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Instituto de Estudios Altoaragoneses Lastanosa
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ANDRÉS DE UZTARROZ. DESCRIPCIÓN EN VERSO
 
DESCRIPCION DE LAS ANTIGUEDADES I JARDINES DE DON VINCENCIO IUAN DE LASTANOSA, HIJO I CIUDADANO DE HUESCA, CIUDAD EN EL REINO DE ARAGON
Juan Francisco Andrés de Uztarroz. Zaragoza, Diego Dormer, 1647
 
Biblioteca del Palacio Real de Madrid, Signatura IX/5024 (2)
 
 
Este breve impreso, aparecido en Zaragoza en 1647, es la única descripción del palacio, las colecciones y los jardines lastanosinos que se publicó. Las tres descripciones más importantes que poseemos, en efecto, se conservan en forma manuscrita, pues nunca se dieron a la imprenta: son la extensa Descripción en prosa, escrita, al igual que este singular poema de 1647, por Juan Francisco Andrés de Uztarroz; la Narración de lo que le pasó a Don Vincencio Lastanosa a 15 de octubre de 1662 con un religioso docto y grave; y el Catálogo de los libros y otros objetos de las colecciones lastanosinas que se guarda en la Biblioteca Real de Estocolmo.
 
Este hecho no agota las peculiaridades de esta Descripción de las Antiguedades i Jardines de Lastanosa. Se trata, como acabamos de apuntar, de una obra escrita en verso[1]; se imprimió en Zaragoza y no en Huesca; su autor, Andrés de Uztarroz, la firmó bajo seudónimo (El Solitario); y aunque de ella se hizo, al parecer, una tirada de 2.000 ejemplares apenas dos de ellos han llegado hasta nosotros.
 
 
 
EL IMPRESO Y LOS MANUSCRITOS
 
 
El impreso de 1647
 
La Descripcion de las Antiguedades i Jardines de don Vincencio Iuan de Lastanosa, hijo i ciudadano de Huesca, ciudad en el Reino de Aragon es un impreso en 8º de 16 páginas (a las que hay que sumar la portada), publicado en Zaragoza en 1647 por el impresor Diego Dormer. La pobreza tipográfica de la obra queda de manifiesto en la misma portada, donde encontramos hasta tres errores distintos: “dscriviala” (por “escriviala”); “Rfancisco” (por “Francisco”); y “Elegio” (por “Elogio”).
 
La impresión de la obra estaba terminada, probablemente, a mediados de 1647, pues en carta de 17 de agosto remitida a su hermano Baltasar, Juan Francisco Andrés de Uztarroz escribía: “si hubiere carta de don José Pellicer envíemela Vuestra Merced., por ver lo que me responde a la descripción de las curiosidades de don Vincencio Juan de Lastanosa”[2]. En los meses siguientes, esta Descripción en verso de las antigüedades y los jardines de Lastanosa fue citada elogiosamente por fray Jerónimo de San José y Baltasar Gracián[3].
 
Según parece, de esta breve y curiosa obra se hizo, a petición del propio Andrés de Uztarroz, una amplia tirada, que Vicente Antonio Lastanosa, el hijo y heredero del mecenas oscense, cifraba en 2.000 ejemplares[4]. Ello, de ser cierto, contrasta fuertemente con el escasísimo número conservado en la actualidad. En la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos de 20 de Enero de 1877 (p. 29) se aludía ya a lo “extraordinariamente rara” que era la Descripcion de las Antiguedades i Jardines de don Vincencio Iuan de Lastanosa; en 1934, Ricardo del Arco calificaba asimismo de “sumamente raro” este impreso de 1647[5]. Y así es, en efecto; que sepamos sólo existen hoy dos ejemplares: uno en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid -signatura IX/5024 (2)-[6] y otro en la Hispanic Society of America.
 
 
Versiones manuscritas de los siglos XVII y XVIII
 
Una versión manuscrita de esta Descripción versificada, con ligerísimas variantes respecto al texto impreso, y perteneciente igualmente a la época de Lastanosa, se conserva en la Hispanic Society of America (B-2424, f. 13-22)[7]. El manuscrito de la Hispanic Society incluye, además, dos sonetos que no figuran en el impreso: uno de Pedro Gerónimo Galtero “a la selva en que describe el Solitario el museo y casa de don Vincencio Juan de Lastanosa” (f. 11r.) y otro del propio Andrés de Uztarroz, “hablando con el padre Gracián” (f. 23). Ambos sonetos figuran como anexo en esta edición de la Descripción.
 
En el siglo XVIII, la Descripción fue copiada dos veces más. La primera, hecha al parecer a partir del impreso que se conserva en el Palacio Real, se encuentra en la Biblioteca Nacional (nº 11.318/13)[8]. Por lo que hace a la segunda copia, fue realizada a fines del siglo XVIII por Félix Latassa, a partir en este caso de la versión manuscrita existente hoy en la Hispanic Society[9].
 
 
Publicaciones modernas
 
La Descripción en verso de Andrés de Uztarroz ha sido publicada en dos ocasiones. La primera, en 1876, en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (Madrid, nº 12 a 14 -20-Junio y 5 y 20-Julio-1876-). Y la segunda, en 1934, a cargo de Ricardo del Arco: La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934, p. 162-171.
 
 
 
AUTOR Y DESTINATARIO DE LA OBRA
 
 
Juan Francisco Andrés de Uztarroz. El autor
 
La Descripcion de las antiguedades i jardines de don Vincencio Iuan de Lastanosa se publicó bajo el seudónimo de “El Solitario”, que aparece tanto en el impreso de 1647 como en la versión manuscrita de la Hispanic Society. No hay duda, sin embargo, de que el autor fue el cronista e historiador zaragozano Juan Francisco Andrés de Uztarroz (1606-1653), al que se había nombrado pocos meses antes Cronista del Reino de Aragón. El Solitario era el seudónimo con el que Andrés de Uztarroz participó durante largo tiempo en la Academia de los Anhelantes, una conocida academia literaria de Zaragoza[10].
 
Juan Francisco Andrés de Uztarroz mantuvo, hasta su muerte en 1653 con 47 años, una estrecha relación con Lastanosa. Los primeros contactos entre ambos se remontan a 1636, el mismo año en que llegó a Huesca Baltasar Gracián.
 
Andrés de Uztarroz publicó, como prueba de su vinculación con Vincencio Juan de Lastanosa y con Huesca, tres libros dedicados a importantes devociones oscenses:
 
Defensa de la patria del invencible martyr S. Laurencio, Zaragoza, 1638.
 
Monumento de los santos martyres Iusto i Pastor, Huesca, 1644.
 
Vida de San Orencio obispo de Aux, Zaragoza, 1648.
 
En los libros sobre san Lorenzo, el patrón de la ciudad, y san Orencio, Andrés de Uztarroz defendía el oscensismo de ambos santos frente a quienes hacían cordobés a San Lorenzo o negaban que San Orencio fuera su hermano. En cuanto al Monumento de los santos martyres Iusto i Pastor[11], su autor lo dedicó al canónigo Juan Orencio Lastanosa, el hermano de Vincencio Juan; Andrés de Uztarroz estudiaba además en esta obra las antigüedades romanas que ingresaron en las colecciones lastanosinas, aparecidas en 1643 al abrir los cimientos de la nueva capilla de los santos Justo y Pastor en la iglesia de San Pedro el Viejo.
 
Andrés de Uztarroz fue autor asimismo de diversos textos, en prosa y en verso, relacionados directamente con Lastanosa (si bien la mayoría de ellos no llegó a publicarse):
 
Uno de los tres Discursos que figuran en el Museo de las medallas desconocidas españolas, el libro sobre las antiguas monedas ibéricas que Vincencio Juan de Lastanosa publicó en Huesca en 1645.
 
