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Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
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ESCRITORIOS


Para los escritorios, y en general, el mobiliario que llegó a poseer el mecenas oscense, véase el artículo de María Paz AGUILÓ ALONSO, “Muebles y escritorios en las colecciones de Vincencio Juan de Lastanosa”, en Vincencio Juan de Lastanosa (1607-1681). La pasión de saber, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2007, p. 97-107.

Para María Paz Aguiló, “los escritorios, cuyo origen español está ampliamente consensuado, son sin duda los muebles representativos por excelencia de los siglos XVI y XVII”.

La autora recalca “la función del escritorio como contenedor de colecciones en las cámaras de maravillas europeas desde mediados del siglo XVI”. Y señala que “en muchos casos es el propio escritorio, por los materiales de que está compuesto, el que constituye una verdadera colección”.

Ambos aspectos, los escritorios como contenedor de colecciones y objetos de colección por sí mismos, se dan en el caso de Lastanosa. En las distintas estancias de su palacio se podían encontrar, en efecto, una veintena de hermosos escritorios, que albergaban una parte importante de las colecciones lastanosinas.

Estos escritorios, hechos en muchos casos de materiales nobles (plata, ébano, marfil, madera de nogal, etc.), constituían verdaderas obras de arte.

Pero además servían, como acabamos de comentar, parar guardar muchos de los objetos, sobre todo de pequeño tamaño, que constituían el museo lastanosino (monedas, medallas, camafeos y piedras preciosas, libros y esculturas pequeñas, instrumentos científicos…).

En el palacio lastanosino los escritorios, aunque presentes en bastantes habitaciones, se concentraban sobre todo en el camarín del primer descanso de la escalera principal y en la biblioteca. Las descripciones conservadas permiten constatar, además, que algunos de los escritorios que decoraban el camarín fueron trasladados a la biblioteca. Esta pasó, así, de tener cinco de estos bellos muebles en 1650 a nueve en 1662.


Los escritorios en las fuentes:

Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Descripción del palacio y los jardines de Vincencio Juan de Lastanosa (Hispanic Society of America, manuscrito B-2424):

El camarín (f. 25v.-28r.). De los escritorios del camarín –siete, si bien uno de ellos se encontraba en el interior de otro de mayores dimensiones- se habla primero de los objetos que se hallaban dispuestos sobre los mismos, para describir después los propios escritorios y su contenido:

“Hermosean esta misma pieza tres escritorios grandes y cuatro pequeños.

Sobre el primero se levanta un obelisco triangulado, donde se ve la mayor gala de obrar con el torno.

El segundo se adorna con una caja cuadrada primorosamente trabajada. Representase dentro de ella, en perspectiva, un escuadrón de infantería de figuras labradas tan excelentemente, con armas y trajes diversos, que multiplicándose por la oposición de los espejos se aumentan sin número, y marchando con pasos concertados /[f. 26r.] al son de un clarín imitado con una espineta, se van encontrando los unos escuadrones con los otros, representando con toda perfección lo que se ve en un campo en ocasión de darse batalla. Tiene por remate esta caja una urna cuadrada que sirve de fundamento y ornato a una estatua de marfil de Lucrecia abriéndose el pecho con un puñal, y a un lado y otro hay dos caracoles de nácar, el uno de la forma de los caracoles ordinarios que se crían en el campo, pero de mucha grandeza y hermosura. El otro es de los que llaman madre perla, semejante en la disposición a una navecilla, está descubierto por la parte que representa la popa formando otro caracol mas pequeño, y le sirven de ornato y belleza los ribetes que en el dejaron formados las conchas que le quitaron; en lo demás de su corteza hay grabados hombres, aves y plantas de la China.

Otro escritorio hay adornado con dos caracoles de la misma calidad y con dos urnas pequeñas de mármol blanco para flores, una cabeza de un negro de azabache de excelente escultura, la cual se sustenta sobre un balauste que remata en un sello de plata con las armas de la casa de Lastanosa. Enriquecen este mismo /[f. 26v.] puesto dos arquillas de marfil con figuras relevadas. En la una de ellas hay tantos personajes que sin contar los espíritus angélicos, aves y brutos se compone de [en blanco] figuras. En la cerraja de plata están gravados los blasones de Lastanosa.

