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CARTA Y ELOGIOS DE VIDANIA A LASTANOSA

 

 

CARTA Y ELOGIOS DE DIEGO VINCENCIO VIDANIA A LASTANOSA

 

Prolegómenos del Tratado de la moneda iaquesa y de otras de oro y plata

del Reyno de Aragón, Zaragoza, 1681

 

 

 

LA CARTA Y LOS ELOGIOS DE VIDANIA: DOS VERSIONES DE UN PANEGÍRICO

 

Al comienzo del Tratado de la moneda iaquesa y de otras de oro y plata del Reyno de Aragon, el libro sobre la historia de la moneda aragonesa que Vincencio Juan de Lastanosa publicó en Zaragoza en 1681 -el año de su muerte- figuran unos Elogios compuestos por el oscense Diego Vincencio Vidania “al mérito y memoria” de Lastanosa, que ocupan 16 páginas. Estos Elogios aparecen en la práctica totalidad de los ejemplares conservados del libro, y también en la edición facsímil que se hizo en 1977.

 

 

Sin embargo, en algunos, muy pocos, de los ejemplares del Tratado de la moneda iaquesa, en vez de dichos Elogios lo que encontramos es una Carta escrita por el mismo Diego Vincencio Vidania a Lastanosa, mucho más extensa (son 36 páginas) e interesante. Entre otras cosas, en esta Carta figura la lista de las monedas, documentos, libros y manuscritos que Vincencio Juan de Lastanosa donó al Archivo del Reino en 1681, así como los nombres de los eruditos y coleccionistas españoles y europeos con los que el mecenas oscense mantuvo correspondencia.

 

A fines del siglo XVIII, Félix Latassa tuvo en sus manos un ejemplar de la Carta de Vidania a Lastanosa, y extractó parte de su contenido en su obra manuscrita Memorias literarias de Aragón[1]. Más tarde, a fines del siglo XIX y en las primeras décadas del XX Gregorio Gota Hernández y Ricardo del Arco publicaron el extracto de Latassa:

 

Gregorio Gota Hernández, La Campana de Huesca, nº 38, 39 y 40, Huesca, Octubre-noviembre de 1894.

 

Ricardo del Arco y Garay, “Noticias inéditas acerca de la famosa biblioteca de Don Vincencio Juan de Lastanosa”, Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo 65, nº 4, 1914, p. 340-342, y sobre todo, La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934, p. 212-215[2].

           

Félix Latassa sólo reprodujo la parte final de la Carta (p. 24-36). Entre las cosas que no anotó, y que por tanto tampoco conocieron Gota o del Arco, se encuentra la interesantísima lista de eruditos y coleccionistas con los que Lastanosa se carteaba. La copia de Latassa, por otra parte, no es literal. Por ejemplo, de las monedas, documentos, libros y manuscritos que Vincencio Juan de Lastanosa donó al Archivo del Reino, que en la Carta de Vidania totalizan 57 epígrafes, Félix Latassa apuntó menos de la mitad.

 

Ésta es, pues, la primera ocasión en que la Carta de Diego Vincencio Vidania a Lastanosa, que constituye un documento de singular importancia, se edita en su integridad. Ello ha sido posible gracias a la amabilidad y el interés de Francisco Asín Remírez de Esparza, propietario de uno de los escasísimos ejemplares del Tratado de la moneda iaquesa en que figura.

 

Tras la Carta se trascriben también los Elogios, mucho mejor conocidos al figurar en los ejemplares “normales” del Tratado de la moneda iaquesa. En las páginas que siguen se estudian ambos textos, analizando entre otras cosas las similitudes y diferencias que presentan.

 

 

AUTOR Y FECHA DE COMPOSICIÓN

 

El autor: Diego Vincencio Vidania (1644-1732)[3]

 

Nació en Huesca en el año 1644, hijo y nieto de notarios oscenses. Estudió en la Universidad de Huesca, alcanzando el doctorado en ambos Derechos. Más tarde fue rector y catedrático. Durante la década de 1670 ejerció como notario. Y fue también secretario del Concejo y de la propia Universidad.

 

Vidania debió entrar pronto en contacto con Vincencio Juan de Lastanosa. En su Carta a Lastanosa, a quien califica de “oráculo y maestro”, reconoce deberle su “inclinación a las buenas letras desde mis primeros años” y la “noticia y asistencia de los mejores libros” (p. 36). Y cuando Lastanosa redacte ante notario, en 1679 y 1681, su testamento y codicilo ambos documentos los hará justamente con Vidania. No debe ser casual, en este sentido, que Vidania poseyera, al igual que el mecenas oscense, una copiosa biblioteca, de la que formaban parte “muchos y raros códices” y una colección de antigüedades y monedas.

 

Contrajo matrimonio con Teresa Insausti, de la que no tuvo descendencia. Tras la muerte de su mujer, que debió ocurrir hacia 1680, Vidania entró en religión. Desde 1684, que es el momento en que marchó de Huesca para siempre, fue oficial de la Inquisición, siendo su primer cargo el de fiscal en el tribunal de Barcelona. Más tarde sería inquisidor en Sicilia.

           

En 1693 es nombrado por el monarca capellán mayor del reino de Nápoles. En tierras italianas transcurrirán las últimas décadas de la vida de Vidania. Tuvo un importante papel en la vida cultural y política napolitana, donde fue prefecto de la Universidad.

 

Durante la guerra de Sucesión, Diego Vincencio Vidania parece haber sido partidario de la causa austracista. Dos de sus obras, en efecto, se fechan en Barcelona en 1709 y 1712, durante el período de dominio del Archiduque en Cataluña (y cuando Aragón, en cambio, había sido conquistado ya por las tropas borbónicas). Tras la guerra, Vidania vivió en un Nápoles, que ya no formaba parte de la Corona española sino del Imperio austríaco. Y al parecer recibió cargos y mercedes del Archiduque, que era ahora el emperador Carlos VI de Austria.

 

Vidania publicó una Disertación histórica de la patria del invencible mártir San Laurencio (Zaragoza, 1672), en la que defendía el oscensismo del santo frente a quienes lo hacían valenciano. El único ejemplar conocido de esta obra se conserva en la Biblioteca Pública de Orihuela -signatura 5825(9)-; una reproducción íntegra del mismo se puede consultar en la Biblioteca del Instituto de Estudios Altoaragoneses.

 

De Diego Vincencio Vidania han llegado hasta nosotros seis obras manuscritas, de tema histórico, jurídico y teológico. Cinco de ellas, de las que el Instituto de Estudios Altoaragoneses ha obtenido igualmente una copia digitalizada, se encuentran en la Biblioteca de la Universidad de Bonn, en Alemania[4]:

 

1. Anales de las Españas, desde el Diluvio hasta el felicísimo reinado del señor rey don  Carlos Segundo, compuestos mientras era inquisidor de Sicilia. Es un  volumen en 4º de 433 páginas.

 

2. Anales del reinado de don Felipe III, rey de las Españas y Nuevo Mundo. Son dos volúmenes en 4º con 913 páginas en total. Están fechados en Nápoles en 1707.

 

3. Fasti legales. Dos volúmenes en 4º -912 páginas en total-, con leyes griegas y romanas.

 

4. De Praefecto Urbi. Un volumen en 4º de 383 páginas sobre esta antigua magistratura romana.

 

5. De abusu poenitentiae. Un volumen en 4º de 112 páginas sobre el abuso del sacramento de la penitencia.

 

El último de los manuscritos de Vidania se encuentra en la Real Academia de la Historia:

 

6. El Derecho Natural innato en las mentes de los hombres y sus efectos. Se trata de un volumen de 674 páginas, escrito en Barcelona en 1712.

 

 

La fecha: marzo-abril de 1681

 

Diego Vincencio Vidania escribió su Carta y sus Elogios a Lastanosa en los primeros meses de 1681. Éste fue, como hemos dicho, el año en que murió el mecenas oscense. Desde Félix Latassa, a fines del siglo XVIII, se venía repitiendo sin embargo que Vincencio Juan de Lastanosa falleció en 1684 (es fácil encontrar aún esta fecha errónea en artículos o libros recientes). Pero ahora sabemos que su muerte se produjo el 18 de diciembre de 1681. Lastanosa había hecho testamento en agosto de 1679; y sólo seis días antes de fallecer le añadió un codicilo. Ambos documentos fueron validados por Vidania, que ejercía entonces como notario en Huesca[5].

 

El último año de la vida de Lastanosa está lleno de acontecimientos de interés. En primer lugar, se produjo la publicación de su segundo libro sobre numismática, el Tratado de la moneda iaquesa[6]. Esta obra, impresa en Zaragoza, apareció como muy pronto en mayo de 1681, ya que las dos censuras del libro, a cargo de Miguel Marta Gómez de Mendoza y Diego José Dormer, llevan fecha de 2 y 6 de dicho mes. De forma paralela a la publicación de la obra se produjo, tal y como veremos enseguida, la donación por parte de Lastanosa al Archivo del Reino de un importante conjunto de monedas, documentos, libros y manuscritos.

 

Además del Tratado de la moneda iaquesa se tenía pensado publicar este año otras dos obras suyas: una segunda impresión del Museo de las medallas desconocidas españolas, y la Dactiloteca, sobre la impresionante colección lastanosina de camafeos y piedras preciosas (ver el apartado Piedras preciosas). De la inminente publicación de ambas habla Vidania tanto en la Carta como en los Elogios[7]. Sin embargo, ninguno de los dos libros vio finalmente la luz.

 

La Carta y los Elogios a Lastanosa están fechados. La Carta termina, en concreto, con esta data: “Huesca, y marzo 20 de 1681”. Y la Inscripción en honor de Lastanosa con que concluyen ambos textos lleva como fecha 20 de abril de 1681. Se trataría, por tanto, de dos escritos compuestos por Vidania prácticamente a la vez. Ello hace aún más sorprendentes las diferencias, sustanciales en algunos casos, que presentan la Carta y los Elogios, más allá de su desigual extensión; por ejemplo en lo que se refiere a la lista de autores que mencionaron en sus obras a Lastanosa, o en la propia Inscripción final.

 

 

 

ESTRUCTURA Y CONTENIDO DE LA CARTA Y LOS ELOGIOS

 

 

Los Elogios, el texto más breve de los dos, presentan también la estructura más sencilla:

 

1. Menciones y citas de Lastanosa en diversos autores, presentados sin un orden claro (no es alfabético ni cronológico) –p. 1-14-.

 

2. Inscripción en honor de Vincencio Juan de Lastanosa y agradecimiento de Vidania, que le llama “compatriota y amigo” y del que alaba “la generosidad con que me ha participado siempre los tesoros de sus libros y antigüedades” –p. 14-16-.

 

La Carta, con sus 36 páginas, no sólo tiene una estructura más compleja sino también contenidos (algunos de ellos de gran importancia) que no figuran en los Elogios:

 

1.- Petición de los Diputados aragoneses a Lastanosa para que “enriqueciera” el Archivo del Reino con el Tratado de la moneda iaquesa y “los demás originales y curiosos monumentos que de la historia y buenas letras” tenía en su Biblioteca (p. 1-2).

 

2.- Menciones y citas de Vincencio Juan de Lastanosa en distintos autores, ordenados cronológicamente (p. 2-22).

 

3.- Eruditos y coleccionistas españoles y europeos con los que Lastanosa había mantenido correspondencia (p. 23).

 

4.- Referencias elogiosas a Lastanosa. Entre otras cosas, Vidania nos dice que en sus colecciones había 8.000 monedas y medallas griegas y romanas y 2.000 camafeos y piedras preciosas (p. 24-25).

 

5.- Listado de las monedas, documentos, libros y manuscritos que Vincencio Juan de Lastanosa donó al Archivo del Reino en Zaragoza en 1681. Son 57 epígrafes. Lastanosa, según nos informa Vidania, decidió hacer tal donación cuando fue Diputado aragonés en 1671-72 (p. 25-34).

 

6.- Inscripción en honor de Lastanosa y reconocimiento por Vidania de que debía su “inclinación a las buenas letras desde mis primeros años” y la “noticia y asistencia de los mejores libros” a Vincencio Juan de Lastanosa, a quien califica de “oráculo y maestro” (p. 35-36).

 

A continuación estudiamos brevemente, a partir tanto de la Carta como de los Elogios, los cuatro aspectos más destacados tratados por Vidania en estos textos:

 

Donación de parte de las colecciones lastanosinas al Archivo del Reino.

 

Menciones del mecenas oscense en diferentes autores y obras.

 

Eruditos y coleccionistas con los que Lastanosa mantuvo correspondencia.

 

Referencias elogiosas, presentes sobre todo en la Carta, que Vidania dedica a Lastanosa.

 

 

 

La donación al Archivo del Reino

 

En la donación realizada por Lastanosa en 1681, y en otros ingresos de documentos históricos que se produjeron entonces en el Archivo del Reino, jugó un destacado papel Diego José Dormer, que era entonces el Cronista del Reino de Aragón. El año anterior, 1680, Dormer había publicado un libro titulado significativamente Progresos de la historia en el Reino de Aragón y elogios de Gerónimo Zurita, su primer Cronista. En el prólogo Dormer aludía ya a las gestiones de los Diputados ante Lastanosa, para que éste donara parte de sus colecciones a las instituciones aragonesas:

 

“El mismo celo han mostrado los Diputados, pasando sus oficios con don Vincencio Juan de Lastanosa, gentilhombre de la casa de su Majestad, grande observador de las antigüedades y amador de los profesores de las letras, para que los manuscritos, medallas y monedas de inestimable valor que tiene en su museo las franquease para reducirlas al archivo del Reino, con que se enriquece mucho, y se debe a este caballero una dádiva que no tiene igual”.

 

El 11 de diciembre de 1680, los Diputados aragoneses, en nombre del “ilustrísimo Reino de Aragón”, solicitaron por carta a Lastanosa que enviara a su Cronista (es decir, al propio Dormer) el tratado sobre la moneda jaquesa que tenía preparado “para hacerlo imprimir”. Y que junto a él remitiera a Zaragoza las monedas aragonesas que poseía y los “papeles” y “libros manuscritos” que estimara convenientes, a fin de guardarlo todo en el Archivo del Reino. Esta notable carta, que encabeza el Tratado de la moneda jaquesa, dice lo siguiente:

 

“Habemos entendido que Vuestra Merced, con su mucha curiosidad, aplicación y trabajo en inquirir y manifestar las cosas antiguas en grande beneficio de los estudiosos, lustre y gloria de este Reino, a más del Museo de las medallas desconocidas españolas y otros tratados, ha dispuesto Vuestra Merced uno de la moneda jaquesa. Y siendo la materia tan necesaria, y muy de nuestra obligación el promover este genero de escritos, y más de personas como Vuestra Merced, habemos acordado pedir a Vuestra Merced lo remita a manos de nuestro Cronista para hacerlo imprimir, y juntamente las monedas de esta calidad que hubiere recogido Vuestra Merced para archivarlas. Con cuya demostración pública reconocerá Vuestra Merced lo que estimamos su noble y genial inclinación a ilustrar las cosas de este Reino, y la misma hallará Vuestra Merced y su casa siempre en este Consistorio para lo que se ofreciere de su conveniencia y lustre, correspondiendo a lo que debemos a Vuestra Merced y a sus ascendientes.

 

Y con esta ocasión no excusamos también el hacer memoria a Vuestra Merced de que ha sido Diputado, y dio a este archivo la perfección que tiene, habiendo heredado, como las obligaciones, el celo de su abuelo el señor Diputado don Juan de Lastanosa, que lo fue el año 1579 por el estado de los caballeros, y procuró la edición de la historia del señor Rey Católico del grande Gerónimo Zurita, que murió pocos meses después, y considerando la lima y autoridad que ganó por su mano esta obra, y que de otra suerte se hubiera perdido, como sucede de ordinario con la falta de los autores, hizo más estimable su solicitud y el beneficio que se siguió de ella.

 

Y así pedimos a Vuestra Merced que continuando estos deseos por el mayor bien del Reino disponga de sus papeles y libros manuscritos, y de lo demás con que Vuestra Merced quisiere mostrarnos su amor para después de sus días, que se pondrá todo aparte en el archivo con el padrón de ser de Vuestra Merced para que haya esta memoria en nuestros sucesores y en los Cronistas, que repetirán y harán publica y perpetua la alabanza y gracias que merecerá esta acción, y se verá que no solo en vida sino aún en muerte ha contribuido Vuestra Merced tan liberalmente en la mayor ilustración del Reino. Y creemos que no dejará de reconocer Vuestra Merced que en otra manera se perderán con el tiempo esos monumentos, a los cuales se les debe un tan buen logro como este, que esperamos de Vuestra Merced por tan estudioso, noble y celoso aragonés.

