.. realizar la busqueda ..
 
 
  Enlaces de Interés
Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
imprimir
LAS TRES COSAS MÁS SINGULARES

 

 

LAS TRES COSAS MÁS SINGULARES QUE TIENE LA CASA DE LASTANOSA EN ESTE AÑO DE 1639

 

Biblioteca Nacional, manuscrito 18.727-45

 

 

 

/[f. 102 (138r.)]

 

Tiene esta pieza una colgadura de Flandes muy rica con hermosos colores. Los balcones tienen cuatro cristales, cuatro palmos de altos y cinco de largos, pintados en ellos bellísimos países, para que como las demás ventanas tengan ese adorno más. En la puerta que entra desde esta a la quinta pieza del mediodía tiene pilastras de mármol, so las cuales hay dos chicos de lo mismo sobre una basa, asidos a un sarmiento que tiene uvas. En el otro lado en otra basa hay otro, y en un manto que le cuelga del hombro lleva tres perrillos, y la madre de los perrillos lo ase del manto, figura admirable. Entrase por esta puerta a la quinta pieza de esta habitación, y vigésima quinta de este primer suelo.

 

Pieza 25

 

Esta es la última que corre por las que van por la parte de fuera de la Torre de Hércules hacia el mediodía. Es hermosísima, y es la que ocupan las señoras de esta casa. Tiene tres balcones al mediodía muy dorados y hermosos, con segundas puertas de cristales como los demás. Y porque aunque es grande está más abrigada, esta pieza llegó a merecer la ocupara en el tiempo que adelante se dirá el señor rey Felipe Cuarto. Es su colgadura de damascos verdes con galones y franjas de oro, cuatro mesas de piedra muy rica con muy ricos escaparates sobre ellas y doce láminas muy ricas de diferentes santos. A la parte del poniente tiene la pieza un retrete o tocador todo hecho de charol y /[f. 103 138v.] espejos todo él, con una fuente en medio de mármol blanquísimo, jaspe rojo y verde en la pila que se mantiene el agua para lavarse, un conducto para que no acabe de llenarse de agua, que con un jarro echa una hermosa ninfa que está sobre la fuente. Hay un tocador muy rico, adelante se hablará de él. Tiene puerta este retrete para una galería que cruza toda la casa por la parte del poniente con vista a los jardines por sobre las casas de los jardineros, pintada toda ella de monterías muy bien hechas. Al cabo de ella hay otra hermosa fuente que con muchos adornos sale de la pared, y coge el agua una pila de jaspe muy hermosa.

 

Aquí acaban las veintiséis piezas que ocupan el primer suelo de esta casa, que agrada mucho a naturales y extranjeros, lo primero por las vistas de las ventanas, los muchos adornos de colgaduras y pinturas, fuentes, mesas también de varias y bien bruñidas piedras, pero lo que más ha gustado a muchos es la pieza de las burlas, donde hay tanto que ver en figuras de hombres, fieras y aves, que ha sido para todos invención nueva. Los extranjeros dicen prueban mal las fuentes por los cuartos porque vienen las paredes padeciendo desde los fundamentos por bien hechos que estén los conductos, y que de muchos palacios las han quitado porque arruinaban las paredes.

 

En la otra planta se señalará las líneas que se tiraron para hacer los fundamentos, para que los inteligentes vean lo que es. Son solo las líneas de la media casa:

 

/[f. 104 (139r.)]  

 

 

 

/[f. 105 (139v.)]

 

 

            Las dos mitades de la casa forman esta figura:

 

 

 

 

 

Pues habemos dado fin a lo que hay en el primer suelo subiremos al segundo, que aún hay más que admirar, y hablaré de libros y armas, los dos polos del mundo.

 

 

/[f. 106 (140r.)]

 

 

            Las tres cosas más singulares que tiene la casa de Lastanosa

en este año de 1639

 

 

La Librería

 

Tiene cinco piezas grandes, tres al poniente y dos al mediodía, y hay en ellas 80 estantes, todos compuestos de lienzos pintados de fábulas, cerrados con llave porque estén los libros guardados del polvo, y de algunos curiosos que los quieren sin gastar las sumas que me han costado. Hacen cerrados una vista hermosa por ser las pinturas de gran mano, y a más tienen los estantes encima estatuas de algunos hombres sabios, y entre una y otra dos jarras de búcaro seis palmos de altas con flores artificiales, y detrás de esto, porque no se vea el blanco de la pared, un lienzo de lo ancho del estante hasta llegar arriba pintadas en ellos las fachadas de las mejores ciudades de la Europa, y sobre los estantes de matemáticas y astrología los instrumentos de estas facultades, que me costaron en París 158 doblones. Tienen los 80 estantes 6.698 cuerpos de libros, los más de folio patente, encuadernación de París, de todas facultades e históricos, en latín, castellano, francés, italiano y griego, con muchos papeles manuscritos en los mismos idiomas, doctísimos, noticiosos, antiquísimos y pasmosos.

 

Ahora se hará relación por mayor de las estatuas, piedras, medallas y otras curiosidades que adornan la Librería y piezas colaterales.

 

 

Pieza 1ª

 

Tiene la imagen de Cristo, estatura natural, de quien nos viene la ciencia y todos los bienes, a sus dos lados su Madre y San Juan, todos hechos en Nápoles, que todo está dicho, /[f. 107 (140v.)] abogados y señores míos de cuanto poseo y de todo lo criado. Está también San Vicente, la misma estatura, hecho por la misma mano, honra de Huesca, su gloriosísima patria, patrón y señor mío por siempre, amén. Costaron en Nápoles 124 doblones.

 

Estatuas más pequeñas

 

Una alacena con dos cristales, 6 palmos de largos, 5 de anchos, que puestos a lo largo hacen la urna de 12 palmos, y dentro toda la Pasión de Cristo de figuras de cera devotísimas, dos láminas de bronce con sus cerraduras, sobre los cristales en la una pintada la Ascensión y en la otra la Adoración. Esta urna ocupa su puesto a los pies de Cristo, María y san Juan, sobre una mesa de lapislázuli con dos dragones de alambre dorados a fuego y esmaltados, con lo que debajo de un dosel de terciopelo carmesí con franjas de oro se halla ocupado aquel puesto desde el pavimento al techo, alhajas dignas del Palacio Real, así lo dijeron siempre todos los que las han visto, y yo estoy pronto a servir a mi rey con esto y todo lo demás que poseo.

 

Está a una esquina san Jorge a caballo sobre la sierpe, tan hermoso el santo y el caballo como temible ella, hechos de mazonería, dorados y estofados, figuras de estatura natural estas y las que se siguen. A la otra, Santiago pisando su caballo las cabezas coronadas de unos moros que sirven de basa a su caballo. A la otra, san Martín partiendo la capa con Cristo. Y a la otra, san Lorenzo a caballo con dalmática atropellando infieles, todas de un tamaño doradas y estofadas. Los estantes de esta pieza están las puertas pintadas de historias sagradas, correspondientes a los demás adornos y a los libros que en los estantes hay, porque Dios merece el primer lugar.

 

 

Pieza 2ª

 

/[f. 108 (141r.)]

 

Tiene las estatuas siguientes: Hércules luchando con el gigante de Tinacria, que son tres montes túmulo de su grandeza. El mismo a otra esquina con la Hidra de siete cabezas. El mismo a otra matando al León Nemeo. El mismo a otra matando el Puerco de Calidonia. Estaturas de 11 palmos de cartón dados de charol, tan terrible él por lo valiente como espantables ellas por su fiereza, tan imitado el natural que apenas pueden mirarse sin temor, y eran tales que me merecieron la honra de que me escribiera una carta el señor duque de Orleans, pidiéndome los diseños de estas y otras estatuas de las que había en mi casa, su data en Paris a 4 de junio de 1631, y su alteza me envió dos leones acecinados de los mayores que tengo, como se verá cuando se hable de ellos.