A poca distancia se ven dos escritorios pequeños con dos perspectivas. Formase la una sobre un pavimento de ladrillos blancos y negros, con las columnas de mármol multiplicando infinitos ángulos, y en cada uno de ellos se representa una montería con diversidad de figuras humanas y animales. En la otra perspectiva se representa un dance con una numerosa multiplicación de las máscaras que la componen. Y ambas dan fin en dos globos crecidos verdes, llenos de agua, que parecen dos esferas de esmeraldas transparentes.

El ornato del último escritorio son dos pirámides de jaspe de Tortosa (que en Italia, por lo precioso y vario de sus colores, llaman "brocatelo de España"), que rematan en dos bolas. En medio de estas agujas hay una grande urna de barro, labrada en la ciudad de Urbino y pintada en la oficina del famoso Rafael de Urbino. Están pintados en ella los ríos que /[f. 27r.] fertilizan a Italia rodeados de espadañas, reclinándose sobre las urnas por donde vierten sus aguas. Forman las asas de esta hermosa vasija cuatro culebras enroscadas, tan primorosamente perfectas y naturales que motivaron las plumas de grandes ingenios para que celebrasen esta obra.

De los escritorios que se han referido, el primero es de nogal, de artificiosa talla de boj, cortada en ella retratos de emperadores, niños, tarjetas, vichas, grifos, termas, pájaros y otros adornos asentados sobre raso de nácar. En el cual se hallan diversas curiosidades, así de obras mecánicas como de cosas admirables de la naturaleza, que se pudiera hacer de ellas un tratado muy digno de la atención de los curiosos investigadores de los prodigios que encierra en sus entrañas capaces la tierra.

El segundo escritorio lo fingió la destreza del pincel tan ingeniosamente que parece todo él de ébano y marfil. En los tarjones y compartimientos hay fábulas, ruinas, perspectivas y marítimas. Abriendo las puertas se descubre una división de estantes en forma de anfiteatro. Sustentanse las tablas con unas columnas balaustradas coloridas de azul y oro. Ocupan la primera orden baja muchos tomos pequeños /[f. 27v.], uniformemente encuadernados en vitelas doradas, de Historiadores, Filósofos, Oradores y Poetas. En la segunda orden hay tomos del mismo tamaño, que describen lo más célebre y digno de memoria de las Repúblicas más insignes del orbe, y otros de Política. En la tercera orden hay libros de Matemáticas, de Astrología, Cosmografía, del arte de la espada, de la Química y de plantas. En la cuarta orden hay libros en diversos idiomas, y en ellos Historias, Poesías, Fábulas, Emblemas, Empresas, Antigüedades, Medallas. Asimismo hay en este escritorio dos volúmenes, el uno en Arábigo que contiene la Cábala o el Arte de Adivinar, en papel de caña arrollado en una caja de marfil. El otro es un Pronóstico; está en una caja de plata, el modo de plegarlo y desplegarlo es muy curioso.

En el pavimento del anfiteatro que dejan los libros hay un escritorio pequeño de ébano y plata con muchos secretos, sus gavetas divididas en loculos ocupados con retratos de dioses, emperadores y emperatrices en piedras preciosas [en 1662 este escritorio doble se encontraba en la Biblioteca].

Otro escritorio está lleno de varios prodigios de la naturaleza, tan raros y exquisitos que merecen grandes admiraciones.

En otro escritorio que se divide en ciento y noventa y tres loculos hay retratos de Pontífices, Emperadores modernos, Electores y de otros Príncipes, en plata, en bronce dorado, en bronce y en plomo, y algunos medallones [en 1662 este escritorio se encontraba en la Biblioteca].

En otro escritorio de /[f. 28r.] ébano y marfil se depositan muchas piedras preciosas, esculpidas unas de relieve y otras en fondo, muchas sin labrar muy exquisitas, de que se valen los indios para el remedio de sus enfermedades. Hay en él muchas cosas, así naturales como mecánicas, labradas en oro y otras materias, y porque se hará mención en otra parte de ellas no se refieren aquí [en 1662 este escritorio se encontraba en la Biblioteca].

