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Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
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GALERÍA DE PINTURAS

 

Corría de sur a norte en la fachada posterior del palacio, que daba al oeste. En ella había cuatro balcones. En la galería se podían admirar numerosos cuadros, algunos atribuidos a pintores de la talla de Caravaggio o Tintoretto. La galería estaba adornada además con emblemas, espejos, escritorios, cofrecillos procedentes de China y una escultura en la que estaba representado la muerte de los Santos Inocentes.

Descripciones de la Galería de pinturas

Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Descripción del palacio y los jardines de Vincencio Juan de Lastanosa (Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 35v.-38r.):

“Por el ángulo opuesto al que ocupa la cama [en la tercera y última pieza del cuarto situado al sur del salón de retratos] se entra a una galería que corre desde el mediodía al septentrión. Está rasgada por la parte de mediodía con cuatro balcones de hierro. Las ventanas, cubiertas de hojas de Flandes, y lo alto de ellas con vidrieras pintadas, testas de buen dibujo y colorido.

La parte que se opone a esta tiene dos puertas que dan entrada a dos piezas. Por una ventana grande se descubre por ella un balcón que cae al campo y otro que sale al Coso, y a la misma semejanza todos los demás balcones de la casa tienen la misma correspondencia. La otra testera opuesta a la que se refirió tiene una puerta por donde se ha de entrar a una galería que se ha de labrar /[f. 36r.] sobre el jardín de oriente a poniente.

Sobre la primera puerta por donde se entró hay una alacena larga adornada de vidros, bolas hechas de espejo y dos niños de escultura. Sobre el primer balcón de mano izquierda, la Parábola de las Vírgenes prudentes, pintada en tabla con guarnición de negro y oro. Siguese un cuadro grande de mano de Carabacho, en que está pintado Baco desnudo, con guarnición de negro y oro. Antes de llegar al otro balcón hay un cuadro grande de Susana desnuda para entrar en el baño y los viejos, colorida con tan buen arte que en todas las figuras se conocen los afectos. Es lienzo de mucha estimación y belleza. Tiene la misma guarnición que los demás.

Sobre el segundo balcón hay un Cupido de blanco y negro que huye y deja en la cama a Psiques, con guarnición de oro y negro. A este le sigue el triunfo de David con la cabeza del gigante Goliat sobre una espada, y las damas de Jerusalén cantando la gala. Es obra de valiente pincel, delineado de un dibujo y estampa de Lucas de Landa. Correspondiente a este hay /[f. 36v.] una imagen de san Cristóbal, de la misma mano.

En lo alto del balcón tercero se ve un país de blanco y negro con guarnición de negro y oro. En este y el ultimo balcón hay un cuadro de la fábula de Júpiter y Calixto, él en hábito de Diana, quitada la mascarilla, proponiéndole a Calixto sus deseos, y unos Cupidillos en el aire disparando flechas. Es obra de Micer Pablo. Hay asimismo otra Parábola de las Vírgenes prudentes en tabla, con marco negro y dorado.

Sobre la puerta que se sigue se ve a san Antonio Abad y una ciudad lejos ardiendo, con marco de negro y oro. Sobre la puerta opuesta al último balcón hay dos niños muy fatigados por encender una vela, y ambos están pintados a la luz que dispensa la antorcha. Guarnece este cuadro el adorno de los demás, y en la manera de la pintura se conoce que es de mano de Tintoreto. A este cuadro se sigue otro de santa Cecilia, que tiene un libro de canto en las manos y algunos ángeles en su contorno con instrumentos músicos, con guarnición negra y perfiles de oro.

Sobre la puerta opuesta al tercer balcón hay un Cupido descansando /[f. 37r.] sobre el arco y aljaba, de mano de Lucas Candasio, guarnecido como los demás. A este sigue otro de Michael Angelo Carabacho, de figuras enteras del tamaño del natural, que sobre el juego se hieren, con guarnición de oro y negro.

Debajo de esta orden de cuadros hay otra de emblemas iluminadas en pergamino, con talcos y guarniciones de ébano, puestos entre medio espejos redondos de superficie convexa puestos en perspectiva, y en cada uno se representa todo lo que hay en la galería, los jardines, huertas y países que se descubren por los balcones. Hay asimismo otros espejos muy crecidos, unos guarnecidos de ébano y otros de plata, y en ellos, ya por la multiplicación, ya por la oposición, se representa lo que se ve en los planos, y al contrario obran maravillosos efectos, que no solo recrean la vista sino que causan grande admiración al entendimiento.

En las noches serenas, habiendo luz en esta galería, mirando por los vidros que hay en los encerados de los balcones que caen al campo, se ve toda ella, techos, paredes, adornos, cuadros y espejos, como tachonados de hermosísimas estrellas, con la misma belleza que se descubren y ad /[f. 37v.] miran en el cielo.

Ilustra mucho esta pieza la multitud de diferentes vidros que se ven en una alacena. Unos por su transparencia igualan al cristal, otros por lo vario y mezclado de sus colores exceden a las mejores ágatas. Hay algunos barros y fruteros, salvillas, platos y urnas de excelente y primoroso colorido que igualan a las porcelanas de oro modernas, y en el dibujo las exceden, por ser de Rafael de Urbino y de su contemporáneo Ros Florentino. Hay en esta alacena muchas figurillas de estuco y de pasta, frutas y otras cosas extremadas por la pequeñez y el arte.

Hay dos bufetes de mármol azul y blanco, y sobre ellos escritorios fingidos de ébano y marfil, rematando en unos cofrecillos de casi de una vara, de obra de la China, el campo negro con lazos de nácar o madre perla, adornados de cazas y países de oro molido, cerrajas y aldabas doradas, y a los lados hay vidros y estatuas.

Sobre un cajón hay una estatua de poco mas de tres palmos de alto de un soldado desnudo, que cebado en la sangre de dos niños que tiene muertos a sus pies procura herir a otro, que llorando implora la intercesión de su madre, que arrodillada y afligida le detiene el brazo derecho /[f. 38r.] para ejecutar el golpe. El bulto, proporción, aire y colorido de estas figuras es tal que cada una representa los afectos de modo que quien las mirare sentirá la pasión y lástima que pudiera ocasionar la vista lo tierno del niño, lo compasivo de la madre, lo horrible de los muertos; y siendo esto tan primoroso, causa mayor admiración la materia y aliño con que están formadas, pues carnes, vestidos y otros adornos son de seda floja, tan delicadamente dispuesta que al parecer todas no pesan dos adarmes”.

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