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SEMBLANZAS DE LASTANOSA Y SU MUJER CATALINA
  

 

SEMBLANZA DE CATALINA GASTÓN Y VINCENCIO JUAN DE LASTANOSA

 

Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa (Biblioteca Nacional, manuscrito nº 22.609, f. 265-270)

 

 

Vincencio Juan de Lastanosa nos ha dejado un singular retrato de sí mismo y, sobre todo, de su mujer Catalina Gastón y Guzmán, en el que destaca el impresionante relato de su muerte por sobreparto al dar a luz a su decimocuarto hijo con 32 años. Dichas semblanzas solo se conocieron en 1993, al ingresar el manuscrito que las contiene, la Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa, en la Biblioteca Nacional. Por esa misma razón no habían sido publicadas hasta ahora.

 

 

La Genealogia de la Noble Casa de Lastanosa es un volumen en papel de 34,5 por 24,5 centímetros, con 272 folios numerados. Constituye una fuente documental de primera importancia sobre Vincencio Juan de Lastanosa. Entre otros motivos porque incluye quince dibujos del palacio, los jardines y la cripta-panteón de los Lastanosa en la Catedral.

 

 

 

La Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa

 

En el manuscrito cabe distinguir tres intervenciones distintas, correspondientes a periodos también diferentes:

 

 

a) Composición original, realizada en 1651-1652. Presenta la siguiente estructura:

 

1. Preliminares:

 

Portada con el título -Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa-, el grabado de Jerónimo Aguesca con el escudo de los Lastanosa y los de las familias emparentadas con ellos y la fecha “Huesca Año MDCLI” (f. 1).

 

Grabado con el retrato de Vincencio Juan de Lastanosa (f. 2).

 

Aprobación de Juan Francisco Andrés de Uztarroz, fechada en Huesca el 9 de agosto de 1652 (f. 3).

 

Dos textos introductorios: Vincencio Juan de Lastanosa a sus hijos, descendientes y a los demás que procedieren de esta Casa y Familia (f. 5) y Advertencia a los que leyeren este tratado de la familia de los Lastanosas (f. 6).

 

2. Índice y resumen de lo contenido en el tratado de la Nobleza de la Casa de Lastanosa por orden de alfabeto (f. 7-39). En la portada de este extenso Índice figura de nuevo el grabado con el escudo de los Lastanosa y la fecha –“En Huesca a dos de Febrero del Año MDCLII”-.

 

3. Nobleza de la casa de Lastanosa (f. 43-112 y 265-270). Fue escrita seguramente por el propio Vincencio Juan de Lastanosa y consituye un texto del máximo intéres. Como indica su título, se trata de una amplia historia de la familia Lastanosa, desde antepasados ilustres (sean o no históricos, que ésa es otra cuestión) como Gombal o Pedro de Lastanosa, que habrían servido a los reyes de Aragón en los siglos XIII y XIV, hasta el mismo Vincencio Juan de Lastanosa (la Nobleza de la Casa de Lastanosa finaliza, justamente, con las semblanzas de Lastanosa y su mujer Catalina). Incluye el árbol genealógico de los reyes de Aragón desde Jaime II (1291-1327) hasta Juan I (1387-1395), en cuya portada aparece el conocido grabado del Ave Fénix y el lema Vetustate fulget, la empresa de Vincencio Juan de Lastanosa, y varios árboles de la familia Lastanosa. Figuran asimismo los textos de las inscripciones en latín que decoraban los retratos de los Lastanosa, incluyendo los de Vincencio Juan de Lastanosa y Catalina Gastón, en el salón principal del palacio del Coso.

 

4. Importantes documentos relativos a la familia Lastanosa, copiados en su integridad (f. 116-183). Entre ellos hay varios privilegios de infanzonía, el proceso judicial instado en Cataluña en 1573 por Baltasar Lastanosa (hermano del bisabuelo de Vincencio Juan de Lastanosa) y la Relación verdadera de la descendencia de la Casa de los Lastanosa, escrita por el propio Baltasar.

 

5. Genealogías de familias emparentadas con los Lastanosa, como los Cortés, los Arnedo y los Gastón y una reseña biográfica de San José de Calasanz, fundador de las Escuelas Pías, al que se consideraba pariente lejano de los Lastanosa por haber casado en el siglo XIV, supuestamente, Gilibert de Lastanosa con Donosa de Calasanz (f. 186-223). Incluyen tres ejemplares del grabado del Áve Fenix y el lema Vetustate fulget y uno más espectacular, a toda página y fechado en Roma en 1649, de San José de Calasanz.

 

6. Dibujos del palacio, los jardines y la cripta subterránea de la capilla de los Lastanosa en la Catedral (f. 227-244 y 252).

 

 

b) Materiales diversos, si bien predominan las cartas, que se añadieron aprovechando los huecos y páginas en blanco del manuscrito original. Forman parte de la extraordinaria falsificación sobre Lastanosa, su familia, palacio, colecciones y jardines identificada en los últimos años. Nuestra hipótesis es que dichos añadidos pertenecen al siglo XVIII y que su autor fue, posiblemente, Juan Judas Lastanosa, el nieto de Vincencio Juan de Lastanosa. Incluyen:

 

1. Dos aprobaciones de José Pellicer, el famoso escritor, cronista y falsario aragonés, fechadas el 30 de agosto de 1676 (f. 2 y 3). La segunda fue tapada posterioremente con dos grabados con el escudo de los Lastanosa.

 

2. Carta de José Pellicer a Lastanosa, fechada también en Madrid el 30 de agosto de 1676; contestación de este, escrita en Sevilla el 15 de septiembre de ese año; y Epitafio de Oviedo, en el que se narra la forma en que Quindasvindo Telamón camibió su apellido por el de Lastanosa en tiempos del rey Bermudo de León (f. 3 a 5).

