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Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
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ANIMALES, FÓSILES Y PRODIGIOS NATURALES

 


La colección lastanosina de fósiles y objetos naturales era realmente notable. De ella formaban parte, por ejemplo, esqueletos, cocos, huevos de avestruz, caracolas, una estalactita y otras piedras obtenidas en cuevas de las sierras próximas a Huesca, corales, una bocina de marfil o un mosquito atrapado en ámbar.

En el museo reunido por Vincencio Juan de Lastanosa había, incluso, seres que no existen, pero que el siglo XVII continuaba aceptando como verdaderos: los gigantes, los basiliscos y los unicornios. Los basiliscos disecados (hechos “cecina” o “acecinados” es el término que utiliza Lastanosa) que poseía el mecenas oscense eran famosos, de hecho, fuera de Huesca. En 1680 se publicó, como obra póstuma, El templo de la fama del fraile aragonés Andrés Ferrer de Valdecebro, en la que figura un catálogo de los prodigios naturales de todo el mundo. Solo se mencionan tres procedentes de Aragón: los cuervos blancos del Pirineo, los fósiles de la localidad turolense de Concud y el basilisco que tenía embalsamdo en Huesca “el ilustre Lastanosa”. Recordemos, en este sentido, que el ave fénix, otro animal fabuloso, constituía el emblema personal del propio Vincencio Juan de Lastanosa.

Para referirse a los objetos naturales de sus colecciones, Lastanosa utiliza por lo general, como era habitual en su época, los términos “prodigio”, “curiosidad” y “cosas admirables” (y en algunas ocasiones, también “mentira” o “monstruosidad”). En cuanto a los fósiles reciben, sobre todo, el nombre de “empedrimentos”:

“Ha juntado cosas rarísimas de la naturaleza de ágatas y empedrimentos de plantas, de frutas, de flores, conchas marinas y otra mucha diversidad de sabandijas, y en estos empedrimentos hay cosas tan raras que la Naturaleza, desconfiada del crédito humano, puso en ellas el me fecit, dejando en las mas perfectas alguna porción bronca y sin ejecutar los primores que en el resto de ella” (Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa, Biblioteca Nacional, manuscrito nº 22.609, f. 270).

“Los prodigiosos monstruos y extraordinarios efectos de la naturaleza en pezes, aves, brutos, plantas i piedras” (al hablar del museo lastanosino en la Relación de las fiestas que la ciudad de Huesca de el Reino de Aragón ha hecho al nacimiento del Príncipe nuestro Señor D. Felipe Próspero –existen ejemplares en la Biblioteca Nacional y la Real Academia de la Historia-, p. 6).

“En el cual [uno de los escritorios del Camarín] se hallan diversas curiosidades, así de obras mecánicas como de cosas admirables de la naturaleza, que se pudiera hacer de ellas un tratado muy digno de la atención de los curiosos investigadores de los prodigios que encierra en sus entrañas capaces la tierra …Otro escritorio está lleno de varios prodigios de la naturaleza, tan raros y exquisitos que merecen grandes admiraciones … Hay [en la Armería] varias monstruosidades de la naturaleza de minerales, plantas, pescados, aves, y de estas especies diversos empedrimientos verísimos” (Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Descripción del palacio y los jardines de Vincencio Juan de Lastanosa -Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 27r.-v y 45r.-).


1. Referencias a animales, fósiles y prodigios naturales en las descripciones de las colecciones lastanosinas.

2. Libros sobre animales que poseía Vincencio Juan de Lastanosa.




Referencias a animales, fósiles y prodigios naturales en las descripciones de las colecciones lastanosinas:

Catálogo de la Biblioteca de Lastanosa (Biblioteca Real de Estocolmo, manuscrito U-379, f. 102v.-104r.):

“Una bocina de marfil de casi una vara de largo de una pieza, los dos tercios estriada con mucha gala, en el último hecha una cabeza de caimán con muchas escamas, y de la boca le sale una cabeza de un indio coronado, era de un Rey de la India [sobre esta bocina, de la que se conserva un dibujo del año 1635, véase el apartado Objetos exóticos].

Un instrumento músico hecho de una cabeza de la cabra en que se cría la piedra bezoar, que servía en las Indias en los sacrificios que hacían aquellos gentiles al demonio, y con el mismo instrumento los atemorizaba con un ruido horrendo, y esto fue mucho más frecuente poco antes que llegaran los católicos a predicar el Evangelio.

Cuatro caracoles de nácar muy raros, de los que traen de las Indias Orientales.

Algunos corales rojos y blancos muy extraordinarios.