 

Guarde Dios a Vuestra Merced muchos años como deseamos. De nuestro Consistorio, Zaragoza y diciembre a 11 de 1680”[8].

           

Vincencio Juan de Lastanosa respondió a los Diputados, aceptando lo que le solicitaban, en carta de fecha 14 de febrero de 1681. Dicha carta se incluyó también en el Tratado de la moneda jaquesa, libro que Lastanosa dedicó precisamente a los “ilustrísimos señores Diputados”:

 

“El favor que V.S.I. es servido manifestarme en su carta es de tanta ponderación que no me deja más que la gloria de la obediencia. Y he juzgado que se dilatarían mis días mucho más si con toda prontitud adelantaba el mayor obsequio y servicio de V.S.I., teniendo a buena dicha que debajo de tan esclarecida protección salga a luz el Tratado de la moneda jaquesa, que con tanta propiedad pertenece a V.S.I. por la intervención que V.S.I. tiene en la fábrica de ella, según lo dispuso el señor emperador Carlos Quinto, de gloriosa memoria, en el fuero titulado De cudición y fabricación de moneda, hecho en las Cortes de Zaragoza el año de 1528.

 

Y consiguientemente he contribuido al archivo de V.S.I. con todos los manuscritos de suma importancia que tenía guardados en mi Librería, y que me habían costado grandes desvelos de adquirirlos. Y mucha cantidad de monedas de oro, plata, y cobre ligado tocantes a este Reino y su Corona, y a los demás Reinos de España. En que me parece que he acertado a obedecer y servir a V.S.I.

 

Siendo digno de toda alabanza el celo de V.S.I. en procurar que se conserven estas memorias que tanto conducen al lustre del Reino, y recibiendo yo particular favor de poder concurrir a fin tan glorioso para mi casa, y para continuar los servicios que en paz y en guerra habemos hecho mis ascendientes y yo, los cuales tienen con esta ocasión la prerrogativa de hallarse recomendados por V.S.I.

 

Guarde Dios a V.S.I. en su mayor grandeza. Huesca, y febrero a 14 de 1681.

 

El más rendido y obediente servidor de V.S.I.

Don Vincencio Juan de Lastanosa.”

 

Según Vidania, Lastanosa había decidido ya algunos años antes entregar al Reino de Aragón parte de sus monedas y documentos. Lo hizo concretamente en 1671-72, cuando “siendo Diputado por el estado de caballeros hijosdalgo, formó el índice del archivo, reconoció sus escrituras y las colocó en las divisiones y con la claridad que por su celo de Vuestra Merced se gozan”[9].

 

Vidania colaboró muy directamente con Lastanosa, al parecer, en la selección de cuanto se envió al archivo del Reino. Así habría que interpretar la frase con la que Vidania encabeza su Carta: “Mándame Vuestra Merced reconozca los originales libros, papeles y monedas de su gran museo de Vuestra Merced”.

 

La Carta de Vidania incluye de hecho, en lo que constituye una de sus partes más valiosas, un listado exhaustivo (son 57 epígrafes, que ocupan 9 páginas) de las monedas, documentos, libros y manuscritos que Lastanosa donó a las instituciones aragonesas.

 

De esos 57 epígrafes, Félix Latassa sólo copió a fines del siglo XVIII, y en ocasiones no de forma literal, 26. Es decir, obvió más de la mitad del contenido de la donación (los números que Latassa no anotó son el 1, 9 a 12, 14 a 16, 19 y 20, 22 a 32, 35, 38 y 39, 43 y 44, 46 a 49, y 51)[10]. Gregorio Gota y Ricardo del Arco publicaron más tarde esta lista considerablemente reducida de Latassa, que era la única que conocían. De ese modo, buena parte de los documentos, libros y manuscritos donados por Vincencio Juan de Lastanosa al Archivo del Reino ha permanecido inédita hasta ahora.

 

De acuerdo con la Carta, lo entregado por Lastanosa incluía, entre otras cosas, lo siguiente (los números remiten a la lista de la propia Carta –p. 26-34-):

 

La Piedra de toque de la moneda iaquesa, el manuscrito a partir del que se imprimió el Tratado de la moneda iaquesa -1-.

 

1.100 monedas jaquesas de oro, plata y cobre -2-.

 

Documentos en árabe, chino y japonés -3-.

 

787 cartas de papas, cardenales, príncipes y hombres insignes -4-.

 

Fueros visigodos, castellanos y aragoneses -5, 6, 7 y 26-.

 

Historias y crónicas -10, 17, 18, 29 y 31-.

 

Nobiliarios -8 y 18-.

 

Documentos y manuscritos relacionados con las instituciones del Reino, como el Justicia, la Diputación y las Cortes -9, 19, 37, 44-.

 

Un importante conjunto de obras de Juan Francisco Andrés de Uztarroz, más o menos terminadas, y de documentos recopilados por él. Incluía la Biblioteca de los escritores del Reino de Aragón, los Anales de Aragón, las Vidas de los Cronistas de Aragón, su Zaragoza antigua, o los Justicias del Reino de Aragón -8, 12, 22, 29, 32, 33, 34, 36, 37, 39, 45, 50-.

 

Documentos de todo tipo (sobre Montearagón -14 y 23- y Sijena -16-; de distintos monarcas -15, 45, 52-; de Juan de Gurrea, gobernador de Aragón -22- y Jerónimo Zurita -38, 47, 48 y 49-; inscripciones y epitafios -41 y 42-).

 

Libros impresos (la Genealogía de los Reyes de Aragón de Marineo Sículo -27 y 28-; varios libros franceses sobre monedas -53, 54 y 55-; y las Investigaciones históricas del Reyno de Aragón, publicadas en México por Juan Francisco Montemayor -57-).

 

Y una obra por desgracia perdida, compuesta por el propio Lastanosa, que se titulaba Monumento de claros y ilustres varones en el Reyno de Aragón -40-.

           

Según Vidania, las 1.100 monedas que formaban parte de la donación eran todas jaquesas (es decir, aragonesas); y lo mismo afirma en la Inscripción en honor de Lastanosa del final de la Carta (p. 36). Sin embargo, este punto -no tanto el número de monedas cuanto su naturaleza- dista de ser seguro. En la Inscripción que cierra los Elogios (p. 16), el propio Vidania habla de “mil y cien monedas, las más de Jaca, y las otras de diferentes reinos y señoríos de España”. Lastanosa, si recordamos, escribía algo muy parecido en su carta a los Diputados de 14 de febrero de 1681: “mucha cantidad de monedas de oro, plata y cobre ligado tocantes a este Reino y su Corona, y a los demás Reinos de España”. Seguramente, ésta fue la verdadera naturaleza de la donación: una mayoría de monedas aragonesas, junto a cierta cantidad de monedas medievales y modernas de “los demás reinos de España”.

 

La donación de Lastanosa es sumamente elogiada en las censuras y aprobaciones del Tratado de la moneda iaquesa. En la del canónigo de Tarazona Miguel Marta Gómez de Mendoza, fechada el 2 de mayo de 1681, se dice que el mecenas oscense se había desprendido de “más de mil y cien monedas de oro, plata y cobre ligado que ha entregado a los ilustrísimos señores Diputados, y otra grande suma de preciosísimos libros y papeles”.

 

Aún más significativas son las palabras de Diego José Dormer, el Cronista de Aragón, cuya censura lleva fecha de 6 de mayo. Dormer daba “muchas gracias” a Lastanosa

 

“por lo que promueve con su celo y nobleza el beneficio público, habiendo enriquecido el archivo del Reino con muy selectos manuscritos y con variedad de monedas de oro, plata y cobre ligado, con que se aumentan las noticias de la historia, y los Cronistas tendrán mayor motivo de agradecimiento por ser los primeros en quienes recae la conveniencia de tan singular don, ofreciendo ejemplo muy loable a todos para ayudar por este medio a la causa pública”.

 

Las instituciones aragonesas agradecieron la donación realizada por Vincencio Juan de Lastanosa colocando su retrato en el archivo junto a los de tres grandes aragoneses del siglo XVI: los Cronistas Jerónimo Zurita y Jerónimo Blancas y el arzobispo Antonio Agustín[11]. Desgraciadamente, este notable retrato de Lastanosa no se conserva, ya que el Palacio de la Diputación, en el que se encontraba el archivo del Reino, quedó prácticaemente destruido durante los Sitios de Zaragoza, en la Guerra de la Independencia.

 

La mayor parte de los documentos que guardaba el Archivo se perdió también en los Sitios. Ello, en principio, debía haber supuesto la desaparición de cuanto donó Lastanosa. Sin embargo, algunos de sus manuscritos lograron sobrevivir. Por poner algunos ejemplos, la Crónica del Príncipe Carlos de Navarra (nº 17 de la lista de Vidania) y las Inscripciones de memorias romanas y españolas antiguas y modernas del Conde de Guimerá (nº 21) se conservan en la Biblioteca Nacional de Madrid; las Honestas recreaciones de ingeniosa conversación, también del Conde de Guimerá (nº 13), están en el Archivo de las Cortes de Aragón, en el palacio de la Aljafería; y los Insaculados en los oficios del Reino (nº 19), en la Real Academia de la Historia.

 

Esta afortunada pervivencia sólo tiene, seguramente, una explicación. Varios, no sabemos cuantos, de los documentos y manuscritos donados por Lastanosa al Archivo del Reino debieron salir del mismo a lo largo del siglo XVIII (una vez desaparecidas, tras la guerra de Sucesión y los decretos de Nueva Planta, las instituciones forales). Ello, paradójicamente, los salvó de la destrucción en la guerra de la Independencia. No obstante, este tema, y en general todo lo relacionado con la dispersión y desaparición de los libros, manuscritos y objetos de la biblioteca y el museo lastanosinos, precisa de un estudio más detallado.

 

 

Menciones a Lastanosa en distintos autores

 

Antes que Vidania, la tarea de recopilar las menciones y citas a Lastanosa aparecidas en diferentes autores había sido llevada a cabo por Hermenegildo Lastanosa, el hijo primogénito y presumible heredero de Vincencio Juan de Lastanosa; Hermenegildo, sin embargo, acabó haciéndose fraile cartujo, en el convento zaragozano de Aula Dei. La lista recopilada por el hijo de Lastanosa, que sólo llega hasta el año 1667, se ha conservado en forma manuscrita en un volumen misceláneo existente en la Hispanic Society of America, en Nueva York (B-2424, f. 100-111; lleva por título Resumen de los autores impresos y manuscritos que hablan de don Vicencio Juan de Lastanosa, recogidos por mi, Ermenegildo de Lastanosa, su hijo[12])

 

El listado de autores reunido por Diego Vincencio Vidania en su Carta y Elogios a Lastanosa, al ser ambos del año 1681, incluye lógicamente citas que no figuran en Hermenegildo. No obstante, lo realmente sorprendente del trabajo realizado por Vidania son las notables diferencias que presentan entre sí la Carta y los Elogios. Para empezar, hay autores que se encuentran en un texto pero no en el otro (y viceversa). Y además, es también distinta la forma de agrupar las citas. En la Carta se sigue un orden cronológico, pero no así en los Elogios, donde se han reunido las obras de un mismo escritor, pero el orden en que aparecen los distintos autores no responde a ningún criterio claro; desde luego, no es cronológico, como ya hemos dicho, pero tampoco alfabético. Explicar tales discrepancias en dos escritos de igual propósito, debidos al mismo autor (Vidania) y compuestos en idéntico momento (los primeros meses de 1681) no resulta fácil.

 

Los autores citados por Vidania en la Carta son éstos:

 

1637. Baltasar Gracián, en El Héroe (p. 2-4).

1638. Juan Francisco Andrés de Uztarroz, en la Defensa de la patria de San Lorenzo (p. 4).

1644. Juan Francisco Andrés de Uztarroz, en el Monumento de los santos mártires Justo y Pastor (p. 6-15).

1644. Manuel Hortigas, en la Llama eterna (p. 15).

1644. Juan Francisco Andrés de Uztarroz, en el Diseño de la Biblioteca de Francisco Filhol (p. 15).

1645. Francisco Ximénez de Urrea, en uno de los Discursos del Museo de las Medallas desconocidas españolas de Lastanosa (p. 15-16).

1646. Baltasar Gracián, en El Discreto (p. 16).

1646. Manuel Hortigas, en San Rafael (p. 16).

1647. La Dedicatoria de un libro impreso en Zaragoza con comedias de Lope de Vega (p. 16).

1648. Juan Francisco Andrés de Uztarroz, en la Vida de San Orencio, obispo de Aux (p. 16-17).

1648. Baltasar Gracián, en la Agudeza y arte de ingenio (p. 4-6 y 17)[13].

1648. Gabriel Hernández, en su Aprobación de la Agudeza y arte de ingenio de Gracián (p. 17).

1648. Juan Francisco Andrés de Uztarroz, en su Aprobación de la Agudeza y arte de ingenio de Gracián (p. 17).

1650. La Palestra numerosa austriaca (p. 17-18).

1650. La Dedicatoria de la Fortuna con seso de Francisco de Quevedo (p. 18-19).

1651. Manuel de Faria y Sousa, en el Gran Justicia de Aragón (p. 19).

1665. José Moret, en sus Investigaciones históricas (p. 19).

1667. José Conchillos, en los Desagravios del Propugnáculo de Tudela (p. 19).

1667. Martín López de Ontiveros, arzobispo de Valencia, en la Declaración de una inscripción hallada en 1663 en el pueblo gallego de Allariz (p. 19).

1667. Chappuzeau, en la Europa viviente (p. 19-20).

1671. José Pellicer de Ossau y Tovar, en su Biblioteca -y en las cartas cruzadas con Lastanosa- (p. 20-21).

1672. Nicolás Antonio, en la Bibliotheca hispana (p. 21).

1672. Diego Vincencio Vidania, en la Disertación histórica de la patria del Invencible Mártir San Lorenzo (p. 21).

1673. Diego José Dormer, en el San Lorenzo defendido (p. 21-22).

1680. Francisco Fabro Bremundan, en el Viaje del Rey nuestro Señor a Aragón y en la Disertación que escribió para la segunda impresión del Museo de las Medallas desconocidas españolas (p. 22).

 

 

Alguna de estas obras, tal y como hemos señalado, no aparece recogida en los Elogios: la Dedicatoria de las comedias de Lope de Vega de 1647; la Disertación sobre la patria de San Lorenzo del propio Vidania, de 1672; y las referencias a Francisco Fabro en 1680.

 

A cambio, hay autores y obras presentes en los Elogios que sorprendentemente no figuran en la Carta:

 

El Obelisco histórico y honorario de Zaragoza, el Discurso segundo del Museo de las medallas desconocidas españolas y la Descripción en verso de las antigüedades y jardines de Lastanosa, obras todas de Juan Francisco Andrés de Uztarroz.

Los Progresos de la Historia en el Reino de Aragón, de Diego José Dormer, publicados en 1680.

El jesuita Paulo Albiniano Rajas, en el Discurso primero del Museo de las medallas desconocidas españolas de Lastanosa.

Baltasar Gracián, en El Criticón.

 

No terminan aquí las diferencias entre la Carta y los Elogios. En éstos, por ejemplo, se cita a Baltasar Gracián como autor de la Agudeza y arte de ingenio y a su hermano Lorenzo como responsable de El Discreto, El Criticón y El Héroe, sin especificar que el autor de estas obras fue realmente el escritor jesuita. En la Carta, por el contrario, al mencionar a Lorenzo Gracián en relación con El Héroe, sí se aclara este punto: “fue hermano del padre Baltasar Gracián, bilbilitano, honor de la sagrada Compañía de Jesús, verdadero autor de los libros que se citarán”.

 

En los Elogios se alude a la Dedicatoria de la Fortuna con seso de Quevedo, pero a diferencia de la Carta no se incluye el texto de la misma. Asimismo, el texto de la Dedicatoria de Juan Francisco Andrés de Uztarroz en el Monumento de los santos mártires Justo y Pastor es mucho más breve, pues incluye únicamente las noticias relativas a Vincencio Juan de Lastanosa. Y al citar la Palestra numerosa austriaca no se menciona el hecho de que Lastanosa fue uno de los jueces de este certamen poético, dato que sí figura en la Carta[14].