 

3. Treinta y tres cartas, escritas en su mayoría por reyes de la Casa de Austria a miembros de la familia Lastanosa (f. 60-62, 91-95, 113-115 y 246-250). Cinco fueron enviadas por el emperador Carlos V y seis por su hermana María, reina viuda de Hungría y gobernadora de Flandes, a Juan Lastanosa (tatarabuelo de Vincencio Juan), que era supuestamente gobernador de Dorlan. Le tienen también como destinatario tres cartas del Marqués de Lombay y una del rey Francisco I de Francia; y a esta se suma la respuesta de Juan de Lastanosa al monarca francés. Dos cartas más, del año 1606, fueron escritas por Felipe III y la reina a Juan Agustín Lastanosa -el padre de Vincencio Juan- y su mujer Esperanza Baraiz y Vera (estas dos cartas las copió Francisco Antonio Ladrón de Cegama en 1788 a partir de un memorial impreso en 1753). Y quince cartas, dirigidas a Vincencio Juan de Lastanosa (cuatro de Felipe IV, cinco de su mujer Mariana de Austria y seis de su hijo natural, Juan José de Austria -una prueba evidente de la falsedad de estas últimas es que cuatro de ellas son posteriores a la muerte de este personaje-).

 

4. Privilegio de Caballería concedido por Carlos V a Juan de Lastanosa, fechado en Bruselas el 4 de enero de 1556 (f. 225-226).

 

5. Una carta de Francisco Fabro, antiguo secretario de Juan José de Austria, fechada el 7 de diciembre de 1681, y otras tres de José Pellicer de octubre y noviembre de 1676, dirigidas todas a Vincencio Juan de Lastanosa (f. 251 y 271-272).

 

6.Breves añadidos en el índice, los árboles genealógicos o el texto (f. 14-16, 87-88, 90 y 270).

 

 

c) La tercera y última intervención en el manuscrito corresponde a Francisco Antonio Ladrón de Cegama, un infanzón navarro cuyo hijo Judas Tadeo se había casado en 1784 con Mariana Claver y Lastanosa, tataranieta de Vincencio Juan de Lastanosa. En el verano de 1788, mientras residía en el palacio lastanosino, Ladrón de Cegama folió el manuscrito, compuso un índice completo de sus contenidos y añadió algunos textos.

 

 

La Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa seguía, por tanto, en Huesca a finales del siglo XVIII. Más tarde se pierde todo rastro del mismo. El manuscrito reapareció públicamente el 1 de febrero de 1962, en las páginas del diario Heraldo de Aragón. En esa fecha se publicó un artículo titulado “El mecenas de Gracián. Don Vincencio Juan de Lastanosa, ciudadano de Huesca”, que venía firmado por “Kirón”, seudónimo de Eugenio Varela Hervías. El artículo estaba ilustrado con tres de los dibujos del palacio y los jardines de Lastanosa incluidos en la Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa. Se trataba, en concreto, del alzado de la fachada; uno de los dibujos del jardín, en el que se aprecian claramente el estanque y el laberinto vegetal; y la vista de detalle del islote circular que ocupaba el centro del estanque. Varela Hervías, sin embargo, no decía nada de las características o el paradero del manuscrito que los contenía.

 

La obra siguió siendo inaccesible para los investigadores durante otras tres décadas. Los dibujos aparecidos en el Heraldo de Aragón, no obstante, fueron reproducidos durante ese tiempo en varias ocasiones: en 1972 (José Antonio Llanas Almudébar, “La desaparecida Casa de Lastanosa en el Coso Alto de Huesca” y Federico Balaguer, “Las maravillas de la Casa de Lastanosa”, Nueva España, 10 y 27 de agosto de 1972); 1978 (Antonio y Joaquín Naval Mas, Huesca. Siglo XVIII. Reconstrucción dibujada) y 1981 (en el folleto publicado con motivo del tercer centenario de la muerte de Vincencio Juan de Lastanosa).

 

A comienzos de 1993 la Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa ingresó finalmente en la Biblioteca Nacional (donde recibió como signatura el número 22.609). En la ficha que obra en la Biblioteca Nacional se lee, en efecto: “Adquirido por compra a doña Isabel Sosa Rodríguez de Madrid. Enviado el 14 de enero de 1993”. Desde ese momento el manuscrito ha recibido la atención constante de los investigadores. Buena prueba de ello es que ya al año siguiente, en 1994, regresó temporalmente a Huesca para participar en la gran exposición, organizada por la Diputación Provincial, Signos. Arte y cultura en Huesca. De Forment a Lastanosa. Siglos XVI-XVII.

 

 

 

Las semblanzas de Catalina Gastón y Vincencio Juan de Lastanosa

 

La Nobleza de la Casa de Lastanosa, la extensa historia familiar que, como hemos señalado, constituye una parte importante del manuscrito, se interrumpe bruscamente en el folio 77 vuelto, justo cuando comenzaba a hablarse de Catalina Gastón, la joven esposa de Lastanosa -se casó con él con sólo 13 años-).

 

Al final del manuscrito hay sin embargo seis folios, que son los que se transcriben a continuación, que parecen su continuación, pues en ellos se hace un extenso retrato de Vincencio Juan de Lastanosa y la propia Catalina. El texto incluido en estos seis folios está a su vez incompleto, tanto al comienzo como al final.

 

La semblanza de ambos esposos contenida en estos seis folios se estructura en las siguientes partes:

 

 

1. Listado de los catorce hijos habidos en el matrimonio (f. 265r.-v.).

 

2. Catalina Gastón y Guzmán (f. 265v.-269r.):

 

Retrato personal y principales enfermedades sufridas.

 

Relato, verdaderamente impresionante, de su muerte y entierro.

 

3. Vincencio Juan de Lastanosa (f. 269r.-270v.):

 

Principales acontecimientos vividos.

 

Retrato intelectual.

 

 

A finales del siglo XVIII, Félix Latassa[1] conoció y extractó una genealogía de los Lastanosa distinta de la Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa conservada en la Biblioteca Nacional Dicha genealogía, por desgracia perdida, era además anterior en el tiempo, pues estaba fechada en 1631. Se titulaba Árbol de la Noble Descendencia de la antigua Casa de Lastanosa desde el año MCCX. Lo que nos interesa aquí, en cualquier caso, es que en el mismo figuraba también un “Recuerdo honorario de doña Catalina Gaston, escrito de mano de Lastanosa después de su Nobiliario en diez hojas”. Dicho Recuerdo incluía la lista de los hijos del matrimonio. Y, tal y como dice Félix Latassa, estaba “escrito con sencillo y natural estilo, y del mismo modo da las noticias particulares de dicha señora hasta su muerte, depósito y traslación”. Se trataba, por tanto, de un texto similar, si no idéntico, al que se encuentra al final del manuscrito 22.609, y que, al parecer, Lastanosa decidió incorporar también a la primera genealogía familiar, compuesta en 1631.