La extensa y detallada Descripción del palacio y los jardines de Vincencio Juan de Lastanosa, en prosa, que se encuentra en el manuscrito B-2424 de la Hispanic Society of America (f. 24-51).
 
Diversos poemas, conservados igualmente en el manuscrito B-2424 de la Hispanic Society:
 
Romance jocoso a la desnudez de la estatua de Alcides sustentando sobre los hombros el globo celeste, cuyo simulacro misteriosamente ilustra la casa de Don Vincencio Juan de Lastanosa, del año 1646, que Andrés de Uztarroz firmó también con su seudónimo de El Solitario (f. 80-99).
 
Matraca de la piedra imán a las piedras preciosas (f. 126-130).
 
Dos poemas a un cupidillo grabado en un ágata que tenía Lastanosa en su Dactiloteca, fechados el 15 de enero de 1653 -el año de la muerte de Andrés de Uztarroz- (f. 131-132 y 134-136).
 
La traducción, en 1646, de un epigrama latino de Casaneo sobre las perfecciones de la hermosura, firmada nuevamente como El Solitario (f. 137-138).
 
Otro poema y un epigrama dedicado a Lastanosa (f. 141 y 157)[12].
 
Cincuenta y dos cartas de Andrés de Uztarroz a Vincencio Juan de Lastanosa[13].
 
 
Tras la muerte de Juan Francisco Andrés de Uztarroz en 1653, varias de sus obras, en forma manuscrita, entraron a formar parte de la Biblioteca lastanosina[14].
 
 
Francisco Filhol. El destinatario
 
Andrés de Uztarroz dedicó la Descripción en verso de las antigüedades y jardines de Lastanosa a Francisco Filhol, un presbítero francés de la catedral de Toulouse que había reunido en el claustro de la catedral una biblioteca y museo semejantes a los lastanosinos. La Descripción está dedicada, concretamente, “al doctor don Francisco Filhol, lustre, ornamento y elogio de la ciudad de Tolosa”. Al comienzo del poema, Andrés de Uztarroz califica a Filhol de “docto” y “honor ilustre de Tolosa”, y le comunica, en versos resonantes, su deseo de hacerle llegar un “traslado” de “aquella Biblioteca prodigiosa / que aplaude el claro Isuela en sus orillas / y la ciudad celebra victoriosa[15]”, y de “lo raro, lo exquisito del Museo / de nuestro dulce amigo Lastanosa”[16]. La Descripción se cierra, además de con una nueva mención al “erudito Filhol”, con una curiosa alusión a “tu Pyrene”, en referencia posiblemente a los Pirineos, que unían y separaban a la vez Huesca y Toulouse.
 
Las interesantísimas relaciones que mantuvieron Francisco Filhol y Vincencio Juan de Lastanosa están aún, en parte, por estudiar[17]. Filhol, que llamaba a Lastanosa, en carta dirigida al Cronista de Aragón Francisco Ximénez de Urrea, “mon trés cher ami”, envió al mecenas oscense, entre otras cosas, semillas de flores, sobre todo de tulipanes, para su jardín, tal y como manifiesta la propia Descripción en verso de Andrés de Uztarroz: “los tulipanes que la Francia cría, / y tu curiosidad prodiga envía, / desarrollan aquí vistosamente / tanto esplendor luciente, / y tanta variedad, que no hay colores / que puedan dibujar sus resplandores”. Los dos eruditos intercambiaban también libros. Y algún valioso manuscrito de Filhol terminó en la Biblioteca lastanosina. Es el caso, por ejemplo, de un códice medieval del libro de Ezequiel[18]. Según parece, Francisco Filhol nombró incluso heredero a Lastanosa[19].
 
El aspecto quizá más singular de los vínculos entre Filhol y Lastanosa tiene que ver, precisamente, con Juan Francisco Andrés de Uztarroz. Francisco Filhol, a quien Baltasar Gracián calificaba en la Agudeza y arte de ingenio de “gloria de Francia, admiración de Europa, ornamento de nuestro siglo, envidia de los venideros”, remitió a Lastanosa, “como a persona que profesa sus mismos estudios”, una “Relación” de su biblioteca y museo[20]. Andrés de Uztarroz debió conocerla en una de sus visitas a Huesca y decidió publicarla. Esta descripción de las colecciones de Filhol, traducida al español, se imprimió en Huesca en el año 1644 con el título: Diseño de la insigne i copiosa Bibliotheca de Francisco Filhol. El museo reunido por el clérigo francés era, como el del propio Lastanosa, ecléctico y maravilloso. Comprendía una biblioteca con más de 2.000 libros y manuscritos; una gran colección de pintura y grabados, con más de 2.000 “estampas”; armas antiguas; instrumentos musicales; monedas, de las que sólo las romanas eran unas 3.000; estatuas de bronce y mármol; piedras preciosas (500 piezas) y camafeos; instrumentos matemáticos, astronómicos y de óptica; semillas, flores y frutos, conchas, corales, fósiles y minerales; diversos “prodigios del aire, del mar y de la tierra” como “las quijadas del dragón de Etiopía, la rémora, el basilisco, la serpiente volante, el cocodrilo, la víbora y el cuerno del rinoceronte”; y en fin, un armario con 300 mariposas[21]
 
 
 
ESTRUCTURA Y CONTENIDO
 
 
a) Las dos partes del poema
 
De acuerdo con el título de la Descripción, cabría distinguir dos partes en el texto, dedicadas respectivamente a las “antigüedades” y los “jardines” de Lastanosa. La parte de las “antigüedades” se ocupa de las colecciones lastanosinas, con una especial atención a las monedas romanas, la Biblioteca y la Armería. En cuanto a la parte de los “jardines” se ocupa sobre todo de las distintas flores presentes en ellos (alhelíes, narcisos, tulipanes, rosas, claveles, azucenas, lirios y jazmines) y del gran estanque navegable.
 
 
1. Antigüedades (p. 3-13):
 
El poema se inicia con una encomiástica mención de la “Biblioteca prodigiosa” y lo “raro” y “exquisito” del Museo de Lastanosa, lleno de “insignes maravillas”. Alude a continuación a “las piezas numerosas de su casa” y a la “torre eminente” de la fachada, coronada por la estatua de Hércules.
 
Colecciones (sobre todo, de monedas romanas) –p. 4-10-.
 
La parte más extensa del poema (p. 4-8) es la dedicada a las monedas antiguas de Lastanosa. Andrés de Uztarroz habla sucesivamente de:
 
las monedas romanas de época republicana.
 
las monedas, en su mayoría ibéricas, que se acuñaban en la Hispania romana, a las que Lastanosa había dedicado el libro, publicado en Huesca en 1645, Museo de las medallas desconocidas españolas (a tales monedas, y al propio libro, se refiere el poema en esta forma: “las ancianas medallas del Museo / que dispuso la lima y sacó el arte, / haciendo las medallas conocidas / que labró nuestra España antiguamente, / y por esta razón desconocidas / las llamaron diversos escritores”).
 
las monedas romanas de época imperial, con una extensa y muy curiosa alusión a los retratos de emperatrices que figuraban en ellas (por ejemplo, Mesalina y Agripina).
 