 

Las más pequeñas

 

Una urna 8 palmos de larga, 4 de alta, con sus dos cristales, dentro el baño de Diana con sus Ninfas de cera, figuras de media vara muy hermosas en una bien imitada fuente con sus peñascos, árboles y florestas, cosa en fin en que se esmeró el primor, muy agradable a la vista, sobre una mesa de jaspe sobre dos sirenas muy bien encarnadas y doradas. Sobre la urna, el dios Cupido de mármol blanquísimo, durmiendo sobre la aljaba.

 

Hay también 4 espejos que me dio el serenísimo señor duque de Orleans, que el uno sin quitarlo de donde está puesto hace de tres formas a quien se mira en él a diferentes distancias, porque a la regular hace una cara grande pero hermosa, un paso más apartado mayor y muy fea, y otro paso más /[f. 109 (141v.)] lejos muy pequeña, linda y cabeza abajo. Cogiéndolo en la mano y poniéndolo al Sol, enviando el reflejo a cierta distancia enciende toda cosa combustible, y de noche puesta una vela delante de él envía el reflejo tan lejos que a más de 50 pasos se leerá un papel.

 

Hay otro espejo prolongado que mirado perpendicularmente hace una cara chica, seca, larga y macilenta, colgado el cristal por la parte que es prolongado la hace al contrario, porque la hace redonda, llena y de buena color, seis pasos apartados de él, colgado por esta parte, un enano perfectísimo, colgado por la parte que es largo a menos distancia de tres pasos hace una figura tan estrecha y larga que es un traslado de Don Quijote.

 

Hay otro en ovalo perfecto que mirado a distancia proporcionada hace una cara vieja con una cicatriz en el carrillo derecho, grandísima nariz con una berruga en ella y gran caballete, el ojo izquierdo torcido puesto de arriba abajo al contrario del otro, y lo que peor llevan las mujeres es unas reverdísimas barbas que las acaban de hermosear, e impacientes de verse tan trocadas pagan el metamorfosis con infinitas maldiciones al que lo hizo su habilidad, al que lo compró, y a mí porque lo tengo. Este ni el de arriba al Sol no envían ningún reflejo.

 

Hay otro en ovalo prolongado con cuatro cercillas a la circunferencia, porque colgado en cada una de ellas representa diferente figura. Puesto en la cercilla /[f. 110 (142r.)] del un extremo prolongado hace la cara en triángulo en esta forma, la barba la una punta, los ojos y cejas en línea hacia las otras dos puntas. Puesto por el lado opuesto hace los carrillos con dos bolsas y la frente en punta, y si fea la una tanto o más la otra. Colgado en una de las otras dos cercillas hace la nariz muy roma y remangada hacia la frente, la cara corta y ancha, los ojos cuatro dedos de largos, dos tumores a las dos sienes como los dos puños, que nos servirán de alforjas, debajo las quijadas bajas de la opuesta cara. La opuesta tiene lo dicho en la parte baja de las quijadas, la boca grande, con gran caballete la nariz, de forma que cubre casi la punta parte del labio, los ojos como los otros muy largos, las cejas junto el pelo, que todo hace una como se puede discurrir de cara tan bien pintada. Él lleva infinidad de maldiciones como los otros, pero ellos están muy lucidos, Dios los libre de piedra, que hará más estrago que las maldiciones, ellos son más desgraciados que los que siempre mienten.

 

Hay también otra alacena cuatro palmos y medio de alta y 8 de larga, y cubiertas las paredes de ella de espejos muy unidos. El pavimento es un jardín muy hermoso con mucha variedad de florecillas, plantas, árboles y fuentes, y a los dos rincones dos peñascos con dos pedazos de mar, en el uno desnuda y encadenada Andrómeda, que quiere comerla el monstruo marino y que la /[f. 111 (142v.)] libra Perseo en su caballo alado, al otro rincón Angélica desnuda y atada a otro peñasco para que otro monstruo marino la comiera, y peleando Rugero con él la quiere librar, y unas por su belleza, por la valentía otras, las otras por su fiereza, todas son estas primorosísimas, y como estas y la florida isla que abrazan los dos brazos de mar nos los repiten los espejos hace todo una armonía que embelesa la vista.

 

Esta alacena tiene por puertas dos láminas de bronce, pintada en la una una batalla en que van de vencida las Amazonas, y otra batalla en la otra puerta en que van vencidas las tropas de Darío, y prisioneras la mujer y las hijas de Darío, las presentan los soldados a Alejandro, la una y la otra de mucho precio.

 

Sobre esta alacena, sentados en dos peñascos, Venus y Adonis de charol, figuras de seis palmos hermosísimas. Esto sobre una mesa de jaspe sobre dos leones de mazonería admirablemente hechos.

 

Hay una arquimesa hecha de metal con dos grifos que la sostienen. En la tapa, que es de una pieza seis palmos y medio de larga tres y medio de ancha, es lámina del propio metal, pintada en ella el robo de Proserpina. A los dos lados, asidos a la arquimesa, dos sátiros de la estatura de hombres, y en las manos libres una alabarda. Son de charol, y de los mismo el robo de Elena, y destrucción de Troya sobre ella, de figuras de tres palmos hermosísimas, y dentro de la /[f. 112 (143r.)] arquimesa cuatro mil ochocientas y noventa y cinco monedas de oro grandes y pequeñas, que entre todas pesan dos arrobas veinte y seis libras, de muchos de los emperadores romanos y griegos, seis ídolos, de piedras no conocidas los cuatro y los dos, el uno de pórfido, el otro de serpentina, pero tan feos como las almas de los que les tributaban adoración (lamentable ceguedad tener por dioses figuras de animales). La misericordia del Altísimo dé a todos el verdadero conocimiento. De estos y otros que tengo se dirá adelante las formas, las naciones que los adoraron, por donde los tuve y cuanto costaron, las cartas en los idiomas que están, y debajo de cada una la traducción en el nuestro.

 

Adviertese que en las piezas dichas, y las que están por decir, debajo de las más bajas tablas hasta el suelo está lleno de cosas curiosísimas naturales y artificiales, criadas y hechas en las cuatro partes del mundo, que si se hubieran de relatar por menudo había mucho que escribir, y así solo digo que de huevos de avestruz, otras aves y pescados los hay tantos que pasan de doscientos, y el más pequeño caben cinco libras de agua y en el que más diez. Todos tienen las cáscaras fuertes, algunos muy blancas, otros no tanto, pero todos lisas, que parecen una piedra muy bruñida. La cáscara más delgada de ellos tiene el recio de un real de a ocho, el que más como dos.

 

 

Pieza 3ª

 

En esta pieza aprenden todos los animales a espantar con sus bien imitadas fierezas, y con ciertos artificios cual brama, cual ruge y cual silba. Aquí hay serpientes, dragones, leones, leopardos, grifos, elefantes, rinocerontes, camellos, panteras, /[f. 113 (143v.)] tigres, osos, lobos, cocodrilos, todo de charol, dado el barniz del color correspondiente a cada uno, y aunque a la vista son espantables hacen que se alabe a Dios, que crió tanta variedad de cosas sujetas al hombre.

 

Hay una alacena de cosas preciosas del mar en caracoles y conchas, todo de la madre de la perla, unos guarnecidos de plata y otros sin guarnecer según las hechuras de ellos, pero los más sin haber sacudido las perlas como en ellos se ve. Tiene doce palmos de alta, tiene por pies dos delfines de metal, dorados y esmaltados de verde, y sobre ella dos sirenas de charol hermosísimas, los medios cuerpos de mujeres hermosísimas, bien encarnados, con los cabellos dorados, los otros medios, que son colas de pescados, dorados y verdes, imitando el color de ellas cuanto es posible.

 

Hay una arquimesa que sustentan dos águilas de bronce dorado. La tapa es de madera, pintada una lámina de montería con muchos cazadores y muchas fieras, con variedad de modos de cogerlas vivas. Encima tres ramos o arbolitos de coral, que todos pesan cuarenta y seis libras, mayor el de medio que el de los lados, y dentro la arquimesa cinco mil y setecientas monedas de plata de antes que los romanos vinieran a España, con caracteres hebreos y fenicios las mil, las demás del tiempo del senado de Roma, y las más de los primeros emperadores. De estas y las de oro, las más son duplicadas, que las separaré para ir dando a los curiosos. Pesan las dichas monedas tres arrobas diez y nueve libras. En medio de las águilas que sirven de pies hay dos ídolos que vinieron de la Florida, /[f. 114 (144r.)] tan feos cuanto no puede explicarse, son una vara de altos, de piedra transparente de color del vino blanco y muy ligera, tanto que entre los dos no pesan diez libras. Al formarlos se conoce quisieron formar hombres con rostros feísimos, en su lugar se pondrán las formas de estos y de todos los demás, quienes y de donde los trajeron, lo largo y recio.