En otro escritorio fingido de ébano y marfil, y pintados en él muchos cuerpos geométricos regulares, trepados unos y relevados otros por medio de la perspectiva, se depositan algunos libros curiosos de que se hará memoria en el índice de la librería. Hay sobre este escritorio dos lagartos de bronce, tales que puestos al lado de los animados se pudiera dudar mucho si estuvieran coloridos, tanta es la sutileza y primor que mostró en ellos el artífice [en 1662 este escritorio, probablemente, se encontraba en la Biblioteca].

Cuarto bajo (f. 28v.)

"Las piezas que se han fabricado muestran la perfección que todas tendrán. Estas son muy capaces y anchurosas, adornadas de bufetes de mármol, escritorios, esculturas y espejos”.

Habitación del cuarto norte, en la planta principal (f. 31v.)

“De esta [pieza] se pasa a otra adornada de pinturas, escritorios y sillas negras con clavazón pavonada, y en el extremo hay una alcoba con una cama y tribuna a una capilla”.

Habitación del cuarto sur, en la planta principal (f. 32r.)

“Hay aquí un escritorio fingido de ébano y marfil, y sobre él dos floreros dorados, y en medio una estatua de mármol blanco con sago y paludamento sobre urna de la misma materia. Abiertas las puertas del escritorio se descubre un traslado amenísimo de la Primavera, con flores vistosísimas, mosquitos y mariposas, multiplicándose todo en los espejos que hay acomodados en los ángulos”.

Habitación con retratos femeninos (Santa Teresa de Jesús, Cleopatra, Lucrecia y la Vizcondesa de Torresecas), que daba también al sur (f. 32v. y 33r.)

“Entre tantos adornos brilla un escritorio de plata sobre un bufetillo de la materia misma, con dos urnas doradas de flores y una arquilla de caray con relieves de plata, y sobre esta se ve un cofrecillo de iminatura con diversas flores muy naturales y de porcelana de oro”.

“Y no menos embellecen aquella sala dos bufetes /[f. 33r.] de piedra blanca con manchas azules, muy transparente y lustrosa y semejante a la ágata. Sobre el primer bufete hay un escritorio de Alemania cubierto de terciopelo carmesí, cerrajas y extremos de bronce dorado, y sobre él floreros y dos niños de mármol tan transparente que puede juzgarse por cristal. Representan a Baco, el cual tiene unas uvas, y a Cupido, el cual con mucha ansia solicita gustarlas, sin embargo del retiro de su contendor”.

“Sobre el segundo bufete hay un escaparate que hace correspondencia con el otro escritorio. Está dispuesto en forma de coliseo, levantándose sobre un pedestal trepado con balaustes dorados y el cornijamento azul, sobre que carga una orden de termas de bronce dorado en que el dibujo y el buril corrieron pareja. Formanse entre terma y terma unos nichos. En el primero se ofrece un Cupido labrado de sedas diferentes representando una acción muy cansada, pues en lugar de flechar el arco se firma sobre él, sirviéndole de báculo. Esta figura es de perfectísima escultura. En otro nicho hay una ninfa de marfil jugando con un perrillo que tiene en las manos. En otra división hay una estatua pequeña de Neptuno, que fluctuando sobre una concha le socorre una /[f. 33v.] ninfa que se abraza estrechamente con él. En otros tres nichos opuestos a los referidos, en el primero hay un Cupido de seda, que olvidando el arco y aljaba, llevado de la pasión de niño hurtó unos cachorrillos, y la perra le sigue airada para morderle, y temeroso de perderlos llora. En el segundo nicho hay una ninfa de marfil. En el tercero se ve un Baco de la materia misma enlazado con Ceres, y la brinda con una copa de vino. Los demás nichos están adornados con diferentes piezas de plata, unas tejidas de sutiles hilos, otras relevadas con diversas fábulas y piedras preciosas.

Este primer cuerpo remata en una cornisa azul, y sobre ella corre un balaustado de oro, y sobre él se forman muchas columnas de mármol blanco, que hacen otros tantos nichos como los que forman las perlas. Corona este cuerpo un balcón de oro y azul.

