parte atrae el hierro y por otra le despide, la que recoge las pajas, la que anda en el vinagre, la que representa el iris, la que detiene la sangre, la que recoge la madre, la que quita el /[f. 73v.] dolor de ijadas, y para decirlo de una vez, ni Plinio ni Camilo no hicieron mención de más piedras que las que atesora esta Diactiloteca. Ilústrala la que escribió de este mismo asunto Abraham Gorlaeo, Scalpturae 1598.

Coronan estos escritorios y estantes varias curiosidades de perspectivas, cajas en que se ven países, que hasta los pájaros de ellos imitan su voz. Hay cinco estatuas de bronce, una del dios Neptuno, fue del gran duque de Florencia, y en el último saco que dieron los franceses a aquella ciudad vino esta estatua a Nimes, y allí envió a un gentilhombre de su casa a feriarla el ilustre señor don Gaspar Galcerán de Gurrea y Aragón, conde de Guimerá, vizconde de Ebor, ilustrísimo ornato de la república literaria y el benemérito de la antigüedad en este siglo, mi muy especial amigo.

Las otras dos estatuas son de unos sátiros. La cuarta de un Neptuno a caballo en un tiburón. /[f. 74r.] La quinta es ecuestre, Marco Aurelio a caballo, es retrato de la que se ve en Roma en el Capitolio. Hay tres estatuas de mármol, una de barro cocido, cinco testas de platrejo, yeso, una de ellas retrato muy parecido de mi amigo el doctor don Nadal Baronio, napolitano de la ciudad de Policastro, doctor teólogo, médico y químico célebre".

 

Descripción de las Antigüedades i Jardines de don Vincencio Iuan de Lastanosa, hijo i ciudadano de Huesca, ciudad en el Reino de Aragon, por Juan Francisco Andrés de Uztarroz (en verso), Zaragoza, Diego Dormer, 1647. Biblioteca del Palacio Real de Madrid, IX/5024(2), pág. 11-12.

/[Pág.11]

Desde aqueste lugar a otra espaciosa
Biblioteca se asciende numerosa,
en cuya longitud y en cuyos senos,
de erudición y de enseñanza llenos,
maestros mudos viven misteriosos,
que advierten ejemplares provechosos.
Los lúgubres estantes
perfilados de oro, los amantes
recuerdos representan de la esposa
de nuestro docto amigo, que reposa
en los pensiles de la gloria amenos,
porque tengan mayores perfecciones.
Formando de unas termas divisiones,
Apolo y de Aganipe las cultoras,
sin resonar las cítaras sonoras,
suspenden los oídos sus acciones.
La dilección procura unirse fuerte,
que es tan robusto amor como la muerte,
están de ambos hermanos aquí unidas
las bibliotecas dos, como las vidas,
por esto en dulces y suaves lazos
repiten amantísimos abrazos,
que aún en lo artificioso del aliño
la voluntad ostenta su cariño.

/[pág. 12]

En otros escritorios, que sutiles
pinceles imitaron los marfiles
y el ébano en labores,
se ocultan ingeniosas perspectivas,
mostrando los desvelos e inventivas
y otras curiosidades y primores
que el cielo a varios genios les reparte,
viéndose en ellos cuanto puede el arte.
En bronce, en yeso, en mármol transparente
urnas, estatuas breves y modelos,
de la escultura fértiles desvelos,
los estantes coronan variamente.
Los mapas de provincias y ciudades
muchas ofrecen bellas variedades.
Al fin, cuanto contiene
la suspensión previene,
y nunca a la lisonja se derrama,
que es más la realidad que no la fama.

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