 

 

Pieza 4ª

 

En esta pieza hay una alacena que casi todo lo que hay en ella lo dio el señor emperador Carlos Quinto a la señora doña María Juana de Ribas y Silva, mi tercera abuela, mujer de Juan Lastanosa, mayordomo de la serenísima señora doña María de Austria, reina viuda de Hungría y hermana de nuestro señor el dicho emperador. Y fue lo que su Majestad la dio y está en la alacena dos servicios de mesa, uno de China, pintadas admirables fábulas, cuatro docenas de platos grandes, una docena de fuentes, seis jarros, dos docenas de escudillas, ocho salvillas con una docena de vasos cada una, todo de la misma pintura, todo admirable por lo bien trabajado y rico.

 

Otro servicio todo de venturina, que se compone de veinte y cuatro platos, otras tantas escudillas, seis fuentes, cuatro jarros de diferentes hechuras, una fuente honda para lavar las manos y una escribanía con una mesa mediana de lapislázuli pies y todo, alhajas riquísimas por su materia y forma, de manera que lo que menos valía eran dos salvillas con media docena de vasos cada una grandemente /[f. 115 (144v.)] hechas, una docena de cucharas y otra de tenedores todo de oro, con una carta de su Majestad para dicha señora, cuya copia se pone:

 

Carta de la cesárea y católica Majestad del señor Emperador don Carlos V.

 

Doña María de Rivas. El duque de Sajonia me ha dado esas vajillas para mi mesa, y no son por su delicadeza para la mesa de un soldado, y muy propias para la de una dama, y debiendo en fuerza de hombre honrado ser agradecido al hospedaje que cuando estábamos en España me hicisteis en Monzón os envío el regalo todo entero como me ha venido, sin tomar más que esa espada que envío para vuestro esposo Juan Lastanosa, en cambio de las que me envía de los generales de Francia. Me avisaréis si ha llegado todo sano, que tendré gusto de que nada se haya roto. Se que vais mucho a cazar, mirad sean buenos días, porque ese país de Flandes es destemplado. También he tomado para mí cuatro caballos. Dios os guarde. Praga y marzo a 20 de 1541.

 

Carlos Emperador.

 

Está esta alacena sobre dos leones dorados, y cada uno tiene un mundo en la mano y un rótulo en la boca que dice este y el otro son de Carlos. Hay aquí una arquimesa en que hay monedas de oro, plata y cobre más bien trabajadas de muchos de los emperadores romanos. Pesan las de oro doce libras, cinco onzas, hay cuatrocientas y veinte y dos. Las de plata pesan veinte y seis libras y son seiscientas y tres. Es una lámina la tapa de la arquimesa en que está pintada la fragua de Vulcano, /[f. 116 (145r.)] admirablemente pintada. Vulcano tiene en las tenazas una armadura, y los dos fieros cíclopes Estereope y Brontes ayudando a martillar, y muchas armaduras colgadas en la oficina. Otros andan con el carbón, otros en las manchas, otros en otra fragua tirando planchas, y en medio las dos fraguas pintada una tarjeta, escrito en ella: Sin cesar punto nos hace trabajar don Carlos V. Es muy rica aunque no hubiera venido por la mano que vino, que fue la del excelentísimo señor don Bernardino Fernández de Velasco, condestable de Castilla y León, como se verá en la siguiente carta:

 

Amigo y señor mío. Pasmado de haber visto las grandezas de la casa de Vuestra Señoría tanto en libros como en alhajas riquísimas, alacenas, estatuas, pinturas, monedas, armas, jardines, grutas, estanques, que me parece que en los quince días que estuve en la casa de Vuestra Señoría siempre vi cosas nuevas en todas las ostentosas piezas de tan majestuosa casa, que gocé poco por estarnos lo más en la Librería, donde había tanto que admirar que aún en un monarca fuera cosa de gran empeño juntar tal cúmulo de cosas de tan remotas partes, pues aún para solo los portes se habrán consumido muchos millares de doblones, por lo que dice mal quien dice “El que va a Huesca y no ve casa de Lastanosa no ve cosa”, porque diría mejor “Quien va a Huesca y no ve la casa de Lastanosa deja de ver cuanto tiene el mundo”. Ahí remito a Vuestra Señoría para que ponga entre las muchas que tiene doscientas y cincuenta monedas de oro, las más modernas de Tiberio César, de plata van trescientas y veinticinco. Mi padre las guardaba, no sé de donde las hubo. Aquí están archivadas y nadie las ve /[f. 117 (145v.)]. Ahí serán vistas de muchos naturales y extranjeros. Envío para la Armería esa cota de armas hecha de redecilla de hierro, cubierta con guarniciones de otra de oro, red primorosísima. El escudo, de acero colado con los blasones de su real casa, que todo lo ganó el día que lo hizo prisionero al duque de Sajonia el excelentísimo conde de Baradín, caballero del Toisón, general de la caballería de don Fernando de Austria, rey de Bohemia, natural de Monzón en el reino de Aragón, llamado don Pedro Lastanosa, hermano del bisabuelo de Vuestra Señoría, cuyos papeles y los del gran padre de Vuestra Señoría ojalá no se hubieran perdido, los unos por la distancia, los otros en el mar, y así por la razón dicha debe estar esta armadura con las que Vuestra Señoría tiene, dadas por los reyes a los antecesores de Vuestra Señoría. Doy mi palabra de volver a ver esos portentos con el ánimo de estar dos meses. Si alguna moneda llegase a mi mano con mucho gusto la recogeré. Dios guarde a Vuestra Señoría muchos años. Madrid a 8 de abril de 1636.

 

Afectísimo amigo de Vuestra Señoría, el Condestable.

 

 

Hay en esta pieza, en el mejor puesto de ella, un grande dosel de terciopelo con franjas de oro, y debajo de él la estatua del señor emperador Carlos V puesto a caballo, estatura regular de charol, las cuatro partes del mundo de mujeres hermosísimas arrodilladas, cada una tiene una tarjeta que ofrecen con un mapa, y un rótulo que va por sobre las cuatro tarjetas que dice “A ser más compañeras riñéramos por ser de las primeras”. Hay también doce estatuas, también de charol, fabulosas, mucho más pequeñas /[f. 118 (146r.)] pero hermosas. Las demás curiosidades son muchas, y es largo el relatarlas todas.

 

 

Pieza 5ª

 

Tiene lo siguiente: una arquimesa de ébano y marfil con doce gavetas. En la primera, ciento y diez y seis zafiros muy brillantes y hermosos con las cabezas de los emperadores de Constantinopla las más, las menos de los de Roma.

 

2ª gaveta. Tiene veinte y dos diamantes. En los cuatro de ellos está la cabeza de santa Elena, porque están estas letras, ELENA.A.G. En seis de ellos, que al parecer son de la emperatriz Faustina, pues está su nombre y estas letras, FAUSTINA.S.A.G.T. Los otros son más pequeños, tienen algunas letras, no puede leerse nada. Hay en ella, a más de dichas piedras que están en su cajita, muchas cosas curiosas del mar y extraordinarias.