 

 

Correspondencia mantenida por Lastanosa

 

Uno de los aspectos de mayor interés de la Carta es su referencia a los eruditos y coleccionistas españoles y europeos con los que Lastanosa mantuvo correspondencia. Vidania, en concreto, cita estos nueve, además de “otros muchos” que no especifica:

 

1. Gaspar de Mendoza Ibáñez de Segovia y Peralta, marqués de Mondéjar, a quien llama “mi tutelar y patrono”, además de calificarlo de “grande en sangre, en las historias eclesiástica, secular y genealógica, en la universalidad admirable de ciencias, lenguas y noticias y en la benignidad de promover y honrar los estudiosos”.

           

2. El jesuita alemán Athanasius Kircher, uno de los personajes más fascinantes del siglo XVII europeo. Solo hay que considerar el modo en que Vidania se refiere a él, llamándole “el asombro de comprehensión, maestro de veinte y dos lenguas en Roma, autor de más de cuarenta volúmenes de varias ciencias y artes”, y señalando que “solo su nombre” podía ser ya “digna corona” de los méritos de Lastanosa.

 

3. El parisiense Tristán, cronista mayor del rey de Francia, autor de las Vidas de los Emperadores en tres tomos.

 

            4. El tolosano Filhol, del que Vidania  afirma “que dejó heredero” a Lastanosa.

 

            5. El milanés Manfredo Settala, otro gran coleccionista europeo del siglo XVII.

 

6. El veneciano Andres Camillo Lozarno, de quien se dice en la Narración de lo que le pasó a don Vincencio Lastanosa a 15 de octubre del año 1662 con un religioso docto y grave (Hispanic Society, manuscrito B-2424, f. 72r.) que el mecenas oscense debía a su “liberalidad” sus libros más raros de alquimia.

 

7. Juan Bautista Cattaneo, secretario general de Italia de la orden franciscana y provincial de “su patria Bolonia”, a quien Diego Vincencio Vidania llama “nuestro amigo”.

 

            8. El valenciano Agustín de Monreal.

 

            9. El granadino Francisco de Contreras y Córdoba.

 

Esta parte de la Carta de Vidania no fue copiada por Félix Latassa, y por tanto, no la conocieron Gregorio Gota ni Ricardo del Arco. Permanecía así inédita, lo que no hace sino aumentar su interés.

 

Entre los documentos y manuscritos que conservamos de Lastanosa, o en las copias y extractos realizados por Latassa (que incluyen numerosas cartas escritas por Lastanosa o dirigidas a él), no hay, sin embargo, menciones a cartas intercambiadas por el mecenas oscense con estos personajes, a excepción, si acaso, del francés Filhol; y de una carta remitida, efectivamente, por Francisco de Contreras y Córdoba a Lastanosa desde Granada el 11 de febrero de 1681 –apenas un mes antes de que Vidania redactara la Carta-[15].

 

Ello no significa que tal correspondencia no existiera. En los Elogios, Diego Vincencio Vidania insiste, al hablar de Lastanosa, en que “apenas hay hombre insigne en la Europa que no haya procurado comunicarle por cartas, y algunos viniendo a verle” (p. 14). Y de hecho, Francesca Perugini localizó en el año 2001 en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma siete cartas escritas por Vincencio Juan de Lastanosa a Athanasius Kircher, entre 1656 y 1663. Dichas cartas, junto a otras tres que envió a Kircher el propio Vidania, han sido publicadas en la revista Argensola del Instituto de Estudios Altoaragoneses[16]. La confirmación de que Lastanosa y Kircher, tal y como afirmaba Vidania, intercambiaron correspondencia abre la puerta a la posibilidad de descubrir, en otros archivos o bibliotecas, nuevas cartas escritas por alguno de estos eruditos y coleccionistas al mecenas oscense, o remitidas por él.

 

Otro punto sobre el que es necesario investigar son las menciones de Vidania al marqués de Mondéjar como “mi tutelar y patrono” y a Juan Bautista Cattaneo como “nuestro amigo”, además de su afirmación de que Francisco Filhol dejó “heredero” a Vincencio Juan de Lastanosa.

 

 

Referencias de Vidania a Vincencio Juan de Lastanosa

 

Al final de la Carta, Diego Vincencio Vidania reconoce deber “la inclinación a las buenas letras desde mis primeros años” y “la noticia y asistencia de los mejores libros” a Vincencio Juan de Lastanosa, al que califica de “oráculo y maestro”. Los Elogios terminan de igual modo: Lastanosa, a quien Vidania llama “compatriota y amigo”, le había participado siempre con generosidad “los tesoros de sus libros y antigüedades” (p. 14). Otra muestra palpable de los fuertes lazos que les unían lo hemos visto ya: Vidania se encargó de seleccionar, junto a Lastanosa, las monedas, documentos, libros y manuscritos que el mecenas oscense donó al Archivo del Reino.

 

El último testimonio de gratitud de Vidania lo constituyó, seguramente, la propia redacción de la Carta y los Elogios. Ambos textos, y especialmente la Carta, abundan en alabanzas encomiásticas hacia Lastanosa, de quien se dice que hizo renacer “aquellos antiguos, generosos blasones de sus heroicos ascendientes”, uniendo en su persona la “ilustre sangre, la religión, valor, letras y curiosidad que pudieron desear todos” (p. 2).

 

En la Inscripción final se alude al cargo honorífico que Lastanosa recibió en 1677, producto seguramente de sus relaciones con Juan José de Austria: gentilhombre de la casa del rey Carlos II. Lastanosa, a quien Vidania califica de “héroe oscense”, es retratado en breves pero contundentes trazos: “en la paz, prudente consejero y primer cónsul; en las guerras de Cataluña, valeroso capitán; en la peste y trabajos, el primero que asistió a la patria”. En otro lugar de la Carta Vidania hace hincapié, precisamente, en la notable actuación de Lastanosa durante la peste que asoló Huesca en 1651-52: “en el lamentable contagio que padeció fue Vuestra Merced regidor de su Hospital, sacrificando su vida un año, sirviendo por su persona muchos enfermos, socorriendo otros con sus asistencias y limosnas” (p. 24).

 

De Lastanosa, “desde la infancia dedicado a las Musas”, Vidania nos dice, también en la Inscripción, que “su casa es hospicio de estudiosos y extranjeros, sus bienes los hace comunes su liberalidad”. Y en otro momento, que su museo era “celebrado en toda Europa, desterrándose los estudiosos de las más remotas provincias a ver epilogado en su casa de Vuestra Merced cuanto acreditan el ingenio, la naturaleza y el arte, venerando en Vuestra Merced un oráculo” (p. 1).

 

Uno de los aspectos más interesantes de la Carta son, en efecto, sus referencias a la casa-palacio de Lastanosa, calificada de “centro de la curiosidad”, y a sus colecciones. Se mencionan por ejemplo

 

“las plantas convertidas en piedra, las guijas que representan extraños meteoros, la paloma de Architas, los espejos de Arquímedes, los primores de las matemáticas, los milagros de la química espagírica y hermética, los engaños de la perspectiva, las verdades de la pintura al óleo, al fresco y al temple, se ven ejecutados por su diestra mano de Vuestra Merced” (p. 25).

 

Vidania parece indicarnos, así pues, que Lastanosa también pintaba. En la Inscripción lo llama incluso “insigne en las matemáticas y pintura”, además de “erudito en la alquimia” (otra de las materias, como sabemos, que más interesó al mecenas oscense). Una noticia de Valentín Carderera, que todavía pudo ver en Huesca en el siglo XIX, según parece, alguno de sus cuadros, confirmaría en efecto que Lastanosa hizo pinitos como pintor: “Él mismo se ejercitó [en la pintura] con no escasa aceptación, y de su mano logró ver don Valentín Carderera varias perspectivas y ruinas que se conservaban en la casa lastanosina, y otras pinturas al temple, del mismo género, que citan sus contemporáneos”[17]. Por desgracia, ninguna de estas obras ha llegado a nosotros.

 

Vidania nos proporciona, además, un dato precioso sobre las colecciones de monedas y piedras preciosas de Lastanosa. Su número:

 

“En más de ocho mil monedas y medallas de emperadores griegos y romanos que tiene Vuestra Merced recogidas se verá el estudio de la Antigüedad, pues nuestro ilustrísimo don Antonio Agustin, Ursino, Goltzio y otros no pudieron juntar tantas”.

 

Y a ellas había que sumar las 1.100 monedas jaquesas y de otros reinos españoles que acababa de donar a las instituciones aragonesas. La suma total de sus monedas y medallas estaría pues cercana a las 10.000, una cifra sorprendente. En cuanto a las piedras preciosas, Vidania contabiliza, en lo que constituye una cantidad igualmente notable:

 

“dos mil camafeos y piedras antiguas anulares, de que ha formado Vuestra Merced su eruditísima Dactyliotheca” (p. 25).

 

La Carta se refiere también a los famosos jardines de Lastanosa, en los cuales hallaba:

 

“Flora todo el trofeo que a la vista y olfato ofrece la Naturaleza en exquisitas plantas, que formando con el arte una república de gigantes y enanos monstruosos, se duda si son vivientes, o se ignora como pudo dar el arte tan bien imitadas humanas formas a los rudos troncos” (p. 24-25).

 

Y no menos barroca es la alusión a la “suntuosa” capilla construida por los hermanos Lastanosa en la catedral, y a su sorprendente cripta funeraria, calificadas por Vidania de “mausoleos” que “por su disposición, estatuas e inscripciones logran los aplausos que celebra la antigüedad de los egipcios y romanos” (p. 24).

 

 

 

 

 

CARTA Y ELOGIOS DE DIEGO VINCENCIO VIDANIA A LASTANOSA

 

Prolegómenos del Tratado de la moneda iaquesa y de otras de oro y plata

del Reyno de Aragón, Zaragoza, 1681

 

 

La presente edición de la Carta y los Elogios de Diego Vincencio Vidania a Lastanosa es, como hemos indicado, la primera del texto íntegro de ambos escritos.

 

La trascripción de la Carta se ha hecho a partir del ejemplar del Tratado de la moneda iaquesa de Vincencio Juan de Lastanosa (Zaragoza, 1681) que posee Francisco Asín Remírez de Esparza.

 

En cuanto a los Elogios, son los que aparecen en los demás ejemplares del Tratado de la moneda iaquesa (por ejemplo, en el que posee en su Biblioteca el Instituto de Estudios Altoaragoneses). Y también en la edición facsímil de la obra, realizada en 1977 -Colección Obras Maestras de la Numismática Española, Madrid, Juan R. Cayón. Editor numismático, 1977-.

 

Hemos optado por regularizar y modernizar el texto, para hacer más fácil y comprensible su lectura. Tanto la Carta como los Elogios carecen de paginación. Se ha procedido, por ello, a numerar las páginas de que constan (36 en el primer caso y 16 en el segundo).

 

 

 

CARTA DE DIEGO VINCENCIO VIDANIA A LASTANOSA

 

 

/[Pág. 1]

 

COPIA

DE CARTA

 

DEL DOCTOR DIEGO VINCENCIO

de Vidania, Ciudadano de Huesca, y antes

Rector, Catedrático de Digesto Vie-

jo, Sexto y Código en su

Universidad.

 

 

AL AUTOR

 

 

Mándame Vuestra Merced reconozca los originales libros, papeles y monedas de su gran museo de Vuestra Merced, y en los inapeables senos de curiosidad preciosa que le forman hallo la causa de ser tan celebrado en toda Europa, desterrándose los estudiosos de las más remotas provincias a ver epilogado en su casa de Vuestra Merced cuanto acreditan el ingenio, la naturaleza y el arte, venerando en Vuestra Merced un oráculo que a la riqueza de lo que con tantas fatigas ha juntado añada con universalidad admirable la explicación de lo más recóndito de las ciencias, ingeniosa comprehensión de lo más sutil de las artes liberales y des /[pág. 2] treza de lo más primoroso de las mecánicas.

 

Por esto el fidelísimo reino de Aragón por sus ilustrísimos señores Diputados, con el desvelo de ilustrar el archivo publico para continuar la historia de él que con tanto acierto escribieron nuestros insignes cronistas, y ahora prosigue el doctor Diego José Dormer, nuestro amigo (arcediano de Sobrarbe, dignidad en la Catedral de esta ciudad, Cronista de su Majestad y mayor de este Reino) con la verdad, elegancia y pureza que acreditan sus prendas y escritos, ha pedido a Vuestra Merced en cartas de 11 de diciembre de 1680 y 10 de enero de este año le enriquezca con el Tratado de la moneda jaquesa y los demás originales y curiosos monumentos que de la historia y buenas letras juntó su erudición de Vuestra Merced en su selecta y copiosa Librería.

 

Y como en Vuestra Merced renacieron aquellos antiguos, generosos blasones de sus heroicos ascendientes, unió en sí la gloria de todos, hallándose en Vuestra Merced con la ilustre sangre, la religión, valor, letras y curiosidad que pudieron desear todos, elogiando a Vuestra Merced y su Casa por estas singulares prendas muchos autores. Referiré algunos, porque se deba a sus escritos, que copio, la narración, sin que las obligaciones que a Vuestra Merced reconozco puedan calificarla apasionada.

 

 

1637. Lorenzo Gracián (fue hermano del padre Baltasar Gracián, bilbilitano, honor de la sagrada Compañía de Jesús, verdadero autor de los libros que se citarán), /[pág. 3] en El Héroe, primera impresión en Huesca año 1637, dice en la Dedicatoria a Vuestra Merced:

 

“Sucédeme hoy en este primer pino del discurso, si no brinco de discreción, lo que a un aprendiz de hombre que se arriesga a unos brazos abiertos. Yo, aprendiz de ingenio, acudo al maestro con este, no rasgo, sino borrón, para que cogiéndole Vuestra Merced entre su agudeza lo castigue y reforme, que después osará llamarse el correcto héroe, el discreto culto, el varón raro. Ea, galán de la cultura, el amartelado de la curiosidad, para cuyo gusto compitieron la naturaleza a prodigios y el arte a milagros en ese culto camarín, retrete de la curiosidad, muy de rigor de cielo, donde no entra sino lo muy perfecto. Merezca un rincón entre tantas curiosidades esta del ingenio, digo, después, que por muy enmendada sea muy propia de Vuestra Merced, que si esto consiguiere asqueará la Librería Delfia. Anticipe entre los primores el de la curiosidad para este puesto, por no sacarle de su turquesa. Sea señor espejo Vuestra Merced de tan brillante prenda, y pudiera ser aquel del faro, por maravilla moderna. Es la curiosidad sainete del saber, acicate del ingenio, y sin ella un varón corre equivocación con los brutos. Solían ser los ilustres progenitores de Vuestra Merced cancilleres de los reyes de Aragón (sea testimonio coronado una carta del rey don Pedro el IV), faltaron antes reyes de todo Aragón que en su nobilísima Casa de Lastanosa meritos de servirles. Desocupado Vuestra Merced de real empleo, no por falta de caudal, si de materia, ha transformado el archivo de los reyes en /[pág. 4] panteón de héroes en efigies, en monedas y en historias. Toda la casa de Vuestra Merced es un non plus ultra del gusto, su camarín alcázar de la curiosidad, su librería esfera de la agudeza, su jardín elisio de la primavera, y toda junta el teatro de la escultura, de la pintura, de la antigüedad, de la preciosidad y de la dama. Y sobre todo, en consorte y sucesión echó el resto de su favor el cielo, que guarde a Vuestra Merced De Calatayud, y agosto 1 de 1637”.

 

 

1638. El doctor Juan Francisco Andrés, Cronista del Reino de Aragón, tan ilustre por sus escritos como celebrado por don Nicolás Antonio en su Biblioteca, t. 1, pag. 527, don Tomás Tamayo de Vargas, don Juan Tamayo de Salazar, el maestro Gil González Dávila, don José Pellicer, doctor Diego José Dormer y otros insignes Cronistas, en la Defensa de la Patria de San Laurencio le cita muchas veces, y en el fol. 7 dice:

 

“Don Vicencio Juan de Lastanosa, señor de Figaruelas, grande aficionado de la antigüedad, en cuyo Museo vi numerosa copia de medallas diferentes. En este discurso referimos muchos que me comunicó en Huesca, para que todos gocen los tesoros de su estudioso erario”.