Tras las monedas romanas, la Descripción menciona brevemente (p. 8-10):
 
las “católicas medallas” (en referencia, seguramente, a las monedas aragonesas y españolas medievales y modernas).
 
los “barros de Sagunto” (la cerámica romana sigillata, con su brillante color rojo), cantados ya en las obras de Marcial -la “musa sutil bilbilitana” de que habla el poema-.
 
las piedras preciosas.
 
dos escritorios, uno con libros y otro con dibujos, estampas y pinturas.
 
Andrés de Uztarroz alude, asimismo, al Ave Fénix, que era el emblema de Vincencio Juan de Lastanosa (p. 9).
 
 
Biblioteca –p. 11-12-.
 
Andrés de Uztarroz exalta su contenido: “es más la realidad que no la fama”. Y nos proporciona el dato, especialmente relevante, de que en ella se hallaban reunidos los libros de los dos hermanos Lastanosa, Vincencio Juan y el canónigo Juan Orencio: “están de ambos hermanos aquí unidas / las Bibliotecas dos, como las vidas”.
 
No obstante, aún más interesante es descubrir que los versos de Andrés de Uztarroz confirman plenamente las otras descripciones de la Biblioteca, en especial la Descripción en prosa del palacio y los jardines escrita por el propio Andrés de Uztarroz y la Narración de lo que le pasó a don Vincencio Lastanosa a 15 de octubre del año 1662 con un religioso docto y grave.
 
En primer lugar, Juan Francisco Andrés de Uztarroz nos dice que para llegar a la Biblioteca había que “subir”: “desde aqueste lugar a otra espaciosa / Biblioteca se asciende numerosa”. La Biblioteca lastanosina, junto con la Armería, se hallaba situada efectivamente en la planta superior del palacio. También son conformes con las restantes descripciones las menciones a los estantes decorados en negro y oro donde estaban los libros (“los lúgubres estantes / perfilados de oro”), separados por representaciones de Apolo y las nueve Musas (“formando de unas termas divisiones / Apolo y de Aganipe las cultoras”); las alusiones a los escritorios presentes en la Biblioteca, que contenían parte de las colecciones de Lastanosa (“en otros escritorios, que sutiles / pinceles imitaron los marfiles / y el ébano en labores, / se ocultan ingeniosas perspectivas, / mostrando los desvelos e inventivas, / y otras curiosidades y primores / que el cielo a varios genios les reparte, / viéndose en ellos cuanto puede el arte”); la presencia de urnas, estatuas y otros objetos, colocados encima de las estanterías (“en bronce, en yeso, en mármol transparente / urnas, estatuas breves y modelos, / de la escultura fértiles desvelos, / los estantes coronan variamente”); o, en fin, la referencia a los mapas y vistas de ciudades que decoraban las paredes (“los mapas de provincias y ciudades / muchas ofrecen bellas variedades”).
 
 
Armería –p. 12-13-.
 
Otro tanto puede decirse de la Armería. A ella se accedía desde la Biblioteca, a través de “la que también es puerta y celosía”. En la Descripción en prosa del palacio, Andrés de Uztarroz escribiría, igualmente: “por esta pieza [la Biblioteca] se pasa a otra por una puerta que sirve también de celosía y ventana, pues por ella le entra la luz”[22].
 
Esta nueva sala sólo recibe el nombre de Armería, precisamente, en esta Descripción en verso del año 1647. En ella, Lastanosa atesoraba numerosas armas: “admirase en su estancia / tanta diversidad y extravagancia / de cotas, de lorigas y de arneses, / de espadas, de rodelas y paveses, / de ballestas, pistolas, coseletes, / de jabalinas, dardos y mosquetes”. Pero había también, de nuevo en conformidad con otras descripciones, esqueletos, fósiles y otros prodigios de la naturaleza: “tienen una alacena por clausura / diversos esqueletos / de aves, de pescados y animales, / cristal de roca, cándidos corales, / y otros prodigios, que por imperfectos / merecen alabanzas y conceptos”.
 
 
2. Jardines (p. 14-18):
 
La segunda parte de la Descripción, más breve, está dedicada a los jardines que se extendían tras el palacio de Lastanosa, evocados por Andrés de Uztarroz en estos breves versos, plenos de resonancias clásicas: “un cigarral se ofrece delicioso, / que excede al de Lucano primoroso, / y es competencia clara del Parnaso / donde las Gracias y las Musas moran”.
 
Las distintas clases de flores –p. 15-16-.
 
Andrés de Uztarroz enumera, dando rienda suelta al lirismo, los tipos de flores que se podían encontrar en los jardines lastanosinos: alhelíes, narcisos, tulipanes, rosas, claveles, azucenas, lirios, jazmines… Aunque finalmente desiste del empeño: “contar cuantas produce / flores y árboles fértiles la quinta / no da lugar mi relación sucinta, / que nunca mucho a poco se reduce”. Sobre los tulipanes nos proporciona, como hemos dicho, un dato realmente valioso: era Francisco Filhol quien los enviaba a Lastanosa (“los tulipanes que la Francia cría, / y tu curiosidad prodiga envía”)[23].
 
 
El estanque –p. 17-18-.
 
En esta Descripción versificada, Andrés de Uztarroz parece referirse a uno de los elementos más destacados de los jardines, el gran estanque navegable de forma rectangular. A él alude, posiblemente, al escribir: “solo el cristal perenne, / por delinear la fuente de Hypocrene[24], / describirá mi Musa, cuya plata / por pura y transparente será grata”. En sus aguas, además de reflejarse el sol y los árboles del jardín (“en su aljófar Apolo se retrata, / y los blancos alisos”), se veían diversas aves (“las aves bulliciosas, / que nadan en sus líquidos caudales”).
 
Si como parece tales versos nos están hablando del estanque que conocemos por otras descripciones y dibujos de los jardines, que son algo posteriores en el tiempo, tendríamos aquí un importante elemento de datación. El estanque estaría ya construido a comienzos del año 1647, momento en que se publicó esta Descripción en verso. De la misma manera, el que en ella no aparezcan referencias al laberinto vegetal nos indicaría quizás que el mismo aún no había sido concebido.
 
 
b) Referencias a la esposa muerta
 
Uno de los aspectos más destacados del poema lo constituyen las menciones a la muerte de Catalina Gastón, la mujer de Lastanosa, y al dolor que éste sentía todavía ante su pérdida. Catalina Gastón y Guzmán nació en Sevilla en 1612, aunque su padre, Juan Martín Gastón, era natural de la localidad altoaragonesa de Loscertales. Juan Martín había contraído matrimonio con Esperanza Baraiz y Vera, la madre de Lastanosa, viuda de su primer marido. Cuando Vincencio Juan de Lastanosa se casó a principios de 1626 con Catalina, que sólo contaba 13 años, Juan Martín Gastón se convirtió, de esta forma, al mismo tiempo en su suegro y su padrastro. Catalina murió de sobreparto en abril de 1644, a los 32 años, después de dar a luz a catorce hijos en trece embarazos. Sobre su mujer y las terribles circunstancias de su muerte, Lastanosa nos ha dejado un impresionante relato conservado en el manuscrito nº 22.609 de la Biblioteca Nacional[25] -véase, en esta misma colección de Fuentes documentales, Semblanzas de Lastanosa y su mujer Catalina-.
 