 

3ª gaveta. Hay dos esmeraldas de Tiberio César, está su efigie de medio cuerpo y escrito en la una Tiverius.C.A.S.G.X. y en la otra Tiberius.I.A.P.I. Ocho amatistas, en tres de ellas está el emperador Comodo de medio cuerpo, y escrito Comodus.I.S.A. en la una, en las otras Comodus.A.F.R. y Comodus.F.R.A.S. Hay tres jacintos, escrito en ellos Caligula.A.S.G.P. y en medio un ramo de laurel, esto en el uno, y en los dos dice Caligula.R.I.X., en medio otro ramo de laurel. Hay cuatro rubíes, esculpido Nerón de medio cuerpo, y por orla NERO.A.C.S.I. Hay veintitrés topacios de diferentes emperadores y emperatrices, de medio cuerpo doce, las orlas tienen las mismas letras, algunas más, otras menos. Las once no tienen más que las cabezas /[f. 119 (146v.)] coronadas de laurel, las acompañan dos lagartillos de esmeralda prodigiosamente trabajados, juntos los dos forman un joyelito tan grande como un real de a cuatro, y escrito en el cuerpo de uno Claudia Augusta, alhaja digna de ser de una emperatriz. Hay dos águilas imperiales de un zafiro, escrito en el pecho de ella Faustina, y debajo del nombre estas dos letras S.A. Hay más, un pedazo de cristal congelado, y dentro de él congelada una lagartija todo una pieza, obra que solo pudo hacer la naturaleza. Hay dos zafiros muy claros, del gradario de un deciocheno, con una cabeza coronada de laurel, y por orla estas letras OCTAVIANUS.I.A.M.R. Hay hasta ciento más, que no sé que son aunque muy hermosas todas, sin letras pero grabadas en ellas algunas cabezas, coronas de laurel, ramos de olivo, en otras una palma, en otras un ciervo, todas de hermosísimos colores, cosa muy deleitable a la vista.

 

En tres gavetas siguientes hay dos mil camafeos de muy varios colores, esculpidos en ellos los medios cuerpos de muchos de los emperadores romanos con sus nombres por orla. En otras, palmas, laureles, ciervos, las dos águilas, delfines, cocodrilos.

 

Hay cuatro gavetas de pedazos de minerales de diferentes metales y piedras preciosas, como se sigue: una tiene seis pedazos como el puño y cuatro algo más pequeños, en ellos se ven las venas del oro, recias la que más como una paja. Salen por agujerillos del mismo mineral, que es una piedra blanca y muy fuerte. Quedan las venas del oro, al romperse el mineral, pedacitos largos, que tendrán el largo como tendría el recio la parte de peña que al golpe saltó, y no todas las venas las sueltan los agujeros de la peña, que también se lleva porciones, por lo /[f. 120 (147r.)] que es menester deshacerla mucho para sacarlo todo. Tengo sacado de los mismos pedazos que eran mayores cuatro barrillas que pesan veinte y dos onzas y un cuarto, y tengo en pedazos de venas que no he hecho fundir doce onzas y dos cuartos.

 

El mineral de plata es también blanco y fuerte, la da como el del oro. Tengo en venas ocho onzas y en barrillas cuarenta, son los pedazos de mineral catorce.

 

Hay en los minerales, tanto en los de oro como en los de plata, muchos pedazos de venas. Quedan al separar algún pedazo cual un dedo largo, cual dos, algunos más y algunos menos. Por esto los tengo pesados y pesan los de oro diez y nueve libras cinco onzas y tres cuartos, los de plata pesan veinte y cinco libras y siete onzas.

 

Hay tres pedazos de mineral de diamantes. Es peña durísima, piedra blanca y están metidos dentro de ella a pedazos los diamantes, que aún en bruto muestran sus luces. Hice serrar algunos pedazos con unas sierras pequeñas bien templadas, y mojándolas con sangre de cordero serraba un hombre al día aún no medio dedo. Enviome un pedazo de los tres el señor duque de Orleans con otro pedazo de todos los que se siguen, debiendo a su alteza muchos favores y mucho de lo que tengo. Pesados los tres pedazos pesan cinco libras, cuatro onzas, dos arienzos. Y en una cajita, treinta diamantes labrados, no son iguales en el gradario, pero los han tasado los plateros en esta forma: 6 a cinco pesos, 10 a doce, 8 a veinte y cinco, 4 a cincuenta, 1 ciento, 1 ciento y treinta pesos, se entiende que los precios es por cada uno.

 

Hay cuatro pedazos de mineral de rubíes, piedra blanca no tan fuerte como la de arriba. Están metidos como los diamantes, se sierran más aprisa y se ven muy rojos dentro de la piedra, sacan las luces trabajados. Tengo ciento de ellos, los cincuenta tasados por cien /[f. 121 (147v.)] to y doce pesos, los treinta y dos en noventa pesos, los diez ochenta, los ocho cien pesos. Es un pedazo de los dichos de dicho señor duque. Pesan las cuatro piedras siete libras seis onzas. Son unos de color muy encendido, otros menos.

 

Hay cinco pedazos de mineral de esmeralda, peña muy dura y blanca. Están en la peña como las otras, se ven a trechos las esmeraldas, cuesta mucho de serrar. He sacado de ellas cincuenta, tasadas unas con otras por doscientos pesos, otras veinte esmeraldas por ciento, y doce más por ciento y ochenta pesos. Pesan los minerales once libras y siete onzas. Tiene parte el señor duque. El precio de ellas aquí se entiende por todas, según a sus gradarios.

 

Hay dos pedazos de mineral de zafiros, fortísimo también. De estos hay claros como los diamantes, otros tiran algo al azul celeste, pero clarísimo. Tengo de ellos treinta, los doce tasados a cuatro pesos cada uno, los ocho a siete cada uno y los diez a doce pesos cada uno. Pesan los minerales doce libras y tres onzas. Enviome el uno el señor duque.

 

Hay de topacios, jacintos y otras piedras. De estas aun no he sacado ninguna, se ve lo que son, algo diferentes los colores de los minerales.

           

Las demás gavetas están llenas de curiosidades hechas de oro, de plata, de piedras, caracolitos de mar, conchitas y cosas raras del Océano y Mediterráneo, ya naturales, ya artificiales.

 

Hay sobre la arquimesa una arquita de hierro. En ella hay tres pedazos de la piedra imán, el más pequeño como un gran membrillo, las otras mayores, y la una más que la otra. Y a los lados de la arquilla, dos tinajitas de búcaro cinco palmos de altas. Está sobre una mesa de lapislázuli que sustentan dos monstruos marinos.

 

/[f. 122 (148r.)]

 

Hay estatuas, algunas de piedra, estas son pequeñas. Hay dos centauros de charol grandes, cuatro diosas de charol muy hermosas, Juno, Venus, Minerva y Palas. Hay muchos caracoles marinos de madre de perla, mayores que cabezas de hombres y diferentes figuras, dos arbolitos de coral, el uno cuatro palmos alto, el otro poco menos, ocho ídolos de piedra desconocida, el que es más alto no llega a tres palmos, se hablará de ellos a su tiempo.

 

Por la puerta que sale de esta pieza, que guardan los dos centauros con dos clavas, se entra en una pieza llamada de los emperadores por estar rodeada de muchos de ellos. Es redonda, con una media naranja bien pintada. Debajo de ella los emperadores, y debajo de ellos dos estantes en media luna, a tres estancias cada uno, y a las dos manos para dejar franca la puerta y ventana. En estos estantes hay a cinco tablas en cada uno, y en los seis treinta, de todas ocupan las cuatro altas los papeles y libros de mi casa y de otras que han recaído en ella, en las tablas bajas hay muchísimas cosas curiosísimas del mar de las unas y las otras Indias, pues entre otras cosas hay más de ciento y sesenta cocos, el más pequeño como un buen melón, de estos la mayor parte están labrados. Los demás están dentro sus cáscaras, abiertas por un lado para que se vean estos más grandes, porque la cáscara tiene más de dos dedos de recia. Estas y otras muchas curiosidades están por debajo los estantes, para que todo esté ocupado. Colgado de una cuerda que baja de la media naranja está colgado un basilisco acecinado. Diomelo el Señor Duque de Orleans, que a no ser por su alteza y otros señores no me era posible el haber juntado tantas cosas, que con razón se pasman cuantos las ven, y la compostura de ellas, tanto que todos alaban a Dios criador de todo.

 

/[f. 123 (148v.)]