 

 

 

1. Listado de los catorce hijos habidos en el matrimonio

 

Aunque al comienzo del mismo se habla de “trece hijos”, la relación que sigue a continuación incluye realmente catorce (si bien de uno de ellos Lastanosa dice que su mujer Catalina “parió un hijo antes de tiempo” –ni siquiera, a lo que parece, llegó a bautizársele ni a ponerle nombre-). En el folio 266v. leemos, sin embargo, que Catalina Gastón “parió hasta el año de mil seiscientos cuarenta y cuatro en trece veces catorce hijos” –uno de los partos fue, en efecto, doble-. Dependiendo de que incluyera o no este hijo prematuro Vincencio Juan de Lastanosa habla pues de 13 ó 14 vástagos habidos en su matrimonio.

 

El primero de ellos, una niña llamada María, murió con 12 años. Lastanosa nos ha dejado, en relación con su muerte, estas conmovedoras (e impresionantes, por el obsesivo cómputo del tiempo vivido por la niña), frases: “María de Lastanosa. Nació a quince de mayo del año mil seiscientos veinte y nueve. Vivió doce años, diez meses, diez y nueve días, veintidós horas y un cuarto, y en tan breve tiempo creció tanto en la hermosura del cuerpo y las dotes del alma que con su muerte dejó lastimados a los propios y extraños”.

 

En el momento en que escribió este listado de sus hijos, Vincencio Juan de Lastanosa estaba viviendo la peor crisis familiar a la que hubo de enfrentarse, si exceptuamos la propia muerte de su esposa Catalina. Nos referimos a la entrada en religión, contra su voluntad, de sus hijos Catalina y Hermenegildo, que era su primogénito y presumible heredero. Catalina se hizo monja carmelita descalza a comienzos de 1651 –algo que aparece ya reflejado en el listado-. Y más tarde, por influencia suya, su hermano Hermenegildo profesó como cartujo en el convento zaragozano de Aula Dei –un hecho que aún no está recogido en el texto-[2].

 

 

2. Catalina Gastón y Guzmán

 

La páginas más extensas son las dedicadas a Catalina Gastón. Comienzan de esta forma: “por ser la virtud de esta señora digna de memoria, tal que podrán sus hijos gloriarse de haber tenido tal madre, en breve y mal formado borrón describiré algo de lo más notable”. Lastanosa hace, en primer lugar, un entrañable retrato, tanto físico como moral, de su esposa. Le sigue de inmediato la relación de sus padecimientos, causados por diversas enfermedades y, sobre todo, por los sucesivos partos.

 

A comienzos de 1643, aunque Catalina tenía solo 31 años, su organismo estaba ya seriamente quebrantado. Tenía una dolencia en la garganta, que los médicos atribuían a los esfuerzos realizados al dar a luz. Advirtieron a los esposos, además, del peligro que corría su salud si quedaba de nuevo encinta. Pese a ello, ese mismo verano Catalina estaba otra vez embarazada. Vincencio Juan de Lastanosa refiere a continuación, en forma estremecedora, dicho embarazo, que sería a la postre el último: “hízose preñada en el agosto del mismo año, con que luego empezó a temer su riesgo, pronosticándose todo el preñado su muerte, y teniéndola por cierta los tres últimos meses no hubo noche que no soñase que moría en el parto”.

 

Dicho parto, del que nació Vicente Antonio Lastanosa (el heredero de Vincencio Juan, a pesar de ser su hijo menor), tuvo lugar el 20 de abril de 1644. En principio, pareció que Catalina Gastón lograría superar tan dramático lance. Sin embargo, a los pocos días su estado empeoró, y el 27 de abril, finalmente, la esposa de Lastanosa moría. Su cadáver, tal y como sigue narrando el texto, fue sepultado en la capilla de los Lastanosa en la iglesia de Santo Domingo, y en septiembre de 1651 trasladado a su lugar de enterramiento definitivo, la cripta funeraria de la nueva capilla familiar en la catedral[3].

 

 

En la cúpula de dicha capilla, Celia Fontana ha identificado, precisamente, el que sería único retrato conservado de Catalina Gastón y Guzmán: una figura femenina sentada, con un libro abierto en el regazo, que atiende a lo que le dice un ángel situado a su derecha.

 

 

3. Vincencio Juan de Lastanosa

 

El texto finaliza con una semblanza, no menos notable, del propio Vincencio Juan de Lastanosa. Se inicia con una referencia a los principales acontecimientos de su vida hasta mediados del siglo XVII: su asistencia a las Cortes de Barbastro en 1625-26; la obtención en 1628 del privilegio de infanzonía en la Real Audiencia de Aragón; y su activa participación en la Guerra de Cataluña, a partir de 1640.

 

Vincencio Juan de Lastanosa traza por último, en breves párrafos, un retrato (en este caso intelectual) de sí mismo, que encierra lógicamente un enorme interés. Se refiere, sucesivamente, a sus colecciones de antigüedades, monedas, piedras preciosas, fósiles y prodigios naturales, obras de arte e instrumentos científicos; a la cripta-panteón de la catedral, donde acababa de enterrar a su mujer y sus antepasados; y a las obras que él mismo había escrito o publicado a otros –como Baltasar Gracián-, en su papel de activo mecenas.

 

 

 

 

SEMBLANZA DE CATALINA GASTÓN Y VINCENCIO JUAN DE LASTANOSA

 

Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa (Biblioteca Nacional, manuscrito nº 22.609, f. 265-270)

 

 

Al transcribir las semblanzas de Lastanosa y su mujer Catalina hemos optado por modernizar el texto y regularizar la puntuación, para hacer más fácil y comprensible su lectura.