En esta Descripción en verso, publicada tres años después de su fallecimiento, aparece aún, con sentidos acentos, el recuerdo de doña Catalina. Por ejemplo, al hablar de los estantes de color negro de la Biblioteca: “los lúgubres estantes / perfilados de oro, los amantes / recuerdos representan de la esposa / de nuestro docto amigo, que reposa / en los pensiles de la gloria amenos”. No obstante, donde las alusiones a su muerte son más claras, y también más hermosas, es en las últimas estrofas del poema (p. 17-18), con esas sorprendentes referencias a los mensajes grabados por Lastanosa en la corteza de los árboles, al reflejo de los mismos en las aguas del estanque y a su desaparición final, para que las lágrimas no se desbordaran, gracias al aleteo de las aves que nadaban en él. Para Ricardo del Arco, era ésta, justamente, la parte más lograda de la obra: “lo mejor de la composición es el final, donde hay una delicada alusión a la pérdida de la mujer de Lastanosa, la sevillana doña Catalina Gastón y Guzmán”[26].
 
 
 
 
DESCRIPCION DE LAS ANTIGUEDADES I JARDINES DE DON VINCENCIO IUAN DE LASTANOSA, HIJO I CIUDADANO DE HUESCA, CIUDAD EN EL REINO DE ARAGON
Juan Francisco Andrés de Uztarroz. Zaragoza, Diego Dormer, 1647
 
Biblioteca del Palacio Real de Madrid, Signatura IX/5024 (2)
 
 
La presente trascripción de la Descripcion de las antiguedades i jardines de Don Vincencio Iuan de Lastanosa, escrita por Juan Francisco Andrés de Uztarroz y publicada en Zaragoza en 1647 por el impresor Diego Dormer, está basada en el ejemplar de este rarísimo impreso que se conserva en la biblioteca del Palacio Real de Madrid -signatura IX/5.024(2)-.
 
Hemos optado por modernizar y regularizar texto y ortografía, para facilitar su lectura. En las notas se señalan las diferencias, no demasiado numerosas, que el texto impreso presenta con:
 
la versión manuscrita de la Descripción (Hispanic Society of America, B-2424, f. 13-22).
 
las dos ocasiones en que esta Descripcion versificada de Andrés de Uztarroz se publicó:
 
Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (nº 12 a 14, Madrid, 20-Junio y 5 y 20-Julio-1876).
 
Ricardo del Arco, La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934, p. 162-171.
 
Como anexo figuran dos sonetos que no se incluyeron en el impreso de 1647, pero que sí acompañan a la Descripción en el manuscrito B-2424 de la Hispanic Society:
 
Soneto de Pedro Gerónimo Galtero a la Selva en que describe El Solitario el Museo y la Casa de Vincencio Juan de Lastanosa (ha sido publicado por José Ignacio Gómez Zorraquino, Todo empezó bien. La familia del prócer Vincencio Juan de Lastanosa (siglos XVI-XVII), Zaragoza, Diputación de Zaragoza, 2004, p. 9).
 
Soneto de Juan Francisco Andrés de Uztarroz hablando con el Padre Gracián (publicado en Ricardo del Arco, La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934, p. 83-84).
 
 
 
 
 
/[Pág. 1]
 
DESCRIPCIÓN
de las Antigüedades y Jardines
 
DE
 
DON VINCENCIO JUAN DE LASTANOSA,
hijo y ciudadano de Huesca,
 
CIUDAD
EN EL REINO DE ARAGÓN.
 
 
ESCRIBIALA[27]
 
EL SOLITARIO
 
AL
DOCTOR DON FRANCISCO FILHOL
 
Lustre, Ornamento y Elogio
DE
LA CIUDAD DE TOLOSA.
 
 
CON LICENCIA
En Zaragoza, por Diego Dormer
Año 1647
 
 
/[pág. 2]
 
 
 
 
/[pág. 3]
 