           

A la mano derecha de esta pieza hay una estancia para tomar el sol, muy bien pintada y labrada con ágatas y otras exquisitas piedras y espejos. Tiene dos divisiones en forma de dos capillas con sus bóvedas, que están cubiertas todas de conchas de muchos géneros, pero todas de la madre de la perla, guarnecidos los arcos de lo mismo y espejos. Desde la de mano izquierda empieza una gruta frente de las ventanas del mediodía, donde se ven por aquellos peñascos todo género de animales y cuarenta cuevas de santos, estos son de metal porque como están al agua sean durables, pero son primorosamente vaciados.

 

Aquí da fin la Librería y sus agregados, en donde no solo se labra el entendimiento pero muchísimo de lo escrito se ve por experiencia. Dejánse de poner muchas curiosidades por no cansar al lector. Ahí se verán, que a nadie se niega la entrada.

 

 

Razón será tengan su lugar las Armas después de las Letras, porque sin ellas el valiente no será más que un león, con ellas será dos.

 

 

 

Armería

 

 

1ª Pieza

 

Tiene veinte estantes a veinticinco arcabuces, que todos son mil. Debajo los estantes, tendidas en el suelo, cuatrocientas picas, cien partesanas. Sobre los estantes hay dos leones acecinados, dos tigres, un leopardo, tres panteras, todo animales fierísimos, también acecinados, que ni aún las pieles no han perdido nada. Envíome dos panteras el señor duque de Orleans. Colgadas en el techo hay diez banderas de moros con dos cabezas con sus tocas, y en medio de las dos en arábigo dice “Para siempre”, sobre lo escrito una salamandra. Son todas de una telilla muy delgada, y no es lino, seda ni lana. Hay entre ellas colgado un puercoespín. Los demás arcabuces están bajo los estantes.

/[f. 124 (149r.)]  


2ª Pieza


Tiene los mismos estantes, los mismos arcabuces, doscientas picas, cien alabardas. Sobre los estantes un león, un tigre, dos osos, dos jabalíes y dos cabezas de elefantes. Colgadas en el techo veinte banderas de moros y turcos, las catorce unas con medias lunas y otras con animales, y seis un turco pintado dándole con el pie a un mundo.


3ª Pieza


Tiene doscientas ballestas con sus aljabas llenas de flechas, cien mosquetes con sus frascos y horquillas, cincuenta armaduras enteras de los pies a la cabeza muy bien labradas, puestas en la pared como si fueran hombres vestidos, de modo que dan miedo, pues tienen todos levantadas las viseras y puestas dentro caras de cartón. Tiene cada uno su escudo muy lustroso labrado, y una rosa en medio con una punta de un palmo, doradas rosa y punta al fuego, y cada uno la espada colgada en la manopla. Hay dos cabezas de rinocerontes, tan grandes como las mayores tinajas, en medio una de elefante mayor que las dichas, dos cocodrilos enviados por el señor duque de Orleans, doce banderas colgadas en el techo como las dichas, y ocho galápagos, una vara anchas las conchas y la que menos no le faltan tres dedos, y cinco palmos por lo largo, las cabezas son como melones grandes, los trajeron de Indias, pesa la más pequeña tres arrobas ocho libras.


4ª Pieza


Tiene cincuenta hombres armados como los dichos. Hay cien alabardas, cien arcos, sus arpones llenos de flechas, muchas armas antiguas y raras, pero lo mejor que hay es una alacena en que se guardan las armas y armaduras siguientes: del rey don Jaime de Aragón, llamado el Conquistador, grabado en el peto con oro lo siguiente “Jacobus Rex Aragonis” /[f 125 (149v.)], está toda entera sino la manopla izquierda, en el escudo está sobre el acero pintada con esmalte una cruz roja.


Hay otra que el señor emperador Carlos V llevaba el día que entró en Túnez y la dio a Juan Lastanosa, mi tercer abuelo, es entera, está primorosamente trabajada, y grabados con oro todos los remates de las piezas, sin quitar de ella sino una corona que llevaba por remate la celada.


Hay otra del señor rey don Pedro llamado el Cruel en Castilla, es muy pesada, no tiene más grabazón que en el peto “Petrus Rex Castele”. Tiene escudo y espada, grabado en la hoja su nombre.


Hay otra del conde de Trastamara, hermano del dicho rey don Pedro, y que después le sucedió. Esta está más bien trabajada, más ligera y más grabada, porque en el peto dice “Enrique Conde de Trastamara”, y todos los filetes de oro. La espada dice lo mismo, y el trágico puñal que lo hizo rey está en la hoja su nombre como en lo demás, su escudo lleva grabado de oro el rayo de Júpiter.


Hay otra más curiosa que todas, dice en ella “Enrique de Valois”. Tiene grabazones de oro y esmalte. El escudo tiene una orla en medio y dentro dice “Valois”, y vio con ella el señor emperador Carlos V a Juan Lastanosa y dijo: Juan, las armas de Francia tienen paces con el Turco, y así no podéis pelear con ellas, os pondréis las que ayer traje a Túnez.

Está en una cajilla de plata, como un cañoncito, la saeta con que los moros mataron al rey don Sancho en esta ciudad, entrándosela por la escotadura bajo el brazo derecho, suceso que aún ahora puede llorarlo Huesca.


/[f. 126 (150r.)]


Está el puñal del rey don Pedro de Aragón con el cual se cortó los dedos, porque estando enojado quiso romper con él el libro de los fueros de este Reino de Aragón. Está su nombre grabado en él, es de marfil, el puño labrado de oro, la hoja es dos palmos larga, ancha dos dedos, muy grabada, con oro rebutido en el acero y en medio dice “Soy de don Pedro Rey de Aragón”.


Del señor don Felipe 3º hay un alfanje guarnecido de oro y muchos diamantes que su Majestad dio a mi padre Juan Agustín Lastanosa, general de sus galeras. Es alhaja de mucho precio.

 

De Francisco 1º de Francia hay dos espadas de mucho valor, el puño guarnecido de oro y para guardar la mano dos conchas de pescado delgadas muy claras y fortísimas. Diolas su Majestad en París a Juan Lastanosa, mi tercero abuelo, estando enviado del señor emperador Carlos V.


De Solimán, emperador de los turcos hay dos alfanjes primorosísimos y ricos, porque los puños son de oro y varias piedras preciosas y medicinales, tanto que tomándolos en la mano instantáneamente se siente en el brazo mucha más que doblada fuerza. Una ropa talar con mangas de padre agustino de exquisitas plumas y perlas, con una red de oro por brazos y cuerpo por aforro, es armadura harto fuerte. Un aderezo de caballo con mucho correaje, cubierto de madre de la perla engastada en oro. Un turbante primorosísimo con faja de red de oro y pedrería con una media luna muy resplandeciente, pero no conocen los plateros de qué metal es ni de las piedras conocen más que las esmeraldas y rubís, las que hay de estos dos géneros dicen que valdrán cien doblones, y doscientos la redecilla que guarda la /[f. 127 (150v.)] cabeza. Esto dio Maomet Solimán a Pedro Lastanosa estando en Constantinopla por embajador del rey de Bohemia y Hungría, el señor don Fernando de Austria, que fue emperador después de su hermano el gran Carlos V, al que sirvió hasta que en una batalla murió muy lleno de honores, pues lo hizo conde, general, embajador y le dio el Toisón. Dicho Pedro Lastanosa fue natural de Monzón y hermano de mi tercer abuelo.


Reyes moros de España. Hay tres alfanjes de tres reyes de Granada, grabados en las hojas con oro sus nombres. Hay dos de reyes de Toledo, dos de reyes de Córdoba, tres de reyes de Sevilla, uno de un rey de Jaén, otro de un rey de Almería. Hay de estos muy buenos pero no muy ricos, algunos tienen en las vainas algunas planchitas de oro, todos muy curiosos, y más fuertes que ricos.


Lo que corresponde a caballos. Hay en esta alacena veinte aderezos de caballos, los correspondientes a las armaduras dichas. Son muy ricos, porque todo el correaje está cubierto de bronces dorados y esmaltados con admiración. Los otros aderezos están también cubiertos de metal dorado, pero con menos esmalte. Hay estribos correspondientes dorados y esmaltados sumamente ricos, en especial los del señor emperador Carlos V y los del gran Turco.