Todo este escaparate es depósito de varias joyas, y se duda a quien se debe dar el primer lugar, a la obra artificiosa o a la materia. En los cuatro ángulos hay cuatro espejos de superficie convexa, mostrando en perspectiva cuanto contiene, que es una vista de /[f. 34r.] grande hermosura y admiración. En el espacio principal que forma este vistoso panteón hay una imagen de Nuestra Señora del Pilar de coral sobre una urna de cristal, y debajo de la urna hay pendiente una joya de diamantes, esmeraldas, rubíes y perlas, labrada en ella la Fortaleza a caballo en un león, cuyo pecho es de un diamante. Hay muchas piezas de porcelana sobre oro. Entre otras de maravillosa pintura hay una caja para un retrato, en la una parte está Cupido llorando porque lo riñe Venus, en otra está Venus cariñosa acariciando y besándole. Hay asimismo diversas urnas, frasquillos y otros vasos de piedras guarnecidos de oro, de plata, guarnecidos de piedras, marfil, plata blanca y dorada, muchas otras piezas de oro adornadas de piedras preciosas.

Los fondos de todos los nichos que forman las columnas y pilastras están adornados en la parte interior de mascarones de bronce dorado, y en la parte de afuera hay espejos adornados con retratos y con fábulas, hecho de porcelana.

En el espacio que por causa del semicírculo queda desembarazado lo ocupa un cofrecillo de caray guarnecido de plata, vaciada la cerraja /[f. 34v.] y aldabones. A los lados hay dos escribanías de marfil en forma de pirámides, tan perfectamente acabadas que son el hipérbole de lo que puede obrar el torno.

Sobre este escaparate hay dos castillos dorados y un niño de mármol blanco de harta grandeza. Está durmiendo y recostado sobre una calavera, y por el hueco de uno de los ojos sale una culebra que se enrosca en este fúnebre trofeo de la Muerte”.

Última habitación del sur (f. 35r.-v.)

“Bufetes de baqueta de Moscovia, con hierros y clavazón dorada. Sobre uno hay un escritorio de terciopelo negro con extremos dorados. Sobre él, un Niño Jesús desnudo sobre un globo, y todo carga sobre urna dorada. Tiene cabellos naturales, su colorido es perfecto, a imitación de los que traen de Nápoles, y es del tamaño del natural”.

Sobre otro bufete, contador fingido de ébano y marfil, pintadas en él varias fábulas de las que cuenta Ovidio en sus Metamorfoseos, y dos floreros. En medio hay una arquilla de rebutidos de ballena y huesos teñidos, que /[f. 35v.] forman varios lazos y labores. Esta da fin con una hechura de San Miguel de marfil, sirviéndole de trono un espíritu maligno sobre un pedestal con cuatro columnas. La imagen del Santo Ángel tiene en la mano derecha una espada y en la siniestra un sol que le sirve de escudo, y en el centro de él dice: Quis sicut Deus”.

Galería de pinturas (f. 37v.)

“Hay dos bufetes de mármol azul y blanco, y sobre ellos escritorios fingidos de ébano y marfil, rematando en unos cofrecillos de casi de una vara, de obra de la China, el campo negro con lazos de nácar o madre perla, adornados de cazas y países de oro molido, cerrajas y aldabas doradas, y a los lados hay vidros y estatuas”.

Cuarto con retratos de los emperadores (f. 38r.)

"Hay un escritorio de blanco y negro adornado con vidros”.

La segunda pieza de este cuarto (f. 39v.)

“Escritorio de nogal con rebutidos de hueso”.

Biblioteca (f. 39v.-43r.)

"Las dos aceras están interrumpidas con los balcones, están adornadas de cinco escritorios fingidos de ébano y marfil.

En el primero entrando a mano siniestra está la Historia, distribuidos en cartelas los trabajos de Hércules; está lleno este de libros de estampas, en que hay retratos de muchos Príncipes y hombres insignes y maestros de este siglo y los pasados.