 

Como hemos comentado, el texto incluido en estos seis folios del manuscrito 22.609 de la Biblioteca Nacional está incompleto, tanto al comienzo -se inicia a mitad de una frase: “…de mayor importancia por ser cuerda, santa y hermosa…- como al final -termina abruptamente con la frase: “en el año mil seiscientos cincuenta y uno, habiendo sucedido en su pu...”-.

 

Hemos incluido también, como complemento a ambas semblanzas, las referencias a Vincencio Juan de Lastanosa, Catalina Gastón y su  hija María que figuran en el extenso Índice y resumen con que comienza el manuscrito 22.609.

 

 

 

Texto

 

 

/[f. 265r.] de mayor importancia por ser cuerda, santa y hermosa, y haber vivido en dulcísima correspondencia, con tal extremo que le franqueó siempre su alma, que fue tan pura y cándida que al paso que lo enamoraba, lo admiraba y confundía.

 

Tuvieron trece hijos, que son los siguientes[4]:

 

María de Lastanosa. Nació a quince de mayo del año mil seiscientos veinte y nueve. Vivió doce años, diez meses, diez y nueve días, veinte y dos horas y un cuarto, y en tan breve tiempo creció tanto en la hermosura del cuerpo y las dotes del alma que con su muerte dejó lastimados a los propios y extraños.

 

Catarina de Lastanosa. Nació jueves diez de abril de mil seiscientos treinta y uno, es monja carmelita descalza en la ciudad de Huesca.

 

Vicencia de Lastanosa. Nació jueves a quince de julio del año mil seiscientos treinta y dos. Murió niña.

 

Ana de Lastanosa. Nació viernes a veinte y uno de octubre del año mil seiscientos treinta y tres.

 

Francisco de Lastanosa. Nació Lunes Santo a dos de abril del año mil seiscientos treinta y cinco. Murió niño.

 

Ermeregildo de Lastanosa. Nació domingo a trece de abril del año mil seiscientos treinta y seis.

 

Teresa de Lastanosa. Nació sábado a dos de enero del año mil seiscientos treinta y ocho.

 

José de Lastanosa. Nació martes a siete de junio del año mil seiscientos treinta y nueve.

 

Juan Francisco de Lastanosa. Nació viernes a uno de junio del año mil seiscientos y cuarenta.

 

/[f. 265v.]

 

Vicencio de Lastanosa. Nació miércoles a cinco de junio del año mil seiscientos cuarenta y uno. Murió niño.

 

Gracia de Lastanosa y Catalina de Lastanosa. Nacieron a catorce de enero del año mil seiscientos cuarenta y dos, nacieron de un parto. Vivieron dos horas[5].

 

En diciembre del año mil seiscientos cuarenta y tres parió un hijo antes de tiempo[6].

 

Vicencio de Lastanosa. Nació miércoles a veinte de abril del año mil seiscientos cuarenta y cuatro, detuvieronsele las parias a la madre de que resultó el morir a veinte y siete de abril del mismo mes y año, y por ser la virtud de esta señora digna de memoria, tal que podrán sus hijos gloriarse de haber tenido tal madre, en breve y mal formado borrón describiré algo de lo más notable.

 

 

 

Nació en Sevilla el año de mil seiscientos y doce, a nueve de enero. Doña Catalina Gastón y Guzmán era alta de cuerpo, excelentemente proporcionada, muy blanca, hasta los doce años conservó el pelo muy rubio, este con la mudanza del clima se mudó en castaño oscuro, la cara larga, la frente espaciosa, los ojos algo pequeños del color del pelo, las cejas poco arqueadas, la nariz larga, la boca bien proporcionada, los labios pequeños y de buen color, los dientes blancos y menudos, y todo el rostro tan proporcionado y hermoso que habiendo hecho tres o cuatro retratos suyos salieron poco parecidos, los pintores se excusaron con que la perfección y hermosura era tal que no acertaban a explicarla, siendo inimitable[7]. Tenía el cuello blanco y largo, la condición afable, grave y compuesta, el rostro y los ojos siempre alegres, y con facilidad se movía a una risa compuesta. Fue muy devota, frecuentando a menudo los sacramentos, aficionada al /[f. 266r.] retiro y soledad, gustando mucho los días de hacienda de la labor, y los de fiesta de la lectura. Gozó de felicísima memoria, y no teniendo sino diez años cuando salió de Sevilla se acordaba de lo que había visto en aquella ciudad. Los versos que leía u oía a la segunda vez los recitaba de memoria. Tenía muy buena voz, cantaba con excelencia aunque nunca lo usaba sino estando a solas con sus hijos o la almohadilla.

 

Fue muy honesta y notablemente mesurada en lo interior y exterior, y esto no lo puedo decir sin confusión mía, pues aún en lo permitido en el matrimonio se recataba y procuraba moderarme y componerme; y muchas veces me dijo que se tuviera por sumamente feliz si me redujera a que guardáramos castidad y viviéramos como hermanos. En la compostura de su persona fue curiosa y notablemente limpia. En los trajes muy moderada, rehusando siempre el que se hiciera exceso en galas y joyas. Escribía y leía muy bien, bordaba con tan grande excelencia [que] con la aguja se las apostaba al más primoroso pincel; en la labor fue incansable y curiosa, y lo que hacía parecía imposible hubiese pasado tiempo ni andado manos en ello. Tendrán sus hijos tanto que admirar en las tareas como que imitar en sus virtudes. Las referidas curiosidades no la impedían la solicitud de lo doméstico de su casa ni más menudas necesidades de su familia, acudiendo a todo con desembarazo, caridad y aliño.