En esta pieza hay variedad de animales fierísimos, pues es justo que la mayor soberbia rinda vasallaje a cosa que llevó nuestro gran emperador. Hay dos leones muy grandes, tres tigres, dos panteras, dos leopardos, dos galápagos tan grandes como más que medianas mesas, en el techo hay veinticuatro /[f. 128 (151r.)] banderas de turcos y moros de delgadas y exquisitas telas con cabezas de moros, algunos animales pintados y en arábigo escrito “Para siempre”. De estas, las ocho tienen pintadas en ellas una cola de caballo, y estas son muy apreciadas entre los turcos, porque siempre que el gran Turco nombra un gran visir le da una de ellas.


5ª Pieza


Tiene esta cien sillas de caballos con todo lo que necesitan, sin faltar la más mínima correa, estribos, espuelas. Tres mil y doscientos frascos para los mosquetes y arcabuces. Otras muchas armas antiguas, ballestas, partesanas, mazas y otras.


6ª Pieza


Esta es en la que se guardan las cosas que sirven en la campaña, como son doscientas tiendas, cien morrales para comer los caballos, dos mil y quinientas mochilas para los soldados, camas muy buenas y muy cómodas, seis de veinte que hay es el colchón de cada una dos grandes baquetas que bien cosida una y otra se llenan de aire, que es el que sirve de mullido, y bien hinchadas queda una baqueta tres palmos apartada de la otra, que es cierto que aunque se duerme en el aire, se duerme mejor que en la más mullida pluma.

Aquí acaba la Armería, que así esta como la Librería ha pasmado a cuantos naturales y extranjeros las han visto, y aunque muchos extranjeros en los palacios de algunos príncipes han visto mucho, pero todos convienen en que han visto en algunos muchas de las cosas que hay aquí pero que en ninguno tantas juntas, de forma que ha merecido la fama de ellas que muchos poderosos príncipes de remotas tierras hayan venido a verlas, y entre ellos basta por ejemplo un señor /[f. 129 (151v.)] duque de Orleans, a quien debí la honra de venir desconocido, con condición que solo yo lo había de saber. Me honró su alteza mes y medio, y para honrarme más me permitió fuera sirviéndole hasta París, y me alegré de ver las grandezas de su palacio, y me hizo ver los del rey y las grandezas de aquella gran corte. De otro más poderoso príncipe hablaremos en otro lugar.

 

 

Ahora se hablará de los Jardines, fuentes, estanques, estatuas

y pinturas

 

 

Tienen su entrada por el patio principal de la casa hasta una gran puerta que sirve de entrada a otra calle que va al estanque principal.

 

Primera calle: tiene ochenta pasos de larga, ocho de ancha. Tiene sus paredes con cinco rejas por cada lado de hierro, para que por ellas se vean unos jardines, que el uno sirve para la habitación de los entresuelos y el otro para la habitación del verano, muy hermosos, rodeadas las paredes de ellos de naranjos y limones que al abrigo de la casa se mantienen, y hay en ellos muchos cuadros de varias y exquisitas flores de los géneros que se hallan en Francia, Italia e Inglaterra. La calle que divide estos jardines está entre reja y reja pintada admirablemente y con bellos colores una fábula de tanta mentida deidad como nos cuentan los poetas. Esta calle remata en la dicha puerta, que está adornada con muy buenas pilastras de piedra, y sobre dos basas muy bien hechas también de piedra dos grandes salvajes (que aunque de piedra no son tan pesados /[f. 130 (152r.)] como los otros) están guardando la puerta con dos grandes mazas muy ñudosas. Son estatuas muy bien hechas.

 

Los dos jardines dichos no tienen el largo que dicha calle, porque cerca de dicha puerta hay otra que entra a las casas en que habitan ocho jardineros con sus familias, que se reducen a marido y mujer, que hijos entre todos no llegaron a más que a tres, tan feos que unos los tenían por micos y otros por monos. Tiene cada uno su casilla aparte, como las de los moros, bajitas porque no quiten la vista a los balcones de casa que caen por aquella parte. Hay tres con sus mujeres que los que menos hace cincuenta y ocho años que están en las casillas que les dieron al principio. No llevan más salario que comida y vestido, ni han aprendido una palabra en español sino una de las mujeres dice “vino”, los demás ni aún eso.

 

Para heredar las casas de los muertos me ha enviado el señor. duque de Orleans sucesores a medida de mi deseo, por saberlo su alteza, y haber gustado mucho de ver los que yo tenía y hablar con monsieur Esquillot, jardinero más antiguo, que hablaba su lengua nativa tan mal que reía mucho su alteza con él. He hablado tanto de ellos porque en los jardines hacen su papel sus malas figuras.

 

Hay a más de las dichas casillas otras para otros criados, y debajo de ellas caballerizas, cocheras y pajares, y por todas estas cosas quedan los dos jardines primeros en cuadro prolongado, no muy grandes, el largo treinta pasos, el ancho veinte y cuatro.

 

/[f. 131 (152v.)]

 

Hay otro jardín que hace frente a las casas de los jardineros, y tiene entrada por el de los cuartos de verano, pintadas las paredes con el robo de Elena, disposición del sitio, entrada e incendio de Troya, admirablemente pintadas. Es también cuadro prolongado, tiene cincuenta pasos de largo, el ancho es veinte y cuatro. Acaba su pared en línea con la pared de donde están las casillas y demás oficinas dichas, calle en medio.

 

Empieza esta calle desde la puerta dicha, tiene cuatrocientos pasos de longitud y ocho de latitud. Es arboleada de frutales de todos géneros, criados con diferentes formas, que al arte obedece la más bronca rustiquez. Están a las dos manos de esta calle las calles y cosas que mal dichas y mal delineadas se verán. La figura del jardín grande es la que se sigue.

 

 

 

 Componen estos ángulos mil cuatrocientos y ochenta pasos. Está repartido este jardín en trece cuadros llenos de cuantas flores y frutas conocen Italia, Francia e Ingla /[f. 132 (153r.)] terra y aún de parte del África, pues tengo de Tetuán árboles de pimienta, fuentes, estanques, grutas y un laberinto.

 

Las paredes de este gran jardín están todas admirablemente pintadas de fábulas y monterías, con sus pedazos de marinas, con varios modos de cazar bestias fieras y pescar ballenas y otros monstruos marinos.

 

Entre la pared y jardines sigue por todo una calle muy igual y hermosa, pues al un lado divierten las pinturas, al otra murtas, cipreses, rosales y otros, sin dejar subir unos ni otros algo más que la cintura, para que no quiten la luz a las pinturas.

 

Las grutas también divierten mucho, porque se ven en ellas bien hechos montes, bosques y animales bien hechos, y algunos vivos porque enfrente de la calle que va desde la casa hay una, y a los dos lados dos cuevas con rejas de hierro muy fuertes, y dentro de la una un tigre, y dentro la otra un leopardo.

 

En otra calle que cruza por la dicha, y va de una puerta a otra de dos que hay que salen a distintos caminos, rematan las dos bocas de la calle en dos grutas. En la una hay otra cueva con fuerte reja, y dentro un león, y en otra un oso. En la parte contraria, en la otra gruta hay otras dos rejas, y dentro dos avestruces, estas comen cualquier cosa, hasta pedazos de hierro, los otros solo carne.

 

Al lado de estas dos grutas están las puertas adornadas de estatuas y pilastras como la principal, con la diferencia que la principal tiene los mismos adornos por dentro que por fuera, las otras solo por la parte de los jardines.

 

/[f. 133 (153v.)]

 

Ahora se pondrán las formas de los cuadros que componen este jardín, con algo de lo que hay en ellos. Las formas son, según la disposición del sitio, diferentes, no todas, y son como se verá.

 

 

 

 Hallase al entrar por la casa por la mano izquierda, que es por donde estrecha más este cuadro en la forma que se ve la figura. Está formado de cuadros hechos con ladrillos, muy llenos de todos géneros de flores, rodeado de murtas con tres pirámides de ella a las tres esquinas. A las esquinas de los cuadros de dentro arbolitos enanos de todos géneros de frutas.