Muchas mentiras de la naturaleza, como son animales, frutas, caracoles, hongos, monedas, conchas, miembros humanos, tortugas y otros muchos embelecos criados o contrahechos por la naturaleza de piedra.

Un coco de los de las islas de Maldivia, digo medio coco, coge medio cántaro de agua.

Un ipotomo o caballo marino entero, acecinado. Otro di al Conde de Guimerá, grande inquisidor de antigüedades y de las maravillas de la naturaleza.

Un vaso de unicornio de cabida de [en blanco] onzas”.

[“El cuerpo de un basilisco del mayor tamaño que señala Plinio, hecho cecina, sin que le falte cosa ninguna de su cuerpo.

Otro basilisco polluelo del tamaño de una nuez, también hecho cecina, con las mismas perfecciones que el grande”.

Las referencias a estos basiliscos, que faltan en el Catálogo de Estocolmo, figuraban sin embargo, a continuación de estas menciones de objetos naturales de sus colecciones, en un segundo Catálogo de la Biblioteca lastanosina, perdido en la actualidad, que Félix Latassa extractó a finales del siglo XVIII –Félix Latassa, Memorias literarias de Aragón, tres volúmenes manuscritos en la Biblioteca Pública de Huesca].

Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Descripción del palacio y los jardines de Vincencio Juan de Lastanosa (Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 26r., f. 45v.-47v. y 50r.v.):

“Hay [sobre uno de los escritorios del Camarín] dos caracoles de nácar, el uno de la forma de los caracoles ordinarios que se crían en el campo, pero de mucha grandeza y hermosura. El otro es de los que llaman madre perla, semejante en la disposición a una navecilla, está descubierto por la parte que representa la popa formando otro caracol más pequeño, y le sirven de ornato y belleza los ribetes que en él dejaron formados las conchas que le quitaron; en lo demás de su corteza hay grabados hombres, aves y plantas de la China. Otro escritorio hay adornado con dos caracoles de la misma calidad”

“Hay un cuerno de unicornio poco menos de una vara de largo, el primer tercio hacia la punta redondo y la punta muy buida, los dos últimos tercios muy disminuidos y culebreados como columna salomónica, todo él derecho. Entre los empedrimentos, es muy raro el de una mata entera que el latino llama filix, el español helecho y el catalán falaguera. Es preciosa esta planta entre los curiosos, porque cortada la raíz al través del helecho hembra representa, perfectísimamente, un águila imperial con dos cabezas y las alas tendidas; entre los embusteros y viejas vanas, porque favorece sus engaños.

Hay copiosa muchedumbre de caracoles, conchas, pescados, galápagos y aún de las más desechadas sabandijas, no se nombran ni singularizan en esta relación. Admíranse dos pedazos de coral por su grandeza y blancura. Entre las coralinas hay una admirable, nacida sobre una piedra guija aovada. Su grandeza, una mano, revestida toda ella de empedrimentos de sanguijuelas, lombrices y caracolillos. De un extremo de ella nace una mata de coralina de grandor de una tercia de alto y un palmo de ancho, revestido todo el tronco y ramas de una corteza blanquísima, formando aquella desigualdad y hermosura que se representa en la hoja de la sabina. Y es prodigio digno de reparo que esta planta haya podido nacer, crecer y alimentarse en una materia tan dura como es una piedra guija.

Entre las monstruosidades merece nota y admiración un hueso extremo de la canilla de una pierna, pues hecho el cómputo por buena simetría, había de tener el cuerpo cuyo fue aquel hueso más de 25 palmos de altura. Hallose en Moncayo, y sería posible fuese de Caco, que por haber sido su albergue se llamó en lo antiguo Mons Caci, y ahora, con poca alteración, Moncayo. De otro gigante cuyo cadáver se halló en Tarazona, ciudad muy vecina a este monte, hay cuatro muelas, que de su grandeza se colige ser de la misma casta que Caco.

Hay otras curiosidades de aves y sabandijas, desde los huevos del avestruz hasta los del escarabajo. El curioso que hubiese visto en Plinio lo que obra este animalillo en aquellas bolas, no extrañará se guarden, por lo admirable y raro de su estructura”

“Otra [bocina] de marfil de casi una vara de largo, de un rey del Japón, los dos tercios estriados y el último escamado; remata en una cabeza de caimán, tiene asida con la boca la cabeza de un rey”.

