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Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
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1653-1669

 

Crisis familiar, fiestas y alquimia

Los años 50 vieron desencadenarse una gravísima crisis familiar en casa de los Lastanosa. La hija mayor del mecenas oscense, Catalina, aconsejada por fray Jerónimo de San José, ingresó monja en el monasterio oscense de las carmelitas descalzas. Más tarde, por influencia suya su hermano Hermenegildo, que era el heredero de Vincencio Juan de Lastanosa, se hizo fraile cartujo, y pasó el resto de su vida en el convento zaragozano de Aula Dei. La entrada en religión de ambos hermanos, para los que su padre tenía concertado ya matrimonio (precisamente, con otra pareja de hermanos), contó con la cerrada oposición de este. Vincencio Juan de Lastanosa llegó a encerrar durante un tiempo a su hijo Hermenegildo; y en cuanto a Catalina, no volvió a verla durante diez años después de que esta se hubiera hecho monja .

En 1653 murió Juan Francisco Andrés de Uztarroz y en 1658 Baltasar Gracián. Entre una fecha y otra tuvo lugar un hecho que solo se ha conocido recientemente: el comienzo de la correspondencia entre Lastanosa y el jesuita alemán Athanasius Kircher, una de las figuras más fascinantes del siglo XVII europeo. Son siete cartas remitidas por el mecenas oscense a Roma, donde Kircher residía, entre 1656 y 1663 (ó 1665, ya que la fecha de la última es dudosa). En ellas Lastanosa se interesa sobre todo por conseguir los libros de Athanasius Kircher; finalmente, en 1660 recibió trece de sus obras, varias de las cuales estaban dedicadas a los jeroglíficos y obeliscos egipcios, uno de los temas que más interesaban al sabio jesuita .

El caso de Kircher es quizá el más relevante de una amplia, aunque todavía poco conocida, red de relaciones internacionales que conectaba a Vincencio Juan de Lastanosa con eruditos y coleccionistas, sobre todo en Francia (ya hemos hablado de Francisco Filhol) e Italia. Sobre plantas y flores, por ejemplo, se mantuvo en contacto en Lyon con Juan Baptista Dru, herbolario del Rey de Francia; con La Faia en Burdeos; con Pierre Morin en Paris; y con el Conde Vincencio Mariscoti en Bolonia. Desde Venecia, el conde Andrea Camillo Locarni le envió sus libros más raros y preciosos de alquimia. Según parece, Lastanosa intercambió también correspondencia con el canónigo milanés Manfredo Settala, que era un destacadísimo coleccionista. En 1658, por fin, Lastanosa recibió la visita de Nadal Baronio, un sacerdote y alquimista napolitano. Baronio permaneció tres años junto al mecenas oscense, preparando para él oro potable y otros remedios alquímicos, con los que, según el propio Lastanosa, socorría y mejoraba muy frecuentemente la salud de sus amigos. Tras su marcha colocó en su Biblioteca un busto con el retrato de Baronio, para perpetuar su recuerdo .

Lastanosa tuvo una actuación protagonista en las fiestas celebradas en Huesca en 1658 por el nacimiento del Infante Felipe Próspero y 1662 en honor de la Inmaculada. En las de 1658 levantó en el Coso, ante su palacio, un singularísimo conjunto de arquitecturas efímeras, con las que pretendía recrear la Antigüedad clásica. Colocó en las mismas a figurantes que representaban a dioses del Olimpo y otros personajes de la mitología. Y formó con ellos un extraordinario cortejo, que hizo desfilar por las calles de Huesca. En dos ocasiones Lastanosa ofreció a la “plebe” unas suculentas “bacanales”: se repartió comida, bebida y animales vivos a la multitud, para que las damas y caballeros situados en los balcones disfrutaran viendo como sus convecinos menos favorecidos se peleaban por ello; un testimonio inigualable de las marcadas desigualdades sociales que caracterizaban a las ciudades del Antiguo Régimen. En las fiestas de 1662, de carácter religioso, Lastanosa convirtió su capilla familiar de la Catedral, aún inconclusa, en una capilla dedicada a la Inmaculada. Erigió asimismo ante su palacio un gran obelisco, en cuya base se veía a los herejes que negaban la Inmaculada Concepción. Finalmente, entregó gran cantidad de plantas y flores de sus jardines para decorar el monumento que la nobleza de la ciudad levantó en la iglesia de San Lorenzo .

En 1662 está fechado igualmente un importante manuscrito, del que se conservan ejemplares en la Biblioteca Nacional de Madrid y la Hispanic Society de Nueva York, titulado Narración de lo que le pasó a Don Vincencio Lastanosa a 15 de octubre del año 1662 con un religioso docto y grave, que nos proporciona información, entre otros temas, sobre los libros y manuscritos de la Biblioteca lastanosina. De 1662 son asimismo las últimas anotaciones documentadas en el catálogo de la Biblioteca de Lastanosa conservado en la Biblioteca Real de Estocolmo, cuya composición inicial se fecha, como ya hemos dicho, hacia 1640.

El 30 de noviembre de 1665 murió el canónigo Juan Orencio Lastanosa, hermano de Vincencio Juan, de quien fue a lo largo de toda su vida un apoyo fundamental (el 14 de marzo de 2007, durante los trabajos de restauración de la capilla de la Catedral, se abrió su sarcófago; en su interior, además de su cuerpo, embalsamado y con vestiduras canonicales en las que figuraba el escudo de los Lastanosa, aparecieron diversos objetos: un plato de cerámica también con el escudo de la familia, una copa y una vinajera de cristal y el título en seda de doctor por la Universidad de Huesca de Juan Orencio Lastanosa, impreso en 1640, de nuevo con el escudo familiar). Juan Orencio, que había sido Diputado aragonés en 1651-52, el año de la peste en Huesca, era asimismo Maestrescuela de la Universidad. Los años posteriores a su muerte vieron la terminación del ambicioso programa decorativo de la capilla y la cripta de los Lastanosa en la Catedral, con la conclusión del retablo de la capilla y la decoración pictórica de sus muros y la colocación de retratos de ambos hermanos (dos pinturas, fechadas en 1667, en la capilla y dos magníficas esculturas de alabastro, del año 1668, en la cripta).

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