 

 

 

 Este cuadro está compuesto como el otro con murtas, y de lo mismo cuatro pirámides /[f. 134 (154r.)] en las cuatro esquinas. Sus cuadros dentro formados con ladrillos, dentro flores, y como en el otro frutales enanos.

 

Los cuatro que se ven tienen lo que abajo se dirá.

 

 

De estos cuatro jardines, que están a la izquierda saliendo de casa por la principal calle, si se hubieran de decir todas sus particularidades era enfadoso empeño, así para escribirlo como para el curioso que quisiere leerlo, y así solo pondre /[f. 135 (154v.)] mos lo más principal de sus cosas, como son fuentes, largo de las calles, de qué se componen, y lo que no pueda ni deba excusarse.

 

El cuadro que está bajo el número segundo es el primero que se encuentra a la mano izquierda entrando en el jardín por la casa, pasados los dos jardines arriba dichos que ocupan el sitio más estrecho.

 

Tienen sus cuatro calles, que todas son seis pasos anchas, dos menos que la principal. El largo de los laureles de que todo el cuadro está rodeado es 438 pasos. Por dentro tiene el jardín sus labores hechas de ladrillos barnizados, que así son los de todos los cuadros de todos los jardines.

 

El círculo de medio es una hermosa fuente en ochavo, y en cada uno dos estatuas algo más que la estatura regular, hechas de barro cocido y barnizadas con los barnices de los vestidos correspondientes a los vestidos que llevan y sus colores. Son ocho maridos con sus ocho mujeres, franceses ellos y ellas, para poco por viejos, pero muy leales, y por los años jorobados, llenos de verrugas, arrugas, y uno que hace sesenta años que está en casa y nunca se ha hecho la barba, por lo que no tiene más pelo que dos caracolitos a la parte baja de la barba, este es el celebrado monsieur Esquillot, que con hacer tantos años que está en casa no me entiende una pala /[f. 136 (155r.)] bra sino se la digo en francés, tan ridículos como este son los demás, y de los mismos talentos. Cada marido está como hablando con su mujer, tales todas como ellos, pero grandemente trabajados por manos de Micaelo Angelin, napolitano, de cuya mano son todas las demás que hay, a quien tengo en mi casa con un hijo suyo que también trabaja, ocho años hace. En medio del agua de esta fuente sube una basa que sube más que las estatuas, y encima de una cuba Baco a caballo.

 

Este cuadro que está bajo el número primero sirve de tercero a mano izquierda contando desde la puerta principal. Tiene por la parte que confronta con el arriba dicho todo aquel lado de laureles, porque aquella calle esté así uniforme.

 

Las otras tres calles son murtas y frutales, de forma que entre murta y murta hay un frutal, todos criados con mucho arte. Tienen las cuatro calles, dándole vuelta, 550 pasos.

 

Tiene sus labores dentro, con ladrillos barnizados, variedad de flores y muchos frutalitos enanos. En medio hay una fuente redonda, y en medio del agua tres delfines que mantienen un trono donde está una Venus muy hermosa. Los delfines echan el agua por ojos, narices y boca. Es todo barro cocido bien barnizado y dado a cada cosa su color. Los delfines son grandes, la Venus como se mira alta es once palmos, el barniz muy blanco y muy fino, cubrese con un cendal lo que no /[f. 137 (155v.)] puede verse, esta echa agua por los pechos. Las piedras de esta fuente son de jaspe, vinieron de Tortosa.

 

El tercero de los cuatro jardines que componen la figura de arriba está más a la izquierda. Tiene la calle que confronta con la de los laureles uniforme, las otras son cipreses y murtas que no pasan de la cintura, y entre una y otra un frutal, que cada uno forma una hermosa figura. Hay de todos géneros cuantos se hallan en las partes dichas. Es toda de piedra negra muy lustrosa una gran fuente que tiene en medio, y ella en medio del agua un peñasco con cuatro sátiros de barro cocido barnizado, y sobre las cabezas tienen un trono y sobre él un centauro. Tienen sus cuatro calles 484 pasos.

 

En la balsa de esta fuente hay muchas tencas y engilas. Hay también en las otras, no tantas como en esta y la que se sigue.

 

En el cuarto jardín de la figura de arriba son sus calles de murtas y frutales. Los cuadros dentro de él son como los otros, con flores y frutales enanos. La fuente es grande, hecha de jaspe y piedra negra muy lustrosas, están en medio de él cuatro monstruos marinos, y sostienen un peñasco en que está Neptuno recostado en el propio peñasco, que está muy verde y lleno de flores, y baja el agua /[f. 138 (156r.)] en arroyitos por el peñasco. Está rodeada la fuente de bojes de diferentes figuras, muy verdes y hermosos, como en todos tiempos lo están.

 

En medio de estos cuatro jardines hay un cenador con cipreses en diferentes formas compuestos, dejando francas las cuatro calles que a él vienen, que están con cuatro arcos de una plancha de hierro delgada bien trepadas y doradas, puestas dos en cada arco para que hagan frente a las dos partes. Hay, en cada media luna que forman el círculo de calle a calle, hay dos pinos que con sus hermosas copas puestas en tal disposición que al primer cuerpo de cipreses sirven por fuera de cornisamento, por dentro forman en un segundo cuerpo su media naranja, y unas ramas que suben forman tercer cuerpo, y su linterna para la media naranja tiene sobre cada arco una ninfa muy hermosa. Delante de cada ciprés hay un sátiro, una negra, un negro, y así todo el cenador rodeado. Estos están con fuentes en las manos llenas de diferentes frutas, todos son de barro cocido, estatura regular, naturalísimos, y las frutas tan propias que a muchos burlan. Y es cierto que el tal cenador, así por dentro como por fuera, hace una figura hermosísima, porque los tres cuerpos subirán veinte varas, bien proporcionados según arte.

 

/[f. 139 (156v.)]

 

Hay también a la izquierda de la calle principal tres jardines más, los dos primeros que se encuentran tienen esta figura.

 

 

Estos jardines tienen de largo las calles de los lados contando desde la mayor, contando la callejuela que los divide, 400 pasos cada una, y 50 de ancho. Van siguiendo la forma de la cerca. Se hablará de todos en común porque en estos no hay fuentes.

 

 

 

Este jardín es el último que se encuentra a la izquierda de la calle mayor. Tiene de rodeo 630 pasos, de estos son 70 de ancho. Estos están como los otros, pero sin fuentes.

 

 

Ahora diremos lo que hay a la mano derecha de la calle mayor, pues son cosas dignas de saberse por si alguno de los que lo lean quieren animarse a hacer algún jardín, aquí hallará el modo de disponerlo, y más adelante los tiempos en que cada especie de flores se pone o se saca de la tierra /[f. 140 (157r.)], porque sin esa prevención y el cuidado nada se hace, y las tendrán los curiosos con solo el coste de pedirlas, y sepan que tengo graneros llenos de ellas. Volvamos al asunto.

 

 

 

 

Este jardín es el segundo a la derecha de la calle mayor. Tiene sus calles con el adorno que todos los otros, solo que aquí no hay fuentes, pero suplen la falta de ellas muchas pirámides gigantes y otras cosas. Tienen las cuatro calles que lo circundan 608 pasos.

 

 

 

 /[f. 141 (157v.)]

 

Este tercer jardín a la mano derecha de la calle principal tiene las mismas cosas para su adorno que el que acabamos de decir. Tiene por todo 280 pasos.

 

 

 

Este cuarto jardín esta a la derecha de la calle mayor. Está adornado como los otros, con la diferencia que este tiene en medio una torre de tres cuerpos, hecha de bojes y laureles, hermosísima. Tiene este 230 pasos. Da el último ángulo de este cuadro sobre la misma mano en una plazuela, que rodeada de murtas por los dos ángulos y dos partes del tercero, dejando espacio en medio para el embarcadero de un estanque de que luego se hablará. Esta plazuela está enladrillada de ladrillos barnizados de verde, azul y blanco. Están las murtas formando diferentes figuras hermosísimas, que hermosean el espacio. Tienen sus ángulos 80 pasos los cuatro.

