.. realizar la busqueda ..
 
 
  Enlaces de Interés
Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
imprimir
1640-1653

 

Entre la guerra y la peste: la plenitud

Los años transcurridos entre 1640 y 1653 revisten una importancia fundamental en la vida de Lastanosa, por la abundancia y trascendencia de los acontecimientos ocurridos en este breve periodo. Entre ellos, la participación del mecenas oscense en la guerra de Cataluña, la dramática muerte de su mujer, la publicación de su primer libro de numismática, la pérdida del señorío de Figueruelas, la adquisición de los derechos sobre una capilla de la catedral, la configuración definitiva del palacio y los jardines lastanosinos, la publicación en Huesca de varias obras de Baltasar Gracián en las que se menciona a Lastanosa, un hecho que acabaría haciendo internacionalmente conocido al mecenas oscense, la peste de 1651-52, que diezmó la población de Huesca, el traslado a la cripta de la catedral de los restos de su mujer y sus antepasados, o la redacción de una nueva genealogía familiar.

A finales de 1639, mientras la fortaleza de Salses era asediada por los franceses, Vincencio Juan fue nombrado capitán de una de las compañías de Huesca. No obstante, antes de partir hacia Salses la plaza fue recuperada por los ejércitos reales. Sería durante la guerra de Cataluña, iniciada en 1640 con la sublevación del Principado, cuando Lastanosa entró realmente en combate. En junio de 1642, coincidiendo con el momento más crítico del conflicto para los aragoneses (la toma del castillo de Monzón por fuerzas francesas que apoyaban la sublevación catalana), dos compañías oscenses capitaneadas por Lastanosa y Bernardino Ruiz de Castilla partieron hacia Monzón. Durante el mes que prestaron servicio lucharon con los franceses, impidiéndoles vadear el Cinca. Además, Lastanosa sirvió personalmente un tiempo en los ejércitos del rey y contribuyó con su dinero durante un invierno al sustento de la caballería real . Esta es la nómina, no demasiado extensa, de sus servicios militares. El mecenas oscense, sin embargo, lo consideró siempre uno de sus principales méritos; y así, en todos sus retratos (el grabado y la pintura y la escultura de la Catedral) aparece representado como capitán.

En abril de 1644 se produjo, en terribles circunstancias, la muerte de Catalina Gastón. La mujer de Lastanosa murió de sobreparto tras dar a luz a Vicente Antonio, que sería a la postre el heredero del mecenas. Doña Catalina, que tenía solo treinta y dos años, tuvo catorce hijos en trece partos. Desde que en 1993 ingresó en la Biblioteca Nacional la Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa contamos con el impresionante relato de su muerte escrito por el propio Vincencio Juan de Lastanosa . Catalina tenía una seria dolencia en la garganta, producto de los esfuerzos realizados en los sucesivos alumbramientos. Los médicos advirtieron a la pareja del serio peligro que corría su vida con un nuevo parto. A pesar de ello, pocos meses después Catalina Gastón volvía a estar encinta. Lastanosa nos cuenta que su mujer estaba convencida de que moriría al dar a luz, como así fue; doña Catalina vivió de forma dramática este último embarazo, con pesadillas continuas durante los tres meses finales. Como señala Fermín Gil Encabo, la crudeza de esta confesión se explica, probablemente, por el momento en que fue redactada, los años 1651-52, en que la peste asolaba Huesca y la vida del propio Lastanosa corría peligro. Como ha documentado María Celia Fontana, Lastanosa estuvo a punto de contraer nuevo matrimonio en 1648 con Teresa Salinas, que residía entonces en Pamplona . Sin embargo, dicho casamiento finalmente no tuvo lugar, y Vincencio Juan permaneció viudo el resto de sus días.

