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Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
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JARDÍN

 

Descripciones del Jardín

1. Dibujos de la Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa (Biblioteca Nacional, manuscrito nº 22.609, f. 228-233).

2. Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Descripción del palacio y los jardines de Vincencio Juan de Lastanosa -en prosa- (Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 48r.-51v.).

3. Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Descripción de las Antigüedades i Jardines de don Vincencio Iuan de Lastanosa, hijo i ciudadano de Huesca, ciudad en el Reino de Aragon -en verso-, Zaragoza, Diego Dormer, 1647 (Biblioteca del Palacio Real de Madrid, IX/5024(2), pág. 14-18).

 

1. Dibujos de la Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa (Biblioteca Nacional, manuscrito nº 22.609, f. 228-233).

 

 

 

 

2. Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Descripción del palacio y los jardines de Vincencio Juan de Lastanosa (Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 48r.-51v.):


“La fachada interior de esta casa, que mira al Poniente, se levanta sobre un jardín de figura cuadrada dividida en cuatro calles que corriendo de ángulo a ángulo forman cuatro triángulos, y quebradas las puntas con un semicírculo, cada una deja en medio un espacio redondo para un surtidor. Por la testera opuesta a la casa corre un arroyo, que conducido por un conducto de piedras cuadradas muy crecidas se despeña el agua en una pila. Su armonioso murmurio se goza de casi todos los cuartos de la casa. En la puerta del jardín hay pintadas dos figuras mayores que el natural, la una representa a Vertuno y la otra a Flora, las cuales tienden los brazos sobre la puerta para sustentar un festón que contiene esta redondilla:

Logren de las flores mías
los ojos y las narices
la fragancia y los matices
pero no manos arpías


Dentro de este jardín hay una estatua del dios Término, que sirviendo de columna embellece esta estancia por lo artizado de su escultura.

Al lado del jardín corre una calle cubierta de parras y adornada de diversos árboles y plantas, y remata en tres puertas. /[f. 48v.] La principal da entrada a una huerta, hay una pintura de blanco y rojo de Júpiter con el águila y Juno con los pavos. La puerta de mano derecha en lo alto tiene a Neptuno a caballo en un tritón, y entrase por ella a una plaza algo prolongada, que tiene de largo [en blanco] palmos y de ancho [en blanco]. Está rodeada de varias oficinas para las administraciones y beneficio de las aves, desde el pavo real hasta la gallina ordinaria. Sobre la tercera puerta, que es una oficina muy necesaria, se ve pintada la ave Ibis, mostrando a los que la miran el albañar de las viandas.

La puerta principal franquea la entrada a una huerta espaciosísima en figura sexágona, corriendo desde ella una calle que tiene de ancho [en blanco] palmos y de largo dos mil de vara aragonesa. Esta calle está adornada de un muro de rosales alejandrinos de altura hasta los pechos de un hombre, y por la parte interior hay árboles frutales. Esta calle divide la huerta en dos partes desiguales.

De la porción mayor, que cae hacia Mediodía, se forma un cuadro y un triángulo, que los divide un arroyo. De los dos ángulos de este cuadro que tocan en la calle principal salen dos calles que cru /[f. 49r.] zándose en el medio dividen aquel espacio en cuatro triángulos, poco menos que equiláteros, y rompidos los ángulos en que se habían de encontrar en el centro con unos semicírculos, forman una plazuela redonda de [en blanco] palmos de diámetro, que feneciendo en ella las cuatro calles le dan otras tantas entradas ennoblecidas con estatuas hechas de ciprés, rodeado de rosales y mosquetas con segunda orden de arboleda. Todos los lados de este cuadro están cercados de calles formadas de árboles frutales y rosales finos, y por los dos lados discurren dos arroyos que fertilizan y riegan toda la huerta.

El triángulo en que remata este lado es muy espacioso, coronado de arboleda, y en el se desperdicia útilmente el fruto de las mieses de los campos vecinos de su dueño.

En el otro lado menor, en el tercio primero se forma un cuadro prolongado rodeado de arboleda, de rosales y madreselvas, jazmines y mosquetas. En su extremo hay una calle que remata en una puerta grande que sale a una calle común.

El segundo tercio de este lado es algún tanto desproporcionado, porque aunque esta calle con la principal forman un ángulo recto, las dos que habían de formar el opuesto para hacer otro cuadro prolongado se dilatan entre el Poniente y Norte, dejando espacio para un triángulo. /[f. 49v.] Ocupan todo aquel espacio dos cuadros que se adornan de rosales y arboleda, y en él habitación para el jardinero, un estanque cuadrado de piedra baja, cada lado [en blanco] palmos. Por la testera que corresponde a la plazuela hay una escala de doce palmos de ancho que llega hasta lo hondo, con [en blanco] gradas, adornada con pedestales y estatuas de piedra de [en blanco] palmos. La una es de Neptuno y la otra de Venus. Los ángulos del estanque lo embellecen piedras de la misma grandeza para labrar estatuas en ellas.