 

 

1642[18]. El referido padre Baltasar Gracián, jesuita, en la Agudeza y Arte de Ingenio, fol. 67, dice:

 

“El logro de este gran autor (Juan Verzosa), con otros muchos de los antiguos españoles, especialmente de nuestros aragoneses, en numero y calidad insignes, de quienes he tenido colmada fruición, si antes ni aun noticia reconozco, y estimaré siempre al /[pág. 5] precioso y culto Museo de nuestro mayor amigo don Vincencio Juan de Lastanosa, benemérito universal de todo lo curioso, selecto, gustoso en libros, monedas, estatuas, piedras, antigüedades, pinturas, flores, y en una palabra, su casa es un emporio de la más agradable y curiosa variedad”.

 

Y en el discurso 57, fol. 279, col. 1, dice:

 

“Fue delicias del ingenio la de aquel César que fue delicias del genero humano, el humanísimo Tito Vespasiano, que para declarar su innata clemencia grabó el rayo de Júpiter dormido en una cama y acostado, sin ruido de letra ni estruendo de mote. Lograse hoy en una moneda, que entre millares escogidas de todos los Césares, Emperatrices, del magno Alejandro, de Felipe su padre y de otros muchos héroes guarda el tesorero de la curiosa antigüedad, don Vincencio Juan de Lastanosa, esclarecido caballero en Aragón por su sangre, pues desciende del muy ilustre don Gombal de Lastanosa, criado muy favorecido del rey don Jaime el Conquistador, y de don Pedro de Lastanosa, camarero del rey don Pedro el IV. Por su eminente ingenio adornado de todas las buenas letras; desempeñame el admirado y celebrado Museo de las Monedas antiguas de España, antes de los romanos y godos, obra exquisita que dio a la estampa estos años. Por su buen gusto, como lo decanta el doctor Juan Francisco Andrés, Cronista de Aragón, en la Descripción elegante que intitula de las antigüedades y jardines de su casa. Por su heroico genio, aragonés mecenas de todos los varones estudiosos, dando vida a sus obras modernas y resucitando las /[pág. 6] antiguas, merecedor insigne de una agradable y agradecida inmortalidad”.

 

 

1644. El Cronista Andrés de Uztarroz, ya referido, en el Monumento de los Santos Justo y Pastor, que dedica a su hermano de Vuestra Merced, el señor doctor don Juan Orencio Lastanosa, canónigo de la catedral de esta ciudad, dice:

 

“La inclinación que Vuestra Merced tiene a la lectura sagrada y vidas ejemplares de los santos me obliga (cuando bastara solamente nuestra amistad) a ofrecerle este monumento sacro que ocasionó la vista de los ínclitos mártires Justo y Pastor. No dudaré que Vuestra Merced le ha de admitir debajo su amparo, para que pueda salir ennoblecido con su nombre.

 

Cuya generosa alcurnia, si vuelvo los ojos a las edades pasadas, la veo ilustrada de varones insignes en santidad, letras y armas. Cuyo antiguo solar fue en la villa de Calavera, la cual tuvo su asiento, mientras duraron sus edificios, en la ribera de Cinca, en los confines de Cataluña. De aquí salió don Gombal de Lastanosa, a quien fray Guillen de Monredón, maestre de la caballería del Temple, por los años de M.CC.XIV. le pidió asistiese en Monzón para cuidar de la persona y crianza del serenísimo rey don Jaime el Primero, que le entregaron las Cortes Generales celebradas en Lérida para defenderle de las asechanzas de sus tíos, el infante don Fernando y el conde don Sancho de Rosellón. El cual trajo a sus dos hijos, don Guillen y don Gombal de Lastanosa, para que sirviesen al rey de pajes. Y después que salió de aquel castillo, año M.CC.XVII., los envió para que aprendiesen las buenas letras a casa de /[pág.7] su tío don Ramón de Lastanosa, prebostre y canónigo de la iglesia catedral de Lérida, persona de singular erudición.

           

Publicose la conquista de las islas Baleares en la ciudad de Tarragona, movido el rey de las razones y conveniencias que representó don Pedro Martel, su merino. Y deseando don Guillen y don Gombal mostrar el amor que tenían a su príncipe por haberle servido en su niñez, quisieron en edad mas robusta emplear sus armas en la dilatación de su Corona, y cumpliendo con las obligaciones de su sangre se embarcaron en el puerto de Solon[19], en la galera del maestre del Temple. Y en esta expedición, en todos los rencuentros y escaramuzas pelearon valerosamente, y así por sus hazañas los armó el rey caballeros, día de San Esteban año M.CC.XXIV, y concluida la conquista de Mallorca volvieron a su patria ricos de militares trofeos.

           

Previno el rey, para facilitar la conquista del reino de Valencia, sus huestes en Teruel, deseando poner sitio a Burriana, villa principal de aquel reino, distante ocho leguas de la ciudad de Valencia y algo más de cuatro del mar, y no lejos de los confines de Aragón. Y antes que plantase sus reales sobre ella acudieron estos caballeros al cerco, acompañando al maestre del Temple. Y don Gombal de Lastanosa, su padre, sabiendo que los víveres no andaban sobrados envió unas acémilas cargadas al maestre, y llegaron a tan buena sazón por la falta que había de bastimentos, por andar en corso cuatro galeras del rey /[pág. 8] moro de Valencia en la boca del río Júcar, impidiendo los comercios que de Mallorca venían al campo.

 

Y agradecido de tan generosa liberalidad le respondió (como parece por su carta, fecha a veinte y uno de junio, año M.CC.XXXIV.) que las vituallas y regalos tenía en singular gracia, porque demás de ser en gran numero y muy buenos, llegaban a tiempo que aunque no fueran tales se estimaran en mucho, porque andaban escasamente los mantenimientos. Y así le confiesa que pudo servir al rey con algunos regalos. El estimó su diligencia, participando también del presente sus amigos. Deciale que sus hijos gozaban salud, y que cumplían bien con las obligaciones de buenos caballeros, hallándose siempre a su lado en todos los trances peligrosos que se habían ofrecido en aquel asedio. Y que el señor rey don Jaime creía les haría mercedes, no solo por su valor, sino por acordarse que le sirvieron en su niñez, como se experimentó, pues ganada esta villa los heredó en ella. Y don Guillen, llamado de su padre volvió a Calavera, renunciando las mercedes del rey en su hermano don Gombal. Este sirvió en toda la conquista de aquel reino, y se le dio repartimiento de tierras en Cilla, Sueca y otros lugares como a los demás conquistadores, el cual hizo asiento en Burriana, y los que le sucedieron en su casa y hacienda.

           

Don Gilbert de Lastanosa, décimo abuelo de Vuestra Merced, favoreció los caballeros de la orden del Temple cuando el Pontífice Clemente Quinto deshizo su milicia. Y deseando el rey don Jaime el Segundo que se obedecieran las le /[pág. 9] tras apostólicas secuestró sus bienes y ocupó algunas fortalezas y villas. Pero don Gilbert, como muy obligado de los Templarios, le pareció seguir su fortuna, porque sabía que enviaron embajada a notificar al Papa los trabajos que padecían y los males y daños que se hacían a toda la orden por los delitos que decían haber cometido malvadamente toda su religión, la cual decían que sabía nuestro Señor que fue instituida a honra y defensa de su santo nombre, y que debajo de su santa fe católica habían proseguido su milicia hasta entonces, como era a todo el mundo notorio, y que sus obras daban testimonio de la verdadera religión que profesaban contra los delitos de que mala y falsamente eran acusados. Que no se podía encubrir cuantos caballeros de su orden, en aquellos mismos tiempos que se decía que generalmente habían apostatado de nuestra santa fe católica, fueron hechos piezas y martirizados por defensa de la fe.

 

Y por esta causa se defendió mucho tiempo en Aliaga, y después en el castillo de Chalamera, por los años de M.CCC.VIII, y por esta oposición se confiscó su hacienda, aplicándola como los bienes y heredamientos de los Templarios a la religión del Hospital. Empero recobrola, probando en la Corte del Justicia de Aragón que no había faltado a la fidelidad de su príncipe, porque él, como heredado en lugares de aquella religión, tenia prestado pleito homenaje de defender sus castillos, y así declaró Ximen Pérez de Salanova, Justicia de Aragón, que no había incurrido en el crimen de lesa /[pág. 10] majestad, y le restituyeron los bienes secuestrados.

           

Y teniendo noticia de su mucho valor y prudencia le hizo gobernador de sus estados el infante don Pedro, hijo del rey don Jaime el Segundo, conde de Ribagorza, Ampurias y Prades y gran senescal de Cataluña, en cuyo oficio le sirvió con mucha satisfacción, y por sus agradables servicios después de su fallecimiento admitió en su casa a don Pedro de Lastanosa, y le honró con los oficios de camarero y gobernador, empleándole en los negocios de más confianza de su servicio, y en estos empleos se conoció su caudal.

 

Porque el infante fue príncipe prudente y sabio, como lo dieron a entender sus obras en la coronación de su hermano el señor rey don Alonso, IV en el nombre, año M.CCC.XXVIII., porque entonces compuso para servir las viandas a la mesa del rey diferentes rimas, cuya numerosa composición llamaban en aquellos siglos ciencia gaya, y entre todos los versos que escribió entonces merecieron mayor aplauso el panegírico, que contenía muchas alabanzas del rey, y lo cantó Remaset, su juglar. Recitó más de setecientos versos otro truhán, llamado Novellet. El asunto de este poema fue enseñar al rey el modo y gobierno político de su Corona y la ordenanza de su real palacio, como refiere Jerónimo de Blancas en el libro primero de las Coronaciones de los ínclitos Reyes de Aragón, capitulo quinto.

           

Y en ocasión que el serenísimo rey don Pedro el Ceremonioso determinaba hacer guerra a sus vasallos por causa de la Unión, le envió una embajada con su camarero don Pedro de Lastanosa en orden a la pacificación y /[pág.11] quietud de sus reinos, y en la respuesta del rey a su carta se conoce claramente la buena intención del infante su tío, porque en ella le persuadía que buscase los medios más suaves para reducir a su voluntad y servicio las gentes de Aragón, y no se valiese de ejércitos extranjeros, porque esto sería en gran daño suyo, de sus vasallos y deshonor de su real corona. Cuyo consejo estimó el rey por conveniente y útil, y así le responde que para pacificar el reino envía a don Lope de Luna, señor de la ciudad de Segorbe, con mucha infantería y caballería castellana para oponerse a las compañías que estaban alojadas por los lugares del contorno de Zaragoza, y don. Blasco de Alagón, don Pedro de Luna, don. Tomás Cornel y don Juan Ximénez de Urrea, señor de Alcalaten, acudieron a Épila con cuatrocientos caballos y mucha infantería, y para dar a entender al infante don Fernando, su hermano, que estaba en Zaragoza con los ricos hombres y caballeros de su parcialidad, que debían ajustarse y deponer las diferencias que turbaban la paz pública, envió a don Lope de Gurrea, su camarero mayor, y a don Francisco Prohom, su secretario, el cual tenía en su poder los sellos reales. Y da fin a su carta diciendo que en aquella materia informaría más largamente de su parte el honrado y noble don Pedro de Lastanosa, su embajador, y por ser tan notable la epístola la escribe el autor, a quien me remito.

           

El día de la fecha de esta carta (que fue a 2 de julio de 1348) despachó el rey don Pedro la ejecutoria de don Pedro de Lastanosa, refrendada por su secretario Ximeno Garcés y rubricada por Rodrigo Díez, vicecanciller de Aragón, y se co /[pág.12] noce la estimación que el infante hacía de su camarero, pues el mismo le apadrinó para hacer la salva de su infanzonía con Berenguer de Pano, siendo Justicia de Aragón don García Fernández de Castro. Y para probar que vivía el año M.CCC.XL.VIII el Justicia, refiere en sus Comentarios Jerónimo de Blancas este privilegio.

           

A este caballero debe la casa de Vuestra Merced su mayor lustre, no solo por las honras que recibió del rey don Pedro y del infante, sino por las noticias que dio de sus claros ascendientes, las cuales se conservan en el archivo de Falsete en el principado de Cataluña, juntas las poesías del infante don Pedro, porque todas están en un ligamen. Y la causa de hallarse en aquel archivo fue que en su testamento, fecho en Calavera a 25 de enero de 1371, dejó orden el camarero que depositasen en él su ejecutoria y otras escrituras de su nobleza, hasta que sus albaceas diesen cuentas a los herederos del serenísimo infante don Pedro, su señor.

 

Su hermano don Juan de Lastanosa fue abad de Villabeltrán. Don Pedro de Lastanosa, II del nombre, heredó las obligaciones y casa de su padre el camarero, en su último elogio solo se llama escudero, voz que significa lo mismo que infanzón. Su hermano Ramón de Lastanosa fue doncel del serenísimo rey don Pedro el IV. Continuó la línea Antonio de Lastanosa I, el cual dejando la villa de Calavera, antiguo solar de su casa, trasladó su habitación a Pomar, donde vivieron Pedro de Lastanosa III, Antonio de Lastanosa II y III, continuando sucesivamente el abolorio.

           

/[pág. 13]

 

Juan de Lastanosa I, acordándose de los favores que habían recibido sus ascendientes en la fidelísima villa de Monzón, hizo asiento en ella. No poco le favoreció el cielo, por haberle dado entre otros hermanos al padre don Pedro de Lastanosa, monje cartujo en el convento de Escala de Dios en el principado de Cataluña, el cual falleció de noventa años en el de M.D.LX.VI con fragancia de santidad, después de haber vivido en la clausura de su religión sesenta años, de cuyas virtudes se hace ilustre memoria en los anales de aquel monasterio.

           

Juan Luis de Lastanosa II, por haber casado en Huesca con Maria Cortés trasladó su casa a esta ciudad. Sirvió en Flandes al señor rey don Felipe el Prudente con dos caballos y seis infantes por los años de M.D.LVII y VIII, hallándose en el asedio de Gravelingas, en el sitio de San Quintín y en otras facciones, y por estos servicios, en las Cortes que celebró aquella Majestad año M.D.LX.IV en la villa de Monzón le armó caballero, pareciéndole que debía más a este honor militar, adquirido por sus hazañas, que a los blasones ilustres que heredó de sus claros progenitores. Su hermano Juan de Lastanosa estudió en las Universidades de Huesca, Alcalá de Henares, Salamanca, París y Lovaina; fue varón muy docto, así en las buenas letras y matemáticas como en la teología. Honrole el señor rey don Felipe el Prudente con el oficio de matemático suyo y consejero de Guerra, el cual, por orden del sacro y Supremo Consejo de Aragón, aprobó el libro de astronomía del bachiller Juan Pérez de Moya.

           

/[pág. 14]

 

Juan de Lastanosa, III en el nombre, fue Diputado en el reino de Aragón por el estado de los caballeros e infanzones el año M.D.LXX.IV, y en este imprimió el secretario Geronimo Zurita el tomo primero de la Historia del Rey Don Fernando el Católico, como parece por su epístola. Pedro de Lastanosa, su hermano, [fue] doctor en teología y ambos derechos, pebostre y canónigo de la santa iglesia de Huesca y catedrático en la Universidad de aquella ciudad, cuya doctrina y erudición gimió la república literaria en su fallecimiento.

 

Juan Agustín de Lastanosa, IIII en el nombre, padre de Vuestra Merced, entre las obligaciones de su estado no olvidó las delicias estudiosas de las letras humanas, hallándose en las academias que se celebraron en su tiempo en la ciudad de Huesca. Cuyas virtuosas acciones imita su hermano de Vuestra Merced, el señor don Vicencio Juan de Lastanosa, señor de Figaruelas, a quien debe mucha gloria no solo su patria, pero nuestro reino, por las memorias ilustres que renueva su cuidado, como se verá presto en el Museo de las Medallas desconocidas Españolas, que tiene prevenido para dar a la estampa. Sin que estas ocupaciones literarias le hayan embarazado los militares empleos, porque el año M.DC.XL., a veinte y cuatro de diciembre, le nombró la ciudad de Huesca capitán de infantería para el sitio de Salsas, y estando prevenida la marcha llegó la nueva de su restauración, que fue a seis de enero de M.DC.XLI., y por esta causa se suspendió la leva.