En 1639 y 1643 ingresaron en las colecciones lastanosinas antigüedades romanas procedentes de dos obras llevadas a cabo en Huesca: las del colegio de los jesuitas y la capilla de los santos Justo y Pastor en la iglesia de San Pedro el Viejo. Eran un pequeño toro de bronce, un caño de plomo con una inscripción, cerámica sigillata, una lucerna y un pequeño recipiente de vidrio; lo más interesante, sin embargo, es que de todo ello se conservan dibujos y grabados .

En 1645 Lastanosa publicó en Huesca su primer libro de numismática, el Museo de las medallas desconocidas españolas, que incluía “Discursos” escritos por Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Francisco Ximénez de Urrea y el jesuita Paulo Albiniano de Rajas. El libro, debido al impresor Juan Nogués, que publicaría en los años siguientes varias obras de Gracián, estudia las monedas con inscripciones ibéricas acuñadas en la Hispania romana, que abundaban en colecciones como la suya.

En 1645 tuvieron lugar otros dos importantes hechos. Vincencio Juan de Lastanosa, tal y como ha explicado José Ignacio Gómez Zorraquino, se vio obligado a vender el señorío de Figueruelas, del que aún aparecía como orgulloso titular en la portada del Museo de las medallas desconocidas españolas. A cambio, junto a su hermano el canónigo Juan Orencio Lastanosa, se hizo con los derechos de una de las capillas de la Catedral. Dicha capilla, y la cripta construida bajo ella por ambos, se convertirían en los veinte años siguientes en uno de los conjuntos de arte barroco más notables de Aragón.

La década de los cuarenta fue, probablemente, el momento en que el palacio y los jardines lastanosinos alcanzaron su configuración definitiva. María Celia Fontana ha descubierto documentación de este decenio sobre obras en las tapias y el estanque del jardín . Por otra parte, la composición en 1646 por Andrés de Uztarroz de un largo poema titulado Romance jocoso, dedicado a la estatua de Hércules que coronaba la torre del palacio lastanosino , indica quizás que dicha estatua se había instalado poco antes en tan destacado lugar. Habría que fechar también en estos años, posiblemente, la propia construcción de la torre y tal vez, de la Biblioteca y la Armería, dos amplias estancias situadas en la planta superior del palacio. En este sentido, no es seguramente casual que varias de las descripciones más completas que poseemos del palacio y los jardines de Lastanosa correspondan precisamente a fines de la década de los 40 y comienzos de los 50. Además del propio Romance jocoso tenemos la singular descripción en verso de Andrés de Uztarroz, publicada en Zaragoza en 1647; la descripción en prosa, mucho más detallada, del palacio y los jardines lastanosinos, compuesta también por Andrés de Uztarroz hacia 1650 ; los fundamentales dibujos del palacio, jardines y cripta de la Catedral del manuscrito 22609 de la Biblioteca Nacional, compuesto en 1651-52 -esta podría ser también la fecha de los dibujos, aunque hay investigadores que los consideran posteriores-; o las menciones contenidas en la segunda parte de El Criticón de Gracián, impresa en 1653.

Entre 1646 y 1650 se extendió la segunda estancia en Huesca de Baltasar Gracián, durante la que se publicaron en la ciudad, con abundantes referencias a Lastanosa, El Discreto y El Político (ambas obras en 1646), Oráculo manual y arte de prudencia (1647) y Agudeza y arte de ingenio, que incluía traducciones de Marcial realizadas por el canónigo Manuel Salinas, otro destacado miembro del círculo lastanosino (en 1648 y 1649). En 1653, finalmente, apareció con pie de imprenta de Huesca la segunda parte de El Criticón, uno de cuyos capítulos, “Los prodigios de Salastano” (anagrama de Lastanosa) inmortalizaría literariamente al mecenas oscense.