 

En septiembre del año mil y seiscientos y veinte y cinco tuvo una enfermedad muy grave, en el de mil seiscientos y veinte y ocho abortó de muy poco tiempo, en el año mil seiscientos veinte y nueve, que era el diez y siete de su edad, parió una hija, criola a sus pechos con notable amor y caricia, luciosele bien /[f. 266v.] la leche pues con ella le infundió la madre su misma mansedumbre, virtud y aliño. Llamose María y murió de la edad que habemos referido arriba, dejando muy lastimados a su madre que la lloró toda la vida, y a su padre que escribiendo esta memoria renueva en su imaginación la falta de ambos. Parió hasta el año de mil seiscientos cuarenta y cuatro en trece veces catorce hijos. En febrero de mil seiscientos treinta y cuatro estuvo muy enferma de una hinchazón en el pecho izquierdo, fue muy larga y de peligro esta enfermedad. En agosto del año mil seiscientos treinta y seis tuvo otra de mucho riesgo, la convalecencia larga y penosa, a que se le siguieron algunos meses de cuartana, y con ella se hizo preñada. Y así de los diez y siete años de su edad adelante con estas enfermedades y preñados padeció mucho, pero esto de modo que admiraba su esfuerzo, porque aunque los preñados la cansaban y afligían, nunca se quejaba y todo lo llevaba con notable igualdad de ánimo, de modo que los que la trataban jamás conocían diferencia, ni por su semblante se podía inferir turbación en el ánimo, ni falta en la salud.

 

Llevó con notable cordura y sufrimiento algunas terribilidades de su suegra y madre de quien escribe estas memorias, que aunque cuerda se enojaba fácilmente, y muchas veces quedó confundida de su humildad y obediencia. Tuvo también que merecer conmigo, que adorándola y con veneración, estimando /[f. 267r.] su mucha virtud y cristiandad, algunas veces dejándome llevar de la pasión de la cólera le di algunas ocasiones de disgusto en materias leves, que ella con su cordura no hacía caso, haciendo grande aprecio de lo mucho que la estimaba. Me hizo enteramente tan dueño de su voluntad que jamás hallé repugnancia en cosa que fuera de alguna importancia. Llegué a saber de su alma (con mucha confusión) tanto como de la mía. No solo fue casta, sino purísima en sus pensamientos, y me aseguró pocos días antes de morir que ni soñando había jamás faltado a esta virtud.

 

En los primeros del año mil seiscientos cuarenta y tres se le hizo una naurisma en la interia de la garganta del lado derecho. Comunicando este daño con los médicos y cirujanos, respondieron haberse ocasionado de haber hecho grande fuerza en algún parto, y que por ser en aquel puesto no se podía tratar de cura, y que corría riesgo al parir otra vez aumentarse el daño. Con esta respuesta se llenó su corazón de tristeza y el mío de dolor, pronosticando el infeliz suceso que me había de ocasionar tan imprudente respuesta. Hizose preñada en el agosto del mismo año, con que luego empezó a temer su riesgo, pronosticándose todo el preñado su muerte, y teniéndola por cierta los tres últimos meses no hubo noche que no soñase que moría en el parto. Acometieron dolores, y luego se dispuso para parir y morir, confesándose y comulgando con ese intento. Llegó el parto, que fue miércoles a veinte de abril del año mil seiscientos cuarenta y cuatro, y con mucho trabajo y con grande esfuerzo creyendo que cada uno era el ultimo de su vida, parió un hijo. No pudo echar las parias hasta el tercero día que fue el de San Jorge, habiendo precedido multitud de remedios espirituales y corporales. Estuvo casi /[f. 267v.] cinco horas con accidentes y desmayos de muerte, hasta la una del día. Los dos días siguientes estuvo mejor, y pareció haber ya pasado el peligro. Refirió algunas veces con mucho consuelo que lo que había pedido a Dios que no fuera su muerte en el parto, que pues había salido de él se cumpliese su voluntad, y de nuevo refirió los muchos presagios que había tenido de que moriría en el parto, los cuales callaba por lo mucho que la iba a la mano en sus tristezas, no siendo menores las que padecía el que esto escribe, pues jamás oyó suceso de mal parto que no le alterara y entristeciera, pronosticándose el daño presente.

 

Martes se sintió afligida y con ansias en lo interior, alterando mucho este suceso a don Vicencio Juan de Lastanosa, el cual llamó a los médicos, y conferido el accidente, dijeron que eran efectos del cansancio, y que en el pulso no hallaban novedad, y siendo accidente que los ocasionaba la cercanía de la muerte no lo conocieron. A las dos de la noche se aumentaron los desmayos y aflicciones apretándola mucho hasta las cinco de la mañana, que vuelta en sí y asentada en la cama exclamó pidiendo a Dios misericordia y asistencia en aquel trance, con razones muy cuerdas y ajustadas al caso. Rogó a Dios en voz tierna y afecto devoto por sus hijos, por su padre y su marido, y advertida del riesgo de su vida pidió la santa comunión, que habiendo llegado no pudo recibirla, y se le dio la santa unción. Dijo que en aquel paso no tenía cosa que le diera pena, como tampoco la tuvo el día de San Jorge que creyó era ya llegada su ultima hora, y es verdad que las señales de aquel día aunque /[f. 268r.] menos ciertas fueron peores, porque todo el rato que duraron los desmayos sudó copiosamente sudor muy fría, y se le adormieron y pusieron gafos los pies y las manos, y ahora aunque el sudor fue mucho, fue caliente y faltó el accidente de las manos y de los pies. Asistiole siempre don Vicencio exhortándola y ayudándola en tan doloroso paso, que aunque había muchos eclesiásticos y religiosos que pudieran hacerlo, lo mucho que la amaba no le dio lugar a dejarla en aquel paso, y habiendo recibido en su alma el último suspiro de su amada esposa, cuyo tránsito fue a las once del día, tan sin hacer ningún movimiento que de todos los presentes solo el dicho lo advirtió.