Docto Filhol, si al plectro destemplado
atiende numerosa
tu musa, honor ilustre de TOLOSA,
no admirará mi voz, sino el traslado
de aquella Biblioteca prodigiosa
que aplaude el claro Isuela en sus orillas
y la CIUDAD celebra VICTORIOSA,
lo raro, lo exquisito del Museo
de nuestro dulce amigo LASTANOSA,
en donde tiene límite el deseo,
y en donde el más atento y más curioso
de hallarse allí gozoso
registra sus insignes maravillas.
Las piezas numerosas de su casa
no he de pintar ahora,
si bien mi relación será algo escasa,
porque de tantos senos mucho ignora.
Antes de entrar en ella
una torre eminente se descuella,
en cuyo fin se admira
la estatua del galán de Deyanira[28],
que donde todo es claras suspensiones
la entrada ha de ofrecer admiraciones[29].
Donde el rubio cultor de la Hypocrene
a la curiosidad pasmos previene
es en la pieza donde
/[pág. 4]
en preciosos depósitos esconde
lo raro y lo ingenioso
que acaudaló su dueño afectuoso.
Aquí conserva Roma
los trofeos antiguos que blasona,
descubriendo[30] en bigatos
de los cónsules claros los retratos,
los triunfos, sacrificios y ovaciones
que explican artizadas[31] inscripciones.
Y porque no estén solos los denarios,
en el mismo lugar se miran varios
traslados elegantes
de los que con intrépida osadía
borraron la romana aristocracia[32],
coronando sus frentes
con laureles triunfantes,
mostrándose a su patria inobedientes,
introduciendo vanos desde entonces
escribirse en los mármoles y bronces
césares, tribunicias potestades,
y como si supieran de piedades
el miedo padres los publica, cuando
a quien el ser les dio lo están hollando.
Aquí logró el deseo,
distribuyendo en una y otra parte
las ancianas medallas[33] del Museo
/[pág. 5]
que dispuso la lima y sacó el arte,
haciendo las medallas conocidas
que labró nuestra España antiguamente,
y por esta razón desconocidas
las llamaron diversos escritores,
pero desvanecidos los errores[34]
Esperia[35] deberá a su celo ardiente
los antiguos blasones y decoro
que en aquel siglo merecieron de oro.
El tiempo, que vorazmente consume
los edificios, y triunfar presume
de lo más duro y fuerte,
tal vez lo privilegia augusta suerte,
y aunque la sorda lima de los años
propone verdaderos desengaños
a todos no comprehende civil muerte.
Unas y otras diranlo antigüedades,
que en diferentes[36] edades
en los profundos senos de la tierra
de los mortales el olvido encierra,
descubriéndose ya por varios modos
los bárbaros destrozos de los godos.
De aquellos felicísimos estragos,
la Antigüedad le ofrece mil halagos,
y a su memoria grata
                    en distintas mansiones los dilata,
/[pág. 6]
para que de una vez gocen los ojos
los romanos despojos.
A sus ciertas memorias
mucho resplandor deben las Historias,
y la Cosmografía
llevándolas por guía
tendrá rumbo seguro
por navegar con diestro Palinuro,
enmiéndanse las bárbaras dicciones,
y la escritura aumenta[37] perfecciones.
Supo hallar la destreza,
para hacer más eterna la dureza,
unos baños tan fuertes y sutiles,
sin ofender realces ni perfiles,
que la mano elegante,
siempre al dibujo atenta y observante,
el primor ostentó de los buriles.
Con orden exquisito,
el cómputo de Historias erudito
las gavetas dispuso atentamente,
empezando del César, que el corriente
del Rubicón venció, que impetuoso
procuraba impedir su fin glorioso,
hasta que la romana monarquía
perdió la universal soberanía.
De las emperatrices resplandece
/[pág. 7]
el donaire, la gala y la hermosura,
conservada[38] hasta hoy en la escultura
del bronce, que aun el tiempo no envejece.
Aquí de sus tocados y su pelo
el gusto brilla, y luce su desvelo,
aunque no le llevaban tan prendido
como suelen las damas españolas,
bien que algunas en forma de amapolas
o castañas le daban fin airoso,
otras suelto y tendido
solo en una lazada detenido.
El ornato encumbrado ignominioso,
la jaulilla, ninguna usó, que fuera
dejar lo augusto y parecer ramera,
solo la usó la infame Mesalina,
cuando en traje mentido se destina
al publico lugar de la torpeza,
profanando insolente su belleza,
donde quedó cansada,
pero de su apetito no saciada.
Nadie, Claudio, envidiar podrá tu suerte
pues a tu vida y a tu honor dan muerte
las dos mujeres que te dio Lucina.
Con su muerte pagó su atrevimiento
Mesalina, y también será escarmiento
                    de anhelar a la púrpura, Agripina,
/[pág. 8]
que si a Nerón vio César, fue su ruina[39],
para dejar ejemplo a las edades
que a quien mata cruel, vengan crueldades.
Las medallas, en donde resplandecen
los renombres antiguos que ennoblecen
no solo de la España las ciudades,
sino de varios climas, se le ofrecen
a la vista[40], por orden divididas,
y en poco mapa muchas esparcidas.
Deduce la colonia el sacerdote
conduciendo los bueyes,
porque después de las romanas leyes
sea feliz traslado;
lleva la izquierda mano en el arado,
y en la siniestra cruje el duro azote,
señala el surco, erígense los muros
para vivir en la ciudad seguros.
Su dictamen prudente,
en curiosa mansión, si bien[41] diferente,
colocó las católicas medallas,
porque el celo cristiano
no diga que lo sacro y lo profano
está promiscuamente
mezclado entre romanas antiguallas;
pero la discreción siempre se libra
del que Aristarco se fingió elocuente
/[pág. 9]
y en sus elogios el veneno vibra[42],
porque se diga de los detractores
que está encubierto[43] el áspid entre flores.
Los barros de Sagunto artificiosos,
que en lo purpúreo exceden a la grana,
y celebran los versos ingeniosos
de la MUSA sutil BILBILITANA,
también gozan su erario,
para que admire todo por lo vario.
Ya que ricos metales
adornan su Museo,
para mayor recreo
de los más escondidos minerales
brillan piedras preciosas,
en numero y colores tan copiosas
que el tesoro abundante de Gorleo
el vencimiento cede, y el trofeo.
El pájaro de Arabia, que eterniza
en su propia ceniza
las plumas que el Sol dora,
cuando a ser más augusto lo mejora,
es su empresa elegante[44],
y en ella simboliza
de las antigüedades la nobleza,
pues renueva en lo anciano su belleza,
y en aquellos desmayos
/[pág. 10]
bebiendo de Titán los rubios rayos,
sin padecer horrores
entre luces renace, y entre olores.
Admirándose el arte, dirá ahora
que ignora el modo, que el aliño ignora,
como en la breve estancia
de un escritorio quepa la elegancia
de tantos escritores ingeniosos
que celebra el Parnaso por famosos;
pero a perfección tanta
el estudioso genio se adelanta.
Y aunque después de aqueste escaparate
no puede haber exceso en el remate,
otra mansión podrá por lo exquisito
competir con lo breve y erudito:
aquí la vista admira dibujados
excelentes traslados
de los que aplaude grata la pintura
y honora la romana arquitectura,
de estampas es copiosa librería,
y de pinturas culta academia.
En espejos se mira delineada
cuanta curiosidad está cifrada
en láminas, en lienzos y en ornatos,
que los cristales a la vista gratos
muestran el artificio en lo luciente,
/[pág.11]
y en lo breve trasladan claramente
los objetos que alcanzan en retratos.
Desde aqueste lugar a otra espaciosa
Biblioteca se asciende numerosa,
en cuya longitud y en cuyos senos,
de erudición y de enseñanza llenos,
maestros mudos[45] viven misteriosos[46],
que advierten ejemplares provechosos.
Los lúgubres estantes
perfilados de oro, los amantes
recuerdos representan de la esposa
de nuestro docto amigo, que reposa
en los pensiles de la gloria amenos,
porque tengan mayores perfecciones.
Formando de unas termas divisiones,
Apolo y de Aganipe las cultoras,
sin resonar las cítaras sonoras,
suspenden los oídos sus acciones.
La dilección procura unirse fuerte,
que es tan robusto amor como la muerte,
están de ambos hermanos aquí unidas
las bibliotecas dos, como las vidas,
por esto en dulces y suaves lazos
repiten amantísimos abrazos,
que aún en lo artificioso del aliño
la voluntad ostenta su cariño.
/[pág. 12]
En otros escritorios, que sutiles
pinceles imitaron los marfiles
y el ébano en labores,
se ocultan ingeniosas perspectivas,
mostrando los desvelos e inventivas
y otras curiosidades y primores
que el cielo a varios genios les reparte,
viéndose en ellos cuanto puede el arte.
En bronce, en yeso, en mármol transparente
urnas, estatuas breves y modelos,
de la escultura fértiles desvelos,
los estantes coronan variamente.
Los mapas de provincias y ciudades
muchas ofrecen bellas variedades.
Al fin, cuanto contiene
la suspensión previene,
y nunca a la lisonja se derrama,
que es más la realidad que no la fama.
Permitiendo la entrada a la Armería,
la que también es puerta y celosía,
admirase en su estancia
tanta diversidad y extravagancia
de cotas, de lorigas y de arneses,
de espadas, de rodelas y paveses,
de ballestas, pistolas, coseletes,
de jabalinas, dardos y mosquetes,
/[pág. 13]
otros ornatos y otras armas callo,
porque siguen veloces al caballo.
Con rara compostura
tienen una alacena por clausura
diversos esqueletos
de aves, de pescados y animales,
cristal de roca, cándidos corales,
y otros prodigios, que por imperfectos
merecen alabanzas y conceptos,
porque siempre lo raro
dio causas relevantes al reparo.
Del resto que su casa adorna y pule
el aliño es igual, porque no emule
aquella pieza a otra, sino iguales
todas la vista admire artificiales,
que donde hay tan recíprocos amores
no tolera el querer competidores,
si bien la competencia
puede admitirse en la amorosa ciencia.
Ya que el entendimiento
tuvo centro[47] gustoso y alimento
en tantas ingeniosas variedades,
para que gocen los sentidos todos
por tan diversos y suaves modos,
de las que el campo esparce amenidades,
sin fatigar el paso,
/[pág. 14]
un cigarral se ofrece delicioso,
que excede al de Lucano primoroso
y es competencia clara del Parnaso,
donde las Gracias y las Musas moran,
y al mismo amor hermosas enamoran.
Aquí la Primavera,
apacible, agradable y lisonjera,
                    ámbar toda respira[48],
aliñando las flores
sus matices ostenta, y sus colores,
y su variedad bella tanto admira
que el olfato recela si es mentira
el olor que transciende,
y cuando más la luz el alba extiende,
es mayor la fragancia
que exhala aquella estancia,
y cuanto más sutil la vista atiende
se halla más confusa
en la que mira amenidad difusa,
y atónita, perpleja y admirada
en suspensiones queda embelesada.
Siguen[49] de Flora las hermosas huellas
las flores, que pudieran ser estrellas
errantes por lo vario y por lo hermoso,
aunque en la duración no lo parecen,
porque más que otras plantas permanecen.
/[pág. 15]
Los bellos Alhelíes,
que topacios despliegan, y rubíes.
El Narciso, que el blanco de sus hojas
corona el rubio rey de los metales,
y en él también acuerda las congojas
que un tiempo le causaron los cristales,
será ejemplo fatal de la agonía
que ocasiona la ciega filaucía[50].
La copiosa abundancia,
que tiene más beldad que no fragancia,
los Tulipanes que la Francia cría
y tu curiosidad prodiga envía,
desarrollan aquí vistosamente[51]
tanto esplendor luciente,
y tanta variedad, que no hay colores
que puedan dibujar sus resplandores.
Aquí vive la Rosa tan ufana
aumentando carmín a la mañana,
a quien el aire bebe
el aljófar que en ella el alba llueve,
y coronada de oro
su majestad aumenta, y su decoro,
pero ay dolor, que el bello imperio dura
la edad de un sol, que siempre la hermosura
suele vivir instantes,
así pues, de la Rosa las flamantes
/[pág. 16]
hojas se desvanecen,
y con las negras sombras se obscurecen.
Preso el Clavel se mira
porque contra la Rosa se conspira,
y aunque las cañas son leves prisiones
las tienen merecidas las traiciones,
que no hay flor tan altiva y ambiciosa
que el cetro niegue a la purpúrea Rosa.
El Azucena en tantas candideces
dice que en su pureza no hay dobleces,
que no es poca ventura
hallarse sin engaño la blancura.
Y el Lirio, contemplándose en su plata,
de sus hojas lo cárdeno desata,
y en letras de oro su fineza escribe,
pero el casto retiro no percibe
las líneas de su amor, ni sus antojos,
antes bien el silencio en sus enojos[52]
publica cuerdamente, y a sus quejas,
tuerce el rostro, y les niega las orejas,
que si escuchara el ruego
presto Cupido introdujera el fuego.
Los frágiles Jazmines,
fragante ostentación de los jardines,
imitando a las hiedras
se desparcen[53] en copiosas medras,
/[pág. 17]
que no hallándose arrimo
infecundo será lo más opimo.
Contar cuantas produce
flores y árboles fértiles la Quinta
no da lugar mi relación sucinta,
que nunca mucho a poco se reduce.
Solo el cristal perenne,
por delinear la fuente de Hypocrene,
describirá mi musa, cuya plata
por pura y transparente será grata,
de más que el fin de lo admirable y raro
no será prodigioso, sino es claro;
en su aljófar Apolo se retrata,
y los blancos Alisos,
imitando amorosos los Narcisos,
porque se multipliquen sus finezas,
los desvelos, las ansias y dolores
que escribió nuestro amigo en sus cortezas
cuando transmontó el sol los resplandores,
el SOL, que del oriente de SEVILLA
vino a ser del ISUELA maravilla,
y porque la ternura,
y lágrimas que causa su hermosura,
no se aumenten copiosas,
las aves bulliciosas
que nadan en sus líquidos caudales,
/[pág. 18]
moviendo con las alas los cristales,
y rizando las cándidas espumas
con las agilidades de sus plumas,
el vidrio en olas muchas dividiendo
y círculos de perlas repitiendo,
de esta suerte su inquieta argentería
las endechas de amor desvanecía.
Erudito FILHOL, mi lira cesa,
porque la voz ya trémula confiesa
que no atina el compás de la armonía,
y si prosigue el canto
será imposible reprimir el llanto,
y la recordación del bien perdido
en el ardiente pecho de su esposo,
amante, compasivo, afectuoso,
dulce repetirá más de un gemido.
Si una memoria triste puede tanto,
mi musa en los sollozos se detiene,
y este obsequio dedica a tu Pyrene.
 