El escritorio que se sigue está adornado varios cuerpos de Geometría, donde se depositan pantómetras, compases de proporción, cuadrantes, anillos, astrolabios, niveles, escuadras, cartabones, vespertelio, perpendiculos, cilindros de la captotria y matemáticas, brújulas, esteliones, piedra imán, calibros y muchos otros instrumentos para el uso de la Geometría, Matemá /[f. 40v.] tica, Astrología, Captotria, Fortificación, Perspectiva. Hay un libro en que están dibujados la mayor parte de estos instrumentos y sus maravillosas operaciones.

En otro escritorio de noventa gavetas, que todas se abren con su llave, distribuidas en [en blanco] loculos hay medallas Romanas, Griegas, Púnicas, Hebreas y Españolas. La primera división es de Emperadores Romanos, y en esta hay medallas con virtudes, triunfos, consulados, provincias, ciudades, puertos, ríos, edificios y dioses. La segunda división es de Emperatrices. La tercera de Españolas antiguas. La cuarta de Colonias y Municipios. La quinta de Griegas, y en esta división a lo precioso del metal y primoroso de la escultura se añade lo más venerable de la Antigüedad, pues en estas medallas se conservan los retratos de aquellos famosos Héroes, y testimonios de la grandeza de su ánimo.

En una de plata de peso [en blanco] se ve la cabeza del Magno Alejandro, en lugar de celada la piel de león. Por reverso la clava de Hércules, el trisulco de Júpiter, la águila, y lituo o vírgula divina, preciándose sin duda de sacer /[f. 41r.] dote de Júpiter, de quien imaginaba que traía su origen.

En el reverso de la medalla de Príamo, su rostro grave y barba larga parece que infunde respeto, se ve la ciudad de Troya, el muro aportillado y aquel monstruo de madera abortando griegos, el piadoso Eneas con Anquises su padre en los hombros, el Paladión y Ascanio su hijo en las manos y su esposa Creusa que se queda al salir de la puerta, representándose en la brevedad de una medalla con toda distinción mucho más de lo referido.

En el rostro de la medalla de Homero [siguen tres líneas y medio en blanco].

Una medalla de plata de Atenas, que se ve en la haz la cabeza de Minerva, y en el reverso una lechuza sobre una vasija de aceite.

En medalla de plata de Sicilia se ve la cabeza de la diosa Ceres, y por reverso una cabeza de caballo, tres piernas unidas por los muslos, denotando los tres promontorios que la hacen celebre a Trinacria.
No es menor la doctrina y erudición que se puede referir /[f. 41v.] de las medallas romanas. Dejase por no ser el intento sino contar por mayor lo que hay en este escritorio”.

Sobre el cual [el escritorio de noventa gavetas con monedas] hay otro que en treinta cajones hay [en blanco] loculos ocupados de medallas de plata, oro y aletro. Es la primera división de Cónsules, en que hay casi todas las familias que llegaron en Roma a esa dignidad. La división segunda es de Emperadores y Emperatrices. La tercera de Españolas antiguas. Las medallas de oro se dividen en griegas, romanas, godas y algunas modernas.

En el lado que mira al Poniente, entre dos balcones, hay otro escritorio, que abierto ofrece a la vista un anfiteatro, sustentadas las divisiones de diferentes termas de primorosa escultura, muy limpiamente vaciadas. En el primer nicho hay una estatua de un gladiador con sago y paludamento y yelmo, los brazos descubiertos, las mamilas algo largas, que muestran haberse hecho para despedir agua por ellas. En el nicho opuesto hay una estatua de bronce de Mercurio, desnudo, con el galero y talares, una bolsa en la mano derecha. En el tercer nicho hay una estatua de azabache de una diosa sobre pedestal de jaspe, y en el opuesto a este una estatua de Hércules de bronce dorado, /[f. 42r.] peleando con Gerión; tiene pedestal de mármol dorado. Síguese una cabeza de cera de un niño.