En la mitad hay un edificio redondo, que formando ocho puertas y otros tantos pilares que sustentan unos arcos que rematan en lo alto con alguna desigualdad, se descubren algunos cerros y otros arcos. El adorno de esta obra es de piedra llamada tosca, de cristales de ladrillo dos veces cocido, corales blancos, piedras cuajadas del agua, villas, castillos, torres, ermitas, caserías de pastores, ganados, perros, viandantes y brutos, y todo junto parece una viva representación de las ruinas romanas, donde por su grandeza entre los estragos se ve un jardín, una casa y una viña, por que si se considera aquel grupo parece una gran /[f. 50r.] montaña, donde se ven las cosas que se han referido. Si se atiende a los arcos, a lo arruinado de ellos, al verse unos sobre otros, en todo es muy semejante este escollo a lo que se ha dicho.

Hermoseanlo flores, hierbas, arbolillos, y dale mucha belleza un montecillo cuya cumbre está siempre nevada, porque es de una piedra de agua helada que se sacó de la cueva de los Chaves, en los términos del lugar de Bastarás, que viene a estar debajo de otra cueva rarísima que llaman de Solencio. Formanse cuatro promontorios en esta montaña de otras tantas piedras extravagantísimas, sacadas de la admirable cueva de La Toba. El primero está en forma de ciprés, que parece nieve transparente, en cuyo contorno forja y dibuja la imaginación multitud de bosques, figuras raras. El segundo parece un mono asentado. El tercero, aunque con alguna desigualdad, es parecido a una columna salomónica. El cuarto parece el Faro de Mecina, que fue celebrado por una de las siete maravillas del mundo. Y en las vueltas que le rodean /[f. 50v.] por afuera, parece que se perciben figuras de termas, de mujeres desnudas, que corvando las rodillas, levantando los hombros y los brazos, y abajando la cabeza, declaran la fatiga que las da aquel peso que sustentan.

El ángulo del estanque, por la parte que mira al Norte, descubre otro menor y prolongado, que sirve de puerto a una góndola, y se entra a él por un cabinete cuadrado a manera de tienda con cuatro puertas de arcos redondos, con 16 ventanas. Lo alto remata en dos pirámides con volantes de hoja de lata, cuyos extremos son unos pajarillos de barro cocido.

Esta espaciosísima laguna, en el purísimo cristal por la parte de Oriente copia mucha parte de la ciudad de Huesca, sus torres y edificios, hasta el Alcides que está en la esquina de la casa que se describe, y parece que arroja sobre sus aguas el globo que tiene sobre sus espaldas, con haber de distancia poco menos de quinientas varas. Por el lado de Mediodía representa la arboleda más próxima y la más distante, por ser muchos los álamos que hay cerca del confín de la cerca.

Por la parte de Poniente se ve un cabinete /[f. 51r.] cuadrado que remata en cúpula redonda con pirámides en las esquinas, y adornadas con pájaros de barro cocido, y un lienzo de pared con ventanas redondas, rematando en una puerta redonda que previene la entrada a una calle cubierta, correspondiente a otra calle que tiene tránsito por el cabinete. Rodea esta calle cubierta aquel triángulo que se refirió, dando principio y entrada a un laberinto con que se ocupa este espacio, y acabadas de andar sus calles fenece en un cabinete prolongado con muchas ventanas, el techo con bovedilla, y remates en forma de pirámides con pájaros y banderillas.

Al lado de la calle que tiene su principio en el cabinete corre una canal de piedra, por donde desemboca el agua del estanque, rematando en un lavador pequeño de piedra, cubierto con un cabinete con el mismo adorno que los demás. Y en el espacio que hay entre el desaguadero y la calle principal y el estanque se admira un jardín, cuyas divisiones son de bojes, y en él logran la vista y el olfato desde el tulipán hasta el junquillo.

Y aquí da fin la descripción de los jardines y casa de don Vincencio Juan de /[f. 51v.] Lastanosa, referida en breves líneas, porque describir estas cosas extensamente fuera casi imposible, y así pareció ceñirlas a estos límites para que se vieran como en diseño”.

 

3. Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Descripción de las Antigüedades i Jardines de don Vincencio Iuan de Lastanosa, hijo i ciudadano de Huesca, ciudad en el Reino de Aragon -en verso-), Zaragoza, Diego Dormer, 1647 (Biblioteca del Palacio Real de Madrid, IX/5024(2), pág. 14-18).