 
 
 
[Anexo]
 
 
 
Soneto de Pedro Gerónimo Galtero a la Selva en que describe el Solitario el Museo y la Casa de Vincencio Juan de Lastanosa
 
Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 11
 
 
Este soneto lo ha publicado José Ignacio Gómez Zorraquino, Todo empezó bien. La familia del prócer Vincencio Juan de Lastanosa (siglos XVI-XVII), Zaragoza, Diputación de Zaragoza, 2004, p. 9. Gómez Zorraquino piensa que el autor del poema era seguramente hijo de Pedro Jerónimo Gualtero, un miembro de la colonia mercantil genovesa afincada en Aragón, que falleció en 1615.
 
 
  Don Pedro Gerónimo Galtero a la Selva
    en que describe el Solitario el Museo
y Casa de Don Vincencio Juan de Lastanosa
 
                    Soneto
 
Cual Strimón mientras cantaba Orfeo
suspenso su raudal Isuela mira
de el Solitario en la suave lira
de el grande Lastanosa el gran Museo.
Yo, suspenso también, en ella veo
este Liceo que la Iberia admira
adonde como a centro se retira,
jubilando sus alas, el Deseo.
Los venerables de la edad despojos,
los de Minerva y Marte entretejidos,
verdes laureles con esmaltes rojos.
Más noblemente han visto mis sentidos,
porque al cuerpo dan vista nuestros ojos,
pero al entendimiento los oídos.
 
 
 
 
Soneto de Juan Francisco Andrés de Uztarroz hablando con el Padre Gracián
 
Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 23
 
 
El soneto de Andrés de Uztarroz está copiado en dos ocasiones, a partir del manuscrito de la Hispanic Society, en el Tomo I de las Memorias literarias de Aragón de Félix Latassa (Biblioteca Pública de Huesca, manuscrito nº 76, p. 130 y 298): la primera, al final de la propia Descripción en verso de las antigüedades y jardines de Vincencio Juan de Lastanosa; y la segunda, en carta escrita desde Huesca el 31 de Julio de 1788, tras descubrir diversos papeles y manuscritos en el antiguo palacio de Lastanosa, por el bilbilitano José Sanz de Larrea.
 
En 1934 Ricardo del Arco publicó el poema, a partir de la carta de Sanz de Larrea (La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934, p. 83-84).
 
 
                    Soneto
    del Doctor Juan Francisco Andrés
     hablando con el Padre Gracián
  
Esas flores que ilustran los jardines,
Gelio, de nuestro amigo Lastanosa
a la industria se deben oficiosa
de quien Tolosa aplaude en sus confines.
FILHOL, digo, que excede a los jazmines
en candor y en fragancia virtuosa,
este pues de su quinta artificiosa
traslada a Huesca flores paladines.
Varia y florida es ya la Primavera,
pues de los tulipanes las colores
la matizan y la hacen lisonjera.
Admiras, oh Gelio, sus primores,
pero si tu atención lo considera
verá que Francia es flor, y así de él flores.
 
 
 