En el lugar que hace medio a las divisiones de las termas hay un ídolo de plasma de esmeralda, que fue uno de los más célebres oráculos que adoraron y temieron los indios en uno de sus templos de su vana idolatría. Habló por su boca muchas veces el demonio. De las últimas burlas que les dio fue mandarles sacrificar tres mil muchachos, ofreciéndoles librar con tan copioso derramamiento de sangre de la opresión que les amenazaba la llegada de los españoles a su provincia. De todo esto hizo relación por escrito el padre fray Juan Beltrán, de la Orden de Santo Domingo, que para presentar al Conde Duque trajo de las Indias con otros ídolos raros y cantidad de piedras preciosas, las cuales tiene hoy en su poder don Vincencio Juan de Lastanosa por la liberalidad del muy reverendo y docto padre maestro fray [en blanco] Salvador, religioso de la misma Orden, natural de Mallorca y Catedrático de [en blanco] en la Universidad de Huesca.

Y el testimonio del padre fray Juan Beltrán decía de esta suerte:

/[f. 42v.] "El ídolo que yo, fray Juan Beltrán, derribé con mis propias manos de su altar y nicho y conmigo traigo, lo llamaban los indios Gholiabhximi, que quiere decir Dios Gigante. Tiene figura de mochuelo asentado en cuclillas y es de piedra entre los indios estimada y de propiedades. La noche antes que entrásemos en el lugar le sacrificaron más de tres mil muchachos sus propios padres, y cuando quedaron vencidos los indios, quejándose los sacerdotes del dicho falso dios, les respondió el ídolo que porque le habían sacrificado con poca devoción no les había socorrido. Y yo le oí hablar por mis propios oídos. Valía su nicho, que era de oro, perlas y piedras preciosas y telas de gran valor, muchos centenares de millares de ducados. Aconteció esto a 3 de septiembre año 1632."

Los demás cuerpos y divisiones de este escritorio se adornan con los ídolos, estatuas y medallas siguientes: un toro de bronce con pedestal de lo mismo, simulacro a quien adoraron los egipcios con nombre del dios Apis; anduvo tan valiente la escultura que se puede decir se adelantó a lo natural. Una cabeza de un ciervo /[f. 43r.] de bronce, con pedestal de alabastro. Estatua de Julio César desde los pechos arriba, con pedestal de mármol. Una testa de Emperatriz en urna de piedra blanca. Un ídolo de piedra arenosa dado de verde con caracteres japones, es a la semejanza del dios Término que adoraron los romanos. Imagen de la Fama de bronce dorado, tocando una trompeta. Efigie de Palas de harta pequeñez, de madera exquisita, con sago, paludamento, celada y lanza. Una figura ecuestre. Un ratón de bronce muy natural, pues se han engañado sus enemigos acometiéndole para hacer presa en él, y su dureza los ha burlado. Un elefante de marfil con un castillo y hombres en él. Hay muchos mascarones, perspectivas, grutescos, imágenes de santos y niños y otras piezas curiosas de plomo, arambre, cobre y otros metales.

 Narración de lo que le pasó a don Vincencio Lastanosa a 15 de octubre del año 1662 con un religioso docto y grave (Hispanic Society of America, manuscrito B-2424):

Biblioteca (f. 68v.-73v.)

“El intervalo que hay entre balcón y balcón está adornado con ocho escritorios [en realidad son nueve, como vamos a ver].

El primero de poniente está por adentro en forma de anfiteatro, cuyos altos son divisiones o estantes para libros pequeños uniformemente encuadernados. La 1ª orden, que carga en el pavimento, Poetas, Filósofos y Oradores. La 2ª, Repúblicas. La 3ª y 4ª, varia erudición, donde apenas se puede apetecer asunto que no se halle. En medio de este escritorio hay otros dos pequeños, que /[f. 69r.] representan la mitad que solía haber en los circos. El 1º, de marfil historiado de más de medio relieve, una dilatadísima historia con grandísima perfección. El segundo es de ébano y plata, dividido en loculos con retratos de dioses, emperadores y emperatrices de relieve de perfectísima escultura en piedras preciosas [hacia 1650 este escritorio se encontraba en el Camarín de la escalera principal].