           

El año siguiente, cuando las armas francesas ocuparon el castillo y villa de Monzón, asistió /[pág. 15] en los esguazos del río Cinca con su compañía, y las de don Bernardino Ruiz de Castilla y Urriés, don Bernardino Gómez de Mendoza, Juan Miguel de Felices y don Tomás Cleriguet y Fort, ocasión en que lució la vigilancia de tan fiel y ejemplar ciudad, pues en los mayores riesgos fueron sus tafetanes los primeros que ennoblecieron el aire con sus trofeos y detuvieron el orgullo del enemigo”.

 

 

1644. El padre Emanuel Hortigas, varón apostólico, ornamento de la sagrada Compañía de Jesús, en la Llama eterna, cita sus manuscritos de Vuestra Merced.

 

 

1644. El mismo Cronista Andrés de Uztarroz, en el Diseño de la insigne Biblioteca de Francisco Filhol, dice:

 

“Vi en el museo de don Vincencio Lastanosa una relación de la librería de Francisco Filhol, que desde Tolosa le había remitido como a persona que profesa sus mismos estudios, y a quien debemos los aficionados a ellos muchos elogios por la diligencia que pone en su investigación”.

 

Y en el mismo tratado:

 

“Don Vincencio Juan de Lastanosa, señor de Figaruelas, cuyas noticias enriquecen varios volúmenes. Digalo el Arte de Ingenio del padre Baltasar Gracián, la Llama eterna del padre Emanuel Hortigas, ambos de la Compañía de Jesús, la Defensa de la Patria de San Laurencio, la Historia de San Domingo de Val, y en donde más lucirán sus curiosidades será en nuestra Zaragoza antigua. El cual tiene para dar a la estampa el Museo de las Medallas desconocidas Españolas”.

 

 

1645. Don Francisco Ximénez de Urrea, capellán de honor de su Majestad, Cronista del Reino de /[pág. 16] Aragón y abad electo de San Victorián, en el Discurso tercero de las Medallas desconocidas Españolas, en la dedicatoria, llama a su obra de Vuestra Merced ilustre, rara y provechosa a nuestra nación, y el asunto tan felizmente conseguido, con grande gloria de nuestro reino. Y en el fol. 213 celebra su Librería de Vuestra Merced.

 

 

1646. El padre Baltasar Gracián, en El Discreto, en carta escrita a Vuestra Merced, título “El hombre de todas horas”, le llama Discretísimo.

 

 

1646. El padre Emanuel Hortigas, I par. de San Rafael, fol. 20, le cita. Y en la 2 p. dice:

 

“Don Vincencio Juan de Lastanosa, nuestro amigo, bien conocido por su cuidadoso estudio en la antigüedad, como lo testifica el Museo de las Medallas desconocidas Españolas, que guarda en su poder con el aliño y aseo debido a su veneración, y ha dado a luz en su libro ahora”.

 

 

1647. En la dedicatoria de la parte 25 de Comedias de Lope, impresa en Zaragoza, se cita el Museo.

 

 

1648. El Cronista Andrés (cuyo elogio y escritos refiere, como de todos los escritores de España, con elegante estilo, clara concisión y fidedignas noticias, el héroe universal, ilustre en sangre, erudito en las mejores letras sagradas y profanas, teología y jurisprudencia, don Nicolás Antonio, caballero de la orden de Santiago, canónigo de la Santa Iglesia de Sevilla, del Consejo de su Majestad y su fiscal en el de la Santa Cruzada, y antes su agente o procurador general en Roma, en la Biblioteca Hispana, pag. 527, /[pág. 17] col. 1), en la Vida de San Orencio Arzobispo de Aux, pag. 22: “Don Vincencio Juan de Lastanosa, benemérito de la Antigüedad”. Y en la pag. 47: “Tiene nuestro amigo don Vincencio Juan de Lastanosa entre sus antigüedades, &c”. Y en la pag. 64, tercera vez.

 

 

1648. El jesuita Gracián reimprimió la Agudeza y arte de ingenio este año, aumentándola. Arriba se han referido sus palabras.

 

 

1648. El padre fray Gabriel Hernández, insigne maestro de la orden de San Agustín, en la Aprobación del libro de Gracián referido, dice:

 

“Don Vincencio Juan de Lastanosa, para que se vea la novedad ingeniosa de esta arte, estimada por su mano, como en su casa a pesar de los siglos se admira vencedora victrix vetustas, que la llamó Tertuliano”.

 

 

1648. El Cronista Andrés de Uztarroz, en otra Aprobación del mismo libro, dice:

 

“Don Vincencio Juan de Lastanosa solicitó la publicación de sus libros segunda vez, no sin mucha alabanza de nuestra nación, pues no solo la ennoblece con sus obras sino que procura publicar las ajenas, movido de la utilidad publica y del aprovechamiento común de los beneméritos de las buenas letras”.

 

 

1650. En la Palestra Numerosa Austriaca, impresa en Huesca año 1650, donde fue Vuestra Merced conjudice del certamen, dice:

 

“Don Vincencio Juan de Lastanosa, cuya calificada casa en nuestro reino asegura la nobleza, y cuya abundosa librería manifiesta lo erudito, cuya curiosidad en lo raro y selección en lo exquisito denota lo singular entre to /[pág. 18] dos, y todo asegura las prendas de que un caballero debe estar retocado para serlo, y para parecerlo”.

 

 

1650. En la Dedicatoria de la Fortuna con seso de don Francisco de Quevedo y Villegas, dice:

 

“A don Vincencio de Lastanosa, nobilísimo ornamento de las buenas letras. Los más seguros fiadores del acierto son los méritos, porque lo que se obra sin estos motivos suele muchas veces errarse. Y porque no sucediese a esta obra que se publica por mi cuidado, y también porque no le faltase digno mecenas y oficioso defensor a este político desvelo, lo dedico a Vuestra Merced para que lo ampare con su patrocinio, y no dudo que lo consiga, pues sabe Vuestra Merced ilustrar las tareas de los estudiosos para que en el vuelo de la estampa se divulguen por el orbe, inmortalizando por este dichoso camino sus nombres. Con mucha gloria de su patria Huesca y de la nación española ha escrito y publicado el Museo de sus medallas antiguas, proponiendo las copias de los originales, que permanecen con otras de varios siglos en su famosa Biblioteca, depósito de curiosidades y maravillas. Así lo manifestaron tres clarísimos andaluces, don Adán Centurión de Córdoba, marqués de Estepa, en un discurso muy docto de aquel asunto que remitió a Vuestra Merced con una carta de mucha estimación, el licenciado Rodrigo Caro, provisor del arzobispo de Sevilla, y el doctor Martín Vázquez de Siruela, canónigo del Santo Monte de Granada, cuya erudición es bien notoria entre los hombres de letras por sus escritos y por los elogios que se hallan en diferentes libros. Otros se pudieran referir que los callo, por no parecer que afecto la adu /[pág. 19] lación, pues esto solo es reconocimiento. Porque si me hubiera de engolfar en las alabanzas de la antigüedad y nobleza de su esclarecido linaje de Vuestra Merced, y en otras virtudes que le adornan, la barquilla de mi caudal naufragara. Dejo estas prerrogativas para otras plumas, que yo solo me contento con referirme a su elocuencia, deseando este obsequio de mi voluntad lo reciba Vuestra Merced benignamente, como lo espera mi afecto, etc”.

 

 

1651. Manuel de Faria y Sousa, insigne portugués, en su libro del Gran Justicia de Aragón, cita el Museo de las Medallas, pag. 188, nu. 22.

 

 

1665. El padre José Moret, jesuita, Cronista del Reino de Navarra, bien conocido por su pluma, estilo y noticias, en sus Investigaciones Históricas, en el fol. 699, dice:

 

“Las muchas (habla de monedas) que la exacta curiosidad de don Vincencio Juan de Lastanosa, caballero natural de Huesca, ha juntado con gran socorro para las buenas letras y erudición”.

 

 

1667. Jorge Alfeo (es don José Conchillos, canónigo de la insigne colegial de Tudela), en los Desagravios del Propugnáculo de aquella ciudad, cap. 22, fol. 282 y 283 le cita.

 

 

1667. El señor don Martín López de Ontiveros, arzobispo de Valencia, le cita a Vuestra Merced en la declaración de una inscripción grabada en un ladrillo que se halló el año 1663 en Allariz, pueblo de Galicia.

 

 

1667. Monsieur de Chappuzeau, abogado del Consejo Privado del Rey Cristianísimo, y maestro del  /[pág. 20] Príncipe de Orange, en la Europa viviente, impreso año 1667, en la pag. 370, tabl. VII dice, traducido en español:

 

“Hablanme también de un Lorenzo Gracian, infanzón de Calatayud en el reino de Aragón, y de don Vincencio Juan de Lastanosa, que vive en Huesca, como de dos celebres escritores de este siglo, que trabajan mucho en imitar a Séneca y a Tácito, y que afectan un estilo cerrado. El primero ha dado a luz algunos tratados de política y moral, con una sátira muy ingeniosa a imitación del Euphormion. El segundo ha impreso un epílogo de aforismos políticos, poco diferente de los escritos del otro, de quien es amigo. Y este Lastanosa tiene fama de ser uno de los más curiosos de toda España, habiendo hecho un museo donde se ven ilustres vestigios de la antigüedad griega y romana, y una junta preciosa de estatuas, piedras, vasos, urnas, monedas antiguas, medallas y anillos”.

 

 

1671. Don José Pellicer de Ossau y Tovar, cronista mayor de la Corona de Aragón, caballero de la orden de Santiago, y su gentilhombre barlet servant, cuya muerte lloran la historia y buenas letras por haber sido su mayor ornamento (y solo puede templar el dolor ser su sucesor dignísimo en las noticias de las lenguas griega, latina, italiana, francesa y otras, y en la jurisprudencia, historias, genealogías, erudición, modestia y prendas, como en el oficio de cronista mayor, nuestro amigo don Félix de Lucio Espinosa y Malo), en su Bibliotheca, pag. 44, y en re /[pág. 21] petidas cartas de cariñosa correspondencia manifestó lo que se merece Vuestra Merced.

 

 

1672. Don Nicolás Antonio, caballero de la orden de Santiago, canónigo de la Santa Iglesia de Sevilla, del Consejo de su Majestad y su fiscal en el Supremo de la Santa Cruzada, a quien debe España la noticia de los más insignes escritores, restituyendo al aplauso muchos que los siglos y la prensa habían olvidado, en su Bibliotheca Hispana impresa en Roma, tom. 2, pag. 262, col. 1, dice:

 

“Don Vincentius Ioannes de Lastanosa, aragonius, patria oscensis, toparcha de Figaruelas, vir eruditus, cuius domun curiosissima Bibliotheca, pluribusque rerum antiquarum cimeliis ornatam, celebravit olim amicissimum ei caput, Ioannes Franciscus Andraeas sub Solitarii nomine, scripsit, etc.”.

 

Y en otras partes le cita a Vuestra Merced.

 

 

1672. En mi Disertación histórica de la patria del invencible mártir San Laurencio, en la pag. 21, nu. 39, probé ser nuestra Vencedora Ciudad, con su autoridad de Vuestra Merced.

 

 

1673. El doctor Diego José Dormer (de quien arriba hice memoria, y nunca será la que merecen sus estudios), en el San Laurencio defendido, pag. 11, copia la autoridad del doctísimo padre Basilio Varen, asistente provincial de los Clérigos Reglares Menores, en la prosecución de la Historia Imperial y Cesárea de Pedro Mexía, después de la Vida del Emperador Fernando III, fol. 723, col. 1, que dice:

 

“Don Vincencio Juan de Lastanosa, señor de Figaruelas, honor de Huesca su pa /[pág. 22] tria, donde su Librería y Museo es venerable, famoso y conocido en toda Europa”.

 

 

1680. Don Francisco Fabro Bremundan, del Consejo de su Majestad, su secretario, interprete de la lengua latina en la Secretaria de Estado del Norte, celebrado por la Descripción florida del Aranjuez, por la Historia de su Alteza el Serenísimo Señor el Señor D. Juan y guerra de Cataluña, y otras obras que ha publicado con veneración de los doctos (los Mercurios Literarios Españoles, que ahora ha de imprimir, acreditarán el ingenio y estudios del autor, y serán honor y aplauso de España), en el libro del Viage del Rey nuestro Señor a este Reyno, en la pag. 137, hablando de haber sido Tarazona municipio romano, dice:

 

“Son muchas y diferentes, como los tiempos en que se hicieron, las medallas y monedas antiguas que lo justifican, particularmente las que hemos visto y examinado en el precioso Museo de don Vincencio Juan de Lastanosa, etc.”.

 

Pero donde manifiesta con mayor expresión el estudio de la más recóndita y venerable antigüedad, es en la Disertación de las medallas desconocidas españolas, que con infatigable desvelo y acierto escribió y entregó a Vuestra Merced para la segunda impresión del Museo, que con la ilustración de tan singulares noticias publicará con brevedad la estampa.

 

 

Otros muchos de diversos reinos (por no dilatarme en los varones insignes del nuestro) pudieran referirse. Y ser de mucha utilidad a la república litera /[pág. 23] ria, por su erudición y singular argumento, las cartas de correspondencia con Vuestra Merced, como son:

 

El grande en sangre, en las historias eclesiástica, secular y genealógica, en la universalidad admirable de ciencias, lenguas y noticias, y en la benignidad de promover y honrar los estudiosos, mi tutelar y patrono, el excelentísimo señor el señor don Gaspar de Mendoza Ibáñez de Segovia y Peralta, caballero de la orden de Alcántara, marqués de Mondexar, de Valhermoso y de Agropoli, conde de Tendilla, señor de la provincia de Almoguera, villa de Corpa, etc.

 

El asombro de comprehensión, maestro de veinte y dos lenguas en Roma, autor de más de cuarenta volúmenes de varias ciencias y artes, el reverendísimo padre Atanasio Kircher, jesuita, que solo su nombre puede ser digna corona de sus méritos, elógiale don Nicolás Antonio en la Biblioth. Hisp., in Append., t. 2, pag. 310, col. 1.

 

El parisiense Tristán, cronista mayor del Rey Cristianísimo, autor de los tres tomos de las Vidas de los Emperadores.

 

El tolosano Filhol, que dejó heredero a Vuestra Merced.

 

El milanés Manfredo Settala.

 

El veneciano Andrés Camillo Lozarno.

 

El RR. P. Fr. Juan Bautista Cattaneo, secretario general de Italia de la orden Seráfica, y ahora provincial de su patria Bolonia, nuestro amigo.

 

El valenciano don Agustín de Monreal.

 

El granadino don Francisco de Contreras y Córdoba.

 

Y otros muchos, que los aplausos de sus letras, el crédito de sus obras y la fama de sus méritos logran dignamente la vene /[pág. 24] ración de Europa.

 

 

 

Imitó Vuestra Merced a sus ascendientes, ilustres en la sangre, religión, valor, curiosidad y letras, epilogándose en Vuestra Merced solo los elogios que pudieron acreditar a cada uno. La religión se manifiesta en la suntuosa capilla que para reservar el Santísimo Sacramento fabricó en la Catedral, donde el bronce y mármol ceden al primor del arte, la pintura y ornatos compiten con el natural. Los mausoleos, por su disposición, estatuas e inscripciones logran los aplausos que celebra la antigüedad de los egipcios y romanos, añadiéndoles el lustre de fundaciones, grato testimonio de la piedad.

 

Y porque no faltara este motivo a tantos con que obligó Vuestra Merced la patria en paz y guerra, en el lamentable contagio que padeció fue Vuestra Merced regidor de su Hospital, sacrificando su vida un año, sirviendo por su persona muchos enfermos, socorriendo otros con sus asistencias y limosnas. Acreditó Vuestra Merced el valor, nombrado capitán de infantería por la Vencedora Ciudad para el sitio de Salsas año 1640 en 25 de diciembre, y el año siguiente en los esguazos del río Cinca con las otras compañías de Huesca, siendo los primeros que enarbolaron las banderas y retiraron las armas francesas a Monzón.

 

¿Quien negará que su casa de Vuestra Merced es el centro de la curiosidad? En los jardines halla Flora todo el trofeo que a la vista y olfato ofrece la naturaleza en exquisitas plantas, que formando con el arte una república /[pág. 25] de gigantes y enanos monstruosos, se duda si son vivientes, o se ignora como pudo dar el arte tan bien imitadas humanas formas a los rudos troncos.