 

Quedó su cadáver tan compuesto y su rostro tan hermoso que pareció su tránsito más sueño y descanso que muerte. Pasadas dos horas entró don Vicencio Juan de Lastanosa, y con veneración y respeto, convertido el horror en ternísimas lágrimas, le dio paz en el rostro y besándola los pies se despidió de la mejor porción y más amada prenda de su alma. Hasta el día siguiente a la misma hora /[f. 268v.] en que había espirado estuvo el cadáver en la cama, y a ese tiempo sus criadas le vistieron un vestido de damasco negro, quedándose el cadáver sobre la cama hasta la hora del entierro, que fue puesto por manos de su mismo esposo dentro un ataúd y cerrado con llave. A veinte y ocho del mismo mes se depositó en la capilla de San Juan Evangelista, en el entierro de la casa de Lastanosa, habiendo testificado acto de muerte y del depósito Pedro Fenés de Ruesta, notario de los del número de esta ciudad, adonde estuvo hasta septiembre de mil seiscientos cincuenta y uno, que habiendo precedido licencia de don Esteban de Esmir, obispo de Huesca, fue trasladado a la capilla del Santísimo Sacramento de la Seo de Huesca, a la capilla subterránea que para este intento se labró, y puesta dentro de una arca de madera olorosa e incorruptible se encajó dentro de una urna azul y blanca, y se cubrió con un mármol blanquísimo con una inscripción latina, que con ella y las figuras que adornan el mármol explicó muchas de las virtudes de esta señora el padre fray Jerónimo de San José, carmelita descalzo (en el siglo Ezquerra de Rosas), varón eminentísimo por su santidad, doctrina y letras, como consta de los muchos libros con que ha enriquecido no solo su religión sino toda la republica literaria. En este tratado se hallará la inscripción que ilustra este sepulcro y otras, advirtiendo los nombres de las personas doctas que con la elegancia de sus plumas les dieron alma.

 

Aunque parece haber acabado con la relación de doña Catalina Gastón, por haberse olvidado en ella de una circunstancia bien notable, y por que no quede /[f. 269r.] defraudada su buena memoria, se advierte que donde dice le cogieron los dolores del parto se ha de añadir que temiendo su fin se confesó y comulgó, habiendo precedido a esto disponer todas las cosas de su casa, haciendo inventario de todo lo que tenía a su disposición y encomendado a la de sus criadas, previniéndolo todo de modo que no hubiera motivo de cuestión con nadie. Esto he vuelto a repetir para templar el desconsuelo que pueda ocasionar ver que una señora en quien florecieron tan heroicas virtudes, habiendo deseado recibir en el último trance por viático el santísimo sacramento le hubiera apretado el accidente de modo que no gozara de ese consuelo.

 

De lo referido resulta la noticia de haber casado don Vicencio Juan de Lastanosa con esta dama y los hijos que tuvo en este matrimonio, y siendo preciso decir algo de él, empezaré de la asistencia de las Cortes de Barbastro el año mil seiscientos veinte y cinco y mil seiscientos veinte y seis, habiendo tenido carta de llamamiento de su Majestad, su data en Madrid a siete de diciembre del año mil seiscientos veinte y cinco. Acabadas las Cortes, el abogado fiscal le citó a probar su infanzonía, y habiéndose apartado de esta citación don Vicencio Juan de Lastanosa, citó a la ciudad de Huesca y al abogado fiscal, y en juicio contradictorio probó descender de don Pedro de Lastanosa, camarero del rey don Pedro el cuarto llamado el Ceremonioso y su embajador, y asimismo camarero y procurador general del infante don Pedro. Obtuvo sentencia en favor por la Real Audiencia y le concedieron letras decisorias a once de marzo del año mil seiscientos veinte y ocho.

 

En el año mil seiscientos y cuarenta le nombró capitán la ciudad de Huesca /[f. 269v.] para ir al socorro de Salsas, y el rey le dio su patente de capitán de infantería. Levantó cien hombres, y aguardando la orden para partirse en el entretanto que apretaba su partida se socorrió la plaza a seis de enero de mil seiscientos cuarenta y uno.

 

En el mismo año le nombró capitán la ciudad de Huesca para guarnecer la frontera del Reino, y guardar los esguazos del río Cinca. Intentó esguazar el francés por enfrente del molino de Monzón, pelearon su compañía y la de don Bernardino Ruiz de Castilla, y rechazaron el enemigo[8]. Y antes de esta ocasión asistió por su persona en Fraga y en la frontera.

 

Diole orden la ciudad de Huesca fuese a Lérida a tratar con los franceses del rescate de don Francisco de Azlor, señor de Panzano, y de toda su compañía, que había quedado prisionera en la pérdida de Estadilla[9]. Llegó a Barbastro, pidió pasaporte a don Felipe de Silba, que gobernaba las armas, negoselo por juzgar pernicioso el introducir en la guerra tales rescates, pasó por medio a don Juan de Garay y don Fernando Texada, respondió que lo consultara con el rey. En este tiempo el teniente Ceballos en la frontera de Estadilla hizo cincuenta prisioneros franceses, pidioles don Vicencio Juan de Lastanosa a don Felipe de Silba para tratar del canje de los prisioneros, concedioselo y por ver que era gente inutilísima desistió y dio la vuelta a Huesca a esperar la respuesta del rey. En este tiempo consiguió la ciudad de Huesca por otro medio el rescate.

 

En Fraga, teniendo el marqués de Tabara junta de guerra con los señores y cabos tuvo gusto asistiese en ella y diese su parecer, y desde Selgua /[f. 270r.] le enviaron a llamar el marqués de Tabara y el condestable de Castilla para conferir con él unos papeles que habían recibido de Mosiur de la Mota y otros del mismo que les había remitido don Vicencio, y platicaron con él materias muy graves y de mucha confianza.

 

Estando alojada la caballería en el territorio de Huesca y su comarca, por faltar dinero el marqués de Tabara y demás ministros, hallándose imposibilitados de socorrerla, se valieron de don Vicencio Juan de Lastanosa, que con su dinero y crédito hizo grandes provisiones de cebada y socorrió todo aquel invierno la caballería, y hoy se le están debiendo mas de mil y quinientos doblones[10], habiendo sido en aquella ocasión el mayor servicio que se podía hacer a su Majestad, porque hubiera perdido toda la caballería, y así lo entendieron todos los que en aquella sazón gobernaban.

 

A diez y nueve de marzo de mil seiscientos cuarenta y uno le escribe el rey dándole razón del estado de las cosas de Cataluña, y le manda le de su parecer para la pacificación y reducción de aquella provincia, su data en la villa de Madrid.

 

En el año mil seiscientos cuarenta y tres le escribe el rey mandándole facilite con sus amigos las cosas de su servicio[11]. Su data en Junquera a tres de julio.

