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Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
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1632-1640

 

El Conde de Guimerá y la descripción falsificada

En el año 1628 Vincencio Juan y su hermano Juan Orencio participaron en un certamen poético en Zaragoza en honor de la Virgen del Pilar . Y en 1629 dio comienzo la extensa correspondencia que el joven Lastanosa mantuvo con el Conde de Guimerá. Gaspar Galcerán de Castro y Pinós, nacido en Barcelona en 1584, era nieto de Martín de Gurrea y Aragón, Duque de Villahermosa, de quien había heredado la pasión por el coleccionismo y la afición por las antigüedades . Vincencio Juan de Lastanosa y el Conde de Guimerá, que era veintiún años mayor que él, mantuvieron una estrecha relación. Entre 1629 y 1636 el Conde le remitió una cincuentena de cartas, centradas en sus aficiones comunes, como la historia o las monedas antiguas. Lastanosa, por su parte, sometió a la consideración de Guimerá sus dos empresas, la del Ave Fénix y la Calavera, sobre las que el Conde emitió juicios no demasiados favorables . Recientemente se ha dado a conocer otro singular aspecto de las relaciones mantenidas por ambos. El 24 de agosto de 1635, con veintiocho años, Vincencio Juan de Lastanosa firmó de su puño y letra un documento por el que garantizaba la fidelidad de las copias, encargadas seguramente por Guimerá, de las miniaturas de un Comentario del Apocalipsis que se encontraba en el castillo de Montearagón. Este códice medieval se ha perdido; lo que ha llegado a nosotros son justamente las bellísimas copias de siete hojas de este Beato desaparecido. Dichas copias, junto a otros papeles del Conde de Guimerá, están hoy en la Pierpont Morgan Library de Nueva York .

Si el Conde de Guimerá inició con un joven de veintidós años un intenso intercambio epistolar fue sin duda porque Lastanosa mostró desde muy pronto un profundo interés por el estudio de las más diversas materias y por coleccionar toda clase de objetos. En 1635, por ejemplo, remitió a Guimerá un Índice de sus antigüedades. En ese año se encontraba ya en su museo una de las piezas más destacadas que el mecenas oscense reunió a lo largo de su vida: un colmillo de elefante ricamente decorado, del que se decía que perteneció a un rey de la India o del Japón, pero que provenía en realidad del África occidental portuguesa. Este colmillo es uno de los pocos objetos de las colecciones lastanosinas del que conservamos un dibujo, con la inscripción “Bozina de marfil que está entre las antiguidades de Vincencio Lastanosa en el año 1635”.

Hacia 1640, por otra parte, se redactó el Catálogo de la biblioteca y el museo lastanosinos que se conserva en la Biblioteca Real de Estocolmo -manuscrito U-379- (dicho catálogo fue aumentado con nuevas entradas de libros durante más de veinte años; no obstante, el manuscrito inicial pone ya de manifiesto el volumen que su biblioteca y colecciones habían alcanzado cuando Lastanosa tenía poco más de treinta años).

Además de Guimerá, Vincencio Juan de Lastanosa se relacionó en la década de los 30 con otros personajes. Uno de ellos es el jesuita Jerónimo García, del que se conocen extractos de ocho cartas a Lastanosa escritas en 1631 y 1632 y un manuscrito fechado igualmente en 1632, conservado en la Real Academia de la Historia, sobre monedas encontradas en Huesca que estaban en poder de Lastanosa. Este se carteaba también con Juan Garriz, una figura que posiblemente jugó un papel crucial en la adquisición, en buena parte de Europa, de los libros, mapas, pinturas y otros objetos del museo lastanosino, pero cuyas relaciones con el mecenas oscense están aún por estudiar. A fines del siglo XVIII Félix Latassa todavía vio “muchas” cartas de Juan de Garriz a Lastanosa, “de los años de 1630 y siguientes”. En esas cartas, que Latassa no transcribió, Garriz hablaba “de libros, de su compra, de compra de mapas, de estampas, de cuadros y pinturas, y otras que hizo hacer a Jusepe Martínez y Orfelin, etc, de compras a estos de otras cosas” .

El Conde de Guimerá murió en 1638. Algunos de sus manuscritos, como las Inscripciones de memorias romanas y españolas antiguas y modernas o las Honestas recreaciones de ingeniosa conversación, pasaron a manos de Lastanosa. Dos años antes de la muerte de Guimerá, Vincencio Juan de Lastanosa inició con otros dos personajes una relación, que como la del Conde en el periodo precedentes, llenaría la siguiente etapa de su vida: eran el jesuita Baltasar Gracián y el zaragozano Juan Francisco Andrés de Uztarroz, futuro Cronista del Reino de Aragón. Gracián residió en Huesca entre 1636 y 1639. Y en 1637, gracias al mecenazgo de Lastanosa, publicó el primero de sus libros, El Héroe. Curiosamente, en 1635 Vincencio Juan de Lastanosa había redactado testamento, y en 1636, que fue cuando entró en contacto con ambos, le añadió un codicilo “estando muy enfermo” . De 1636 son asimismo el retrato de su mujer, y probablemente también el suyo, que decoraban la sala principal de su palacio del Coso; ambas pinturas se han perdido.

En la Biblioteca Nacional se conserva un manuscrito fechado en 1639 al que, desde su publicación por Adolphe Coster en 1912, se consideraba la descripción más importante del palacio, los jardines, la biblioteca y las colecciones lastanosinos. Se titula Las tres cosas más singulares que tiene la casa de Lastanosa en este año de 1639. En este texto, y solo en él, es donde figuran hechos tan conocidos como las tres visitas del rey Felipe IV a Huesca; las de grandes nobles españoles y europeos para admirar el museo lastanosino (el duque de Ferrara, Juan de Medicis, el conde de la Mirándola, el príncipe de Esquilache, Juan Borromeo y el marqués de Pescara; y entre los españoles, Bernardino Fernández de Velasco, Condestable de Castilla y León, los duques de Medinaceli, Arcos, Infantado, Béjar, Medina de las Torres, Lerma y Villahermosa y los marqueses de Aitona y Camarasa); las estrechas relaciones mantenidas por Lastanosa con Gastón de Orléans, el turbulento hermano del rey Luis XIII de Francia, que habrían incluido un viaje del mecenas oscense a París y otro de Gastón a Huesca; o la presencia de animales salvajes -un león, un tigre, un leopardo, un oso y dos avestruces- y ocho parejas de jardineros y jardineras franceses en los jardines de Lastanosa. Todo esto habría ocurrido además antes de 1639, cuando Vincencio Juan de Lastanosa aún era joven (treinta y dos años).

Desde los trabajos de Fermín Gil Encabo se considera que Las tres cosas más singulares es en realidad una sorprendente falsificación. Una falsificación, además, que incluye otros textos, interpolados en la caja 18.727 y el manuscrito 22.609 de la Biblioteca Nacional. El descubrimiento de esta mixtificación tiene, lógicamente, implicaciones evidentes para la biografía de Lastanosa. Pensemos por ejemplo que las visitas de Felipe IV al palacio lastanosino solo son mencionadas en Las tres cosas más singulares. No aparecen en los demás escritos del propio Lastanosa, en las obras de autores tan cercanos a él como Gracián o Andrés de Uztarroz ni en la documentación oscense de la época. Y otro tanto cabe decir de la estancia en Huesca de los grandes nobles, las relaciones con Gastón de Orléans o los animales salvajes y los jardineros franceses. Por otra parte, las visitas reales y las de aristócratas españoles o europeos tampoco se repiten después de 1639, un hecho también sospechoso.

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