[1] Ricardo del Arco, en La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934), expresó juicios poco favorables sobre esta Descripción en verso. Tras calificarla de “impresión lírica” (p. 162), decidió publicarla en un capítulo distinto al de las demás descripciones del palacio y los jardines lastanosinos. En otro momento afirma de ella que contenía “pocos datos de interés” (p. 174). Disentimos de esta opinión. Aunque es evidente que, tanto por su extensión como por su carácter versificado, este impreso de 1647 ofrece menos información que textos como la Descripción en prosa del mismo Andrés de Uztarroz o la Narración de 1662, en él no faltan, como iremos viendo, noticias destacadas.
[2] Ricardo del Arco, La erudición española en el siglo XVII y el Cronista de Aragón Andrés de Uztárroz, Tomo I, Madrid, 1950, p. 499-500. Del Arco pensaba, no obstante, que Andrés de Uztarroz se refería aquí a su Descripción en prosa del palacio y los jardines de Lastanosa, un texto fundamental que el historiador zaragozano escribió realmente hacia 1650, y que se conserva manuscrito en la Hispanic Society of America (B-2424, f. 24-51).
[3] Si bien alaba la Descipción, Jerónimo de San José aconsejaba a Andrés de Uztarroz, que era desde muy poco antes Cronista de Aragón, que aparcara los versos y se concentrara en su nuevo y honroso quehacer: “Señor mío. Esta descripción está muy buena, cuerda y elegante, y muestra Vuestra Merced que hace a dos manos, ambidextro, como Ahod. Pero no es para granjear autoridad a un Cronista, y antes juzgo debe Vuestra Merced arrimar la lira y las Musas, si no es para un rato muy breve, porque no le deje cadencias métricas para la prosa; y pues Vuestra Merced tiene oficio y ocupación tan grave, todo en ella”. En cuanto a Baltasar Gracián, calificó igualmente de “elegante” la Descripción en verso, en el discurso LVII de la Agudeza y arte de ingenio, publicada en Huesca en 1648 (véase, para todo ello, Ricardo del Arco, La erudición española en el siglo XVII y el Cronista de Aragón Andrés de Uztárroz, Tomo I, Madrid, 1950, p. 508 y 514).
[4] Vicente Antonio Lastanosa, Habitación de las Musas, recreo de los doctos, asilo de los virtuosos (manuscrito B-2424 de la Hispanic Society, f. 2r.): “El principal motivo de dar a la estampa este papel ha sido el ahorrar el trabajo de copiar la descripción que de ella [la casa de Lastanosa] hizo en verso el doctor Juan Francisco Andrés, cronista del rey nuestro señor y del reino de Aragón, impresa en Zaragoza el año 1647, que por pedirla cada día de diversas partes, y haberse acabado dos mil ejemplares que pidió su autor, me ha parecido añadirle lo que te ofrezco en este breve volumen”.
[5] La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934, p. 162.
[6] Véase Carlos Garcés Manau, “Documentos de Lastanosa en el Palacio Real de Madrid”, Huesca, Diario del Altoaragón, 8-Mayo-2005.
[7] Ricardo del Arco creía, equivocadamente, que la versión manuscrita de la Descripción estaba en la Biblioteca Nacional de Madrid: “obra en el manuscrito 18.725-55 de la Biblioteca Nacional” (La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934, p. 162). Esta afirmación es producto de un doble malentendido. El manuscrito 18.727-55 (no el 18.725-55) de la Biblioteca Nacional es uno de los dos originales de la Narración de lo que le pasó a Don Vincencio Lastanosa a 15 de octubre de 1662 con un religioso docto y grave. El otro forma parte del manuscrito B-2424 de la Hispanic Society, en el que está incluida también la versión manuscrita de la Descripción en verso de Andrés de Uztarroz. Ambos textos (la Narración de 1662 y la Descripción versificada), junto a algunos otros, fueron copiados en el siglo XVIII por Félix Latassa a partir del manuscrito conservado actualmente en Nueva York. Ricardo del Arco no conoció este último pero sí utilizó profusamente las copias de Latassa, que no en vano se guardaban en Huesca. Del Arco sabía asimismo que un original de la Narración de 1662, con la signatura 18.727-55, estaba en la Biblioteca Nacional. Por ello, suponiendo que este original era el único existente, llegó a la conclusión, aparentemente segura, de que el manuscrito 18.727-55 era el que había copiado Félix Latassa; y por tanto, que incluía también la Descripción en verso (véase, a este respecto, La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934, p. 197 y 221 -nota 292-; Ricardo del Arco seguía convencido de que el manuscrito de la Hispanic Society se encontraba en Madrid 16 años después, en su monumental estudio sobre Juan Francisco Andrés de Uztarroz -La erudición española en el siglo XVII y el Cronista de Aragón Andrés de Uztarroz, Madrid, 1950, Tomo I, p. 499-500-). El segundo malentendido es de carácter meramente tipográfico: el manuscrito 18.727-55 de la Biblioteca Nacional, en el que del Arco creía que se encontraba la versión manuscrita de la Descripción en verso de Andrés de Uztarroz, se convirtió, por un error de imprenta, en el nº 18.725-55 en la p. 162 de su libro La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa.
[8] En la Biblioteca del Palacio Real, la Descripción en verso se halla encuadernada junto al Diseño de la insigne i copiosa bibliotheca de Francisco Filhol, obra también de Juan Francisco Andrés de Uztarroz. Pues bien, en la Biblioteca Nacional la copia manuscrita de la Descripción está precedida asimismo por la del Diseño.
[9] Félix Latassa, Memorias Literarias de Aragón, Biblioteca Pública de Huesca, manuscrito nº 76, p. 111-130.
[10]Sobre Juan Francisco Andrés de Uztarroz, véase la monografía fundamental, en dos tomos, de Ricardo del Arco, La erudición española en el siglo XVII y el Cronista de Aragón Andrés de Uztarroz, Madrid, 1950.
[11] De esta obra, el Instituto de Estudios Altoaragoneses ha publicado una edición facsímil: Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Monumento de los Santos Martyres Iusto i Pastor, en la Ciudad de Huesca. Con las Antiguedades que se hallaron fabricando una Capilla para trasladar sus Santos Cuerpos, Huesca, Juan Nogués, 1644 (edición facsímil, con estudios introductorios de Claude Chauchadis y Fermín Gil Encabo, Huesca 2005).
[12] Félix Latassa nos proporciona noticias de otro soneto, por desgracia perdido, de Andrés de Uztarroz a Vincencio Juan de Lastanosa, en el que consolaba a éste por la sátira de un colegial del Colegio universitario oscense de Santiago contra El Héroe de Baltasar Gracián, el primer libro que el escritor jesuita publicó en Huesca, en 1637, gracias al mecenazgo de Lastanosa (véase Ricardo del Arco, La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934, p. 96).
[13] De ellas, 27 se han perdido, y sólo conservamos los extractos o copias de las mismas realizados a fines del siglo XVIII por Félix Latassa; las restantes 25 cartas se encuentran en la Biblioteca Nacional (véase Carlos Garcés Manau y José Enrique Laplana Gil, “Baltasar Gracián: cartas y noticias desconocidas”, Voz y Letra, Madrid, Tomo XIII, Volumen 2, 2002, p. 61-79).
[14] Lastanosa lo reconoce expresamente, al hablar de los manuscritos que poseía: “Y lo que da sumo realce a esta Librería es varios fragmentos de las fecundas obras del doctor Juan Francisco Andrés, Cronista de estos reinos y de su Majestad” (Narración de lo que le pasó a Don Vincencio Lastanosa a 15 de octubre del año 1662 con un Religioso docto y grave, manuscrito B-2424 de la Hispanic Society of America, f. 68r.).
[15]El Isuela es el río de Huesca, de escaso caudal. En cuanto a la Ciudad Victoriosa, es también Huesca; la expresión alude al lema Urbs Victrix Osca (Huesca, Ciudad Vencedora o Victoriosa) que figuraba en las monedas romanas acuñadas en la ciudad bajo los emperadores Augusto, Tiberio y Calígula, y que desde fines del siglo XVI forma parte de su escudo.
[16]Andrés de Uztarroz, al dirigirse a Filhol, llama a Lastanosa “nuestro amigo” en otras dos ocasiones: p. 11 (“nuestro docto amigo”) y 17 (“nuestro amigo”).