Los dos escritorios que se siguen a la parte del mediodía, el 1º de medallas dividido en noventa gavetas, y cada una en dieciocho loculos distintos. En ellos, distribuidas medallas de emperadores y emperatrices y otras de Griegos, Hebreos, Púnicas y Españolas antiguas, empezando las Romanas en Julio César y prosiguiendo toda la sucesión del Imperio.

El tercer escritorio, que está sobre este, tiene treinta gavetas, y cada una treinta y dos loculos. Las medallas de este escritorio son todas de oro y de plata. La 1ª división empieza con los cónsules y familias, /[f. 69v.] desde la Aburia hasta la Volteia. La segunda orden es de emperadores y emperatrices. La tercera de españolas antiguas, en caracteres e idioma español usado antes que introdujeran los Romanos su lengua, de donde emanó la que hoy hablamos y llamase romance, de las cuales he ofrecido a la posteridad el Museo de las medallas desconocidas.

/[f. 72r.] Cuarto escritorio. Es de libros químicos, debense los mas raros a la liberalidad del ilustre señor don Camilo Locarni, noble veneciano [hacia 1650 este escritorio se encontraba, quizás, en el Camarín de la escalera principal. Se trata probablemente del escritorio que contenía “algunos libros curiosos” del que habla, sin especificar más, Juan Francisco Andrés de Uztarroz en su Descripción].

Debajo de este escritorio hay otro con libros de estampas.

Quinto escritorio. Por la parte de adentro está en forma de anfiteatro, colocado en él varios ídolos de los egipcios, romanos e indios y amazonas en varias materias, en piedras preciosas, bronce, piedras comunes y barro cocido. A vueltas de esto hay muchas curiosidades de escultura de bajos relieves y de relieve entero de las mismas materias.

Sobre este escritorio hay otro de medallas de Pontífices, Príncipes modernos y hombres insignes [hacia 1650 este escritorio se encontraba en el Camarín de la escalera principal].

Séptimo escritorio. Contiene instrumentos para las Matemáticas, como son esferas, anillos astronómicos, /[f. 72v.] cilindros, báculos mensorios, compases de proporción, pantómetras y otro gran numero, y a todos los acompañan libros impresos o manuscritos que explican y enseñan su uso. Hay un buen numero de cosas mecánicas de todos los artes y materias, espejos, anteojos, cóncavos, convexos, hiperbólicos y otra mucha variedad, que por haberse hablado de ellos arriba no se dice aquí con más expresión.

Octavo escritorio. Sirve de custodia a la porción más preciosa de la antigüedad, que son retratos de emperadores y emperatrices en piedras preciosas, como son nicles, esmeraldas, ónice, cornerinas y ágatas, y casi cuantas piedras se conocen en la naturaleza y tienen nombre, donde se equivoca lo precioso con lo raro del arte por la sutileza con que están esculpidas. A estas se sigue otro grande numero en que se ven retratados la categoría toda de los dioses fabulosos.

Acompañan a estas otras en que se ven esculpidas /[f. 73r.] varias cosas, como animales, frutas e instrumentos. Estas sirvieron algunas para los sellos anulares, y otras son de escritura talismanica, de que hacen mención Torrellas, De imaginibus astrologicis, Valencia, 1496, y Gafarriel. Otras sirvieron no más de para explicar algún concepto del ánimo, como el que esculpió a Cupido sacándose una espina de rosal. Las otras son relevadas en alto las figuras, en las piedras llamadas camafeos, donde hay cosas tan singulares que exceden a los mayores primores que refiere Plinio. A estos prodigios del arte se les ha llegado los de la naturaleza, habiendo en ágatas y otras piedras preciosas retratados los astros como el sol, estrellas, constelaciones, etc.

Aquí se admira la piedra que por una parte atrae el hierro y por otra le despide, la que recoge las pajas, la que anda en el vinagre, la que representa el iris, la que detiene la sangre, la que recoge la madre, la que quita el /[f. 73v.] dolor de ijadas, y para decirlo de una vez, ni Plinio ni Camillo hicieron mención de más piedras que las que atesora esta Diactiloteca. Ilústrala la que escribió de este mismo asunto Abraham Gorlaeo, Scalpturae 1598” [hacia 1650 este escritorio se encontraba, según parece, en el Camarín de la escalera principal].

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