“Hermoseanlo [el islote situado en el centro del estanque navegable de los jardines] flores, hierbas, arbolillos, y dale mucha belleza un montecillo cuya cumbre está siempre nevada, porque es de una piedra de agua helada que se sacó de la cueva de los Chaves, en los términos del lugar de Bastarás, que viene a estar debajo de otra cueva rarísima que llaman de Solencio. Formanse cuatro promontorios en esta montaña de otras tantas piedras extravagantísimas, sacadas de la admirable cueva de La Toba. El primero está en forma de ciprés, que parece nieve transparente, en cuyo contorno forja y dibuja la imaginación multitud de bosques, figuras raras. El segundo parece un mono asentado. El tercero, aunque con alguna desigualdad, es parecido a una columna salomónica. El cuarto parece el faro de Mecina, que fue celebrado por una de las siete maravillas del mundo. Y en las vueltas que le rodean por afuera, parece que se perciben figuras de termas, de mujeres desnudas, que corvando las rodillas, levantando los hombros y los brazos, y abajando la cabeza, declaran la fatiga que las da aquel peso que sustentan”.

Narración de lo que le pasó a don Vincencio Lastanosa a 15 de octubre del año 1662 con un religioso docto y grave (Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 74r.-75v.):

“A esta pieza se sigue otra casi de la misma grandeza, en que se ve cantidad de armas antiguas y modernas, aderezos de caballos, esqueletos de aves y animales, cuernos monstruosos, como del unicornio, de los bueyes salvajes de que hace mención el Mº Medina describiendo el Pirineo, huesos de gigantes, basiliscos y pescados acecinados, y casi cuanta variedad de conchas y caracoles se hallan en los mares, y otra gran multitud de empedrimentos que producen estos Pirineos, como miembros de hombres, animales, árboles, plantas, frutas, aves, peces, infestos como tortugas, ranas, sanguijuelas, lombrices, caracoles y conchas de casi cuantas diferencias hay en la mar y en la tierra.

Y no se contentó la naturaleza con formar de piedra todas estas cosas, pero aun imitó algunas de las obras mecánicas más primorosas, como unos botones, alguno del tamaño de una manzana mediana de una piedra blanca, que por algunas sutilísimas piedras descubre unos rayos tan brillantes que parece tener alma de diamante, dividida de arriba abajo en cindrias como el melón, formadas de cuatro o cinco ordenes de puntos sutilísimos, unos hundidos para abajo, otros relevados para arriba. Otras piedras en forma de los botones chatos que se usan para pasador a la sabanilla que se lleva al cuello, unos labrados de cindrias de pezoncillos relevados puestos con mucha orden y concierto, otros adornados de unas rosas redondas que forman en el medio un pezoncillo, que lo rodea una sutilísima crestilla, y entre una y otra orden de estas una cindria hecha de la misma crestilla ondeada, lo uno y otro tan primoroso que no es posible imitarlo la más primorosa filigrana, ni explicarlo el más diestro buril. Y aun en esta obra la misma naturaleza desconfió del crédito, pues en un lado de ella amontonó monstruosamente de las mismas cosas, en que subscribió el me fecit.

Entre la multitud de las dichas piedras, que sin lo dicho son innumerables de referir, lo que ilustra estas maravillas y puede servir de estímulo a unos y de consuelo a otros es un guijarro poco menos que el puño cerrado de una mano pequeña, que se ven sobre él cuatro sepulcros hechos de piedras de la misma naturaleza, tan pequeñas que la mayor no excede de la cuarta parte de un grano de pimienta. Estas, juntadas con barro hacen una bovedilla redonda de la traza de las que se hacen para los hornos de cocer pan con las adobas, y arriba donde las bóvedas cierran con la ultima piedra que llaman clave queda del mismo barro formado como un embasador o papeleta, y esto sirve para que al tiempo de entrar el animalejo en su sepulcro lleva consigo una piedrezuela con que cierra la bóveda, y para que al dejarla no se desvíe ni caiga hizo aquella prevención. Hagan reparo en esta maravilla los escrupulosos que condenan que el hombre que cree en su resurrección busque sepulcro honrado en que depositar sus huesos.

“Una bocina de marfil de casi una vara de larga de un rey del Japón”.

[En el margen se ha añadido: “Es admirable un ambre, en cuya transparente materia se ve sepultado un mosquito. Mart. lib. 4, 59, lib. 3, 32, lib. 6, 15”.

Las citas corresponden a tres epigramas de Marcial, el célebre escritor bilbilitano del siglo I después de Cristo, en los que se mencionan, precisamente, a animales atrapados en ámbar. Dos de dichos epigramas son estos:

“Mientras una víbora serpentea por las ramas lloronas de las Helíades cayó sobre el animal, que avanzaba en sentido contrario, una gota de ámbar. Mientras ve con asombro que está retenida por aquel rocío espeso, de repente se quedó rígida vencida por aquella masa congelada. No te complazcas, Cleopatra, con tu sepulcro real si una víbora yace en un túmulo más noble” (las Helíades eran las hermanas de Faetón. Por llorar la muerte de este fueron metamorfoseadas en álamos y sus lágrimas se convirtieron en gotas de ámbar).