[17] Sobre Filhol, véase Ricardo del Arco, La erudición aragonesa en el siglo XVII en torno a Lastanosa, Madrid, 1934, p. 132-135; Adolphe Coster, “Antiquaires d’autrefois. A propos de quelques lettres inédites de François Filhol, hebdomadier de Saint-Etienne de Toulouse, au chroniqueur d’Aragon Don Francisco Ximénez de Urrea”, Revue des Pyrénées, XXIII, 1911, p. 436-471; y Maurice Caillet, “François Filhol, toulousain (1583 (?) – 1648). Son oeuvre et son cabinet” y Robert Mesuret, “Le cabinet de François Filhol”, Memoires de la Société Archéologique du Midi de France, Tome XXIX, Toulouse, 1963, p. 99-119 y 120-137.
[18] “Otro libro en folio de Ecechiel en pergamino, con caracteres y figuras doradas y coloridas con notable prolijidad. Fue dádiva del señor emperador Carlos Quinto a un erudito y noble francés, y a mi librería lo franqueó el docto Francisco Filhol, célebre por sus letras y por el gran número de libros y cosas raras de la naturaleza, medallas y estatuas que juntó en su casa en Tolosa, en el claustro de San Cernil” (Narración de lo que le pasó a don Vincencio Lastanosa a 15 de octubre del año 1662 con un religioso docto y grave, manuscrito B-2424 de la Hispanic Society, f. 66v.). El códice, aunque al parecer falto de sus miniaturas, se conserva; se trata, al parecer, del manuscrito latino nº 503 de la Biblioteca Nacional de Francia.
[19] Eso es al menos lo que asegura Diego Vincencio Vidania en la Carta dirigida a Lastanosa que figura en los prolegómenos de algunos, muy pocos, ejemplares del Tratado de la moneda iaquesa, el libro de numismática que Vincencio Juan de Lastanosa publicó en 1681, el año de su muerte: “El tolosano Filhol, que dejó heredero a Vuestra Merced” (p. 23).
[20] Existe una descripción manuscrita de su biblioteca y colecciones en la Biblioteca Nacional de Francia (“Abregé des curieuses recherches de F. Filhol, hebdomadier en l’église métropolitaine de Tolose”, Mémoires de la Societé Archéologique du Midi de la France, Toulouse, Mayo de 1836).
[21] Se conservan escasísimos ejemplares del Diseño de la insigne i copiosa Bibliotheca de Francisco Filhol; uno de ellos se encuentra en la Biblioteca Pública de Huesca (véase Carlos Garcés Manau y María Pilar Felices Sa, Libros impresos en Huesca en los siglos XVI y XVII. Fondo Antiguo de la Biblioteca Pública, Huesca, 2003, p. 37-39).
[22] Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 45r.
[23] Andrés de Uztarroz nos dice, aún más claramente si cabe, que parte de las flores (entre ellas, los tulipanes) del jardín de Lastanosa las había enviado Filhol desde Francia, en el soneto que figura tras la Descripción en verso en el manuscrito B-2424 de la Hispanic Society (Soneto del doctor Juan Francisco Andrés hablando con el padre Gracián, f. 23): “Esas flores que ilustran los jardines, / Gelio, de nuestro amigo Lastanosa / a la industria se deben oficiosa / de quien Tolosa aplaude en sus confines. / Filhol, digo, que excede a los jazmines / en candor y en fragancia virtuosa, / este pues de su quinta artificiosa / traslada a Huesca flores paladines. / Varia y florida es ya la primavera / pues de los tulipanes las colores / la matizan y la hacen lisonjera. / Admiras, oh Gelio, sus primores, / pero si tu atención lo considera / verá que Francia es flor, y así de él flores”.
[24] La fuente de Hipocrene, o fuente del caballo, se encontraba en el Helicón, una montaña donde había un santuario dedicado a las Musas, a las que Andrés de Uztarroz había mencionado poco antes al comparar el jardín de Lastanosa con el Parnaso. Según los mitos clásicos, la fuente había brotado de una coz de Pegaso, el caballo alado.
[25]Genealogía de la noble casa de Lastanosa, manuscrito nº 22.609 de la Biblioteca Nacional, f. 265-269; véase también Carlos Garcés Manau, “Los secretos de Lastanosa: la trágica muerte de su mujer”, Huesca, Diario del Altoaragón, 25-Febrero-2001.
[26] Ricardo del Arco, La erudición española en el siglo XVII y el Cronista de Aragón Andrés de Uztárroz, Tomo I, Madrid, 1950, p. 498.
[27] En el impreso se lee DSCRIVIALA (sólo tres líneas después, en otro ejemplo flagrante de descuido tipográfico, el nombre de pila de Filhol aparece como RFANCISCO). En la versión manuscrita de la Hispanic Society (B-2424, f. 13) figura “Escribiala”.
[28] Se trata de Hércules, el célebre héroe de la mitología griega (Deyanira era su mujer). Sobre la singularísima estatua metálica de Hércules o Alcides desnudo sosteniendo sobre los hombros la esfera celeste, que coronaba efectivamente la torre del palacio lastanosino, el propio Andrés de Uztarroz había compuesto un largo poema satírico el año anterior a la publicación de la Descripcion, firmado, al igual que ésta, con el seudónimo de El Solitario; dicho poema se titula: Romance jocoso a la desnudez de la estatua de Alcides sustentando sobre los hombros el globo celeste, cuyo simulacro misteriosamente ilustra la casa de Don Vincencio Juan de Lastanosa -año 1646- (manuscrito B-2424 de la Hispanic Society of America, f. 80-99).
[29] En el manuscrito de la Hispanic Society (f. 14v.): “que donde ha de ser todo suspensiones / a la entrada ha de haber admiraciones”. Así aparece también en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y en Ricardo del Arco.
[30] En la Hispanic Society (f. 14v.), la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “describiendo”.
[31] En la Hispanic Society (f. 14v.), la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “ingeniosas”.
[32] En el impreso: “astocracia”; en la Hispanic Society (f. 14v.), la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “astocraphia”. Debe ser, seguramente, “romana aristocracia”; quienes la “borraron” fueron, naturalmente, los emperadores, que terminaron con la república romana.
[33] En la Hispanic Society (f. 15r.), la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “memorias”.
[34] En el texto impreso y en el manuscrito de la Hispanic Society (f. 15r.): “horrores”; en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco, por el contrario, “errores”, que es seguramente la lectura correcta.
[35] En la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “España”.
[36] En la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (y también en Ricardo del Arco): “diversas”. En nota se lee: “en el impreso de donde se ha copiado dice el verso: “que en diferentes edades”; y parece que debió ser un descuido darle un pie más de los que le corresponden” (Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, Año VI, nº 12, Madrid, 20-Junio-1876, p. 214).
[37] En la Hispanic Society (f. 15v.), la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “logra”.
[38] En la Hispanic Society (f. 15v.), la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “observada”.
[39] En la Hispanic Society (f. 16v.), la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “si a Nerón vio imperiar, él fue su ruina”.
[40] En la Hispanic Society (f. 17r.), la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “a los ojos”.
[41] En la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “si diferente”.
[42] En la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos: “libra”.
[43] En la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “cubierto”.
[44] En la Hispanic Society (f. 17v.), la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “es empresa elegante”. Se refiere al Ave Fénix, la empresa o emblema de Vincencio Juan de Lastanosa. De ahí que la lectura correcta sea “es su empresa elegante”, que es como aparece en el impreso.
[45] En la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “mundos”.
[46] En la Hispanic Society (f. 18v.), la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “ingeniosos”.
[47] En la Hispanic Society (f. 20r.), la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “cebo”.
[48] En la Hispanic Society (f. 20r.), la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco este verso no figura aquí, sino detrás de “sus matices ostenta, y sus colores”.
[49] En la Hispanic Society (f. 20v.): “según”.
[50]El amor propio. En la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y Ricardo del Arco: “filancía”.
[51] En la Hispanic Society (f. 21r.): “aquí desabrochando hermosamente”.
[52] En la Hispanic Society (f. 21v.): “antojos”, de nuevo.
[53]En el texto impreso: “desaparecen”; en la Hispanic Society (f. 21v.): “desparcen”.
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