En los años 40 fue también muy estrecha la relación que Vincencio Juan de Lastanosa mantuvo con Juan Francisco Andrés de Uztarroz. Además de las descripciones de su palacio y jardines ya comentadas, sus frecuentes visitas a Huesca o las más de cincuenta cartas que el historiador zaragozano le escribió, Andrés de Uztarroz publicó en estos años tres libros sobre santos y devociones oscenses, en los que los Lastanosa se hallan muy presentes. De 1638 es su Defensa de la patria del invencible martyr San Laurencio, escrita para oponerse a los que hacían cordobés al patrón de Huesca, obra en la que Andrés de Uztarroz se sirvió de documentos medievales cuyo propietario era Vincencio Juan de Lastanosa; el Monumento de los santos martyres Iusto i Pastor, de 1644, dedicado al canónigo Juan Orencio Lastanosa, en el que se estudian las antigüedades romanas aparecidas al construir la capilla de ambos santos, que habían engrosado las colecciones lastanosinas; y en 1648, la Vida de San Orencio, obispo de Aux, libro compuesto, como reconoce Andrés de Uztarroz, en la “librería” de Lastanosa, en el que se refutaba a los que negaban que San Lorenzo y San Orencio eran hermanos, tal y como afirmaban las tradiciones oscenses.

La década de los 40 es, asimismo, el momento al que pertenecen la mayoría de las noticias de una de las principales relaciones europeas de Lastanosa: la que le unió con Francisco Filhol, un canónigo de la Catedral de Toulouse que había reunido una biblioteca y un museo semejantes a los lastanosinos. Referencias a Filhol se encuentran en algunas de las obras de Gracián y Andrés de Uztarroz que acabamos de comentar; no obstante, el principal testimonio de sus vínculos con Lastanosa lo constituye la publicación en Huesca por Juan Francisco Andrés de Uztarroz, en 1644, del Diseño de la insigne i copiosa Bibliotheca de Francisco Filhol, una notable descripción de las colecciones atesoradas por el clérigo francés. Además, tal y como aseguraba Diego Vincencio Vidania en 1681 (aunque este punto está todavía sin estudiar), Filhol nombró heredero a Lastanosa .

En 1650 Lastanosa fue uno de los jueces de la Palestra numerosa austriaca, el certamen poético que tuvo lugar en la Catedral para celebrar el matrimonio de Felipe IV con su sobrina Mariana de Austria, en el que, entre otros muchos poetas, participó Ana Francisca Abarca de Bolea, la monja y abadesa de Casbas. Al año siguiente llegó a Huesca, como novicio, el jesuita José Zaragoza, uno de los más importantes matemáticos y astrónomos españoles del siglo XVII ; Zaragoza debió entrar entonces en contacto con Lastanosa, como atestiguan las dos cartas que le escribió en 1655.

El año 1651 vio desencadenarse una terrible catástrofe sobre Huesca: la peste, que terminó en pocos meses con la vida de 1.400 personas, un cuarto de la población de la ciudad. Como escribió un autor del siglo XVII, los tres remedios más eficaces para luchar contra la peste eran “huir presto, lejos y volver tarde”. A diferencia de muchos oscenses, Lastanosa no siguió tan prudentes consejos y permaneció, valerosamente, en Huesca. Tenía por entonces cargos importantes, los de Regidor del Hospital y Lugarteniente del Justicia de Huesca (el Justicia era Francisco Luis Climente, que moriría víctima de la peste cuando ésta parecía ya extinguida).

Los años 1651-52, dominados por la presencia aterradora de la pandemia, contemplaron dos importantísimos acontecimientos familiares para Vincencio Juan de Lastanosa: el traslado de los restos mortales de su mujer y sus antepasados desde la iglesia de los dominicos a la nueva y flamante cripta de la Catedral. Y la composición de una segunda genealogía familiar, tras la de 1631: un extenso manuscrito titulado Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa (nº 22609 de la Biblioteca Nacional), del que forman parte, como ya hemos dicho, el relato de la muerte de Catalina Gastón y los dibujos del palacio, los jardines y la cripta de los Lastanosa .

imprimir

volver   
  Instituto de Estudios Altoaragoneses                               Tel: 974 294 120                               lastanosa@iea.es