/[Pág. 13]

Ya que el entendimiento
tuvo centro gustoso y alimento
en tantas ingeniosas variedades,
para que gocen los sentidos todos
por tan diversos y suaves modos,
de las que el campo esparce amenidades,
sin fatigar el paso, 

/[pág. 14] 

un cigarral se ofrece delicioso,
que excede al de Lucano primoroso
y es competencia clara del Parnaso,
donde las Gracias y las Musas moran,
y al mismo amor hermosas enamoran.
Aquí la Primavera,
apacible, agradable y lisonjera,
ámbar toda respira,
aliñando las flores
sus matices ostenta, y sus colores,
y su variedad bella tanto admira
que el olfato recela si es mentira
el olor que transciende,
y cuando más la luz el alba extiende,
es mayor la fragancia
que exhala aquella estancia,
y cuanto más sutil la vista atiende
se halla más confusa
en la que mira amenidad difusa,
y atónita, perpleja y admirada
en suspensiones queda embelesada.
Siguen de Flora las hermosas huellas
las flores, que pudieran ser estrellas
errantes por lo vario y por lo hermoso,
aunque en la duración no lo parecen,
porque más que otras plantas permanecen.

/[pág. 15]

Los bellos Alhelíes,
que topacios despliegan, y rubíes.
El Narciso, que el blanco de sus hojas
corona el rubio rey de los metales,
y en él también acuerda las congojas
que un tiempo le causaron los cristales,
será ejemplo fatal de la agonía
que ocasiona la ciega filaucía.
La copiosa abundancia,
que tiene más beldad que no fragancia,
los Tulipanes que la Francia cría
y tu curiosidad prodiga envía,
desarrollan aquí vistosamente
tanto esplendor luciente,
y tanta variedad, que no hay colores
que puedan dibujar sus resplandores.
Aquí vive la Rosa tan ufana
aumentando carmín a la mañana,
a quien el aire bebe
el aljófar que en ella el alba llueve,
y coronada de oro
su majestad aumenta, y su decoro,
pero ay dolor, que el bello imperio dura
la edad de un sol, que siempre la hermosura
suele vivir instantes,
así pues, de la Rosa las flamantes

/[pág. 16]

hojas se desvanecen,
y con las negras sombras se obscurecen.
Preso el Clavel se mira
porque contra la Rosa se conspira,
y aunque las cañas son leves prisiones
las tienen merecidas las traiciones,
que no hay flor tan altiva y ambiciosa
que el cetro niegue a la purpúrea Rosa.
El Azucena en tantas candideces
dice que en su pureza no hay dobleces,
que no es poca ventura
hallarse sin engaño la blancura.
Y el Lirio, contemplándose en su plata,
de sus hojas lo cárdeno desata,
y en letras de oro su fineza escribe,
pero el casto retiro no percibe
las líneas de su amor, ni sus antojos,
antes bien el silencio en sus enojos
publica cuerdamente, y a sus quejas,
tuerce el rostro, y les niega las orejas,
que si escuchara el ruego
presto Cupido introdujera el fuego.
Los frágiles Jazmines,
fragante ostentación de los jardines,
imitando a las hiedras
se desparcen en copiosas medras,

/[pág. 17]

que no hallándose arrimo
infecundo será lo más opimo.
Contar cuantas produce
flores y árboles fértiles la Quinta
no da lugar mi relación sucinta,
que nunca mucho a poco se reduce.
Solo el cristal perenne,
por delinear la fuente de Hypocrene,
describirá mi musa, cuya plata
por pura y transparente será grata,
de más que el fin de lo admirable y raro
no será prodigioso, sino es claro;
en su aljófar Apolo se retrata,
y los blancos Alisos,
imitando amorosos los Narcisos,
porque se multipliquen sus finezas,
los desvelos, las ansias y dolores
que escribió nuestro amigo en sus cortezas
cuando transmontó el sol los resplandores,
el SOL, que del oriente de SEVILLA
vino a ser del ISUELA maravilla,
y porque la ternura,
y lágrimas que causa su hermosura,
no se aumenten copiosas,
las aves bulliciosas
que nadan en sus líquidos caudales,

/[pág. 18]

moviendo con las alas los cristales,
y rizando las cándidas espumas
con las agilidades de sus plumas,
el vidrio en olas muchas dividiendo
y círculos de perlas repitiendo,
de esta suerte su inquieta argentería
las endechas de amor desvanecía.
Erudito FILHOL, mi lira cesa,
porque la voz ya trémula confiesa
que no atina el compás de la armonía,
y si prosigue el canto
será imposible reprimir el llanto,
y la recordación del bien perdido
en el ardiente pecho de su esposo,
amante, compasivo, afectuoso,
dulce repetirá más de un gemido.
Si una memoria triste puede tanto,
mi musa en los sollozos se detiene,
y este obsequio dedica a tu Pyrene.

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