 

Las plantas convertidas en piedra, las guijas que representan extraños meteoros, la paloma de Architas, los espejos de Arquímedes, los primores de las matemáticas, los milagros de la química espagírica y hermética, los engaños de la perspectiva, las verdades de la pintura al óleo, al fresco y al temple, se ven ejecutados por su diestra mano de Vuestra Merced.

 

En más de ocho mil monedas y medallas de emperadores griegos y romanos que tiene Vuestra Merced recogidas se verá el estudio de la Antigüedad, pues nuestro ilustrísimo don Antonio Agustín, Ursino, Goltzio y otros no pudieron juntar tantas. De ellas formó Vuestra Merced su docto libro del Museo de las Medallas desconocidas Españolas, que con nuevas ilustraciones gozará en segunda edición con brevedad la estampa.

 

Y con él dos mil camafeos y piedras antiguas anulares, de que ha formado Vuestra Merced su eruditísima Dactyliotheca, que esperamos este año ver eternizada en los bronces que animarán sus copias en la prensa, aunque deje envidiosas otras obras de diversos asuntos que su modestia de Vuestra Merced niega a la veneración de la republica literaria.

 

 

Todas estas gloriosas acciones que acreditan sus estudios de Vuestra Merced ceden a la generosidad de ofrecer a nuestro esclarecido Reino las monedas y papeles que /[pág. 26] pide, despojándose Vuestra Merced de tan rico tesoro porque sirva de ennoblecer su Archivo, acción que la resolvió Vuestra Merced por sí mismo (porque no le falte este mérito a la liberalidad) el año que, siendo Diputado por el estado de caballeros hijosdalgo, formó el índice del Archivo, reconoció sus escrituras y las colocó en las divisiones y con la claridad que por su celo de Vuestra Merced se gozan. Y porque en públicas aclamaciones se eternice la memoria de este generoso don, añade Vuestra Merced otros muchos que podían por sí ilustrar los de Simancas y Barcelona. Digalo esta breve memoria de sus títulos:

 

 

1. Piedra de toque de la Moneda Jaquesa. Original manuscrito que ha formado su desvelo de Vuestra Merced para que nadie niegue los primeros trofeos de nuestro antiguo Reino de Sobrarbe, dando en muchas de los primeros reyes un testimonio evidente de la cruz sobre el árbol, que en su antigüedad y inscripciones, conservadas a pesar del tiempo y de la envidia, se lean los triunfos del valor de nuestros serenísimos reyes de Sobrarbe y Navarra. En él se ve con magisterio tratada, sin hacer bulto con ilustraciones de origen, antigüedad, diferencias y quilates de otros reinos, aunque pudiera con facilidad por tener en su librería de Vuestra Merced del asunto de monedas los tratados de Gabriel Biel, Juan Aquila, Martin Laudense, Francisco Curtio, Juan Regnaudo, Alberto Bruno, Aymon Craveta, Renerio Budelio, Antonio Sola, Gaspar Thesauro, Gaspar Beletia, Antonio Fabro, el señor presidente Covarru /[pág. 27] bias, Nevizanio Carranza, M. Freherio. Math. Hostho. Bornicio, González de Castro y muchos que citan estos.

 

2. Acompañanle mil y cien monedas jaquesas, de cobre ligado, plata y oro, para que archivadas testifiquen inviolable, por su curiosidad de Vuestra Merced, nuestra mayor gloria.

 

3. Envía Vuestra Merced siete cartas de creencia de reyes moros a nuestros católicos monarcas, originales con caracteres arábigos. Y cinco papeles, en idioma chino unos y otros en el del Japón, exquisitos por el papel y su forma. Y una copia de un concilio provincial antigua.

 

4. Setecientas y ochenta y siete cartas originales de los Sumos Pontífices, colegio de los Cardenales, y de estos y otros Príncipes seculares y varones insignes, donde muchos negocios políticos, inteligencias secretas, confederaciones, cifras y contracifras reales y otras cosas tocantes a la verificación de la historia se hallarán con expresión descubiertas.

 

5. Una copia fidedigna antigua del libro del fuero antiguo de Castilla y de sus behetrías y merindades, con márgenes de mano del incomparable Zurita.

 

6. Una copia, en papel y letra muy antigua, de las observancias de nuestro Reino, que compuso Miguel de Espital[20]

.

7. Otra de la misma calidad de las que compuso el Justicia de Aragón Salanova, de mayor aprecio porque con ellas podrán corregirse tantas copias que co /[pág. 28] rren defectuosas.

 

8. Nobiliario de las casas ilustres de Aragón, copiado por el doctor Andrés, Cronista, del original de Zurita.

 

9. Ceremonial y breve relación de los cargos y cosas ordinarias de la Diputación, hecho el año 1611 por Lorenzo Ibáñez de Aoiz, escribano de mandamiento del rey nuestro señor y teniente de alcaide de la Diputación. Manuscrito.

 

10. Historia del Reino de Aragón, después que los romanos dividieron la España en dos partes hasta el rey don Ramiro el Monje, &c. Recopilada por Felipe García de Oliván, capellán de la S.C.C. Real Majestad del Emperador don Carlos V y rey nuestro señor. Y desde el fol. 114 es la Historia del principado de Cataluña, condes de Barcelona, Cerdaña y Urgel hasta el fol. 270, del mismo autor. Original manuscrito.

 

11. El doctor Felipe Puivecino, deán de Huesca (a quien el Cronista Blancas llamó varón de excelente ingenio y doctrina, y peritísimo así en el derecho público como en la antigüedad del Reino de Aragón), De origine literarum. Original manuscrito en folio, tiene 188 hojas escritas, y le celebra don Nicolás Antonio en su Bibliotheca, t. 2, pag. 204, col. 2.

 

12. Biblioteca de los escritores del Reino de Aragón. Original manuscrito que escribía el Cronista Andrés, en folio, escrito hasta el 255, con muchos papeles sueltos.

 

13. Honestas recreaciones de ingeniosa conversación, en Diálogos. Declaranse varias monedas antiguas y /[pág. 29] modernas, p.1. De la librería de don Gaspar Galcerán de Gurrea y Aragón. En folio, manuscrito, donde se hallará un gran tesoro de antigüedad.

 

14. Varios papeles que conducen a la Real Casa de Montearagón. En folio, impresos y manuscritos.

 

15[21]. Registro de provisiones y cartas de los serenísimos señores reyes de Aragón desde el año 1509 hasta 1520. En folio, manuscrito. Es de mucha utilidad para la historia.

 

16. Unos pliegos de la historia de la Real Casa de Sijena, escrita por el M. Fr. Antonio Estebán de Alós.

 

17. Crónica del Príncipe don Carlos de Navarra. Manuscrito en folio, de excelente letra, muy bien coloridas las armas, copiado en 132 hojas, año 1592.

 

18. Nobiliario e historia del rey don Pedro el tercero. Manuscrito en folio. Contiene 126 hojas, de papel y letra antiquísima, pero bien formada. Califican su estimación algunas notas marginales de Zurita y Andrés, y están con él encuadernados diversos privilegios, cartas y despachos con sellos pendientes. Libro digno de tan ilustre archivo.

 

19. Registro de los insaculados en los oficios del Reino desde el año 1512 hasta 1523. En folio.

 

20. Ordinacions dels drets, quitations dels oficials de la Casa del senyor Rey. Libro en folio de letra muy antigua y clara. Hay 112 hojas.

 

21. Inscripciones de memorias romanas y españolas antiguas y modernas, recogidas de varios autores por el conde de Guimerá. Original manuscrito en /[pág. 30] 268 hojas en folio, y dentro de él algunas de mano de Zurita y otros.

 

22. Tres libros en folio de mucho volumen, liados juntos con un papel de mano del Cronista Andrés que dice: “Estos registros de cartas de don Juan de Gurrea, gobernador de Aragón, se han de restituir a la ilustrísima señora doña Francisca de Gurrea, marquesa de San Felices”.

 

23. Diversos papeles de la Real Casa de Montearagón y otras materias, impresos y manuscritos.

 

24. Varias noticias de don Miguel Cercito, obispo de Barbastro, canónigo que fue del Pilar, de diversos asuntos. Manuscrito.

 

25. Alegación del valor del óbolo del doctor Juan Porter, de que hace memoria don Nicolás Antonio en su Bibliotheca, tom. I, pag. 585, col. 1.

 

26. Fuero antiguo de los reyes godos de España de Alfonso de Villadiego, referido por don Nicolás Antonio en su Bibliotheca, t. 1, p. 43, que ha parecido a Vuestra Merced conducía al puesto y asunto.

 

27. Marineo Sículo, Genealogia Regum Aragoniae. Impreso en folio.

 

28. El mismo en lengua española, impreso.

 

29. Un volumen de papeles sin encuadernar de los Anales de Aragón, que escribía el Cronista Andrés. Es original de su letra, comienza en el año 1516 y concluye algunas memorias hasta el de 1558. Habrá 500 hojas en folio, algunas sin escribir.

 

/[pág. 31]

 

30. Otro sin encuadernar de alegaciones impresas sobre negocios del Reino.

 

31. Otro grande de papeles y borradores de la historia del señor Emperador Carlos V. Memorias de la Casa de Bolea y Abarca, marqués de Torres. Noticias de Jaime y Juan Pérez de Nueros, hermanos. Privilegios y cartas de mucha estimación.

 

32. Otro de cartas del maestro Gil González Dávila, cronista mayor de las Indias y Castilla (cuyos estudios y obras refiere don Nicolás Antonio en la Bibliotheca Hispana, t. 1, pág. 4). Escritas a nuestro Cronista Andrés de Uztarroz.

 

33. Borradores originales de las Vidas de los Cronistas de Aragón, que escribía el mismo doctor Andrés de Uztarroz.

 

34. Borradores originales de la Fama Numerosa, o Biblioteca de los Autores Aragonese, impresos y manuscritos, que escribía el doctor Andrés, su Cronista.

 

35. Otro libro sin encuadernar del mismo asunto, prosiguiéndole, en folio.

 

36. Zaragoza Antigua, libro original de mano del mismo Cronista, obra aunque imperfecta de singular estimación para nuestra imperial ciudad y reino.

 

37. Justicias del Reino de Aragón, libro original imperfecto, y noticias que recogía el mismo Cronista para aumentar las que el celebrado Blancas juntó en sus elegantes Comentarios.

 

38. Un legajo de cartas escritas al secretario Geró /[pág. 32] nimo Zurita por el licenciado Juan Pérez García, abad de la O, Florián de Ocampo y el doctor Juan Páez de Castro, con muchos papeles originales y noticias importantes a la Historia de Aragón, vida y familia del secretario y Cronista Zurita.

 

39. Otro de papeles manuscritos originales del Cronista Andrés del mismo asunto.

 

40. Monumento de claros e ilustres varones en el Reino de Aragón, recogidos por don Vincencio Lastanosa. En folio.

 

41. Inscripciones de letra de Ambrosio de Morales, enviadas a Zurita.

 

42. Un cuaderno en folio de diversas inscripciones y epitafios.

 

43. Un legajo de papeles, con advertencia del doctor Andrés no se entreguen hasta haber publicado la vida de Zurita.

 

44. Papeles, memoriales, propuestas y otras cosas de Cortes de Aragón.

 

45. Un legajo de papeles con este titulo de mano del Cronista Andrés: “Cartas importantes para escribir la historia del rey don Felipe I de Aragón y II de Castilla”. Hay pergaminos y papeles de mucha estimación.

 

46. Pregones hechos en el Reino.

 

47. Privilegios y papeles originales de la persona y familia del secretario Zurita, en cuarto folio.

 

48. Otro legajo del mismo asunto, y folio.

 

49. Otro del mismo asunto, y folio.

 

/[pág. 33]

 

50. Diversos pergaminos, con este titulo de mano del Cronista Andrés: “Estos pergaminos advierte el doctor Juan Francisco Andrés que son suyos, y los compró de Roberto Duport en ocho reales, dicese esto porque no se entienda son del marqués de Navarrés, lo cual se podría presumir por haber visto mucha parte de los papeles y escrituras de su casa, las cuales tengo restituidas y me las dieron por cuenta, y con la misma las entregué. 1648. El D. I. F. Andrés”.

 

51. Otro legajo en cuarto folio de diversos papeles con este título de mano del mismo Cronista: “Papeles curiosos de mano de Miguel de Almazán”. Hay algunos que importan para la historia.

 

52. Otro de papeles en cuarto, titulo de mano de don Vincencio Lastanosa: “Estos papeles del tiempo de Carlos V y de los Reyes Católicos los recogió el doctor Moreno, hallaronse en Sesa, &c”.

 

53. Declaración del rey y nueva reglas de monedas. Libro francés en octavo, impreso en París año 1636.

 

54. Otro francés del mismo asunto en octavo, impreso en París año 1644.

 

55. Otro francés del mismo asunto en 12º, muy antiguo.

 

56. Índices latinos de Zurita, con notas de varones insignes copiadas por el Cronista Andrés.

 

57. Investigaciones históricas del Reino de Aragón, impreso en México. Dedicado a los ilustrísimos señores Diputados del Reino de Aragón por su autor, don Juan Francisco Montemayor de Cuenca y Cór /[pág. 34] doba, del Consejo de su Majestad, presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo y su oidor más antiguo en la Real Cancillería de México, lugarteniente de virrey (con sus veces), gobernador y capitán general de la Nueva España en las provincias del obispado de Goaxaca. Héroe en quien el valor, letras y prudencia han resplandecido en superior grado. El valor, sirviendo por su persona y con cuatro soldados a su costa en la guerra de Cataluña. Siendo gobernador y capitán general de la isla Española, escribiéndole su Majestad las gracias atribuyéndole únicamente su defensa, como en la de la isla de la Tortuga, provincia de Nexapa y otras. Las letras, en este y otros libros impresos: Escolios al instrumento del depósito y adiciones a los privilegios de los mercaderes. De sui defensione. Del derecho de los despojos adquiridos en justa guerra. Pastor Bonus, que ahora se reimprime en Lyon con adiciones. Recopilación de las leyes de la India, obra de inmenso trabajo y estudio en dos tomos grandes en folio, y otros que esperan la luz pública para gloria de nuestra nación y la republica literaria. La prudencia, en el manejo de la real hacienda, aumentándola en más de ciento y cuarenta y ocho mil pesos corrientes de annua renta. Y otros servicios propios de sus obligaciones, en que tiene parte de mérito su casa de Vuestra Merced con la unión de sangre, por el matrimonio de su hijo, heredero de Vuestra Merced y mi amigo, el señor don Vincencio Antonio de Lastanosa.

 

 

 

Estos gloriosos trofeos de su generosidad de Vuestra Merced, /[pág. 35] beneficiando con sus noticias, libros y antigüedades los escritores, serán una indeleble inscripción a la fama de los ilustrísimos señores Diputados, debiéndose a su celo y solicitud este y otros tesoros con que han enriquecido el Archivo. Y a la de Vuestra Merced, que diga en voces de aplauso:

 

 

 

D O N  V I N C E N C I O  J U A N

D E  L A S T A N O S A,

HÉROE OSCENSE,

GENTILHOMBRE DE LA CASA DEL REY.

 

DESDE LA INFANCIA DEDICADO A LAS MUSAS.

Insigne en las Matemáticas y Pintura.

CELEBRADO POR LAS MEDALLAS

y Monedas desconocidas que publicó,

Y POR LAS QUE CON ANILLOS ANTIGUOS,

Piedras y Camafeos darán luz a las sombras

de la Prensa.

ERUDITO EN LA QUÍMICA Y OTRAS ARTES.

 

EN LA PAZ

Prudente Consejero y Primer Cónsul.

EN LAS GUERRAS DE CATALUÑA

Valeroso Capitán.

EN LA PESTE Y TRABAJOS

El primero que asistió a la PATRIA.

EN LAS FELICIDADES

Negó sus pasos al Deseo y Ambición.

 

SU CASA ES HOSPICIO DE ESTUDIOSOS Y EXTRANJEROS,

SUS BIENES LOS HACE COMUNES SU LIBERALIDAD.

 

A DIOS

Consagró Capillas y Fundaciones Suntuosas,

A SU REY

Sirvió con la Espada, con la Pluma y con la Hacienda.

 

/[pág. 36]

A SU VENCEDORA PATRIA

Honró con su Nacimiento, Prudencia y Consejo.