 

Es aficionado a las buenas letras, juntó gran numero de antigüedades de los griegos, egipcios, romanos, hebreos, godos, españoles, franceses y otros en libros, inscripciones, en piedras y bronces, en medallas y monedas de oro, plata y bronce, en piedras preciosas, en estatuas de mármol y bronce y otras materias preciosas[12].

 

Ha juntado cosas rarísimas de la naturaleza de ágatas y empedrimentos de plantas, de frutas, de flores, conchas marinas y otra mucha diversidad de sabandijas, y en estos empedrimentos hay cosas tan raras que la /[f. 270v.] naturaleza, desconfiada del crédito humano puso en ellas el me fecit, dejando en las más perfectas alguna porción bronca y sin ejecutar los primores que en el resto de ella.

 

Y de las obras en que ostentan los profesores de las artes liberales más sus primores, como de pinturas y perspectivas y esculturas, lo más raro. De instrumentos, los más exquisitos que se hallan en la perspectiva, captotria y óptica. Y de lo mecánico lo más extravagante.

 

Habiendo fabricado una capilla subterránea debajo de la del santísimo sacramento en la Seo de Huesca para entierro a su amantísimo hermano el doctor don Juan Orencio de Lastanosa y para si, ha trasladado de su capilla de San Juan Evangelista de la iglesia de Santo Domingo de la dicha ciudad los huesos de sus mayores, y colocadolos por su mano en una urna de ágata azul y blanca cubierta con un mármol blanco, que le da vida una inscripción latina. Y en otra correspondiente a esta colocó los huesos de su querida esposa doña Catalina Gastón y Guzmán, dentro de una caja de madera olorosa e incorruptible.

 

Ilustró y engrandeció su casa con una librería numerosa y rara, con edificios, jardines y estanques.

           

Es muy amado de los que profesan la virtud y buenas letras, y así ha dado a la luz y a la posteridad muchas obras de hombres insignes, y ha publicado el Museo de sus medallas desconocidas de España, y escribe una Diactiloteca que será la más numerosa y preciosa que hasta hoy habrá llegado a la prensa. Son muchos los autores que hacen mención de sus antigüedades y empleos, y en otra parte se verán en este tratado.

 

En el año mil seiscientos cincuenta y uno habiendo sucedido en su pu

 

 

 

 

Índice y resumen de lo contenido en el tratado de la Nobleza de la Casa de Lastanosa por orden de alfabeto

 

(Biblioteca Nacional, manuscrito nº 22.609, f. 13v.-14r., 27r.-v. y 37v.-38r.)

 

 

 

Doña Catalina Gastón y Guzmán. Hija de Juan Martín Gastón y de doña Ana de Guzmán. Nació en la ciudad de Sevilla a IX del mes de enero del año M.DC.XII. Casó en la ciudad de Huesca del reino de Aragón con don Vincencio Juan de Lastanosa, llevándole a su casa mucha hacienda. Le dio en XVIII años, III meses y XXVII días que vivieron casados XIII hijos. Murió en Huesca a XXVII de abril del año M.DC.XLIIII[13], habiendo vivido XXXII años, III meses, XXVII días. Fue depositada en el entierro de la Casa de Lastanosa en la iglesia de Santo Domingo de Huesca, en la capilla de San Juan Evangelista, y de ahí trasladada a la de la parroquia de la Seo de Huesca de la invocación de San Orencio y Santa Paciencia, y en la capilla subterránea que para este /[f. 14r.] intento labró don Vincencio Juan de Lastanosa. Descansan sus huesos dentro de una arquilla de madera olorosa e incorruptible, puesta en una urna de ágata azul y blanca cubierta con un mármol blanco con la inscripción que va en el fol. [en blanco][14].

 

 

María de Lastanosa. Hija de don Vicencio Juan de Lastanosa y de doña Catalina Gastón y Guzmán. Siendo muy hermosa y de buen juicio, murió después de haber vivido XII años, X meses y XVIIII días, XXII horas y un cuarto, habiendo ocasionado su temprana muerte mucho dolor en los suyos y en todos los que /[f. 27v.] la conocían. Fue enterrada en la bóveda subterránea de la capilla de San Juan Evangelista en la iglesia de Santo Domingo en la ciudad de Huesca, y de ahí trasladada a la Seo de Huesca a la capilla del Santísimo Sacramento.

 

 

Vincencio Juan de Lastanosa. Hijo de Agustín de Lastanosa y de Esperanza Baraiz. Casó con doña Catalina Gastón y Guzmán, y habiendo vivido en su compañía [en blanco] años [en blanco] meses [en blanco] días, tuvieron en hijos:

 

A María de Lastanosa, murió de doce años.

A Catalina de Lastanosa, monja carmelita descalza.

Vincencia de Lastanosa, murió niña.

Ana de Lastanosa.

Francisco de Lastanosa, murió niño.

Ermeregildo de Lastanosa.

Teresa de Lastanosa.

José de Lastanosa.

Juan Francisco de Lastanosa.

Vincencio de Lastanosa, murió niño.

Gracia y Catalina de Lastanosa, nacieron de un parto, murieron luego.

Vincencio de Lastanosa, murió su madre del parto.

 

Asistió en las Cortes de Barbastro, habiendo tenido carta de llamamiento del rey. Probó su infanzonía, incluyéndose en la salva de don Pedro de Lastanosa, camarero del infante don Pedro. Obtiene sentencia por la Real Audiencia de Aragón a XI de Marzo del año M.DC.XXVIII.

 

En el año M.DC.XXXX la ciudad de Huesca le nombra capitán para el socorro de Salsas, el rey le da su patente, levanta cien hombres y aguardando la orden para la marcha /[f. 38r.] se socorre la plaza.

 

En el año M.DC.XXXXI le nombra capitán la ciudad de Huesca para guarnecer la frontera del Reino y los esguazos del río Cinca. Pelea su compañía y la de don Bernardino Ruiz de Castilla en el paso del Molino de Monzón[15].

 

Dale orden la ciudad de Huesca de ir a Lérida a rescatar la compañía de don Francisco de Azlor, que había hecho prisionera el francés en la toma de Estadilla.

 

En Fraga y en Selgua confieren con él los generales materias de mucha importancia.