“Mientras una hormiga vaga a la sombra de un árbol de Faetón (un álamo, como acabamos de ver), una gota de ámbar aprisionó al pequeño animal. Así la que antes, mientras tenía vida, había sido despreciada, ahora, gracias a la muerte, se ha convertido en un objeto precioso”].  



Libros sobre animales que poseía Vincencio Juan de Lastanosa:

Narración de lo que le pasó a don Vincencio Lastanosa a 15 de octubre del año 1662 con un religioso docto y grave (Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 57v., 58r.-v., 59r.-v. y 60r.):

De filosofía natural: Plinio. Dioscorides, comentado por Laguna. Matheolo. Leonardo Fuchsio, en folio grande, coloridas las plantas, impreso en Ilea año 1552.

De peces, aves y animales: Conrado Gesnero, tres tomos en folio grande, coloridos, impresos en Tiguri año 1558. Diego de Funes, Historia general de las aves. Francisco Marcuello, Historia natural de las aves. Juan Bautista Xamarro, Conocimiento de las diez aves menores de jaula, Madrid, 1604. Juan de Franchieres, La cría, conocimiento y cura de los halcones.

De albeitería: Pedro López de Zamora, en folio. Pamplona, 1571.

De adiestrar caballos: Pedro de la Nove. En Lyon, año 1621.

Los libros de enfrenar caballos. De montería, como Gonzalo Argote de Molina, en folio, impreso en Sevilla 1582. De cetrería, Juan de Franchieres, en su Fauconeria, en 4º, en Paris 1585.

Catálogo de la Biblioteca de Lastanosa (Biblioteca Real de Estocolmo, manuscrito U-379, f. 13r., 14r.-v., 20r., 26v., 30v., 31v., 32v., 37r.-v., 43r., 44r., 45r., 47r., 53v. y 66r. –nº 154, 155, 174, 186, 210, 280, 348, 349, 369, 370, 391, 426, 427, 428, 429, 442, 506, 530, 549, 594, 709, 803, 804 y 810 de la edición del Catálogo por Karl Ludwig Selig, The library of Vincencio Juan de Lastanosa, patron of Gracian, Ginebra, 1960):

Cristoforo Landino. Las obras de Cayo Plinio Segundo, traducidas al italiano. Venecia, 1534. 4º.

Jerónimo de Huerta. Historia natural de los animales, de Cayo Plinio Segundo. Traducción al castellano. Madrid, 1599. 4º.

Jerónimo de Huerta. Historia natural de los pescados, de Cayo Plinio Segundo. Traducción al castellano. Madrid, 1603. 4º (de esta obra hay un ejemplar en la Biblioteca Pública de Huesca –B-17-2689(2)-).

Jerónimo de Huerta. Historia natural de Cayo Plinio Segundo. Traducción al castellano. Tomo primero. Madrid, 1624. Folio.

Jerónimo de Huerta. Historia natural de Cayo Plinio Segundo. Traducción al castellano. Tomo segundo. Madrid, 1629.

Conrado Gesner. Tres tomos en folio grande. Uno de pescados, otro de aves, otro de animales. Con estampas. Iluminados. Tiguri, 1551.

Diego de Funes y Mendoza. Historia general de las aves y animales. Valencia, 1621. 4º.

Francisco Marcuello. [Primera] parte [de la historia] natural y moral de las aves. Zaragoza, 1617. 4º.

William Harvey. Exercitationes de generacione animalium. Londres, Octavianum Pulleyn, 1651. 8º.

P. José de Acosta. Historia natural de las Indias. Sevilla, 1590. 4º.

P. José de Acosta. Historia natural y moral de las Indias. Barcelona, 1591. 8º.

Jaime Gil. Provechos de las colmenas. Zaragoza, 1621.8º

Monardes. De las cosas que se traen de las Indias de la piedra vezar y de la escorzonera. Sevilla, 1569. 8º.

P. Juan Eusebio Nieremberg. La prolusion a la historia natural. Madrid.


Bibliografía: Carlos Garcés Manau, “Fósiles y prodigios de la naturaleza en las colecciones de Vincencio Juan de Lastanosa (16’7-1681)”, Naturaleza aragonesa, nº 17, Julio-diciembre de 2006, p. 11-17; Eladio Liñán Guijarro, “Objetos naturales en las colecciones de Vincencio Juan de Lastanosa”, en Vincencio Juan de Lastanosa (1607-1681). La pasión de saber, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2007, p. 167-175. 

 

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