 

AL FIDELÍSIMO REINO DE ARAGÓN

Ordenando su Archivo y reduciendo a Índice

sus Escrituras,

SIENDO DIPUTADO CABALLERO INFANZON.

 

Y ahora lo ha aumentado con gran copia

de Papeles, Libros originales

Y MIL Y CIEN MONEDAS JAQUESAS.

 

Y un Tratado elegante de su antigüedad y quilates

Que ofrece al público uso de los estudiosos.

 

 A XX. del mes de abril del año M. DC. LXXXI.

A los LXXIV. años, XXIII. días de su feliz edad.

 

VIVA SU NONBRE

Venerado en la memoria de los Hombres,

Pues su Liberalidad

Le consagra estatua de inmortal Agradecimiento

En el Archivo público.

 

 

 

Y yo, como quien debe a Vuestra Merced la inclinación a las buenas letras desde mis primeros años, la noticia y asistencia de los mejores libros y el cariño de oráculo y maestro, repito a Vuestra Merced las gracias por tan generosa acción, deseando que el Fénix (ingeniosa empresa de Vuestra Merced) asegure sus años, para que repita mi obsequio otros cultos, que manifiesten mi reconocida obligación.

 

Dios guarde a Vuestra Merced largos años, como debo desear. Huesca, y marzo 20 de 1681.

 

 

 

 

 

ELOGIOS DE DIEGO VINCENCIO VIDANIA A LASTANOSA

 

 

 

/[Pág. 1]

 

 

EL DOCTOR DIEGO

VINCENCIO DE VIDANIA,

CIUDADANO DE HUESCA, Y ANTES

Rector y Catedrático de Digesto Viejo, de

Sexto y de Código en su

Universidad

 

 

AL MERITO Y MEMORIA DEL

AUTOR

 

OFRECE ESTOS ELOGIOS

 

 

 

EL SEÑOR DON MARTIN LOPEZ DE ONTIVEROS, arzobispo de Valencia, le cita en la declaración de una inscripción grabada en un ladrillo que se halló el año 1663 en Allariz, pueblo de Galicia.

 

 

DON NICOLAS ANTONIO, caballero de la orden de Santiago, canónigo de la Santa Iglesia de Sevilla, del Consejo de su Majestad y su fiscal en el Supremo de la Santa Cruzada, tom. 2 de su  Biblioteca Española, lit. V, fol. 262, col. 1, dice:

 

“Don Vincentius Ioannes de Lasta /[pág. 2] nosa, aragonius, patria oscensis, toparcha de Figaruelas, vir eruditus, cuius domun curiosissima Bibliotheca, pluribusque rerum antiquarum, rarumque cimeliis ornatam, celebravit olim amicissimum ei caput Ioannes Franciscus Andreas sub Solitarii nomine, scripsit, etc.”.

 

 

DON FRANCISCO XIMÉNEZ DE URREA, capellán de honor de su Majestad, Cronista del Reino de Aragón y abad electo de San Victorián, en el discurso 3 de las Medallas desconocidas Españolas, en la dedicatoria llama a su obra tan ilustre, rara y provechosa a nuestra nación, y el asunto tan felizmente conseguido con grande gloria de nuestro Reino. Y fol. 213 dice de su librería que es célebre y numerosa.

 

 

EL DOCTOR JUAN FRANCISCO ANDRÉS DE UZTARROZ, Cronista de su Majestad en los reinos de la Corona de Aragón, y del mismo Reino, en la Defensa de la patria del invencible mártir san Laurencio, cap. I, fol. 7, dice:

 

“Don Vincencio Juan de Lastanosa, señor de Figaruelas, grande aficionado de la antigüedad, en cuyo Museo vi numerosa copia de diferentes medallas. En este discurso referiré muchas que me comu /[pág. 3] nicó en Huesca, para que todos gocen los tesoros de su estudioso erario”.

 

En el cap. 8, fol. 181 se vale de unas escrituras antiguas, guardadas en su librería.

 

En la Vida de San Orencio, obispo de Aux, cap. 2, fol. 22, dice: “Don Vincencio Juan de Lastanosa, benemérito de la antigüedad”. Y vuelve a citarle, cap. 4, fol. 47 y cap. 5, fol. 64.

 

En el Monumento de los Santos mártires Justo y Pastor en la ciudad de Huesca, en la dedicatoria al doctor don Juan Orencio de Lastanosa, maestrescuela y canónigo de la Santa Iglesia de la misma ciudad, y Diputado del Reino de Aragón el año de 1651 por el estado eclesiástico, dice:

 

“Su hermano de Vuestra Merced, el señor don Vincencio Juan de Lastanosa, señor de Figaruelas, a quien debe mucha gloria no solo su patria, pero nuestro reino, por las memorias ilustres que renueva su cuidado, como se verá presto en el Museo de las medallas desconocidas Españolas, que tiene prevenido para dar a la estampa.

 

Sin que estas ocupaciones literarias le hayan embarazado los militares empleos, porque el año M.DC.XL., a veinte y cuatro de diciembre, le nombró la ciudad de Huesca capitán de infantería para el sitio de Salsas, y estan /[pág. 4] do prevenida la marcha llegó la nueva de su restauración, que fue a 6 de enero de M.DC.XLI., y por esta causa se suspendió la leva. El año siguiente, cuando las armas francesas ocuparon el castillo y villa de Monzón, asistió en los esguazos del río Cinca con su compañía, y las de don Bernardino Ruiz de Castilla y Urriés, don Bernardino Gómez de Mendoza, Juan Miguel de Felices y don Tomás Cleriguet y Fort, ocasión en que lució la vigilancia de tan fiel y ejemplar ciudad, pues en los mayores riesgos fueron sus tafetanes los primeros que ennoblecieron el aire con sus trofeos y detuvieron el orgullo del enemigo”.

 

En el cap. 9, fol. 181, 190 y 201, cap. 11, fol. 231, 233, 243 y 248 y cap. ult., fol. 258 le alaba por sus merecimientos, y por la copia y singularidad de cosas antiguas que ha recogido, contribuyendo con ellas a todos los hombres eruditos.

 

En el Diseño de la insigne Biblioteca de Francisco Filhol, de Tolosa, le celebra con el mismo reconocimiento, y de su generosidad en hacer imprimir a sus expensas varios libros por el beneficio público y aliento de sus autores.

 

En el Obelisco histórico y honorario de Zaragoza, fol. 168, le cita.

 

En el discurso segundo de las Medallas /[pág. 5] desconocidas Españolas, fol. 136, 141, 142, 163, 168 y 171 pondera todo lo dicho, y refiere otras obras del autor.

 

En la censura del libro de la Agudeza y arte de ingenio del padre Baltasar Gracián, que está en la edición del año 1648, dice:

 

“Don Vincencio Juan de Lastanosa solicitó la publicación de sus libros segunda vez, no sin mucha alabanza de nuestra nación, pues no solo la ennoblece con sus obras, sino que procura publicar las ajenas, movido de la utilidad publica y del aprovechamiento común de las buenas letras”.

 

Y en escrito particular, describiendo las antigüedades y jardines que hay en la casa del autor, le alaba más de propósito.

 

 

EL DOCTOR DIEGO JOSÉ DORMER, arcediano de Sobrarbe en la Santa Iglesia de Huesca, Cronista de su Majestad en los reinos de la Corona de Aragón, y mayor del mismo Reino, en la Defensa de la patria de San Lorenzo, cap. 2, fol. 13 copia el elogio que se referirá abajo del padre Basilio Varen.

 

Y en el prólogo del libro de los Progresos de la historia en el Reino de Aragón y elogios de Gerónimo Zurita, su primer Cronista, num. 9, dice:

 

/[pág. 6]

 

“El mismo celo han mostrado los Diputados, pasando sus oficios con don Vincencio Juan de Lastanosa, gentilhombre de la casa de su Majestad, grande observador de las antigüedades y amador de los profesores de las letras, para que los manuscritos, medallas y monedas de inestimable valor que tiene en su museo las franquease para reducirlas al archivo del Reino, con que se enriquece mucho, y se debe a este caballero una dádiva que no tiene igual”.

 

 

EL PADRE PAULO ALBINIANO DE RAJAS, de la Compañía de Jesús, prepósito de la casa profesa de Valencia y calificador del Santo Oficio en aquel Reino, muestra la misma estimación al autor, dedicándole el discurso primero de las Medallas desconocidas españolas.

 

 

EL PADRE BALTASAR GRACIAN, de la Compañía de Jesús, lector de escritura en el Colegio de Zaragoza, en la Agudeza y arte de ingenio, discurso 12, fol. 67 y 68, dice:

 

“El logro de este gran autor (Juan Verzosa), con otros muchos de los antiguos españoles, especialmente de nuestros aragoneses, en número y calidad insignes, de quienes he tenido colmada fruición, si antes ni aun noticia reco /[pág. 7] nozco, y estimaré siempre al copioso y culto museo de nuestro mayor amigo don Vincencio Juan de Lastanosa, benemérito universal de todo lo curioso, selecto, gustoso en libros, monedas, estatuas, piedras, antigüedades, pinturas, flores, y en una palabra, su casa es un emporio de la más agradable y curiosa variedad”.

 

Y en el discurso 57, fol. 279, col. I, dice:

 

“Fue delicias del ingenio la de aquel César que fue delicias del genero humano, el humanísimo Tito Vespasiano, que para declarar su innata clemencia grabó el rayo de Júpiter dormido en una cama y acostado, sin ruido de letra ni estruendo de mote. Lograse hoy en una moneda, que entre millares escogidas de todos los Césares, Emperatrices, del Magno Alejandro, de Felipe su padre y de otros muchos héroes guarda el tesorero de la curiosa antigüedad don Vincencio Juan de Lastanosa, esclarecido caballero en Aragón por su sangre, pues desciende del muy ilustre don Gombal de Lastanosa, criado muy favorecido del rey don Jaime el Conquistador, y de don Pedro de Lastanosa, camarero del rey don Pedro el Cuarto. Por su eminente ingenio, adornado de todas las buenas letras; desempéñame el admirado y celebrado Museo de /[pág. 8] las monedas antiguas de España, antes de los romanos y godos, obra exquisita que dio a la estampa estos años. Por su buen gusto, como lo decanta el doctor Juan Francisco Andrés, Cronista de Aragón, en la descripción elegante que intitula de las antigüedades y jardines de su casa. Por su heroico genio, aragonés mecenas de todos los varones estudiosos, dando vida a sus obras modernas y resucitando las antiguas, merecedor insigne de una agradable y agradecida inmortalidad”.

 

 

EL M. FR. GABRIEL HERNANDEZ, de la orden de San Agustín, en la censura del libro de la Agudeza y arte de ingenio, que se halla en la edición del año 1648, dice:

 

“Don Vincencio Juan de Lastanosa, para que se vea la novedad ingeniosa de esta arte, estimada por su mano, como en su casa a pesar de los siglos se admira vencedora victrix vetustas, que la llamó Tertuliano”.

 

 

EL PADRE MANUEL DE HORTIGAS, de la Compañía de Jesús, lector de escritura en el colegio de Zaragoza, cita sus manuscritos en su libro de la Llama eterna.

 

En la primera parte de San Rafael le cita también, fol. 20. Y en la segunda parte, dice:

 

“Don Vincencio Juan de Lastanosa, nues /[pág. 9] tro amigo, bien conocido por su cuidadoso estudio en la antigüedad, como lo testifica el Museo de las medallas desconocidas españolas que guarda en su poder con el aliño y aseo debido a su veneración, y ha dado a luz en su libro ahora”.

 

 

EL PADRE JOSÉ DE MORET, de la Compañía de Jesús, y Cronista del Reino de Navarra, en las Investigaciones históricas de las antigüedades de aquel reino, lib. 3, cap. 9, § 2, fol. 699, dice:

 

“Las muchas monedas que la exacta curiosidad de don Vincencio Juan de Lastanosa, caballero natural de Huesca, ha juntado con gran socorro para las buenas letras y erudición”.

 

 

DON JOSÉ DE CONCHILLOS, canónigo de la insigne colegial de Tudela, le cita en los Desagravios del Propugnáculo de aquella ciudad, cap. 22, fol. 282 y 283.

 

 

EL PADRE BASILIO VAREN, asistente provincial de los Clérigos Reglares Menores, en la continuación de la Historia Imperial y Cesárea de Pedro Mexía, después de la vida del emperador Fernando Tercero, fol. 723, col. I, dice:

 

“Don Vincencio Juan de Lastanosa, señor de Figaruelas, honor de Huesca su patria, donde su Librería y Museo es /[pág. 10] venerable, famoso y conocido en toda la Europa”.

 

 

DON JOSÉ PELLICER DE OSSAU Y TOVAR, caballero de la orden de Santiago y Cronista Mayor de España, le nombra en la Biblioteca de sus Escritos, fol. 44.

 

 

MANUEL DE FARIA Y SOUSA, caballero de la orden de Cristo, y de la casa real de Portugal, le cita en el Gran Justicia de Aragón don Martín Batista de Lanuza, lib. 4, cap. 16, fol. 189.

 

 

LORENZO GRACIAN, hermano del padre Baltasar Gracián, en El Discreto, en El hombre de todas horas y carta a don Vincencio  Juan de Lastanosa, fol. 343, col. 2 del tom. 2 de sus obras, le llama discretísimo.

 

En El Criticón, part. I, crisi. 8, fol. 74, col. I, dice:

 

“La discretísima Artemia, asistida de los varones eminentes, señalándole a cada uno su puesto el grande apreciador de las eminencias don Vincencio de Lastanosa”.

 

Y en la dedicatoria del Héroe, que se ve en la edición del año 1637, le dice:

 

“Sucédeme hoy en este primer pino del discurso, si no brinco de la discreción, lo que a un aprendiz de hombre que se arriesga a unos brazos abiertos.

 

/[pág. 11]

 

Yo, aprendiz de ingenio, acudo al maestro con este, no rasgo, sino borrón, para que cogiéndole Vuestra Merced entre su agudeza y juicio lo castigue y reforme, que después osará llamarse el correcto héroe, el discreto culto, el varón raro.

 

Ea, galán de la cultura, el amartelado de la curiosidad, para cuyo gusto compitieron la naturaleza a prodigios y el arte a milagros, en ese culto camarín, retrete de la curiosidad, donde no entra sino lo muy perfecto, merezca un rincón entre tantas curiosidades esta del ingenio, digo después, que por muy enmendada sea muy propia de Vuestra Merced.

 

Anticipe entre los primores el de la curiosidad para este puesto, por no sacarle de su turquesa. Sea, señor, espejo Vuestra Merced de tan brillante prenda, y pudiera ser aquel del faro por moderna maravilla.

 

Es la curiosidad sainete del saber, acicate del ingenio, y sin ella un varón corre equivocación con los brutos.

 

Solían ser los ilustres progenitores de Vuestra Merced cancilleres de los reyes de Aragón (sea testimonio coronado una carta del rey don Pedro el /[pág. 12] Cuarto). Faltaron antes reyes de todo Aragón que en su nobilísima casa de Lastanosa meritos de servirles.

 

Desocupado Vuestra Merced de real empleo, no por falta de caudal, si de materia, ha transformado el archivo de los reyes en panteón de héroes en efigies, en monedas y en historias.

 

Toda la casa de Vuestra Merced es un non plus ultra del gusto, su camarín alcázar de la curiosidad, su librería esfera de la agudeza, su jardín elíseo de la primavera, y toda junta el teatro de la escultura, de la pintura, de la antigüedad, de la preciosidad y de la fama.

 

Y sobre todo, en consorte y sucesión echó el resto de su favor el cielo, que guarde a Vuestra Merced. De Calatayud, y agosto 1637”.

 

 

EL SEÑOR DE CHAPUZEAU, abogado del consejo privado del Rey Cristianísimo, y maestro del Príncipe de Orange, en la Europa viviente, que publicó el año de 1667, fol. 370, tabl. VII, dice, vuelto en español:

 

“Hablanme también de un Lorenzo Gracián, infanzón de Calatayud en el reino de Aragón, y de don Vincencio Juan de Lastanosa, que vive en Huesca, /[pág. 13] como de dos celebres escritores de este siglo, que trabajan mucho en imitar a Séneca y a Tácito, y que afectan un estilo cerrado. El primero ha dado a luz algunos tratados de política y moral, con una sátira muy ingeniosa, a imitación del Euphormion. El segundo ha impreso un epílogo de aforismos políticos, poco diferente de los escritos del otro, de quien es amigo. Y este Lastanosa tiene fama de ser uno de los más curiosos de toda España, habiendo hecho un museo donde se ven ilustres vestigios de la antigüedad griega y romana, y una junta preciosa de estatuas, piedras, vasos, urnas, monedas antiguas, medallas y anillos”.

