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Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
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DESPUÉS DE LASTANOSA

 

Tras la muerte de Lastanosa comenzó la dispersión y desaparición de sus colecciones. La donación de 1681 al Archivo del Reino, hecha por el propio mecenas oscense, marca en realidad su inicio. En los años siguientes, de la mano del sabio sueco Sparvenfeldt, marcharon a Suecia el catálogo de la Biblioteca lastanosina y una crónica medieval que lleva el ex-libris de Lastanosa, con una nota en latín que nos informa de que se vendió en Zaragoza en 1690, solo nueve años después de su fallecimiento . Por otra parte, tal y como ha estudiado Devoto, varios de los libros con ex-libris impreso de Lastanosa que se guardan en la Biblioteca Nacional de Francia ingresaron en dicha Biblioteca, entonces Real, en los años inmediatamante posteriores a su muerte . A una pronta dispersión parece apuntar asimismo el inventario manuscrito de las monedas y piedras preciosas de las colecciones lastanosinas que posee Francisco Asín Remírez de Esparza, redactado tras la desaparición del mecenas oscense con objeto, según parece, de preparar su venta.

La desaparición de cuanto reunió Vincencio Juan de Lastanosa comenzó, pues, en vida de su hijo y heredero Vicente Antonio. No obstante, esta impresión quizá se matice conforme conozcamos mejor a éste último. Por ejemplo, ahora sabemos que, varios años después de la muerte de Vincencio Juan Lastanosa, el enfermero del convento franciscano de Zaragoza, fray Diego Bercebal, todavía acudió a Huesca para aprender medicina alquímica en casa de los Lastanosa . Otro dato importante lo constituye la construcción y decoración de la nueva capilla de los Lastanosa en la iglesia de Santo Domingo, erigida entre 1687 y 1695. Como ha estudiado María Celia Fontana, de la decoración mural de dicha capilla forman parte escenas inspiradas en grabados de Durero y Tiziano, que muy probablemente habían pertenecido a Vincencio Juan de Lastanosa .

Vicente Antonio Lastanosa murió en 1696, sin descendencia. Le sucedió su hermano mayor, Juan Francisco, que ya había tenido un hijo siendo racionero de la iglesia de San Lorenzo (quien fue asimismo, corriendo el tiempo, clérigo de San Lorenzo). Más tarde, Juan Francisco Lastanosa colgó los hábitos y contrajo matrimonio, en 1684, con Mariana Bosque. De esta unión nacieron varios hijos, que dieron por fin continuidad al linaje. El primogénito, Juan Judas Lastanosa, casó en Caspe en 1713. Su hijo, Juan José Lastanosa, continuó viviendo en dicha localidad. Las propiedades oscenses de la familia pasaron sin embargo a manos de Mauricia Lastanosa, hija también de Juan Judas. Con ello, el apellido Lastanosa quedaba condenado a desaparecer en la ciudad.

La hija de Mauricia Lastanosa, Mariana Claver, casó en 1784 con un infanzón navarro, Judas Tadeo Ladrón de Cegama. Cuando los Ladrón de Cegama se instalaron en Huesca, el antiguo palacio de los Lastanosa se encontraba en un deplorable estado: los papeles y documentos se hallaban revueltos y los retratos familiares, que decoraban en tiempos de Vincencio Juan de Lastanosa la gran sala que daba al Coso, servían ahora como puertas de armario. Una pequeña parte de las monedas y piedras preciosas que pertenecieron a Lastanosa se encontraban entonces en el Colegio de la Merced . A pesar de ello, como ha estudiado Fermín Gil Encabo, en el siglo XVIII está documentada ya en la ciudad, como dicho popular, la expresión “Quien va a Huesca y no ve casa de Lastanosa no ve cosa”, que perduraría hasta prácticamente el siglo XX .

A fines del siglo XVIII, el bibliógrafo Félix Latassa transcribió o extractó buen número de documentos sobre Vincencio Juan de Lastanosa, una parte de los cuales se ha perdido luego. Las copias de Latassa, conservadas en la Biblioteca Pública de Huesca (en tres volumenes manuscritos conocidos como Memorias literarias de Aragón) fueron utilizadas profusamente por Ricardo del Arco en sus clásicos estudios sobre Lastanosa.

En 1811 Leoncio Ladrón de Cegama, hijo de Judas Tadeo Ladrón de Cegama y Mariana Claver, se casó con María del Pilar Azara , sobrina de Félix de Azara, el famoso naturalista altoaragonés. Ello hizo que, a su muerte, Félix de Azara fuera enterrado en la cripta de los Lastanosa. De esta forma, dos figuras de la talla de Lastanosa y Azara, cuyos intereses estuvieron en buena parte relacionados con la ciencia y la naturaleza, descansan juntos por una singular coincidencia histórica.

En 1894, el arquitecto municipal declaró el estado inminente de ruina del palacio de los Lastanosa, y aconsejó al Ayuntamiento su demolición. Así se hizo, sin que pareciera importar demasiado destruir con ello una parte destacada de la historia de la ciudad. En su lugar se levantaron los actuales nº 27 y 29 del Coso Alto, en la esquina con la calle Miguel Servet . En los años 20 del siglo XX, por una nueva y extraordinaria coincidencia, los antiguos jardines de Lastanosa, convertidos desde hacía tiempo en huertas, se utilizaron para construir sobre ellos parte del Parque Municipal Miguel Servet, el otro gran jardín que Huesca ha tenido a lo largo de su historia.

Una vez desaparecidos el palacio y el jardín de Lastanosa, el principal testimonio que la ciudad de Huesca conserva del mecenas oscense y su familia son las capillas de la Catedral y de la iglesia de Santo Domingo. Por esa razón, es una magnífica noticia que el Gobierno de Aragón haya acometido, con motivo del cuarto centenario del nacimiento de Vincencio Juan de Lastanosa, la restauración integral de la capilla y la cripta de la Catedral de Huesca.

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