 

Socorre todo un invierno la caballería de su Majestad de su propio dinero.

 

A XIX de marzo de M.DC.XXXXI le escribe el rey mandándole diga lo que le parece convenir para la pacífica del Principado de Cataluña. Su data en Madrid [en blanco]

 

En el año M.DC.XXXXIII le escribe el rey mandándole que con sus deudos y amigos facilite las cosas de su servicio. Su data en Junquera a 11 de julio.

 

Es aficionado a las buenas letras. Ha juntado gran número de antigüedades y cosas raras de la naturaleza y arte. Ha ilustrado su casa con edificios, jardines y estanques, con una librería numerosa y escogida. Ha colocado los huesos de sus mayores, de su esposa e hijos, en capilla fabricada para este fin, en urnas decentes con inscripciones elegantes. Ha dado a la estampa algunas obras suyas y muchas de sus amigos.

 

 

 

 

 



[1] Memorias literarias de Aragón, Tomo I, Biblioteca Pública de Huesca, manuscrito nº 76, p. 53-58 y 101-104.

[2] Sobre la entrada en religión de Catalina y Hermenegildo Lastanosa, veáse Pablo CUEVAS SUBÍAS, “La vida religiosa de Catalina Lastanosa, carmelita descalza de Huesca”,  Argensola, nº 117, Huesca, IEA, 2007. Y también José Ignacio GÓMEZ ZORRAQUINO, Todo empezó bien. La familia del prócer Vincencio Juan de Lastanosa (siglos XVI-XVII), Zaragoza, Diputación Provincial, 2004; Carlos GARCÉS MANAU, “Vincencio Juan de Lastanosa: una biografía”, Vincencio Juan de Lastanosa (1607-1681). La pasión de saber, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2007, p. 25-41.

[3] Carlos Garcés Manau, “Los secretos de Lastanosa: la trágica muerte de su mujer”, Huesca, Diario del Altoaragón, 25-Febrero-2001.

[4] Véase José Ignacio GÓMEZ ZORRAQUINO, Todo empezó bien. La familia del prócer Vincencio Juan de Lastanosa (siglos XVI-XVII), Zaragoza, Diputación Provincial, 2004, p. 124-125.

[5] Gómez Zorraquino da como fecha de nacimiento de estas gemelas, a partir de Félix Latassa y Ricardo del Arco, el 14 de marzo de 1642 (op. cit., p. 125).

[6] Quizás fue, realmente, en diciembre de 1642, dada la fecha de nacimiento de Vicente Antonio (20-Abril-1644) que se da a continuación.

[7] En las paredes del salón principal del palacio lastanosino, cuyos balcones daban al Coso, colgaban sendos retratos, por desgracia perdidos, de Vincencio Juan de Lastanosa y Catalina Gastón. El de esta última estaba fechado en junio de 1636, cuando doña Catalina tenía 23 años. Conocemos no obstante el texto de las inscripciones latinas que acompañaban a estos retratos. El de Lastanosa era: “DON VINCENTIUS / Ioannes de Lastanosa, eques ac Infantio / in urbe Oscensi 25 Februarii 1607 natus, / eiusdemque urbis civis, cum civili ac criminali / Iurisdictione in Figaruelas absolutus dominus, / cum Dª Catherina de Gaston et Guzman / coniugatus. Quia D. Philippo Castellae 4º / et Aragonum 3º ad curias Barbastri cele- / brandas speciali ac regia cum fuisset vocatus / epistola. Ibi assistens ingenuitatis eius verissi- / mam proprietatem in lucem edidit, ac iudi- / cialiter pronunciatam obtinuit 11 die / Martii anno 1628”. La inscripción del retrato de Catalina decía, por su parte: “DONNA CATHARINA / de Gaston et Guzman, Hispali 9 / Ianuarii 1612 nata, mirabili virtute / insignita, ac singulari decorata pulch- / ritudine, cum Vincentio Ioanne de / Lastanosa Oscae 23 Octob. 1625 / contraxit, et in mense Iunii 1636 in / ipsius 23 aetatis anno sex viscerum / fulgent partes, apparent Liberi” (Genealogía de la Noble Casa de Lastanosa –Biblioteca Nacional, manuscrito nº 22.609, f. 111-112- y Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Descripción del palacio y los jardines de Vincencio Juan de Lastanosa –Hispanic Society of America, manuscrito B-2424, f. 30v.-).

El único retrato de Catalina Gastón que, según parece, ha llegado hasta nosotros es el que María Celia Fontana Calvo ha identificado en la cúpula de los Lastanosa en la catedral de Huesca (“Los retratos de los Lastanosa en la Catedral”, Diario del Altoaragón, 27-Mayo-2001 e “Ideario y devoción en la capilla de los Lastanosa de la catedral de Huesca”, Argensola, 114, p. 221-276). Doña Catalina aparece sentada, con un libro en el regazo, atenta a lo que le dice un ángel situado a su derecha.

[8] La toma por los franceses de Monzón y la defensa de los vados del Cinca por las compañías de Lastanosa y Bernardino Ruiz de Castilla ocurrieron en realidad, no en 1641 como aquí se dice, sino en el año 1642.

[9] En el texto se lee “esta villa”. Sin embargo, en el Indice (f. 38r.) figura la lectura correcta: “Dale orden la ciudad de Huesca de ir a Lérida a rescatar la compañía de don Francisco de Azlor, que había hecho prisionera el francés en la toma de Estadilla”.

[10] Entre las palabras “de” y “mil” se ha escrito la cifra 3, para dar a entender que la deuda ascendía realmente a 3 .500 doblones. Puede tratarse de un añadido posterior.

[11] Se ha escrito, con letra distinta: “en las Cortes de Aragón”.

[12] Se ha añadido, en letra distinta: “le cuestan las monedas de oro que tiene y plata 7.600 escudos”.

[13] En el texto figura “MDCLIIII”. Pero se trata, evidentemente, de un error. Catalina Gastón murió en abril de 1644.

[14] El “mármol”, con la inscripción y su decoración escultórica, está dibujado en el folio 239.

[15] Como hemos comentado, estos hechos ocurrieron realmente un año después, en 1642.

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