 

 

En el libro de la PALESTRA NUMEROSA AUSTRIACA, impreso en Huesca el año 1650, se dice:

 

“Don Vincencio Juan de Lastanosa, cuya calificada casa en nuestro reino asegura la nobleza, y cuya abundosa librería manifiesta lo erudito; cuya curiosidad en lo raro y selección en lo exquisito denota lo singular entre todos, y todo asegura las prendas de que un caballero debe estar retocado para serlo, y para parecerlo”.

 

 

En el mismo año de 1650 se le dedicó al autor el libro de la FORTUNA CON SESO de don Francisco /[pág. 14] de Quevedo y Villegas, con los dignos elogios que tiene merecidos.

 

 

Y apenas hay hombre insigne en la Europa que no haya procurado comunicarle por cartas, y algunos viniendo a verle.

 

Sea fin de estos elogios una inscripción que ofrezco a su memoria, como tan obligado por sus merecimientos, por compatriota y amigo, y por la generosidad con que me ha participado siempre los tesoros de sus libros y antigüedades.

 

 

DON VINCENCIO IUAN DE LASTANOSA

Patricio Oscense.

GENTILHOMBRE DE LA CASA

del Rey.

 

DESDE LA INFANCIA DEDICADO

a las Musas.

INSIGNE EN LAS MATEMÁTICAS

y Pintura.

CELEBRADO POR LAS

Medallas

Y MONEDAS DESCONOCIDAS QUE

publicó.

/[pág. 15]

 

Y POR LAS QUE CON ANILLOS ANTI-

guos, Piedras y Camafeos

DARÁN LUZ A LAS SOMBRAS DE LA

Prensa.

ERUDITO EN LA ALQUIMIA Y OTRAS

Artes.

 

EN LA PAZ PRUDENTE CONSEJERO Y

primer Cónsul.

EN LAS GUERRAS DE CATALUÑA

valeroso Capitán.

EN LA PESTE Y TRABAJOS EL PRIME-

ro que asistió a la Patria.

 

EN LAS FELICIDADES NEGÓ SUS

pasos al deseo y ambición.

 

SU CASA ES HOSPICIO DE ESTUDIO-

sos y extranjeros.

SUS BIENES HAZE COMUNES SU

Liberalidad.

 

A DIOS

Consagró Capillas y Fundaciones suntuosas.

 

A SU REY

Sirvió con la Espada, con la Pluma y con la Hacienda.

 

A SU VENCEDORA PATRIA

Continuó el lustre con su nacimiento y prudencia.

 

AL FIDELÍSIMO REINO DE

Aragón

ORDENÓ EL ARCHIVO, REDUCIENDO

a índice sus infinitas escrituras,

/[pág. 16]

 

SIENDO DIPUTADO POR EL ESTADO

de los Caballeros e Hidalgos.

Y AHORA LO HA AUMENTADO CON

gran copia de papeles y libros manuscritos.

Y CON MIL Y CIEN MONEDAS, LAS

más de Jaca,

Y LAS OTRAS DE DIFERENTES REI-

nos y Señoríos de España.

Y HA ESCRITO UN ERUDITO TRATA-

do de la Moneda Jaquesa,

Y DE OTRAS DE ORO Y PLATA DE

este Reino

QUE OFRECE AL PÚBLICO USO DE

los Estudiosos

DEBAJO DE LA ESCLARECIDA PRO-

tección de los Ilustrísimos Señores

DIPUTADOS.

 

 A XX. DEL MES DE ABRIL DEL AÑO

M. DC. LXXXI.

A LOS LXXIV. AÑOS, UN MES Y XXIII.

días de su feliz edad.

 

VIVA SU NOMBRE

Recomendado en la memoria de los hombres.

PUES SU LIBERALIDAD

Le conservará siempre

EN EL ARCHIVO PÚBLICO,

y en el agradecimiento de todos.

 

 

 

 



[1] Latassa menciona tanto los Elogios como la Carta de Vidania en su Biblioteca nueva de los escritores aragoneses que florecieron desde el año de 1689 hasta el de 1753, Pamplona, 1800, p. 442-446 (es su artículo sobre Diego Vincencio Vidania); véase en concreto la p. 444, al reseñar las obras escritas por Vidania:

“3. Elogio al mérito de don Vincencio Juan de Lastanosa, gentilhombre de la Casa de S. M., señor de Figaruelas, hijo y ciudadano de Huesca. Se imprimió con el Tratado de la moneda jaquesa y de otras de plata y oro de Aragón, en Zaragoza 1681, en 4º.

4. Carta dirigida a don Vincencio Juan de Lastanosa, fecha en Huesca a 20 de mayo de 1681 sobre su Biblioteca, Museo y Memorias literarias de este caballero, en 18 hojas sin páginas. Se imprimió en 4º en dicho año” (Latassa equivoca la fecha de la Carta; es en realidad de 20 de marzo de 1681).

El extracto de la Carta, en Félix Latassa, Memorias literarias de Aragón, Tomo II, Biblioteca Pública de Huesca, manuscrito nº 77, p. 18-23.

[2] Ricardo del Arco, a partir de las noticias de Latassa, se había referido ya a la Carta en 1910: “Don Vincencio Juan de Lastanosa. Apuntes bio-bibliográficos”, Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo 56, 1910, p. 321-322, 422-424 y 509-510.

[3] Sobre Vidania, véase José Ignacio Gómez Zorraquino, Los santos Lorenzo y Orencio se ponen al servicio de las “tradiciones” (siglo XVII), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2007, p. 181-205, Víctor Tau Anzoátegui, “Fragmento de una cultura jurídica desaparecida. Un manuscrito del español Vidania sobre Derecho Natural (1712)”, Quaderni Fiorentini per la storia del pensiero giuridico moderno, nº 24, Milán, 1995, Juan Vallet de Goytisolo, “Diego Vincencio de Vidania, un oscense grociano contemporáneo de Vico”, Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, nº 69, Madrid, 1992, p. 287-299 y Carlos Garcés Manau, “Diez cartas de Vincencio Juan de Lastanosa y Diego Vincencio Vidania a Athanasius Kircher, conservadas en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma”, Argensola, nº 115, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2005, p. 187-199.

[4] Ángel Losada, “Una crónica inédita de Felipe III y otros manuscritos españoles en la Biblioteca de la Universidad de Bonn (Alemania)”, Revista bibliográfica y documental, Madrid, 1951, pág. 153-165.

[5] Archivo Histórico Provincial de Huesca, Notario Diego Vincencio Vidania, nº 1943, 8-Agosto-1679, f. 771v.-776v. y 1945, 12-Diciembre-1681, f. 748v.-750r.; sobre el codicilo, véase también María Rivas Palá, “Codicilo. Vincencio Juan de Lastanosa. 1681”, Catálogo Signos II, Huesca, 1994, p. 379.

[6] El primero, como es sabido, fue el Museo de las medallas desconocidas españolas, impreso en Huesca el año 1645. Este libro trataba fundamentalmente sobre las antiguas monedas ibéricas, que abundaban en las colecciones de Lastanosa y otros eruditos de la época.

[7] Vidania menciona la segunda impresión del Museo en la Carta (p 22 -al referirse a Francisco Fabro- y 25 –al comentar el número de monedas antiguas que poseía Lastanosa-), y se refiere a la publicación de la Dactiloteca en la Carta (p.  25 -al hablar de los camafeos y piedras preciosas de su colección- y 35 -en la Inscripción en honor de Lastanosa-) y los Elogios (p. 15 –de nuevo en la Inscripción final-).

[8] Según Vidania (Carta a Lastanosa, p 2), los Diputados reiteraron esta petición al mecenas oscense en una segunda carta, que no se ha conservado, de 10 de enero de 1681.

[9] Carta, pág. 26.

[10] Félix Latassa reconoce, en un momento  dado, que el listado de la donación de Lastanosa lo formaban 57 apartados; véase su Biblioteca nueva de los escritores aragoneses que florecieron desde el año de 1641 hasta 1680, Pamplona, 1799, p. 610-616 (es su artículo sobre Vincencio Juan de Lastanosa); en concreto, la p. 611: “No fue menos célebre su Librería, de la que poseo una completa memoria manuscrita, por los códices, papeles y libros de mano e impresos, como también se infiere de los muchos que donó al Archivo del Reino de Aragón, y anotó el Cronista Vidania en una Carta impresa en el año de 1681 en 57 números”.

Poco después (p. 614), Latassa menciona entre las obras de Lastanosa la “Piedra de Toque de la Moneda Jaquesa, cuyo original dio su Autor al Archivo del Reyno, según el Cronista Vidania en su citada Carta num. 1 y 2”. En realidad, la Piedra de Toque, que Latassa no incluyó en su extracto de la Carta, era únicamente el nº 1 de la lista; en el 2 aparecen las 1.100 monedas donadas por Lastanosa al Archivo del Reino. Félix Latassa, también en la p. 614, se refiere a otra obra de Lastanosa, que en esta ocasión sí anotó en su extracto: “Memorias de claros Varones en el Reyno de Aragon. Manuscrito en folio, que con otros y diversos libros dio al referido Archivo del Reino, dice el citado Vidania, num. 40”. El número coincide, en efecto, con el de la lista de la Carta, aunque en ella figura con un título algo distinto: Monumento de claros y ilustres varones en el Reyno de Aragón.

[11] Ricardo del Arco y Garay, La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934, p. 74 y 326 –nota 67-: “un papel anónimo, descriptivo del Archivo de la Diputación del Reino antes del incendio que sufrió, conservado en la Diputación Provincial de Zaragoza, nos dice que en la sala principal del archivo estaban los retratos de los analistas Zurita y Blancas y de los eruditos D. Antonio Agustín y D. Vincencio Juan de Lastanosa (legajo 755, núm. 11)”.

[12] Los autores de fecha más avanzada citados por Hermenegildo Lastanosa son, en efecto, de 1667: los Desagravios del Propugnáculo de Tudela de José Conchillos, el arzobispo de Valencia Martín López de Ontiveros, y el francés Chappuzeau. No obstante, entre estos dos últimos se halla intercalada (si bien de letra completamente distinta –f. 108-109-) la mención a Lastanosa que Nicolás Antonio incluyó en su Bibliotheca Hispana, del año 1672. Además, tras la cita de Chappuzeau está copiada la Crisis de la segunda parte del Criticón -impresa en 1653- que más directamente alude a Lastanosa, la que lleva por título “Los prodigios de Salastano” (dicha copia, de letra también distinta a las citas recogidas por Hermenegildo Lastanosa, ocupa los f. 112-124). Cabría concluir, por tanto, que la lista de autores recopilada por el hijo de Lastanosa terminaba en 1667, y no incluía quizás a Nicolás Antonio ni El Criticón de Gracián.

En 1667 Hermenegildo Lastanosa, desde luego, era ya fraile cartujo. Félix Latassa extractó dos cartas suyas de abril y noviembre de 1665, remitidas a su hermano José Paulino desde el convento zaragozano de Aula Dei (Memorias literarias de Aragón, Tomo I, Biblioteca Pública de Huesca, manuscrito nº 76, p. 33). Ello significa, posiblemente, que el hijo de Lastanosa preparó este Resumen de autores impresos y manuscritos en el propio convento de Aula Dei.

Félix Latassa (véase la p. 36 del tomo I de sus Memorias literarias de Aragón) llegó a ver, junto a cartas y otros papeles procedentes de la casa de Lastanosa, un segundo ejemplar de esta recopilación de Hermenegildo: “Un quadernillo en 4º de 9 ojas, con este titulo: Resumen de los autores impresos y manuscritos que hablan de Don Vincencio Juan de Lastanosa, recogidos por mi Hermeregildo de Lastanosa su hijo (este es el que fue cartuxo, y de que se hizo memoria). En la oja siguiente hai este lema en letras no grandes, como el que le precede: Es el mismo identico titulo. Todo lo que hai en este escrito está ya impreso en el Tratado de la moneda jaquesa, en la Carta del Inquisidor Vidania, en el Museo, etc”. Al final de este segundo Resumen estaban recogidas también, en “un pliego suelto”, las menciones a Lastanosa en la Bibliotheca hispana de Nicolás Antonio.

[13] En la Carta (p. 4), la Agudeza y arte de ingenio está fechada, por error, en 1642. Éste  fue, en realidad, el año en que Gracián publicó la primera versión de la obra, más breve y de título distinto (Arte de ingenio).

[14] Una diferencia más: Basilio Varen, que mencionaba a Lastanosa en su continuación de la Historia imperial y cesárea de Pedro Mexía, aparece como autor por derecho propio en los Elogios; en la Carta, sin embargo, la cita de Varen está incluida dentro de la referencia que Vidania hace, en el año 1673, al libro San Laurencio defendido  de Dormer.

La lista de autores reunida por Hermenegildo Lastanosa presenta también algunas diferencias con las que figuran en la Carta y los Elogios de Vidania. Así, Hermenegildo menciona el Arte de ingenio de Gracián, publicado en 1642, que falta en ambos, y las citas del Diseño de la bibliteca de Francisco Filhol de Andrés de Uztarroz y El Discreto de Gracián son más largas que en Vidania; el texto de la Dedicatoria del Monumento de los santos mártires Justo y Pastor sólo incluye, como en los Elogios, lo referente a Vincencio Juan de Lastanosa; la alusión a Lastanosa en la Europa viviente de Chappuzeau está en francés, además de traducida al español; al hablar de la Palestra numerosa austriaca se citan todos los jueces del certamen, y no sólo a Lastanosa; y no hay, por último, ninguna referencia al Museo de las medallas desconocidas españolas, del año 1645, y sus tres Discursos introductorios.

[15] Félix Latassa, Memorias literarias de Aragón, Tomo I, Biblioteca Pública de Huesca, manuscrito nº 76, p. 37: “Después hai una carta original bastante estropeada, dirigida a dicho cavallero [Lastanosa] con fecha de Granada y febrero 11 de 1681, por Don Francisco de Contreras y Cordova. Está puesta en 4 ojas en 4, y en ella da a entender su autor que su estudio es la Medicina para socorrer a los pobres de Jesuchristo y de ella trata. Está falta de ojas”.

[16] Francesca Perugini, “La bibliothèque emblématique de Vincencio Juan de Lastanosa (1607-1681), mécène de Baltasar Gracián, á Huesca”, Écriture, pouvoir et societé en Espagne aux XVI et XVII siècles. Hommage du CRES á Augustin Redondo, Paris, 2001, p. 200 y Carlos Garcés Manau, “Diez cartas de Vincencio Juan de Lastanosa y Diego Vincencio Vidania a Athanasius Kircher, conservadas en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma”, Argensola, nº 115, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2005, p. 187-199.

[17] Ricardo del Arco, La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934, p. 49.

[18] Se trata de un error. Lo que Baltasar Gracián publicó en 1642 fue Arte de ingenio. La Agudeza y arte de ingenio, una versión más extensa de la obra, apareció en dos ediciones sucesivas en 1648 y 1649. El texto del discurso 57, que Vidania reproduce en la Carta, alude, como confirmación de lo dicho, al Museo de las medallas desconocidas españolas de Lastanosa, que se editó en 1645, y a la Descripción en verso de las antigüedades y jardines lastanosinos de Juan Francisco Andrés de Uztarroz, del año 1647. Vidania se dio finalmente cuenta del error; véase, en el año 1648, su alusión a la Agudeza y Arte de Ingenio.

[19] Salou.

[20] Según Ricardo del Arco, Vidania equivocó el nombre; se trata en realidad de Jaime Espital, un famoso jurista aragonés del siglo XIV (Ricardo del Arco y Garay, “Noticias inéditas acerca de la famosa biblioteca de Don Vicencio Juan de Lastanosa”, Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo 65, nº 4, 1914, p. 340 –nota 2-).

[21] En la Carta falta el nº 15 (se pasa del 14 al 16); este Registro de provisiones y cartas de los reyes de Aragón, sin número, está unido al nº 14 (los papeles de Montearagón).

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