 

/[f. 142 (158r.)]

 

 

 

/[f. 143 (158v.)]

 

 

Este quinto jardín está a la derecha de la calle principal viniendo desde la casa. Es el último que hay a la derecha. Guarda esta figura por las líneas de la cerca, y porque un estanque y laberinto que están a su costado derecho tengan las figuras proporcionadas a la de la cerca, porque las calles tengan el ser rectas, que esto aumenta mucho la hermosura de ellas y de tantos y tan grandes jardines. Este tiene, dándole vuelta, 600 pasos. Tiene en todas las esquinas de sus muchos cuadros pirámides gigantes y otras figuras de murtas, naranjos, frutales hermosísimos por estar al abrigo de cipreses, que por el costado derecho le guardan del frío dejándolos al mediodía. En todos estos jardines de mano /[f. 144 (159r.)] derecha, ya que no hay fuentes, hay muchísimos cañoncitos de bronce que con mucho disimulo arrojan hacia arriba agua, de forma que llueve en todos ellos cuando el dueño o los jardineros quieren. Esto se puede hacer por estar todas las calles de todos los jardines llenas de conductos, ya para esto ya para las fuentes. Estos y los que dan agua a otras huertas van por debajo la tierra, de forma que solo se ve el agua de las fuentes, y esa se ve correr solo cuando se riega, pues tiene ocultos conductos para irse.

 

 

 

 /[f. 145 (159v.)]

 

Este estanque merece nos detengamos en hablar de él con alguna particularidad, por ser cosa muy deleitable a la vista y hecha a todo coste y con tantos costosos adornos como verá el lector.

 

Tiene por sus cuatro frentes 380 pasos, son sus paredes de piedra de sillería muy unidas y bien embetunadas, las calles de los lados son 6 pasos anchas, están todas como se ve la primer frente, que esta queda con la plazuela dicha que está delante del embarcadero.

 

El pescado que hay es mucho, aunque de pocos géneros, pues no hay sino tencas, engilas, barbos, tortugas, aves de agua domésticas de muchos géneros, tres barcos para pasar a ver lo que hay en una torre que está en medio del agua, de que se hablará luego, y para pescar cuando se quiere.

 

El círculo que se ve en el medio es una torre en esta forma: desde la lengua del agua sube ocho palmos hasta el suelo, adonde se sube por siete escalas, y ese piso está con un jardín, que aunque no es grande tiene lindos cuadritos de flores. Desde este piso mueven ocho pilares, suben veinte palmos hasta el arrancadero de ocho arcos, guardando siempre la forma redonda. Están adornadas las pilastras de buenas molduras de piedra, y delante de ellas salen del agua otras ocho basas muy bien trabajadas, y suben tanto como el piso del jardín, y sobre cada una de ellas uno de los dichos jardineros, de figuras más que regulares porque se miran de alguna distancia. Entre pilastra y pilastra hay un balcón de hierro con labores doradas y sus asientos a los lados.

 

/[f. 146 (160r.)]

 

Sobre los arcos suben algo los pilares para que la bien compuesta desigualdad forme arriba una especie de montañas, donde se ven casillas, valles, arboledas, ganados, pastores. Y los árboles que hay son unos cuyo fruto madura en el invierno, es colorado, algo más que nueces, se llaman madroños, conserva todo el año la hoja y es como la del laurel. Sube en todo 40 palmos, y subirán doce más cien chorros de agua que arroja hacia arriba con fuerza, y cae en el agua más de siete varas de la circunferencia de la torre. Las ocho estatuas echan a cuatro chorros cada una y todos hacia fuera, que es cierto está hermosísima cuando se da agua a los conductos, y más si hay gente en los barquillos y ven que sin nublado les llueve tanto.

           

Los seis cuadritos que están dentro del cuadro que forma el estanque son las pilastras o basas en que hay seis estatuas. En las dos de la escala del embarcadero, en la una está Neptuno sentado sobre un delfín con el tridente en la mano; en la otra, Baco sentado en una cabra, coronado de pámpanos, una vid con uvas en la mano. Las otras cuatro son Juno, Palas, Venus y Diana. Todas son estatuas admirablemente hechas, y que son muy ponderadas de los extranjeros que las ven, así estas como las demás que hay en los jardines, y en fin son tan lindos que entre otros dijo el serenísimo señor duque de Orleans, viéndolos “No tiene el rey de Francia cosa como esta, y como la librería, armería, sí, mucho mayor”. También dicen muchos extranjeros que han visto en varias cortes muchos jardines más grandes y con más estatuas, pero ningunos tan hermosos. /[f. 147 (160v.)] Lo mismo que dicen estos dicen muchos grandes de España, pero con más pasmo, tal vez lo hace el que han visto poco de estas cosas. Aún de flores, en este reino había tan pocas y comunes, y lo mismo sucedía en Castilla, pues yo proveo a los jardineros de su Majestad.

 

 

Ahora delinearemos el laberinto, que aunque atrás lo está, está allí en cuadro perfecto y no lo es, porque sigue la línea de la cerca porque las calles sean iguales.

 

 

 

 /[f. 148 (161r.)]

 

Laberinto

 

Este es el que da fin a las tres cosas más memorables de la casa de Lastanosa por su coste, riqueza y disposición curiosa, de tal sin número de cosas puestas en donde deben estar, con tanto acierto, que a los que más noticias tienen los aturde más el ver que solo la colocación de tantas cosas es una recopilación de muchas historias, y por todo esto ha merecido esta casa ser celebrada de tantos historiadores extranjeros y naturales que hablan de sus grandezas, que a su tiempo se nombrarán ellos y las historias y lugares en que hablan.

 

Está el laberinto cercado de cipreses grandes y muy poblados, por lo que dentro se crían bellos naranjos, árboles de pimienta y otros traídos de tierras ardentísimas como es el África. En una callejita formada de dichos árboles está la única puerta que tiene este laberinto, y se entra por una calle de murta hacia la derecha, después vuelve sobre la izquierda. Ya de aquí a cualquier mano que echen ya no saben por donde van ni aún quizás no acertarían a salir, pues ha sucedido entrar con un reloj y andar cuarto y medio por sus calles y no llegar a una plazuela que hay en el medio, con un montecito con varios santos en sus cuevecitas, no teniendo más todos sus cuatro ángulos que 522 pasos. Todo es de murtas, y algunos arbolitos de frutas extrañas, que por el abrigo de los cipreses suelen por febrero tener fruta y hoja, y por lo común las nuevas /[f. 149 (161v.)] van haciendo caer las viejas. Y por fin, querer decir la disposición de sus calles fuera otro laberinto, que no nos enseñaría a salir de él el hilo de que se valen los jardineros cuando entran con sus tijeras a cortar las ramas que sobresalen, por lo que no quiero sino decir de la puerta, que se reduce a que es de murta, de lo mismo sus basas, pilastras, frisos, cornisas, y encima un león hecho de la misma murta, y a los dos lados de la puerta, fuera las pilastras, un centauro más alto que un hombre puesto a caballo, y al otro lado un gran sátiro, los dos con sus mazas amenazando a los que quieren entrar, que él no tiene más puertas que sus mismos enredos.

 

 

Han merecido las tres cosas que las vinieran a ver muchos príncipes extranjeros, el duque de Orleans, el de Ferrara, Juan de Medicis, el de la Mirandola, el príncipe de Esquilache, don Juan Borromeo, el marqués de Pescara y otros muchos caballeros de menor jerarquía. De los grandes de España, el condestable, el de Medinaceli, el de Arcos, el del Infantado, el de Béjar, el de Medina de las Torres, marqués de Aitona, duque de Villahermosa, duque de Lerma, marqués de Camarasa y otros muchos caballeros, pero la mayor honra es haber venido a mi casa de vuelta de Cataluña el gran Felipe 4º mi señor y rey, y haber venido dos veces con pretexto de cazar desde Zaragoza, honra tan grande que es inexplicable, y me decía que nunca había visto cosa como mi casa, que era […] 

 

imprimir

volver   
  Instituto de Estudios Altoaragoneses                               Tel: 974 294 120                               lastanosa@iea.es